domingo, 22 de febrero de 2026

HABLEMOS DE MOLDEAR EL CEREBRO MEDIANTE AFIRMACIONES POSITIVAS… ¡POR FIN!



 

Nunca dejas de ser tú. Es importante partir de la base de que aquí hablamos de "moldear", no de cambiar radicalmente nuestra esencia. Los cambios extremos no son posibles ni aconsejables; sin embargo, todos somos conscientes de que, con el paso de los años, dejamos de ser quienes éramos.

Al superar los 30 años, ya no eres la misma persona que a los diecisiete. Biológicamente, la mayoría de las células de tu cuerpo se han renovado y tus conexiones interneuronales, aunque mantienen una base común, se han reconfigurado. Dada su asombrosa complejidad, esas redes ya no son las mismas: son el mapa de lo aprendido y lo vivido. Partiendo de esta premisa, te explico cómo moldear tu mente para afrontar la vida con mayor positividad y, por consiguiente, con más probabilidades de alcanzar un estado de felicidad.

Así funciona nuestro cerebro, a grandes rasgos

En el proceso de aprendizaje, está plenamente demostrado que una alta motivación, sumada a la repetición de acciones, da resultados asombrosamente rápidos y positivos.

Debes tener claro que tu cerebro está diseñado para cambiar y adaptarse al entorno en función de tus vivencias. Tus experiencias de vida tejen nuevas conexiones interneuronales, pero hay algo fundamental que debes saber: para tu cerebro, ¡tus pensamientos también cuentan como experiencias!

Al cerebro no le importa si recibe información del entorno físico o de tu imaginación. 

¡Lo que te ocurre y lo que piensas acerca de lo que te ocurre tienen el mismo peso neurológico!

 Si tienes pensamientos recurrentes, estos terminarán convirtiéndose en rasgos neuronales. Dicho de otra forma: la repetición de pensamientos hace que se integren en tu red neuronal y se consoliden las sinapsis. Esto provoca que, ante un mismo estímulo, sea mucho más probable que sigas pensando lo mismo y sintiéndote de la igual forma.

Por ejemplo, si tienes pensamientos perturbadores sobre tu familia o tu trabajo que te generan irritación y frustración, terminas integrando esos estados en tu red. Si esto ocurre de forma repetitiva, creas una relación neuronal a largo plazo con esos estados de ánimo desagradables. Esto se conoce como "neuroplasticidad dependiente de la experiencia". Es un riesgo para quienes no gobiernan sus procesos mentales, ya que genera la sensación de estar a la deriva, controlados por pensamientos poco "amables" que derivan en comportamientos erráticos, dubitativos o temerosos.

La buena noticia es que, si deseas tomar el control, la neuroplasticidad es tu gran aliada. Puedes aprender a influir voluntariamente en tus procesos mentales, estimulando tu maquinaria neuronal para cultivar estados positivos, sentimientos edificantes y conductas alineadas con la vida que deseas.

Afirmaciones positivas: El lenguaje del cambio

La repetición de afirmaciones positivas te ayuda a acomodar rutas neuronales que te sacarán de la negatividad y la angustia, permitiéndote vivir de forma más expansiva.

Las afirmaciones son una forma de autosugestión que activa estados mentales constructivos y calma la reactividad en las zonas límbicas (encargadas de las reacciones de lucha o huida). Cuando las sostenemos en el tiempo, se instalan en nuestro cerebro como fortalezas internas. No son mágicas ni cambian la realidad exterior por sí solas, pero transforman nuestra percepción e interpretación de la misma. Al reemplazar la negatividad por nueva información, rompemos las barreras que el pesimismo impone en nuestro día a día.

Cómo practicar las afirmaciones positivas

Para que el moldeado neuronal sea efectivo, te sugiero seguir estos cuatro pasos:

1. Identifica qué áreas de tu vida quieres mejorar No intentes cambiarlo todo a la vez. Elige un área específica: salud, relaciones, propósito profesional o paz mental.

2. Crea una afirmación en positivo y en presente El cerebro procesa mejor lo que ocurre "aquí y ahora". Evita el "no" y el futuro. Algunos ejemplos:

  • "A pesar de los retos, encuentro soluciones creativas y eficaces en mi vida cotidiana".
  • "Tengo todo lo necesario para cumplir mis objetivos; mi sabiduría interior me guía".
  • "Asumo y acepto los cambios, adaptándome con fluidez a las nuevas circunstancias".

