jueves, 5 de febrero de 2026
HABLEMOS DE LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS... ¡POR FIN!
viernes, 30 de enero de 2026
HABLEMOS DE TRANSPORTE URBANO EN SEVILLA... ¡POR FIN!
Año 2026. Llevamos ya un cuarto
de siglo XXI. En la ciudad de Sevilla vivimos unas setecientas mil personas
que, si sumamos el entorno metropolitano, alcanzamos el millón y medio. Durante
el año 2025, la ciudad recibió a más de 3,5 millones de turistas (según datos
del INE y el Ayuntamiento), superando la barrera histórica de los 8,5 millones
de pernoctaciones anuales con una estancia media de 2,2 noches por visitante.
Pues bien, Sevilla cuenta con una
sola línea de metro que cruza la ciudad de este a oeste. Una sola vía, sin
ramificaciones ni nada que se le parezca, para un metro que, además, circula a
bajísima velocidad. Los responsables políticos de todas las administraciones y
colores —ineptos en este sentido desde hace más de cuarenta años— no han sido
capaces de ponerse de acuerdo para hacer de Sevilla la ciudad moderna, en
cuanto a transporte, que merecemos tanto quienes vivimos aquí como quienes nos
visitan.
El único mérito destacable de
este Ayuntamiento fue el impulso de la red de carriles bici bajo el gobierno de
coalición del PSOE e IU, con Alfredo Sánchez Monteseirín y Antonio Rodrigo
Torrijos a la cabeza. A pesar de convertir a Sevilla en un referente europeo de
movilidad ciclista, el proyecto recibió críticas feroces. Aún recuerdo las
palabras del ínclito Antonio Burgos insultando a los responsables del carril
bici con argumentos tan variopintos como que ir en bici era cosa de
"tiesos" o que aquello no tendría éxito. Este señor, ya fallecido,
recibió el reconocimiento de Hijo Predilecto de Andalucía en 2020. No digo más.
Cuando viajas por Europa te das
cuenta del enorme déficit que sufre Sevilla. Con nuestro volumen de población,
el servicio de autobuses por sí solo, por muy bien que se gestione, es incapaz
de cumplir su misión de forma eficiente. La estampa de esperar un buen rato en
la parada para que, cuando llegue el bus, no pare por ir abarrotado, es una
imagen típicamente sevillana que no se ve en ciudades de similares
características. Esto es algo que los sevillanos debemos saber.
Recuerdo también aquellas
excusas, supuestamente técnicas, que decían que el suelo de Sevilla era
demasiado húmedo para una obra de tal magnitud. ¡Sí, eso decían! Basta viajar a
ciudades europeas bañadas e incluso sumergidas en agua (Ámsterdam, Toulouse,
Estocolmo o Copenhague) o recordar el Eurotúnel bajo el Canal de la Mancha para
que esas excusas provoquen risa.
Vivimos tiempos donde la ecología
es prioritaria. Lo dice la ciencia y lo padecemos los ciudadanos. Se restringe
el acceso al centro de las ciudades para contaminar menos y se fomenta el
transporte público. De hecho, en el centro y norte de Europa, el transporte es
semigratuito para casi todos y, por supuesto, libre de coste para mayores,
niños o personas con discapacidad. ¡No hay que irse lejos! En Dos Hermanas, a
solo doce kilómetros, el bus urbano es gratuito para todo el mundo.
Sin embargo, en este contexto de
siglo XXI, conciencia ecológica y fomento del transporte público, el
Ayuntamiento de Sevilla, a través de TUSSAM, ha decidido no renovar el bonobús
gratuito a las personas con discapacidad cuya renta familiar supere cierto
umbral, incluyendo a personas con un 65% de discapacidad.
Mientras la tendencia europea
camina hacia la gratuidad universal, aquí se le cobra billete a quienes más lo
necesitan. ¿Quiénes usan el transporte público? Los trabajadores, los
estudiantes, los mayores y quienes no pueden conducir. La gente con dinero que
no quiere conducir utiliza el taxi. Por tanto, ¿a quién perjudica esta medida? …
A los de siempre.
Fdo. Diego Bueno
martes, 27 de enero de 2026
HABLEMOS DE QUÉ ES Y QUÉ NO ES PENSAMIENTO CRÍTICO... ¡POR FIN!
Empiezo fuerte con esta
afirmación: “La libertad de expresión protege a las personas, pero no la
validez de lo que dicen”. Por ejemplo, ser terraplanista no es una opinión
respetable por razones obvias. Somos libres de opinar lo que nos dé la gana
pero, lógicamente, no todas las opiniones son respetables.
El pensamiento crítico consiste
en someter las opiniones a una "criba". Desarrollar este concepto es
fundamental hoy en día; estamos saturados de información y expuestos a
opiniones no contrastadas que, en muchos casos, son puramente demagógicas.
Las personas demagogas apelan a
los prejuicios, miedos y emociones del público (en lugar de a la razón) para
ganar apoyo, presentando soluciones simplistas a problemas complejos. Es
frecuente la creación de “relatos” y el uso de la desinformación para construir
una versión interesada de la realidad que ignore los datos contrastados.
La pedagogía moderna, aplicada a
todos los procesos de enseñanza-aprendizaje, no se entiende sin la estimulación
del pensamiento crítico, tanto en el discente como en el propio docente. Pero
¡ojo!, no os equivocquéis ni permitáis que os confundan: el pensamiento crítico
no consiste en "llevar la contraria", en querer ser distinto porque
eso te hace parecer interesante o en ser escéptico ante todo. Consiste en
actuar como un filtro de calidad para nuestra mente.
Puesto que el pensamiento crítico
es una facultad inherente a la madurez, su fomento en edades tempranas se
convierte en un vehículo esencial para acelerar el desarrollo personal y la
autonomía de niños y jóvenes. Este proceso de analizar, evaluar y estructurar
las ideas de forma objetiva se basa en varios pilares:
- Evaluación de la evidencia: ¿De dónde viene el
dato? ¿Es una fuente fiable o un sesgo? No se trata de creer lo que
queremos que sea verdad, sino lo que la prueba demuestra.
- Reconocimiento de sesgos: Admitir que todos tenemos
prejuicios (sesgo de confirmación, de autoridad, etc.). El pensador
crítico cuestiona sus propias creencias antes que las de los demás.
- Lógica argumentativa: Detectar falacias [1]
(ataques personales en lugar de a la idea, generalizaciones apresuradas,
falacia del “hombre de paja”, etc.).
La inteligencia crítica consiste
en la capacidad de darse cuenta del error propio y cambiar de rumbo. Para
finalizar, necesito dejar claras algunas pautas desde un punto de vista
pedagógico:
Existe una confusión común entre
"criticar" y "pensar críticamente". Aquí es donde muchas
opiniones pierden su validez. Todo el mundo tiene una opinión, pero sin
fundamento es solo ruido. El pensamiento crítico exige un esfuerzo intelectual
de contraste; la libertad de pensamiento no es gratuita.
Por otra parte, están los
escépticos radicales. Negar que el ser humano llegó a la Luna o que las vacunas
funcionan no es ser "crítico", ¡es ser negacionista! El pensamiento
crítico respeta los consensos científicos mientras no aparezcan pruebas
mejores. También están quienes caen en el cinismo, creyendo que todo el mundo
miente y nada tiene valor. El pensador crítico busca la verdad, no la
destrucción de toda idea.
Por último, están quienes se
toman el pensamiento crítico como un ataque personal. En un debate sano, se
atacan los argumentos, nunca a la persona que los emite.
Espero haber aclarado alguna duda
que pudiera existir.
Fdo. Diego Bueno
[1] En un próximo artículo os
hablaré de las falacias. Un tema que me parece interesantísimo, ya que son uno
de los principales enemigos del pensamiento crítico y se usan con demasiada
frecuencia.
domingo, 25 de enero de 2026
HABLEMOS DE “¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON LAS DIFICULTADES DE CONCENTRACIÓN?” ... ¡POR FIN!
Estoy seguro de que el tema te
interesa, pero en cuanto veas que se extiende más de media página, es probable
que decidas no leerlo a pesar de tu interés.
Es evidente que nuestro estilo de
vida supone ser una fábrica de preocupaciones y que cada vez nos cuesta más
concentrarnos, tomar decisiones e incluso pensar. ¿Qué nos está ocurriendo? ¿Es
esto normal? ¿por qué ocurre?, ¿cómo podemos mejorar nuestra capacidad de
concentración? Lo voy a analizar paso a paso e intentaré ser directo y conciso
para que no te diluyas y decidas no seguir leyendo:
Mantener una conversación fluida,
rendir en el trabajo con cierta solvencia o, simplemente, tomar una decisión
cotidiana por sencilla que parezca... En los últimos tiempos, estas acciones
que antes dábamos por sentadas parecen costar un mundo. La frase se ha
convertido en un mantra colectivo: «No puedo concentrarme, no sé qué me pasa».
Y no es una exageración; parece que nuestra capacidad de atención se ha visto
reducida a apenas unos ocho segundos de enfoque antes de que la mente salte a
otra rama.
