miércoles, 20 de mayo de 2026

HABLEMOS DE RELACIONES TÓXICAS... ¡POR FIN!

 

Vivimos unos tiempos en los que, gracias a la desmitificación de la relación de pareja tradicional que duraba para toda la vida, nos encontramos con personas que cambian de pareja igual que cambian de pantalones. Creo que asistimos a una banalización de las relaciones e incluso del amor. Se llama amor a sentimientos y apegos que a veces poco tienen que ver con él. Si a eso sumamos que vivimos tiempos de enfermedades mentales o, como mínimo, de “desajustes” provocados por nuestro estilo de vida (inmediatez, pantallas, redes sociales, etc.), nos encontramos en muchos casos con relaciones cargadas de una toxicidad que, a veces, cuesta detectar.

Mi admirado psicólogo y escritor Oriol Lugo, especialista en bienestar emocional y relaciones tóxicas, enfatiza que las faltas de respeto no siempre se manifiestan a través de agresiones evidentes o gritos. A menudo, se presentan mediante dinámicas sutiles, encubiertas y cotidianas que van minando la autoestima y la confianza. Esta es la parte que considero más interesante y que abordaré más adelante, ya que el insulto directo es claramente detectable.

No obstante, he de hacer un inciso fundamental: los insultos y las famosas "pérdidas de control" no son meros accidentes o resbalones fruto de una discusión acalorada. Debemos verlos como escaladas directas de violencia psicológica.

El espejismo de la pérdida de control

Cuando se cruza la barrera del insulto o de la agresividad desmedida, se rompe el pilar básico del respeto. La excusa más habitual tras un episodio de gritos es: "Perdona, perdí el control, no era yo". Sin embargo, esta pérdida de control suele ser altamente selectiva.

Esa misma persona, ante una gran frustración con la dirección de su empresa, con un cliente o con un agente de policía, es perfectamente capaz de morderse la lengua. ¿Por qué "pierde el control" exclusivamente en la intimidad y con su pareja? Porque, de forma consciente o inconsciente, siente que tiene el permiso y la posición de poder para hacerlo. No es una incapacidad para gestionar la ira; es una demostración de dominio en un espacio de supuesta impunidad.

Además, el insulto nunca es inofensivo. Es una herramienta diseñada para degradar, y quien ejerce este tipo de violencia casi nunca asume la responsabilidad total de sus actos. Las disculpas suelen venir camufladas con condicionales: "Siento haberte hablado así, pero es que me sacas de mis casillas". Al responsabilizar a la otra persona de su propio estallido, obliga a la pareja a vivir en un estado de hipervigilancia, asumiendo una culpa que no le corresponde.

Las "Red Flags" silenciosas: Dinámicas sutiles que minan la autoestima

Identificar las agresiones microscópicas y aparentemente inofensivas es el núcleo fundamental para desmontar el abuso antes de que escale. La dominación rara vez comienza con un grito; se instala silenciosamente a través de las palabras.

Estas son algunas de las dinámicas y frases tóxicas sutiles más comunes, disfrazadas a menudo de bromas o victimismo:

  • El Gaslighting (Luz de gas): Frases como "yo nunca dije eso" o "te estás inventando las cosas". Su objetivo es reescribir la historia y hacer que la otra persona dude de su memoria y de su propia percepción.
  • La Invalidación Emocional: Expresiones como "todo te lo tomas como un drama" o "eres demasiado sensible". Buscan restar importancia a los sentimientos del otro, desviando el foco del problema y castigando a la pareja por expresar su dolor.
  • Poner en tu boca palabras que nunca dijiste: Ocurre cuando expresas un malestar y tu pareja se inventa que dijiste algo falso en el pasado para defenderse. Funciona como una cortina de humo para desviar la atención de su propio error, obligándote a ti a defenderte de una mentira y es otra forma sutil de Gaslighting que busca hacerte dudar de tu propia memoria y criterio.
  • La Culpa Invertida: "Mira lo que me haces decirte". Es una de las "banderas rojas" más graves, pues traslada la responsabilidad de la agresividad a la persona que la está sufriendo.
  • La excusa del humor: "Era solo una broma, no tienes sentido del humor". Utiliza la ironía como un caballo de Troya para introducir desprecio. Si te ofendes, te culpan por tu reacción, dejándote sin derecho a defenderte.
  • Aislamiento y falsa responsabilidad: Desde el "nadie te va a aguantar como yo" (que destruye la autoestima y fomenta la dependencia), hasta el "bueno, ya te pedí perdón, ¿qué más quieres?", que exige un cierre forzado del conflicto sin reparación real.