3. Dota de emoción a la palabra Una afirmación sin emoción es solo una frase vacía. Para que la sinapsis se consolide, debes sentir la verdad de lo que dices mientras lo pronuncias. Imagina la sensación de alivio, alegría o seguridad que esa afirmación te aporta. La emoción es el "pegamento" que fija la nueva conexión neuronal.

4. Establece una rutina de repetición consciente La neuroplasticidad requiere constancia. Dedica unos minutos al despertar o antes de dormir para repetir tus afirmaciones. No lo hagas como un autómata; hazlo con presencia. Con el tiempo, notarás que tu cerebro deja de esforzarse por ser positivo y empieza a serlo de manera natural, porque habrás creado una nueva "autopista" mental.

Nota final: Tu cerebro es arcilla en tus manos. No eres víctima de tu genética ni de tu pasado; eres el arquitecto de tu próxima conexión neuronal. ¡HÁBLATE BIEN!

Fdo. Diego Bueno

miércoles, 18 de febrero de 2026

HABLEMOS DEL FEMINISMO DE LA DERECHA ESPAÑOLA... ¡POR FIN!


Después de múltiples experiencias coeducativas y de haberme topado con todo tipo de perfiles a lo largo de mi trayectoria profesional, puedo afirmar (aun asumiendo que generalizo) que en la derecha española… ¡ni tienen idea de feminismo ni, por supuesto, la han tenido nunca!

Han hecho falta años de concienciación y de repetir, como una cantinela infinita, que el feminismo no es "lo mismo que el machismo pero al revés", sino que significa igualdad. Solo así hemos logrado que muchos dirigentes de derechas se suban al carro; algunos por una lógica justicia social y otros, seamos claros, por pura conveniencia. Saben que la sociedad ha avanzado y que mantener una postura abiertamente machista hoy resta votos.

No hay que olvidar que entre sus filas el machismo aún tiene un nicho fiel de votantes que les darán su apoyo piensen lo que piensen. Sin embargo, hay una parte crucial de la población ya concienciada que les obliga a adoptar posturas "antinatura" para ellos, como es el discurso feminista, con tal de atraer el voto moderado.

Esta dicotomía interna genera situaciones estrambóticas. El ejemplo más flagrante lo estamos viviendo estos días con María Guardiola. La futura presidenta de Extremadura pasó de asegurar en 2023 que jamás pactaría con quienes niegan la violencia machista (refiriéndose a Vox), a afirmar ayer mismo, 16 de febrero de 2026, que "su feminismo es el mismo que el de Vox". La aritmética es simple: necesita sus votos para ser investida y evitar elecciones en marzo. Al hacerlo, asume un discurso que diluye la violencia de género en el concepto de "violencia intrafamiliar". Este es el nivel ético y moral de la derecha española.

Se da, además, la circunstancia de que muchas personas en la derecha (y algunas en la izquierda, aunque menos) ni siquiera son conscientes de su propio machismo. Creen que es algo superado o que el feminismo atenta contra la naturaleza humana. Esto solo confirma la necesidad de seguir impulsando políticas feministas que desmonten estereotipos y esos micromachismos que, por su sutileza, pasan desapercibidos en una sociedad donde el patriarcado sigue infiltrado en cada actitud y comportamiento.

Fdo. Diego Bueno.


 

jueves, 12 de febrero de 2026

HABLEMOS DE JUEGOS MENTALES… ¡POR FIN!

 

El juego: El motor de la mente en todas las etapas de la vida

Suelo decirles a mis alumnos y alumnas que un examen no es más que un juego; un reto con un objetivo claro que, abordado con la actitud adecuada, puede resultar incluso divertido. Esta premisa, que a veces les choca, tiene un sólido respaldo científico: el juego es el mejor aliado del desarrollo cognitivo.

Tradicionalmente, hemos asociado esta actividad a la infancia, etapa en la que resulta imprescindible para la maduración de procesos como la percepción, la memoria, el lenguaje y la estructuración del pensamiento. Su magia reside en la capacidad de simular la realidad, ofreciendo un escenario idóneo y seguro para cometer errores y aprender de ellos a través de la práctica. Si jugar es gratificante por sí mismo y pensar es el mejor ejercicio para nuestro cerebro, ¿qué puede haber mejor que realizar ambas actividades a la vez?