¿Es esto normal? ¿Estamos ante un
problema grave? Lo primero que debemos hacer es serenarnos: el hecho de que sea
un fenómeno compartido nos indica que no es un fallo individual, sino una
respuesta a nuestro entorno. Vivimos en una atmósfera de angustia, exceso de
información y una incertidumbre constante que nuestro cerebro, simplemente, no
es capaz de procesar. El ruido —tanto el externo como el emocional— ha
terminado por saturar nuestra maquinaria mental.
La trampa química: dopamina y
algoritmos
Para entender por qué nos cuesta
tanto soltar el móvil, hay que mirar bajo el capó de nuestra biología. Cada vez
que recibimos un "like", un mensaje o simplemente hacemos scroll
y encontramos algo nuevo, nuestro cerebro libera un pequeño "chute"
de dopamina. Es el neurotransmisor del placer y la recompensa, el mismo que se
activa con el juego o las adicciones.
Las grandes empresas tecnológicas
no ignoran esto; al contrario, lo utilizan como base de su modelo de negocio.
Saben perfectamente cómo funciona nuestra química cerebral y diseñan sus
interfaces para que ese flujo de dopamina sea constante. Han convertido
nuestras pantallas en máquinas tragaperras de bolsillo. No es que nos falte
fuerza de voluntad por naturaleza, es que estamos compitiendo contra algoritmos
diseñados por ingenieros y psicólogos para secuestrar nuestra atención y
fragmentar nuestro tiempo. Nos han entrenado para la gratificación instantánea,
y por eso, cualquier tarea que requiera esfuerzo y paciencia ahora nos resulta
cuesta arriba.
La atención como motor de vida
A menudo cometemos el error de
pensar que la atención es solo una herramienta para estudiar o trabajar. Sin
embargo, como bien señalaba Daniel Goleman en su obra Focus, la atención
es el activo psicológico esencial para el desempeño en la vida. Si no somos
capaces de centrar el foco, nuestras relaciones se resienten y perdemos
oportunidades de ser felices.
Pero hay algo más profundo: la
atención es la forma más pura de amor. Cuando le dedicamos nuestra atención
plena a otra persona, le estamos diciendo que su existencia es valiosa para
nosotros. En un mundo que nos quiere dispersos, pararse a escuchar a alguien
sin mirar de reojo la pantalla es un acto de generosidad inmenso. La atención
es, en última instancia, lo que nos permite recordar qué es lo importante y
dedicarle el tiempo que merece a quienes queremos.
¿Por qué nos cuesta tanto
hacer "foco"?
Si analizamos las causas, nos
daremos cuenta de que hemos construido un estilo de vida que es, por
definición, enemigo de la concentración. Por un lado, tenemos la acumulación de
tareas y el cansancio físico. Por otro, esa hiperconexión que mencionábamos,
que actúa como un saboteador constante. Si a esto le añadimos el sedentarismo y
la desorganización, el resultado es una mente errática. Y no podemos olvidar la
ansiedad: estar constantemente preocupados por el futuro nos impide, por
sistema, habitar el presente.
Estrategias para recuperar el
mando
¿Qué podemos hacer para educar de
nuevo a nuestra mente? No hay fórmulas mágicas, pero sí hábitos que funcionan:
1.
Fragmentar el tiempo: Trabaja en
intervalos cortos, de unos 30 minutos. Saber que solo tienes ese bloque te
ayuda a rendir al máximo. (En algunos sistemas educativos están empezando a plantearse
la supresión de las sesiones de una hora sustituyéndolas por las de 30 minutos)
2.
Monotarea absoluta: Una sola cosa a la
vez. Visualiza tu mente como una casa donde solo puedes recibir visitas de una
en una. Si amontonas tareas y preocupaciones, la casa se vuelve inhabitable.
3.
La música como aliada: Como herramienta
terapéutica, la música es excepcional para el enfoque. Ciertos ritmos, como la
música barroca o los sonidos ambientales constantes (ruido blanco), ayudan a
sincronizar nuestras ondas cerebrales y a crear un "muro sonoro" que
nos protege de las distracciones externas. La música no solo amansa a las
fieras; también calma la mente dispersa.
4.
El ajedrez y juegos de estrategia: La
gamificación en las aulas y en las casas potencia y estimula la atención
mantenida a la vez que permite la interacción constante entre personas. Adquirir
habilidades sociales nos capacita para buscar menos ese aislamiento que nos
deja en manos del skroll.
5.
Higiene emocional y desconexión: En
tiempos de mucho ruido, busca el equilibrio. Apaga las notificaciones que no
sean vitales. Recuperar el mando sobre cuándo miramos la pantalla es el primer
paso para recuperar nuestra libertad mental.
Para concluir, debemos entender
que decir «no puedo concentrarme» es hoy un signo de los tiempos. Nuestro
cerebro está intentando sobrevivir en un mundo de una complejidad inédita para
el que no está biológicamente concebido. La buena noticia es que recuperar el
control es posible. Se trata de entrenar el enfoque día a día, entendiendo que
donde ponemos nuestra atención, estamos poniendo nuestra vida. Hagamos que
valga la pena. Cambiar actitudes es posible, aunque requiere entrenamiento,
esfuerzo y constancia. Conocer el origen nos proporciona el motor que supone la
motivación para intentarlo, hacerlo y conseguirlo.
Fdo. Diego Bueno
martes, 20 de enero de 2026
HABLEMOS DE LA NECESIDAD DE NECESITAR… ¡POR FIN!
En buena medida, nuestro malestar
emocional viene determinado por esa incontrolable pulsión de
"necesitar" cosas. Para empezar, debemos ser conscientes de que se
trata, únicamente, de una creencia que forjamos en nuestro diálogo interno. Nos
convencemos de que, para estar bien, es imperativo estar delgado, que llegue el
viernes, ser el más inteligente, tener una agenda llena de amigos o poseer un
coche mejor. Nos imponemos la obligación de tener pareja, un piso en propiedad,
dominar idiomas, calzar esos zapatos de moda, ser extrovertidos o viajar sin
descanso.
El problema reside en que muchas
personas, si sienten que falla un solo eslabón de esa cadena infinita, se
consideran un fracaso. Se sienten en la ruina emocional.
Sin embargo, las personas más
fuertes y felices suelen ser aquellas que necesitan muy poco. En su diálogo
interior se repiten, constantemente, que no precisan de grandes artificios para
alcanzar el bienestar. Les basta con tener cubiertas las necesidades básicas y
poco más. No dependen de lo material, ni siquiera de validaciones inmateriales
constantes. Su narrativa es distinta: “No necesito que todo el mundo me
trate bien todo el tiempo”, “tengo salud, tengo mucho más de lo que
realmente requiero”. Son capaces de ver todo lo bueno que poseen y todo lo
bueno que son; se aceptan y, desde esa aceptación, deciden mejorar aquello que
es mejorable.
A veces, los árboles nos impiden
ver el bosque. Por eso es tan recomendable apartarnos, tomar distancia y
observar nuestra vida desde otra perspectiva. Lo único necesario para
transformar nuestra visión es ser conscientes de su importancia y tener la voluntad
de hacerlo. Y, si el camino se hace cuesta arriba, siempre podemos buscar ayuda
profesional. Es fundamental entender que, por ejemplo, la dependencia emocional
nace, precisamente, de necesidades de afecto y reconocimiento que no son
reales, sino proyecciones de una baja autoestima.
La felicidad, al fin y al cabo,
reside dentro de nosotros. Buscarla fuera no solo supone un gasto de energía
innecesario, sino que nos condena a la impotencia y la frustración. El
verdadero cambio nace del esfuerzo de introversión necesario para conocernos y
mejorarnos.
Fdo. Diego Bueno
domingo, 30 de noviembre de 2025
HABLEMOS DE “MI NAVIDAD” … ¡POR FIN!
El renacimiento de la Luz o el
Nacimiento del Sol son celebraciones que han tenido lugar durante siglos en
torno al solsticio de invierno en las culturas paganas. De estas tradiciones,
bebieron las religiones monoteístas posteriores, especialmente el cristianismo,
que no hizo más que tomar lo que ya existía.
El solsticio de invierno marca el
día más corto y la noche más larga del año. A partir de este momento, los días
comienzan a alargarse, simbolizando la victoria de la luz sobre la oscuridad.
Este evento natural fue interpretado por innumerables culturas como un momento
de Renacimiento y Renovación: el nacimiento de un nuevo ciclo solar y el
resurgimiento de la vida. En realidad, no es más que un canto a la esperanza,
la promesa de que la primavera y la fertilidad volverán después del frío y la
escasez del invierno.
La Iglesia Católica tomó el 25 de
diciembre, día del Sol Invicto para los romanos del Imperio, más de 300 años
después de la muerte de Jesús, como fecha de su nacimiento. De esta forma, al
coincidir ambas festividades, se facilitaba la conversión al cristianismo, que
era el objetivo. Las fechas, tanto del nacimiento como de la crucifixión de
Jesús, se desconocen por completo. Sí, se confirma que nos engañaron a todos
durante siglos.
No obstante, me quedo con lo
bonito de la Navidad que, para mí, como ateo, significa el nacimiento, ¡no de
una persona!, ¡no de un dios!, sino de la luz en su sentido más amplio, tanto
literal como simbólicamente. Marca un punto a partir del cual cada día que pase
tendrá más minutos de luz. Marca, asimismo, el inicio de un nuevo ciclo y
significa un canto a la esperanza. Por eso ha sido siempre tan atractiva la
Navidad, por eso adornamos con luces, por eso hacemos protagonistas a los niños
como símbolo de la renovación, la esperanza y la alegría, por eso es un canto a
la vida. Creo que los humanos, históricamente (y ahora no iba a ser menos),
siempre hemos necesitado luz, esperanza y renovación.