El síndrome de la máquina tragaperras: ¿Por qué es tan difícil salir?

Llegados a este punto, la pregunta es inevitable: si duele tanto, ¿por qué la gente no se va? La psicología lo explica con una metáfora brillante: el mecanismo de la máquina tragaperras (o refuerzo intermitente).

En una relación tóxica, la recompensa es impredecible. La pareja alterna episodios de frialdad, desprecio o castigo (que disparan el cortisol y la ansiedad) con momentos repentinos de amor intenso, arrepentimiento o "migajas" de afecto (que liberan un pico adictivo de dopamina). La mente humana reacciona exactamente igual que un ludópata frente a una máquina: entregas tu energía intentando "hacer las cosas bien", perdiendo casi siempre, pero esperando ese "premio gordo" del arrepentimiento que te da un alivio inmenso. Este ciclo crea un vínculo traumático y una dependencia neuroquímica real que anula la lógica y la razón.

TOXICIDAD

Después de analizar la radiografía del dolor, es momento de encender la luz. Identificar la toxicidad no debe servirnos solo para lamentarnos, sino para despertar. Hablar por fin de relaciones tóxicas, llamando a las cosas por su nombre, es el primer paso hacia la sanación.

Si queremos construir vínculos sanos, igualitarios y basados en los buenos tratos, debemos pasar a la acción desde una perspectiva positiva y reparadora. Aquí están las claves para lograrlo:

  1. Educación emocional desde la base: La prevención es nuestra mejor herramienta. Necesitamos enseñar a las nuevas generaciones, desde las aulas y los hogares, a identificar qué es el amor y qué es la posesión. Entender que el enfado es lícito, pero la agresión es una decisión (y una línea roja).
  2. Responsabilidad afectiva real: En una relación sana, si algo te duele, a tu pareja también le duele. No minimiza tus emociones ni te dice cómo debes sentirte; te escucha, valida tu sentimiento e intenta no repetir lo que te lastimó. El amor maduro se conjuga en equipo.
  3. Establecer (y respetar) límites firmes: Un límite no es un castigo para el otro, es una red de seguridad para uno mismo. Aprender a decir "no permito que me hables así" sin sentir culpa es el mayor acto de amor propio que podemos hacer.
  4. Romper el aislamiento y pedir ayuda: Nadie sale de una adicción emocional en soledad. Apoyarse en la familia, en los amigos de verdad y, sobre todo, en profesionales de la psicología, es vital para reestructurar la mente y romper el vínculo traumático.
  5. Reaprender a quererse: La solución definitiva a una relación tóxica es el reencuentro con uno mismo. Cuando cultivamos nuestra autoestima, dejamos de conformarnos con las "migajas" de la tragaperras porque descubrimos que ya llevamos el premio completo dentro de nosotros.

El amor no duele, no humilla y no te hace dudar de tu cordura. El amor suma, da paz y es un refugio seguro. Ya es hora de que dejemos de normalizar el sufrimiento. Hablemos de relaciones sanas. ¡Por fin!

Fdo. Diego Bueno


martes, 19 de mayo de 2026

HABLEMOS DE ¿POR QUÉ VOTAN A LA DERECHA MUCHOS TRABAJADORES POR CUENTA AJENA, PENSIONISTAS, PARADOS Y EMPLEADOS PÚBLICOS?... ¡POR FIN!

 

El éxito electoral de la derecha y la ultraderecha entre la clase trabajadora no responde a una contradicción estrictamente económica o de clase, sino, en mi opinión, a un fenómeno mucho más profundo. Se trata de un voto de protesta, reactivo y profundamente emocional, que se asienta sobre tres grandes pilares:

1. El rechazo cultural y la reacción ante los nuevos avances

El voto obrero a la derecha no nace necesariamente de compartir la ideología de los grandes capitales o corporaciones. En mi opinión existe una evidente incomprensión hacia los cambios culturales y sociales promovidos por la izquierda.

La incomprensión de las políticas de igualdad y diversidad: Muchos trabajadores se rebelan ante lo que perciben como "excesos" del feminismo (como la paridad mal entendida) o la inclusión de la diversidad en las aulas, llegando a ver la discapacidad como una "carga" contra la supuesta “excelencia” o un fruto de la mala suerte individual en lugar de una responsabilidad colectiva y social.

La resistencia a la transición ecológica: Se rechazan las políticas ambientales al considerarlas un freno a la prosperidad o un peaje inevitable del progreso humano, del mismo modo que se ataca al animalismo por entender que resta espacio de exclusividad a las personas.