Un lenguaje universal: del patio de recreo a la madurez

Sin embargo, el juego no es un patrimonio exclusivo de la niñez. Su relevancia no se desvanece con los años, sino que evoluciona hasta transformarse en un baluarte de salud y bienestar para todas las etapas de la vida:

  • En la edad adulta y la vejez: Actúa como un verdadero "gimnasio cerebral". Participar en retos mentales ayuda a mantener y expandir la reserva cognitiva, funcionando como un escudo protector frente al deterioro neurodegenerativo. Jugar en la madurez no es una distracción banal; es una herramienta de prevención que mantiene encendida la chispa de la curiosidad.
  • En la salud mental: Para quienes atraviesan procesos de enfermedad, el juego ofrece un espacio de seguridad y estructura. Ayuda a canalizar la ansiedad y mejora la autoestima mediante la consecución de pequeños logros, sustituyendo los pensamientos intrusivos por el enfoque y la gratificación del reto superado.
  • Como herramienta social y humana: El juego es el puente más corto entre dos personas. Fomenta la empatía, nos enseña a negociar y nos obliga a mirar a los ojos del otro. En un mundo cada vez más digital y aséptico, el juego presencial nos devuelve nuestra esencia más colaborativa.

Un asunto de "Estado Mental"

Jugar es, por tanto, un asunto muy serio. Al jugar nos empleamos al máximo, manifestamos nuestro afán de superación y ponemos en práctica todos nuestros recursos para alcanzar la meta. En este contexto, nos permitimos reconocer nuestros límites y capacidades con un margen de error que otras actividades de la vida no perdonan, lo que fortalece nuestro autoconcepto.

Pero no nos engañemos: el juego requiere un esfuerzo nada despreciable. No se disfruta igual una victoria lograda con sudor que una regalada por el adversario. El éxito sin esfuerzo no produce el placer deseado, y sin ese placer, el juego deja de ser atractivo. Para triunfar necesitamos concentración, perseverancia y paciencia.

En definitiva, no dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar. El juego es una medicina preventiva sin efectos secundarios que debería estar presente en el "botiquín" de cualquier hogar, independientemente de la edad de sus habitantes. Aceptar sus retos es, sencillamente, la mejor forma de seguir aprendiendo.

Las competencias cognitivas: Nuestra caja de herramientas

Nuestras competencias mentales están estructuradas en cuatro niveles esenciales que debemos activar para resolver cualquier desafío:

  1. Pensamiento Comprensivo: Es la capacidad de entender correctamente la información recibida. Incluye operaciones como clasificar, analizar, sintetizar y descubrir el "porqué" de las cosas. Es la fase crítica de cualquier examen o juego mental: sin comprensión, la resolución es imposible.
  2. Competencias Críticas: Nos sirven para evaluar la información e investigar la fiabilidad de las fuentes. Interpretan causas y predicen efectos. Tras entender los datos, debemos analizarlos con rigor antes de ponernos a trabajar.
  3. Competencias Creativas: El pensamiento creativo nos permite alumbrar ideas, establecer relaciones inéditas, producir imágenes o crear metáforas. Es el paso definitivo hacia soluciones ingeniosas.
  4. Competencias Complejas: Aglutinan las tres anteriores. Abarcan desde la captura de la información —a veces encriptada en un enunciado— hasta el planteamiento estratégico, la resolución y la necesaria comprobación final.

Tipología del desafío

Para entrenar nuestra mente, podemos distinguir seis grandes áreas de juego:

  • Cálculo matemático e inteligencia numérica.
  • Capacidad, razonamiento lógico y agilidad mental.
  • Estrategia y paciencia.
  • Memoria y observación.
  • Inteligencia verbal y comunicación.
  • Enigmas y juegos mentales puros.

El arte de resolver: Estrategias y "consejillos"

A menudo, el fracaso ante un problema matemático o un examen se debe a tres errores comunes: pensar que se pide algo que no se pide, ignorar información vital o creer haber leído algo que el enunciado no dice.

Para evitarlo, aquí os propongo algunas estrategias que siempre comparto con mis estudiantes:

  • Lectura pausada: Lee atentamente el enunciado. No te precipites; asegúrate de haber captado cada detalle antes de empezar.
  • Visualiza el problema: Toma notas, haz esquemas o dibujos. El registro visual ayuda a "ver" la solución donde antes solo había palabras.
  • Sé sistemático/a: Busca información adicional si es necesario y conecta el ejercicio con experiencias similares que hayas tenido antes.
  • Actitud positiva: Cada ejercicio es un reto. No "tires la toalla" al primer obstáculo.
  • El valor del ensayo-error: Prueba, escribe, tacha y vuelve a escribir. Los errores no son fallos, son experiencia acumulada.
  • Creatividad y sentido común: Atrévete con métodos insólitos o extraños. Deja que fluyan las ideas; alguna será la llave maestra.
  • El reposo del guerrero: Si el bloqueo persiste, deja "descansar" el problema y retómalo más tarde con una mirada fresca.
  • La prueba del algodón: Una vez hallada la solución, comprueba que se ajusta al enunciado. Y, lo más importante: explícalo a otra persona. Solo cuando eres capaz de explicar el proceso paso a paso, puedes estar seguro de que lo has comprendido a fondo.