Fdo. Diego Bueno.
lunes, 24 de noviembre de 2025
HABLEMOS DEL 25N... ¡POR FIN!
Vamos a ver si nos enteramos de
una puñetera vez:
Voy a hablar muy clarito para que
me entienda hasta la persona más torpe u obstinada.
¡LO QUE SE CONMEMORA EL 25
DE NOVIEMBRE ES EL DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA
CONTRA LA MUJER!
¡No lo digo yo!, sino que esta
fecha fue designada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año
2000 para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el
mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación.
La violencia hacia las mujeres la
ejercen hombres.
No se “celebra” el día contra
la violencia de género ni tampoco el día contra TODAS las violencias de
género (como lamentablemente he escuchado en muchos sitios últimamente).
El 25 de noviembre no es una
celebración. No hay nada que celebrar respecto al machismo. Es un día de
conmemoración, de reivindicación, de sensibilización.
Concretamente, el enfoque y lema
de la campaña de la ONU para el Día Internacional de la Eliminación de la
Violencia contra la Mujer y los 16 Días de Activismo (que van del 25 de
noviembre al 10 de diciembre) de este año 2025 está centrado en la violencia en
el espacio digital, ya que se trata de una amenaza creciente.
Se trata de abordar diversos
tipos de abusos en línea, como el intercambio no consentido de imágenes
íntimas, el ciberacoso, el troleo, las amenazas en línea, el discurso de odio, la
desinformación en las plataformas, la suplantación de identidad y la vigilancia
y control en línea.
Es verdad que en la sociedad
española hemos avanzado mucho, pero igualmente queda mucho por hacer. A día de
hoy el machismo es más sutil, más indetectable pero igualmente peligroso.
El machismo mata, el
machismo viola, es la raíz de todo acto de desprecio y ofensa hacia la
mujer, es homófobo y discrimina de manera sistemática, oculta las
desigualdades, oculta lo femenino, relega a la mujer a ocupar un papel
secundario y se esfuerza por controlar el discurso. Una de sus más
significativas expresiones de control es, precisamente, el intento de vetar el
uso del término “machismo” (“Lo que no se nombra, no existe”), buscando
reducir su impacto a la simple denominación de “violencia de género”,
eludiendo de paso, la discusión sobre su origen ideológico. No es únicamente un
tema semántico.
Una de las características del
machismo, y por consiguiente de los hombres y mujeres que lo perpetúan, es su defensa
basada en la negación. Esta táctica busca eludir la crítica a la
estructura de pensamiento (la ideología machista), reduciendo el problema a
incidentes aislados o pretendiendo que la batalla por la igualdad ya ha sido,
supuestamente, ganada.
Otra estrategia propia del
machismo consiste en cambiar la semántica, sabedores de que el lenguaje
es origen de ideas, incluso de forma subliminal. Un ejemplo claro es el uso de "violencia
de género" en vez de "violencia hacia la mujer", con el
objeto de equiparar todas las violencias. Esto llevaría al pensamiento de que
no existe un problema estructural de machismo, sino de violencia en general.
Suele ser común, igualmente, negar
o alterar los datos aterradores de la violencia machista hacia las mujeres
para ralentizar, lo más posible, los avances feministas.
Quiero denunciar, igualmente, esa
estrategia, tan machista como burda, que consiste en recalcar que los hombres y
las mujeres somos diferentes y que por tanto no tiene sentido buscar la
igualdad, como si las personas feministas no aceptáramos esa irrefutable ley
natural que dice que hombres y mujeres somos diferentes biológicamente.
El machismo se derrama, invade y
permanece en todos los ámbitos y contextos de la sociedad: Música,
comportamientos, actitudes, humor, publicidad, lenguaje, relaciones, sueldos,
puestos de responsabilidad, etc. El machismo nace, crece y se reproduce gracias
a hombres y mujeres, pero las violencias machistas (sí, en plural) la
ejercen hombres contra mujeres.
Os invito a descubrir cifras (por
supuesto, cifras oficiales) tanto en España como en el resto del mundo.
Así que ya sabéis. ¡Lo que es, es!
Dejaos engañar, si eso os hace
felices, pero al menos, no propaguéis el engaño.
Puedo admitir, incluso, que el
término “feminismo” (comúnmente confundido con “hembrismo”) pueda
inducir a error e incluso que quizás no sea el más afortunado si lo que se
pretende es la igualdad de derechos y oportunidades, pero significa,
precisamente, eso: “Eliminación de todas las formas de desigualdad y opresión
derivadas del patriarcado.
Fdo. Diego Bueno
domingo, 16 de noviembre de 2025
HABLEMOS DE BUENOS MODALES... ¡POR FIN!
Educado/a, respetuoso/a, amable,
cariñoso/a, compasivo/a, comprensivo/a, tolerante, cortés, considerado/a,
cumplidor/a, afable, bondadoso/a, transigente, flexible, indulgente, atento/a,
cordial, civilizado/a, humano/a, paciente... Todos estos adjetivos deberían
calificar a aquellas personas que hacen gala de buenos modales.
Evidentemente, su adquisición y
uso no son fáciles. Se requiere, como casi todo lo que nos hace crecer y
mejorar, esfuerzo, entrenamiento y constancia.
Obviamente, llevan mucha ventaja
quienes han adquirido estos hábitos desde pequeños. Se asimilan mediante las
indicaciones de padres, madres, profesorado, etc., pero sobre todo mediante el
ejemplo. No obstante, cuando alcanzamos a tener uso de razón (algo que no
ocurre siempre por muchos años que se cumplan), está en nosotros mismos
trabajar para adquirir buenos modales de comportamiento.
Aun así, podría haber alguien que
se preguntara si merece la pena adquirirlos, pues ¿qué ventajas nos aportan los
buenos modales? Para contestar a esta cuestión debo, antes, hablar de la
educación y de su influencia en nuestro bienestar y en el de la comunidad.
Los buenos modales tienen que ver
con la buena educación. Quienes tienen malos modales están mal educados
e incluso se les suele llamar "maleducados".
La mala educación no es cuestión
solo de niños ni de adolescentes. En nuestro día a día podemos ver reacciones
inapropiadas y comportamientos poco éticos en personas con experiencia, en
hombres y mujeres que, con sus malos hábitos, hacen muy complicada la
convivencia.
Y es que esa es la clave: ¡la
convivencia! Si no queremos estar y sentirnos solos, debemos convivir. Los
malos modales son causa de preocupación para todas las personas que convivimos
en cualquier contexto.
Preocupan incluso a quienes
cometen faltas de educación, a veces, sin siquiera ser conscientes o quitándole
importancia a las suyas propias y recalcando las de los demás. En el día a día,
muchas personas van adquiriendo hábitos relacionados con la falta de respeto
que, como mínimo, entorpecen la convivencia y minan las relaciones hasta
límites insospechados, porque hablamos de empatía, de no hacer lo que no
nos gusta que nos hagan, de tener en cuenta a los demás, de renunciar a cierto
tipo de egoísmo corrosivo.
Gritar para hablar, entrometerse
en vidas ajenas, interrumpir conversaciones, reírse de los demás, humillar, no
respetar el mobiliario, no dar las gracias, estar más pendientes del móvil que
de las personas que se tienen enfrente, dejar basura por la calle o en los
carros de la compra, no respetar las colas, no dar los buenos días, invadir el
espacio personal del otro, bloquear el paso en puertas o pasillos, no recoger
los excrementos de las mascotas, masticar con la boca abierta o haciendo ruido,
no taparse la boca al toser o estornudar, llegar tarde, no pedir permiso al
coger algo que no es tuyo, no contestar a un saludo, no disculparse por hacer
algo de esto, no silenciar el móvil en actos públicos o poner el altavoz o
sacar fotos molestando a otros, mostrar desinterés mientras se habla con otros,
bostezar sin taparse la boca, decir lo inoportuno u ofensivo sin que haya
beneficio, etc.
La mala educación, los malos
modales y la grosería generan lo que se conoce como dolor social. Fue la
psicóloga Naomi Eisenberger, de la Universidad de California, quien
llevó a cabo un estudio para analizar su impacto.
Se descubrió que este tipo de
comportamientos tienen un impacto a nivel cerebral. No solo dificultan la
convivencia, sino que, además, duelen, provocan estrés y rompen ese principio
social que es el respeto, y que nuestro cerebro interpreta como significativo
para sentirse bien, en calma y armonía.
Los malos modales tienen su
origen en el narcisismo, ya que son propios de personas con falta de
empatía que no suelen respetar los límites ajenos, pero también es
característico de personas antisociales, de jefes que se extralimitan, de apegos
desorganizados y, por supuesto, suelen tener base en una infancia y
adolescencia en las que no ha habido límites adecuados.
Es cierto que la mala educación
en la infancia y adolescencia termina volviéndose crónica en la edad adulta.
Ello hace que tengamos adultos con nula resistencia a la frustración, con
serias dificultades para ajustarse a las normas y habituados, además, a faltar
el respeto a los demás.