El discurso de la sospecha social: Calan con fuerza los mitos de la desidia laboral (la idea de que muchos prefieren "vivir de una paguita"), el temor infundado a la ocupación ilegal de viviendas o los discursos que vinculan la inmigración masiva con la inseguridad ciudadana.

2. La fibra emocional e identitaria

El relato conservador ha sabido tocar resortes emocionales que las tripas y el sentido de pertenencia priorizan muchas veces por encima de otros preceptos. La convivencia con la extrema derecha (VOX) se ha normalizado y se ha naturalizado. Se tiene la sensación de: “No pasa nada”, “Son patriotas”, “Miran por lo nuestro”, “no tenían razón quienes nos metían miedo con la idea de que viene el fascismo”:

El monopolio del patriotismo: Se ha instalado la falsa percepción de que la derecha defiende mejor los símbolos nacionales y el orgullo de la identidad española, retratando a la izquierda como una opción ambigua o poco comprometida con la nación.

La demanda de orden y "mano dura": Frente a la percepción de inseguridad, el votante busca refugio en el discurso de firmeza que proyecta la derecha, asumiendo erróneamente que la izquierda es laxa. Esto se traduce también en un apoyo cerrado a los Cuerpos de Seguridad del Estado y el ejército, bajo el mito de que la derecha los protege más y mejor.

El refugio de la tradición y la religión: A pesar de sus preceptos anacrónicos, la religión católica sigue operando como un paraguas moral y cultural que conecta con las costumbres heredadas, un espacio donde la derecha se mueve con comodidad frente a la laicidad de la izquierda.

3. La paradoja de la abundancia

Vivimos tiempos de indudable bonanza económica y consumo masivo: restaurantes llenos, más viajes, más compras, recintos repletos para espectáculos y deportes, más vehículos de alta gama etc. Esta comodidad material, de forma inconsciente, adormece la conciencia de clase. Al tener más que perder y más bienes que proteger, el ciudadano se vuelve notablemente más individualista, egoísta y reacio a los cambios. Este aburguesamiento conecta de forma directa con la esencia del pensamiento de derechas (conservadurismo), que no es más que el deseo ferviente de que nada cambie para preservar los privilegios individuales ya adquiridos.

Las medidas a tomar por la izquierda: La vía de la pedagogía

Ante este escenario, la solución para la izquierda no es cambiar de principios ni renunciar a nuestras banderas que, básicamente son: Respeto a los derechos humanos, feminismo, diversidad, educación, sanidad, ecologismo, intervención del estado para evitar abusos de grandes corporaciones, justicia social, reducción de la brecha salarial/económica o mejora de los servicios públicos.

La gracia está en cambiar radicalmente la estrategia. La única vía para transformar la moral social, derribar prejuicios y despertar conciencias es la educación y la información pedagógica, tal y como ocurrió en su día con la concienciación sobre el uso del cinturón de seguridad o los peligros del tabaco por poner dos ejemplos claros en los que la educación y la concienciación social dio como fruto la aceptación social y normalización de medidas de obligatorio cumplimiento.

Para dar la vuelta a esta situación yo aplicaría las siguientes medidas:

Pedagogía de la igualdad real: Explicar que la paridad no busca desplazar al hombre válido, sino corregir la desigualdad de partida (la carga histórica de los cuidados no pagados) que impide a las mujeres competir en igualdad de condiciones. Hay que cuestionar con datos los sesgos machistas y la falsa meritocracia.

Desmontar mitos con transparencia: Mostrar las cifras reales de la inmigración (lo que aportan al Estado y a las empresas) y detallar la estricta vigilancia y cuantía de las ayudas sociales, dignificando a quienes las reciben por derecho frente al insulto de la "paguita".

Educación ambiental y animal: Informar con claridad sobre el sufrimiento animal y la necesidad urgente de la transición ecológica, demostrando que no es un capricho utópico, sino una transformación vital para el futuro de todos.

Pedagogía de la inclusión: Demostrar las bondades y el derecho de convivir en las aulas y por consiguiente en la vida social con personas con discapacidad, haciendo entender que la diversidad enriquece el crecimiento emocional e intelectual de todo el alumnado en lugar de limitarlo.

Límites afectivos frente al autoritarismo: Visibilizar en el ámbito educativo y familiar que la pedagogía práctica basada en el afecto y los límites eficaces es infinitamente superior a la "mano dura". Demostrar que los gritos, los cachetes y la intransigencia no educan jamás, sino que siembran traumas.

Defensa pedagógica y material de lo público: Explicar a los trabajadores y trabajadoras de forma clara y directa que la izquierda es la única que vela realmente por los servicios públicos (sanidad, educación, dependencia) para garantizar que nadie tenga que pagar por ellos de su bolsillo. El mensaje debe ser rotundo: el problema no es el modelo público, sino la necesidad imperiosa de mejorar la gestión para que sea eficiente, ágil y de calidad.