Aprender del error: Una filosofía de vida

Decía Bertrand Russell: «¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos nuevos por cometer?». Esta frase refleja la importancia de no temer a la equivocación. Hay errores fruto de la inexperiencia o la impaciencia, y otros que nacen de respuestas automáticas sin atender al enunciado.

Recordemos a Einstein cuando afirmaba que «quien no haya cometido un error es que nunca ha intentado algo nuevo», o a Tagore advirtiéndonos que «si cierras la puerta a todos los errores, la verdad quedará fuera». No hace falta ser un profesional de las matemáticas para resolver un problema complejo; basta con ser una persona despierta y servirse del ingenio.

A modo de conclusión

El juego es un instrumento de aprendizaje tan legítimo y valioso como cualquier otro. Es necesario subrayar esto porque todavía arrastramos la herencia de la educación de la Revolución Industrial: aquel modelo que no buscaba el crecimiento integral de la persona, sino que se limitaba a formar mano de obra dócil y útil para las fábricas. En ese contexto, el juego tenía "mala prensa"; se consideraba una actividad carente de seriedad.

Por desgracia, este complejo aún subyace en buena parte del profesorado. Sin embargo, la pedagogía práctica que implementamos día a día en las aulas demuestra con total nitidez que el juego es un pilar fundamental del aprendizaje. Dado que la capacidad de aprender es una de nuestras características más humanas y nos acompaña durante toda la existencia, el juego se revela como un aliado excepcional que, además, nos proporciona bienestar emocional.

Debemos superar complejos y tabúes; es hora de perder el miedo a jugar y ser plenamente conscientes de las ventajas que nos ofrecen los diversos tipos de desafíos lúdicos.

Deberíamos transmitir con mayor ahínco a los jóvenes que razonar de forma entretenida reduce el "coste" del aprendizaje. A través de la lúdica, adquirimos competencias, capacidades y actitudes que, de otro modo, resultarían mucho más difíciles de alcanzar. Una vez salvados los obstáculos, pasar de la incertidumbre a la habilidad de resolución genera una sensación gratificante y altamente estimulante para nuestro cerebro.

Así pues, no demos una importancia excesiva a los fallos. Mantengamos una actitud positiva y, sobre todo, no dejemos nunca de jugar.

Fdo. Diego Bueno


jueves, 5 de febrero de 2026

HABLEMOS DE LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS... ¡POR FIN!

 

A estas alturas de partido, como es normal y como nos ha pasado a muchas personas, me he topado con gente así, claro que sí. Son maestros/as de la manipulación que sobreviven bajo disfraces de autoestima y sonrisas tan de plástico como su ética. Llenan sus vidas personales vacías con conquistas laborales a base de la venta, en rebajas, de engaños.
​Por desgracia, uno acaba descubriendo la decepción que se esconde tras esos gestos fingidos de admiración o cariño. Pero, mirándolo con perspectiva, también es una suerte: gracias a esas personas aprendes a elegir mejor tus batallas y, sobre todo, tus compañías.
​En definitiva, no son más que simples figurantes obsesionados con figurar; piratas de un botín vacío cuyo único tesoro consiste en la aprobación impostada de sus semejantes. Personas falsas que triunfan en un mundo falso. Un mundo que llegan a confundir con el real. Tienen una visión del mundo y de la propia vida que se asemeja a una batalla perpetúa en la que las buenas personas son carne de cañón y ellas pelean desde la retaguardia con discursos amables en los que no creen. Así de triste. Así de revelados por casi todos. Así de impostadas.

Fdo. Diego Bueno

HABLEMOS DE POR QUÉ NO CONTROLAS TUS EMOCIONES Y CÓMO CAMBIARLO… ¡POR FIN!

  Este no es más que un somero resumen de uno de los capítulos de mi próximo libro. Espero que os despierte curiosidad a quienes mostráis in...