Hay diversas características del
modo de vida actual que favorecen la falta de buenos modales. Yo destacaría el
refuerzo del individualismo y la competitividad (yo, yo y yo), el
estrés provocado por el ritmo acelerado, que nos hace estar pensando en
nuestras cosas sin prestar atención a los otros, vivir en grandes ciudades que
nos aíslan y nos hacen sospechar de los demás, el exceso de soberbia y
caracteres fuertes exigidos y vistos como algo bueno, etc.
Finalmente, contestando a la
cuestión de por qué es bueno tener buenos modales, doy cuatro motivos
cruciales:
1.
Porque facilitan una convivencia pacífica y
armoniosa que estimula la cooperación y la convivencia. Debemos tener en cuenta
que somos seres sociales y los buenos modales, el respeto y la buena educación
favorecen, claramente, interacciones más positivas y satisfactorias para todos.
2.
Porque hace que las relaciones sean más sanas.
Hay estudios que demuestran que la amabilidad es uno de los principales
componentes de las relaciones duraderas y satisfactorias. La buena educación
suaviza las conversaciones, muestra respeto y buena disposición; ayuda a que la
otra persona se sienta apreciada y tenida en cuenta y fomenta una respuesta
igualmente positiva. De este modo, es una buena base para construir vínculos
sanos.
3.
Los buenos modales, el saber estar y la cortesía
nos ayudan a conseguir objetivos, nos abren puertas. Ya sabemos que es
importante dar buena impresión. Si pedimos indicaciones a un desconocido en la
calle, nuestra buena educación hará que esté mucho más dispuesto a ayudarnos.
Pero, del mismo modo, una buena actitud en el puesto de trabajo puede ser clave
para conseguir promocionar o avanzar en nuestra carrera.
4.
Finalmente, aunque solo nos fijemos en la parte
visible, no podemos olvidar que la educación es un conjunto de valores que
rigen nuestra percepción y nuestro comportamiento. Ser educado es, en
realidad, valorar a quienes nos rodean, respetarnos a nosotros y a los demás,
ser humildes y agradecidos, contribuyendo a experimentar estados de ánimo más
positivos.
A mi humilde entender, los buenos
modales, la buena educación o el buen trato tienen mucho que ver con la gratitud.
Pienso que deberíamos estimular más la gratitud en nuestros hijos e hijas, ya
que predispone a las emociones positivas, reduce el riesgo de depresión,
aumenta la satisfacción de las relaciones e incrementa la capacidad de
recuperación frente a eventos estresantes de la vida.
¡Cuidemos los buenos modales!
Todo lo que nos aportan, tanto individualmente como de forma colectiva, es
positivo.
Fdo. Diego Bueno
sábado, 8 de noviembre de 2025
HABLEMOS DE SANIDAD PÚBLICA... ¡POR FIN!
HABLEMOS DE SANIDAD PÚBLICA... ¡POR FIN!
¡Imaginemos por un momento la sanidad pública que merecemos!
Hablo de esa que costeamos entre todos, esa que es un derecho
fundamental de la ciudadanía y no un negocio.
Imaginemos que funcionase a pleno rendimiento, que estuviese
bien gestionada, sin listas de espera vergonzosas, sin escatimar en personal
(médicos/as, enfermeros/as, auxiliares) ni en medios técnicos. Una sanidad
donde la atención fuera impecable.
Mi pregunta es simple: ¿quién, en su sano juicio, se haría
un seguro privado?
¡Obviamente, casi nadie! Solo aquellos que busquen lujos
superfluos o una atención hiper-exclusiva. El grueso de la población confiaría
en el sistema público.
Me parece evidente: si la meta final es la privatización de
la sanidad, la ruta más efectiva es el deterioro intencionado del servicio
público.
¿Cómo se orquesta esto? Pues, precisamente, recortando en
personal y en recursos, tal como se observa en las comunidades autónomas
gobernadas por la derecha. Si albergas dudas, los datos, a pesar de sus
intentos por manipularlos (algo que, por supuesto, están haciendo para evitar
el levantamiento popular), siguen estando ahí. Solo se requiere un mínimo de
capacidad crítica para discernir la verdad de la mentira.
Lo que no deja de asombrarme es la actitud del votante de
derechas que no es rico, que a menudo cree a pies juntillas lo que le dicen. Es
incomprensible que, aun padeciendo en carne propia los estragos del
desmantelamiento (citas eternas, diagnósticos tardíos, errores fatales,
mentiras de los responsables sanitarios), no se rebelen contra los gobiernos
autonómicos.
Parece que el miedo a darle la razón a la izquierda pesa más
que su propio bienestar. Hay que ser... ¿ingenuo?, ¿terco? Estamos hablando del
bien más preciado que posee cualquier persona: ¡su salud!
Al final, la consecuencia es que nos vemos forzados a
contratar un seguro privado que, a menudo, apenas cubre “cuatro cosas”. Estos
seguros sirven, sobre todo, para que las consultas privadas estén ahora abarrotadas
y para que los grandes empresarios de este sector se enriquezcan mientras los
ciudadanos pagamos con dinero y salud.
¡HAY QUE SER NECIOS!
Como cualquier empresario, estos, montan un negocio con una
única intención: ganar dinero, ¡Cuanto más, mejor! Lo hacen jugando, insisto,
con lo más importante para todos nosotros ¡nuestra salud!
Se trata de un juego de suma cero donde nosotros siempre
perdemos.
Fdo. Diego Bueno
sábado, 1 de noviembre de 2025
HABLEMOS DE AMBICIÓN DESMEDIDA... ¡POR FIN!
Adam
Smith (1723-1790), considerado el padre del liberalismo económico
dijo: "No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de
donde esperamos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios
intereses." La catadura moral de este hombre, cuando lanzó tal
barbaridad, todavía había de sufrir varios reveses hasta que se modelara. En mi
opinión, lo moralmente reprochable en esa desafortunada cita es la reducción de
toda acción humana a únicamente dos posibilidades: Caridad o egoísmo. Como si
no hubiera otras formas de relacionarnos, de prosperar, de beneficiarnos del
beneficio del bien común. Años antes se ve que le había dado por reflexionar
más en profundidad y dejó salir ese resquicio de compasión, solidaridad y
empatía que se le presupone a todo individuo de la especie humana hasta el
punto que llegó a decir: "Por
muy egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su
naturaleza algunos principios que le interesan en la fortuna de los demás, y
hacen que la felicidad de estos le sea necesaria, aunque no derive de ella nada
más que el placer de contemplarla.". Se ve que, como les ocurre a
muchas personas al envejecer, se volvió tremendamente egoísta hasta el punto de
buscar excusas socialmente aceptadas para proponer un estilo de vida basado en
la ley de la selva.
Como
contraposición al liberalismo económico (padre del egoísmo desaforado actual)
quiero citar a mi admirado Zygmunt Bauman (1925-2017), que fue un
sociólogo y filósofo polaco-británico conocido por sus agudos análisis de la
sociedad contemporánea. Su idea más importante y central es la "Modernidad
Líquida", donde describe la volatilidad, la incertidumbre y la
fragilidad de los lazos humanos y las estructuras sociales en el mundo
globalizado y de consumo actual. Es eso que muchas veces decimos o pensamos
acerca de que solo nos interesa la inmediatez, el placer fácil y rápido, lo
efímero, los titulares, el morbo…
Las
estructuras sociales, como el trabajo, la familia, la identidad, las relaciones
y la comunidad ya no son fijas, sino que se han vuelto flexibles, volátiles y
transitorias.
El
cambio no es un medio para alcanzar un fin, sino un fin en sí mismo.
Hay
una precariedad e incertidumbre constantes en la vida.
Las
instituciones como el Estado, los sindicatos, los partidos políticos, etc,
pierden su capacidad de anclaje.
En
la gente joven o la que pretende serlo, las relaciones humanas se han vuelto
frágiles, desechables y sin compromisos a largo plazo. En muchos casos están basadas
en la búsqueda de la satisfacción inmediata y el miedo a "perder la
libertad" o a ser dependiente.
El
trabajo ya no es una carrera o un proyecto de vida, sino una serie de empleos
temporales. El trabajador debe ser "flexible", adaptándose
constantemente al cambio y viviendo con la amenaza de la obsolescencia y el
desempleo.
La
identidad se define por el consumo. La felicidad se reduce a la adquisición de
objetos y los deseos deben ser satisfechos de inmediato. Esto genera una
sociedad de "consumidores" y una constante sensación de
insatisfacción disfrazada de instantes felices atrapados en una foto retocada.
Los
miedos son difusos, globales (terrorismo, crisis climática, pandemias) e
inmanejables por las instituciones tradicionales, dejando al individuo en un
estado de ansiedad constante.
¡Claro
que existe una ambición sana! Es esa que impulsa el progreso, la mejora
personal y la creación de valor, sin embargo, en el contexto actual,
particularmente en España, veo que hace tiempo que hemos traspasado la frontera
de lo saludable. Observo una tendencia moral que se decanta, cada vez más, por
un capitalismo salvaje que no solo tolera, sino que premia y normaliza la
ambición desmedida, creando una sociedad moralmente decadente donde el fin (el
beneficio) justifica cualquier medio.
La
ambición capitalista reduce todo a un valor transaccional. Las personas se
convierten en "recursos humanos" desechables. “Soy tu amigo/a solo en
la medida en que me eres útil a mis intereses individuales”. La EDUCACIÓN, entendida
como el proceso fundamental para la formación integral de la persona y la
adquisición de valores morales y cívicos, pierde su esencia y su valor social.
Observo,
igualmente, cómo esta presión por la productividad y el éxito material,
impulsada por un sistema hipercompetitivo, contribuye a los problemas de salud
mental cada vez más acusados y comunes. Considero que forma parte de un todo.
Alimentación, forma de vida, valores etc. Esta ética capitalista, sin duda,
deshumaniza e insensibiliza. Lo observo cada día en mi entorno, especialmente
en la gente joven con la que tengo la fortuna de trabajar y compartir
situaciones y confidencias.
El
capitalismo salvaje lucha contra toda regulación que limite su capacidad de
acumulación. No quiere pagar impuestos, no quiere derechos laborales, no quiere
protección ambiental. Todo vale por dinero. Deja de haber límites. Las leyes se
tuercen para favorecer a "los listillos de turno", no a la ciudadanía.
Con
tal de mantener y aumentar sus beneficios sin límite, las grandes corporaciones
y los ricos acuñaron, en los 80 lo que se vino en llamar “La teoría del
goteo" , que sostiene que los beneficios económicos otorgados a las
personas o empresas más ricas (recortes de impuestos, desregulación, etc)
acabarán "goteando" o filtrándose hacia los más pobres,
beneficiando a la sociedad en su conjunto. Bien pues la evidencia empírica y
los estudios económicos modernos han desmantelado consistentemente esta teoría.
La realidad observada es la concentración de riqueza, no su redistribución. Las
ganancias obtenidas a través de recortes de impuestos a los ricos o grandes
corporaciones se utilizan, en gran medida, para recomprar acciones, aumentar
bonificaciones ejecutivas, o se depositan en paraísos fiscales, en lugar de
invertirse en salarios o nuevas contrataciones. El dinero no "gotea"
hacia abajo, sino que ¡se acumula en la cima!
La
ambición desmedida es intrínsecamente individualista y erosiona los cimientos
de la convivencia. Al priorizar el interés propio sobre todo lo demás, esta
ambición destruye la cohesión social y la empatía.
El
supuesto "éxito" medido únicamente en términos de dinero y poder,
condena a las personas al fracaso en las relaciones personales y al deterioro
del bienestar emocional, tanto a nivel individual como colectivo.
Esta
dinámica tóxica genera un rechazo social instintivo. Cuando detectamos a
individuos capaces de todo por alcanzar el beneficio a cualquier precio, la
respuesta natural es el alejamiento. Nos retiramos para protegernos de su falta
de escrúpulos y evitar la dolorosa sensación de ser utilizados. Se vive como
una enorme tristeza porque en muchos casos sus actitudes vienen disfrazadas de
amistad sincera.
Estamos
sometidos a infinidad de trampas morales incluso en nuestros entornos
más cercanos. Detectarlas nos ayudará a vivir más en paz.
El
comunismo, aunque en su esencia teórica sea moralmente superior al capitalismo,
no deja de ser utópico desde el momento en que se espera que los humanos
actuemos como si no fuéramos humanos. Uno asume que vivimos en una sociedad
capitalista y eso está muy bien. El problema no es el mercado, sino la falta de
ética y la ausencia de regulación que permiten la deriva salvaje del sistema.
Debemos
enfocarnos en educar para la empatía, la solidaridad y la responsabilidad
social, forjando ciudadanos que canalicen su ambición hacia la creación de
un valor que beneficie a la comunidad, y no solo al bolsillo propio.
Por
supuesto, quienes persiguen un poder y una acumulación de riqueza extremos
tildarán este esfuerzo de "adoctrinamiento". A quienes
abogamos por una sociedad más justa, cohesionada y con conciencia social, nos
etiquetarán despectivamente de "comunistas". A quienes nos
posicionemos en contra de una evidente ambición desmedida nos llamarán
conformistas, vagos, holgazanes o vividores de “paguitas”. Es la táctica de
siempre: deslegitimar la ética mediante la polarización.
Ante
esta ofensiva, es vital "luchar" con principios. Aunque quienes
detentan el poder utilicen las "guerras sucias" (bulos, mentiras,
extorsiones y compra de medios de comunicación), nuestra fuerza reside en la superioridad
moral y en la cantidad. En una sociedad democrática, la mayoría
consciente sigue siendo el valor fundamental y nuestra arma más poderosa
contra la decadencia.
El
capitalismo sin límites es una forma de analfabetismo emocional que nos
insensibiliza y abre rendijas por las que se cuela sutilmente la extrema
derecha y eso, como deberíamos tener claro, tiene consecuencias catastróficas.
Fdo.
Diego Bueno
jueves, 23 de octubre de 2025
HABLEMOS DE SER UNO MISMO... ¡POR FIN!
La gran premisa para que podamos
ser tal como realmente somos es conocernos a nosotros mismos. Esto nos
permitirá vivir sin sesgos, sin prejuicios, sin exceso de condicionantes, sin
tabúes que impidan, que maniaten o que limiten nuestra libertad, nuestra
autonomía, nuestra autosuficiencia y nuestro desarrollo y crecimiento personal.
Desde que somos pequeños, la
sociedad (la familia, la escuela, el grupo de amigos, las redes) nos ofrece un
manual no escrito sobre cómo "deberíamos" ser. Nos enfrentamos
constantemente a un dilema fundamental: vivir para contentar el guion ajeno o
atrevernos a escribir el nuestro. Obviamente, ser uno mismo no es un destino de
llegada fácil, sino un viaje, a menudo turbulento, de autoconocimiento mezclado
con dosis de valentía. El primer paso, por tanto, es conocernos a nosotros
mismos haciéndolo con la mayor honestidad posible, sin autoengañarnos y
librándonos de las presiones socio culturales. Se trata de un paso que comienza
en la preadolescencia y que, paradójicamente, requiere madurez, de ahí que no
sea ni fácil ni rápido.
Por suerte, a día de hoy hay
mucha más libertad y la sociedad hace gala de una heterogeneidad más acorde a
la diversidad humana.
Todos los regímenes totalitarios,
es decir, los que cercenan las libertades, tratan de homogeneizar las
costumbres y las actitudes. Es lo que se conoce como pensamiento único u
homogeneización forzada y que crea una moral social que se autorregula de forma
que toda aquella persona que se salga de sus límites queda señalada y, por
supuesto, marcada de por vida.
Debemos ser conscientes de que
intentar ser uno mismo es una necesidad profunda. Como bien sabemos en el
ámbito de la pedagogía, la autenticidad es la base sobre la que se construyen
la autoestima, la resiliencia y, en última instancia, una vida con verdadero
sentido. Es, por consiguiente, muy recomendable que haya autenticidad, es
decir, una coherencia entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos.
Cuando abrazamos nuestra esencia,
los beneficios son como esos dividendos incalculables que produce una buena
inversión de tiempo y esfuerzo, tal como ocurre con la escritura terapéutica,
por ejemplo.
Dejar de asumir un papel ajeno es
una liberación, así como un antídoto contra el estrés, ya que pretender ser
quien no se es requiere de un enorme esfuerzo y fatiga mental. Ser uno mismo
nos permite procesar las propias emociones y gestionar nuestros miedos sin la
pesada máscara de la aprobación social.
Es cierto que el camino no está
libre de trampas. Ser uno mismo exige pensamiento crítico y una dosis de
rebeldía, especialmente en tiempos de sobreinformación y presión social en
redes.
Desde el patio del colegio hasta
el foro digital, el mayor obstáculo al que nos enfrentamos si queremos
acercarnos más a una versión nuestra más fiel a nuestra esencia es el miedo a
ser señalados o rechazados. Nuestra necesidad evolutiva de pertenecer nos
empuja a la conformidad, a la estandarización del pensamiento y a la aceptación
de las consignas morales instauradas. En realidad, se trata de una versión
social del "sesgo de confirmación": buscamos información (y
aceptación) que refuerce lo que creemos que los demás esperan de nosotros.
Incluso cuando empezamos a ser
auténticos, a veces nos asaltan las dudas, ya que se requiere la suficiente
humildad para aceptar nuestras imperfecciones sin sentir que somos un fraude.
Por otra parte, la autocrítica excesiva es una trampa mental.
Además, los mandatos familiares,
profesionales o culturales ("una persona de tu edad debería...",
"una persona de éxito hace...", “un hombre no llora en estas
situaciones”, etc.) actúan como cadenas invisibles. Se requiere una labor consciente,
propia de un proceso pedagógico, para desglosar, categorizar y desarticular
esos mandatos y así poder ver lo que realmente queremos.
Las relaciones de todo tipo (de
pareja, de amistad, laborales, etc.) se afianzan cuando aceptamos a las
personas tal cuales son, de la misma forma que cuando nos aceptan tal cual
somos. La paradoja es clara: para conectar de verdad, primero hay que mostrarse.
Una relación construida sobre una
fachada es frágil, por eso quienes viven de la ostentación permanente o “del
qué dirán” suelen tener muchos conocidos, pero pocos amigos/as de verdad y sus
relaciones de pareja (las más íntimas y profundas) suelen durar menos. La
autenticidad atrae a personas que valoran la persona real, no el personaje,
fortaleciendo la empatía y la cooperación.
Compartir nuestro tiempo y
nuestros distintos estados mentales, en el día a día, con personas que nos
permiten ser nosotros mismos es un auténtico lujo, es una enorme fortuna. Es
una puerta abierta de par en par a la felicidad. Si eres así de afortunado/a,
cuida eso porque es oro puro.
Fdo. Diego Bueno
domingo, 12 de octubre de 2025
HABLEMOS DE POR QUÉ LA CLASE TRABAJADORA VOTA A LA DERECHA. ¡POR FIN!
Después de leer mucho, analizar
las distintas realidades, procesar toda la información que considero fiable en
estos temas y tras mis años de experiencia laboral, he conseguido llegar a
estas conclusiones. Sin duda que no serán las únicas y por supuesto que todo es
opinable en este tema, pero vuelvo a dejar aquí mi opinión sincera e imparcial
en la medida en que soy capaz, partiendo de la base de que, por definición,
ninguna opinión es objetiva.
El patrón histórico de la
política occidental se basó durante décadas en una clara correlación: la clase
trabajadora y los sindicatos eran la base electoral incondicional de los
partidos de izquierda (socialdemócratas, laboristas, socialistas…), mientras
que la derecha representaba a la burguesía y al capital. Sin embargo, en las
últimas décadas, esta lealtad se ha roto. Desde el apoyo al Brexit por
parte de zonas obreras en el Reino Unido hasta el voto a partidos de
ultraderecha en Francia, Italia o aquí en España, la paradoja electoral es
innegable. Este fenómeno es, en mi opinión, el resultado de varios
desencadenantes: Una profunda crisis de identidad, una efectiva apelación
emocional por parte de la derecha y un fracaso estratégico de la izquierda;
Paso a analizarlo todo desde una triple perspectiva: Sociológica, psicológica e
histórica.
Análisis Sociológico
La sociología electoral nos
enseña que el voto está cada vez menos determinado por la clase económica y más
por la identidad cultural y territorial. A mi modo de ver, la desestructuración
económica de las últimas décadas ha jugado un papel crucial en este cambio. Me
refiero a la desindustrialización y la globalización, que ha mermado el poder
de la clase trabajadora tradicional. Las fábricas cerraron o se deslocalizaron
(a día de hoy casi todo se fabrica en Asia), y los sindicatos perdieron
influencia. El trabajador de mono de trabajo azul y empleo fijo fue reemplazado
por el precario del sector servicios, el autónomo dependiente o el
subcontratado.
Mientras que en 1970 el peso del
sector industrial en el PIB de muchos países europeos superaba el 30%, hoy rara
vez supera el 15-20%.
Esta transformación ha
desmantelado el entorno social (barrio, fábrica, sindicato) que históricamente
reforzaba la conciencia de clase y la lealtad a la izquierda. Puedo confirmar
este dato con mi propia experiencia personal ya que donde yo vivo era el típico
barrio obrero en el que todos sus habitantes trabajaban en la misma fábrica. En
la actualidad, los trabajadores se sienten individualmente vulnerables, ya no
sienten que forman parte de un colectivo fuerte.
Por otra parte, la izquierda
moderna ha abrazado con fuerza las agendas progresistas centradas en la
identidad (género, ecologismo, derechos LGTBI+), un cambio fundamental y
necesario, pero que a menudo se percibe como ajeno o elitista desde ciertas
zonas obreras más tradicionales o rurales.
La derecha, y sobre todo la
ultraderecha, ha capitalizado este vacío, transformando el conflicto de un eje económico
(Clase vs. Capital) a un eje cultural (Pueblo vs. Élite). Apelan a los
trabajadores como "gente de orden" que se siente amenazada por la
inmigración, la pérdida de soberanía o los cambios acelerados de valores. Como
se puede observar, el foco se desplaza del salario a la seguridad cultural y
nacional.
Análisis Psicológico
El voto a la derecha en la clase
trabajadora es, a menudo, una respuesta emocional cargada de resentimiento y
una búsqueda de control en un mundo percibido como caótico.
Las encuestas muestran que el
principal temor de muchos trabajadores con empleo (pero bajo la amenaza
constante de la precarización) no es la pobreza extrema, sino el descenso
social. Temen perder su estatus y que sus hijos vivan peor que ellos. Este
miedo se proyecta fácilmente hacia el "otro" que compite por recursos
limitados, ¿y quién es ese otro? El inmigrante, el extranjero o la burocracia
supranacional, por ejemplo, la comisión europea.
La derecha ofrece un discurso que
promete protección y estabilidad, apelando al nacionalismo económico y a la mano
dura contra la inseguridad percibida. No real pero percibida gracias a medios
de comunicación que repiten constantemente mensajes que calan y provocan miedos
en la población aunque no hayan datos que avalen esos miedos (okupas,
independentistas, ladrones, islamistas etc.) Psicológicamente, la propuesta de
"cercar" la nación y devolver el control es muy atractiva para
quienes sienten que no controlan su propia vida económica.
Muchos trabajadores, además,
utilizan su voto a la derecha como un voto de castigo contra el “establishment”
político que, a su juicio, permitió la precariedad.
Aunque los partidos de derecha
suelen representar a las élites económicas, logran proyectar una imagen de autenticidad
al usar un lenguaje sencillo, directo y a menudo populista que valida las
frustraciones de la calle. El resentimiento no se dirige solo contra los ricos,
sino contra la "élite progresista", percibida como moralista e
hipócrita, que habla de derechos sociales y ecología mientras ignora las
hipotecas y las facturas. La derecha se posiciona hábilmente como la voz de la
"gente corriente" contra los "intelectuales" y los "burócratas".
3. Análisis Histórico
La clave histórica para entender
este transvase es, a mi modo de ver, la transformación ideológica y estratégica
de los partidos de izquierda.
A partir de los años 80 y 90,
muchos partidos socialdemócratas abrazaron la llamada "Tercera Vía",
una estrategia que aceptaba o suavizaba gran parte del consenso neoliberal
(globalización, liberalización, responsabilidad fiscal). Figuras como Tony
Blair en Reino Unido o Gerhard Schröder en Alemania, buscaron atraer a las
clases medias urbanas, pero al asumir la gestión de la economía capitalista con
herramientas similares a las de la derecha (privatizaciones, recortes en el
gasto social para controlar el déficit…), la izquierda erosionó su distinción
programática en lo económico. Muchos trabajadores dejaron de ver a la izquierda
como la defensora exclusiva de sus intereses materiales.
Simultáneamente, las estructuras
tradicionales de la izquierda (sindicatos, asociaciones de barrio, etc.)
perdieron penetración en los entornos obreros. La izquierda abandonó un lenguaje
de clase fuerte, reemplazándolo por una retórica más universalista o centrada
en los "nuevos movimientos sociales".
Este vacío retórico y
organizativo fue ocupado estratégicamente por la derecha, que no dudó en
utilizar la demagogia de la protección social (EEUU primero, los españoles
primero, etc) y el discurso "anti-establishment" para ganarse la
simpatía obrera.
En conclusión, según mi parecer, el
voto de la clase trabajadora a la derecha es un síntoma de una profunda crisis
de representación. No se trata de un voto a favor de las políticas
económicas conservadoras (que les suelen perjudicar), sino un voto en contra de
la precariedad, en busca de reconocimiento y por despecho hacia una izquierda
percibida como ausente.
La batalla electoral ya no se
define solo por la distribución de la riqueza, sino por el choque de
identidades y valores. Para revertir esta tendencia, la izquierda necesita no
solo defender sus propuestas económicas, sino también restaurar su conexión
emocional y su autoridad moral entre los trabajadores que, ante la inseguridad
económica, han priorizado el llamamiento a “la tribu”, el patriotismo y la
promesa de un orden fuerte y seguro, ofrecidos con gran efectividad por la
derecha. La derecha es conocedora de que en democracia siempre tienen las de
perder (siempre hay más trabajadores que empresarios) así que debe hacerse un
hueco entre la clase trabajadora. Nada mejor que apelar a las emociones.
Patria, seguridad, tradiciones y resentimiento hacia las “izquierdas elitistas”.
Hay que reconocer que se les da muy bien.
Fdo. Diego Bueno
miércoles, 8 de octubre de 2025
HABLEMOS DE CONSPIRANOICOS… ¡POR FIN!
Todos conocemos a alguien —en
nuestro entorno o quizás algún personaje famoso— que cree que nos fumigan desde
el cielo, que las vacunas son un plan de control mundial, que los medios de
comunicación nos adoctrinan o que la verdad de las noticias reside en YouTube,
TikTok, o en un foro digital. Aunque esto nos provoque risa o, quizás, rabia,
detrás de esas creencias hay un cóctel psicológico, social y cultural que
merece ser entendido.
No se trata de justificar, sino
de determinar qué lleva a tantas personas a enfrentarse a siglos de método
científico con la convicción de quien ha accedido a “la verdad” en un grupo de
Telegram o en un vídeo de YouTube donde un orador se parece, más bien, a esos
charlatanes de feria de toda la vida. La diferencia es que, a día de hoy, no
venden ungüentos, sino ideas, en muchos casos, descabelladas. Se trata de gente
que lanza afirmaciones rotundas, con una seguridad que seduce, apoyándose en
imágenes sacadas de contexto (cuando no, falsas) y obviando todo aquello que no
apoye su visión, por muy veraz que sea.
Lo primero que hay que decir es
que los conspiranoicos no nacen. Se hacen. La conversión suele ocurrir en
momentos de crisis, miedo o incertidumbre. Cuando el mundo se vuelve caótico,
la mente busca orden. ¿Y qué mejor que una historia con buenos, malos y un plan
secreto para explicarlo todo?
Suelen establecer una alianza
ideológica con partidos de extrema derecha, con los que tienen en común el
ofrecimiento de soluciones radicales, simples y rápidas a problemas complejos.
Necesitan tener control. Las teorías conspirativas dan una falsa sensación de
entender lo que pasa. Es más fácil creer que “todo está planeado” que aceptar
que el mundo es, a menudo, complejo, caótico e injusto.
Estos individuos desconfían de
autoridades, gobiernos, científicos y medios de comunicación; todos son
sospechosos. Si alguna vez se sintieron traicionados o ignorados por el
sistema, es más fácil pensar que todo lo oficial es una farsa.
Suelen sentirse superiores. Creer
que uno tiene “la verdad oculta” confiere poder. El “yo sé algo que tú no
sabes” les hace sentir especiales, únicos, “despiertos”, conectados y, por
supuesto, más inteligentes y con más personalidad que el resto.
El sesgo de confirmación es
brutal. Solo buscan información que refuerce lo que ya creen, descartando lo
demás como manipulación.
Es verdad que existe una
relación, en sus comportamientos, con la falta de educación, conocimiento y
cultura, pero no es tan simple como decir “son ignorantes”. Hay gente con
estudios que también cae en esto. Sin embargo, hay que reconocer que una personalidad
radical mezclada con la falta de estudios forma el tándem perfecto para que
germine la sensación de que el mundo está contra lo humano y que solo ellos,
cual “supermanes” del siglo XXI, pueden salvarlo.
Por supuesto que existen patrones
habituales como, por ejemplo, poseer una baja alfabetización científica. No
entienden cómo funciona el método científico. Confunden hipótesis con hechos, y
en muchos casos creen que la ciencia es una opinión más. Suelen tener déficits
en pensamiento crítico, aunque ellos crean justo lo contrario, ya que no saben
evaluar fuentes, distinguir evidencia de opinión ni detectar falacias.
Niegan hechos científicos porque
la ciencia y los medios tradicionales no les dan lo que buscan: certezas
absolutas, explicaciones sencillas y enemigos claros. Además, la ciencia
cambia, y eso les parece sospechoso; no entienden que revisar y corregir es
parte esencial del proceso científico.
El caldo de cultivo perfecto lo
encuentran en las redes sociales. La sobreinformación (y desinformación) les
hace dudar acerca de en quién confiar. Ahí refuerzan sus creencias y contactan
con comunidades que los validan.
El terraplanismo queda para los
más obnubilados, pero hay otros “clásicos” a los que esta gente se suele
suscribir: “El hombre no llegó a la luna”, “nos fumigan desde aviones”,
“vacunas con microchips”, “el 5G causa cáncer y controla la mente”, o el pasaporte
COVID como forma de control social.
Respecto a las vacunas, hay toda
una gama de barbaridades que dicen los antivacunas con total convencimiento, lo
que hace que mucha gente, al escucharlas “de refilón”, adopte la peligrosa
postura del miedo: el famoso “por si acaso”. Sus argumentos son variados: que
provocan autismo, que tienen efectos secundarios a largo plazo, que ya no son
necesarias ante enfermedades erradicadas, que la propia vacuna provoca la
enfermedad, que la inmunidad natural es mejor, que contienen ingredientes
tóxicos o que son una forma de control.
Es crucial señalar que la inmensa
mayoría de la evidencia científica y médica global refuta estos puntos,
afirmando que las vacunas son seguras, efectivas y una de las intervenciones de
salud pública que más vidas ha salvado en la historia.
Otra mención especial es la del
cambio climático. Hace unos años, el número de negacionistas era enorme. Los
hechos, las evidencias científicas y la presión social hacen que poco a poco
estos “sabiondos/desconfiados/imprudentes” vayan entendiendo el problema para,
al menos, no entorpecer la buena labor de la gente concienciada.
Este fenómeno es aplicable a
muchos temas en boga por culpa de una ultraderecha que, a base de bulos y
consignas burdas, fomenta el negacionismo y el miedo. Negacionismo, por
ejemplo, del machismo y en contra del feminismo; o el miedo a los “okupas” o a los
inmigrantes como problemas generalizados. Si se les ofrecen datos estadísticos,
los niegan diciendo que están manipulados, sin ofrecer ellos más que mensajes
facilones para mentes simples. Ahí es donde triunfan, y siempre ha sido así.
Respecto al negacionismo y a los
conspiranoicos, no se trata de burlarse ni de ignorarlos. Se trata de entender
que detrás de cada una de esas personas hay una historia de miedo, desconfianza
y necesidad de pertenencia. Como señala el filósofo y científico social Karl
Popper en su concepto de la “sociedad abierta”, la desconfianza hacia las
instituciones y la búsqueda de una verdad absoluta y simple son un refugio ante
la complejidad y la incertidumbre de la vida democrática.
Eso sí, también hay
responsabilidad. No podemos permitir que la ignorancia disfrazada de rebeldía
se convierta en norma.
La ciencia no es perfecta, pero
es lo mejor que tenemos para entender el mundo. Y si queremos que más gente la
respete, hay que educar, comunicar mejor y, sí, también confrontar cuando toca.
Fdo. Diego Bueno
sábado, 6 de septiembre de 2025
HABLEMOS DE LA TÉCNICA FEYNMAN… ¡POR FIN!
HABLEMOS DE LA TÉCNICA FEYNMAN… ¡POR FIN!
La Técnica Feynman: El método que convierte lo complicado en
simple
Lo prometido es deuda así que os cuento un poco lo que sé acerca del método de aprendizaje de este hombre.
Richard Feynman (1918-1988)
, físico estadounidense y premio Nobel de física el año que yo nací, dejó más
que teorías cuánticas: nos dejó en herencia un método de aprendizaje tan
poderoso que hoy día se aplica en aulas, empresas y hasta en charlas TED.
No se trata de memorizar. Se trata de entender a fondo.
No se trata de demonizar la memorización, se trata de
enfatizar el entendimiento integral y desde todos los puntos de vista, de
cualquier texto.
Su regla de oro era simple: “Si no puedes explicarlo de
forma sencilla, es que no lo entiendes lo suficiente.” Dicho por pasiva:
¡Procura entender y memorizar un tema, de forma que puedas explicarlo de forma
sencilla e inteligible para la audiencia!
¿Cómo aplicar la técnica paso a paso?
1.
Elige un tema y escríbelo en una hoja. Es
aplicable tanto a una teoría científica hasta un concepto de tu trabajo. Vale
para cualquier tema y extensión.
2.
Explícalo como si hablaras con un niño de 12
años. Nada de tecnicismos. Si tropiezas, ahí está tu punto débil.
3.
Refuerza las lagunas. Vuelve a tus apuntes,
libros o fuentes confiables y completa lo que no pudiste explicar bien.
4.
Refina la explicación. Léela en voz alta. Usa
ejemplos o analogías. Si aún suena confusa, repite el ciclo.
¿Por qué funciona?
Porque obliga a pensar con claridad. No basta con repetir:
hay que digerir la información y reconstruirla de manera que otros (y tú mismo)
puedan entenderla.
Estudiantes la usan para exámenes. Profesores, para clases
más efectivas. Empresas, para entrenar equipos y comunicar ideas complejas.
La Universidad de York probó su eficacia y concluyó: “Funciona,
pero requiere esfuerzo.” ¡Pues claro que requiere esfuerzo! Es, precisamente el
esfuerzo, el que nos ayuda a avanzar. La gracia está en que hay recompensas
desde todos los puntos de vista.
La Técnica Feynman no es solo un método de estudio: es un
antídoto contra la confusión. Transforma datos en conocimiento, y conocimiento
en comprensión real. De hecho, los profesores y profesoras aprendemos,
precisamente así: ¡Explicando!
Esta técnica, unida a otras metodologías activas[1]
como la gamificación, aula invertida, aprendizaje basado en problemas o retos,
aprendizaje por descubrimiento etc., nos proporciona enormes ventajas:
- Se
desarrolla el pensamiento crítico.
- Se motiva al
alumnado en su proceso de aprendizaje
- El
alumnado se convierte en un elemento activo y eje dentro del proceso
del aprendizaje.
- Se elimina
la enseñanza basada en la memorización, aunque no se renuncie a ella del
todo
- Se
vinculan los intereses de los alumnos y alumnas con los
contenidos académicos.
- Se
impulsa su autonomía en el proceso de aprendizaje
- Se
refuerza la participación, debate y cooperación.
- Los
estudiantes se vuelven personas más resolutivas.
- Se
mejoran las habilidades sociales y competencias comunicativas.
- Se
facilita el aprendizaje mediante la indagación, investigación y
el descubrimiento.
- Se
favorece la retención de conceptos.
- Los
alumnos y alumnas desarrollan su propio criterio.
Fdo. Diego Bueno
[1] “Una
Metodología Activa es un proceso interactivo basado en la comunicación
profesor-estudiante, estudiante-estudiante, estudiante-material didáctico y
estudiante-medio, que potencia la implicación responsable de este último y
conlleva la satisfacción y enriquecimiento de docentes y estudiantes (López, F.
, 2005)”
domingo, 17 de agosto de 2025
Hablemos de los beneficios de escribir…¡¡Por fin!!
HABLEMOS DE LOS BENEFICIOS DE ESCRIBIR... ¡¡POR FIN!!
Dedicar
tiempo a la escritura es, sin duda, una de las decisiones más enriquecedoras
que podemos tomar. Lo digo desde la experiencia personal más profunda e intensa,
pero esta afirmación encuentra, asimismo, un sólido respaldo en distintos
estudios psicológicos, pedagógicos y neurológicos que la corroboran.
Grandes
autores, a lo largo del tiempo, han ensalzado las bonanzas de plasmar por
escrito cualquier creación. Algunos ejemplos son: Viktor Frankl, conocido autor de “El
hombre en busca de sentido” (1946), libro que constituye una muestra
de que plasmar por escrito situaciones tan adversas, nos ayuda a superarlas. De
modo similar, escribir “Paula” (1994) supuso para Isabel
Allende una ayuda para lidiar con el dolor por la muerte de su hija. Son casos
en los que los escritos se realizaron tras pasar por esos duros momentos, pero también
puede ser de utilidad durante la vivencia de los mismos, como es el caso
del “Diario de Ana Frank” (1947). Cuando le preguntaron a Saul Bellow cómo se
sentía después de ganar el Premio Nobel de literatura en 1976, respondió:
“No lo sé. Aún no escribí sobre eso”
En
mi humilde caso particular, rememoro con cariño cómo, ya en mi temprana
adolescencia, allá por la segunda mitad de los años 70, mis pensamientos
encontraban refugio en las páginas de mi diario. Una costumbre que mantuve
fielmente durante muchos años. ¿La razón? No hay una causa única o un motivo
explícito que pueda señalar con precisión. Simplemente, experimentaba una
sensación de profundo bienestar cuando plasmaba en el papel todo aquello que mi
mente barruntaba; a la vez, una singular seguridad me envolvía al releer lo
escrito con anterioridad. Era, para mí, una auténtica vía para el
autoconocimiento, un espejo en el que mi alma se reflejaba.
En
aquellos tiempos, mis ideas tomaban forma sobre el papel con la sencillez de un
humilde bolígrafo. Aunque nunca dejé de escribir del todo, mi afición se
intensificó de manera notable cuando, allá por el año 2004, adquirí mi primer
ordenador. La irrupción de los procesadores de texto fue una revelación,
facilitando enormemente el acto de escribir y liberando un caudal de
creatividad. Fue a partir de ese momento cuando mi pluma (ahora digital) se
volvió mucho más prolífica.
Con
el inexorable paso del tiempo, y gracias también a una formación pedagógica
cada vez más sólida y enriquecedora, fui comprendiendo la magnitud de las
ventajas que la escritura nos ofrece desde múltiples perspectivas. Un cúmulo de
beneficios que, sin duda, transforman nuestra manera de ver y experimentar el
mundo.
No
solo nos dota de herramientas para organizar nuestros pensamientos y manejar
nuestras emociones, sino que también nos capacita para comunicarnos de manera
más efectiva y nos permite prosperar en un mundo interconectado. Yo lo veo como
una especie de inversión personal que produce dividendos incalculables en todas
las facetas de la vida, sobre todo en nuestro bienestar y desarrollo personal.
Desde
un punto de vista cognitivo,
la escritura es un gimnasio para el cerebro. Al escribir, ejercitamos múltiples
funciones cognitivas que, con el tiempo, se fortalecen y refinan.
La
escritura nos obliga a estructurar nuestras ideas de forma lógica y coherente.
Aquello que en nuestra mente puede ser un torbellino de pensamientos inconexos,
al ser escrito, debe ser desglosado, categorizado y presentado de manera
comprensible. Esto mejora nuestra capacidad para pensar con mayor claridad en
cualquier situación. No recuerdo quien dijo que escribir es organizar ideas,
pero no pudo estar más atinado/a. Digamos que facilita acudir al debate ya con
los deberes hechos porque nos ayuda a procesar mejor toda la información que
nos llega. Vivimos tiempos de sobreinformación, por tanto, en mi opinión, necesitamos
actividades que requieran tiempo, tranquilidad, calma y que nos ayuden a
ordenar ideas.
El
acto de escribir refuerza la retención de información. Cuando tomamos notas,
resumimos textos o incluso escribimos sobre lo que hemos aprendido, activamos
procesos de consolidación de la memoria que profundizan nuestro entendimiento y
hacen que la información sea más accesible en el futuro. En mi caso, yo he sido
siempre de los que han estudiado/memorizado escribiendo y reconozco que me ha
dado siempre buenos resultados.
Al
articular nuestros argumentos por escrito, nos vemos obligados a examinar
nuestras propias ideas, identificar posibles lagunas lógicas y considerar
diferentes perspectivas. Sin duda, esto fomenta una actitud más analítica y
reflexiva ante la información y los problemas, es decir, activamos el deseado pensamiento
crítico.
Cuanto
más escribimos, más exponemos y utilizamos nuevas palabras y estructuras
sintácticas. Este proceso natural enriquece nuestro vocabulario y perfecciona
nuestra gramática, haciendo que nuestra comunicación sea más precisa y
elegante.
Escribir
sobre un problema suele ayudarnos a verlo desde una nueva perspectiva. Al
desglosar el problema en sus componentes escritos, a menudo descubrimos
soluciones o enfoques que no habíamos considerado previamente.
Desde
el punto de vista de los beneficios emocionales y psicológicos, la escritura es también una
poderosa herramienta, ofreciéndonos un espacio seguro para la introspección y
la expresión. Tal como veíamos antes, al actuar como un
"diario de desahogo", la escritura permite externalizar
preocupaciones, miedos y frustraciones. Ponerlos por escrito alivia la carga
mental y es algo similar a una sesión de terapia personal. Es una forma eficaz
de procesar emociones difíciles que produce mejoras en nuestra carga de estrés
y ansiedad.
Al
escribir sobre nuestras experiencias, sentimientos y reflexiones, nos
conectamos más profundamente con nuestro mundo interior. Podemos identificar
patrones de comportamiento, comprender mejor nuestras motivaciones y valores, y
reconocer áreas para el crecimiento personal.
Desde
la perspectiva de la psicología positiva, impulsada por mi admirado Martin
Seligman, llevar un diario de gratitud, donde anotamos aquello por lo que
estamos agradecidos, nos ayuda a cambiar nuestra perspectiva y a entrenar
nuestra mente para enfocarnos en lo positivo y eso incluye una mejora en
nuestro estado de ánimo general.
Para
muchas personas (empezando por mí, por supuesto), la escritura es una vía liberadora
para procesar experiencias traumáticas o el dolor de una pérdida. Permite
confrontar y articular sentimientos complejos en un entorno controlado,
facilitando el camino hacia la sanación.
Además,
completar un escrito, ya sea un ensayo, un poema o una historia, genera una
sensación de logro y competencia. Ver nuestras ideas materializadas en palabras
refuerza la confianza en nuestras capacidades.
Desde
el punto de vista de los beneficios sociales y profesionales, los efectos de la escritura impactan
también en nuestras interacciones sociales y nuestro desarrollo profesional.
Una
persona que escribe regularmente tiende a comunicarse de manera más clara y
persuasiva, tanto de forma escrita como verbal. Esta habilidad es de un valor
incalculable en cualquier relación personal o profesional.
En
el entorno laboral actual, la capacidad de escribir informes claros y
estructurados a la vez que complejos, así como presentaciones convincentes, es
fundamental. La escritura de calidad es un diferenciador clave desde un punto
de vista profesional.
Al
intentar escribir desde diferentes perspectivas o desarrollar personajes,
podemos ejercitar nuestra capacidad de entender y sentir lo que otros
experimentan, fortaleciendo nuestra empatía.
La
escritura nos permite dejar un registro de nuestras ideas, experiencias y
conocimientos. Ya sea para nuestra familia, nuestra comunidad o las futuras
generaciones, la escritura es un medio poderoso para compartir y preservar
aquello que consideramos valioso.
Sin
más, lo único que me queda es animar a todo el mundo a escribir. En papel con
bolígrafo, con un teclado o incluso en el móvil. Recuerda:
¡No
necesitas ser un genio ni un profesional! ¡Escribir es para ti, para tus ideas,
para tu bienestar! ¡Es tu espacio, sin juicios! ¡La escritura es tu válvula de
escape! ¡Te ayuda a procesar emociones, reducir el estrés y conocerte a un
nivel más profundo! ¡Es tu confidente!
Empieza,
si quieres, con 5 o 10 minutos al día. No hay reglas, solo exprésate
libremente. El papel en blanco es una oportunidad, no un desafío. ¿Por dónde
empezar? Prueba un diario de gratitud, escritura libre sobre lo que sea que
sientas, o anota tus sueños y preocupaciones.
Fdo.
Diego Bueno Linero
HABLEMOS DE LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS... ¡POR FIN!
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