Garantía de pensiones y protección de la vulnerabilidad: Concienciar a la ciudadanía de que la izquierda es la que asegura las pensiones de las personas mayores y de las personas con discapacidad, protegiéndolas frente a los intentos de privatización o recortes, entendiendo que una sociedad justa se mide por cómo cuida a quienes más lo necesitan.

Dignificación de la dependencia (El espejo de la realidad andaluza): Denunciar con firmeza y datos la alarmante realidad de la dependencia en Andalucía, donde las personas dependientes y sus familias tienen que esperar meses, e incluso años, para recibir las ayudas que por derecho les corresponden. La izquierda debe comprometerse a desatascar esta situación, demostrando que la autonomía personal y el cuidado de los nuestros es una prioridad absoluta y urgente.

Señalar a los verdaderos responsables (Estrategia de impugnación): Adoptar estrategias valientes y directas, en la línea de "Adelante Andalucía", que dejen de culpar al eslabón más débil (el inmigrante, el parado, el empleado público) y pongan el foco en señalar a las grandes corporaciones, los oligopolios y los fondos de inversión, que son quienes realmente especulan con los derechos básicos de la ciudadanía (como la vivienda o la energía) para multiplicar sus beneficios a costa del esfuerzo de la clase trabajadora.

Fomentar la pedagogía del optimismo y la alegría: Cambiar el tono del discurso. La izquierda debe abandonar el victimismo y el reproche para conectar con el ciudadano desde una estrategia basada en fomentar la alegría, la esperanza y un proyecto de futuro ilusionante. Se trata de contagiar un optimismo tan integrador y constructivo que sea capaz de atraer e inundar incluso a aquellos ciudadanos que, por el motivo que sea, no votaron a las opciones de izquierda, demostrando que el progreso social es un beneficio para el conjunto de la sociedad, sin dejar a nadie atrás.

En definitiva, transformar la conciencia social lleva tiempo y exige constancia, tesón y tenacidad a partes iguales. No existen las fórmulas mágicas: solo cuando se informa y se educa con paciencia, la sociedad termina asumiendo los avances sociales con total naturalidad.

Fdo. Diego Bueno

lunes, 18 de mayo de 2026

HABLEMOS DE MI ANÁLISIS TRAS LOS RESULTADOS DE LAS ELECCIONES AL PARLAMENTO ANDALUZ, CELEBRADAS AYER 17/05/2026… ¡POR FIN!

 

No he necesitado mucho tiempo para plasmar mi análisis, y el motivo es bien sencillo: ¡el resultado ya se conocía antes de abrir las urnas!

Obviamente, las votaciones solo han venido a confirmar lo que se esperaba. Con pequeñas variaciones, pero, básicamente, han ganado la derecha y la ultraderecha. Ante este escenario, considero que existen motivos de peso que, desde la izquierda, debemos analizar en profundidad y con absoluta frialdad.

Por mi parte, desde la humildad y la lejanía de las "cocinas" y los despachos de los partidos políticos, pero desde la más absoluta cercanía a la realidad social en la que me encuentro inmerso, he llegado a las siguientes conclusiones:

Lo primero que debo decir es que no me gusta este resultado. No me gusta, entre otras cosas, porque observo que es el reflejo de la sociedad en la que vivimos: una sociedad en la que prima el negocio, el dinero y lo material. Sin embargo, creo que desde la izquierda deberíamos hacer una profunda reflexión para intentar entender qué lleva a los trabajadores y asalariados, tanto públicos como privados, a votar por una opción de derechas.

Es cierto que existe una parte emocional y cultural relacionada con la defensa de las tradiciones que llaman “de toda la vida” (refiriéndose, claro está, a las de sus padres y abuelos, no a las de toda la vida). Pero creo que, en gran medida, el voto de estos trabajadores a los partidos de derechas encierra una evidente protesta motivada por los siguientes factores:

Protesta ante los avances en igualdad: Se rebelan ante temas como el feminismo (me asombra la cantidad de gente que todavía no sabe lo que significa) y ante lo que ellos denominan los “excesos del feminismo” o “feminismo extremista”. Resaltan los detalles que no gustan para obviar las generalidades justas. Por ejemplo, suelen decir que el tema de la paridad está yendo demasiado lejos al no permitir que la persona más válida, en caso de ser un hombre, ocupe el puesto por aquello de la paridad.

Protesta por las políticas ambientales: Rechazan los cambios que se introducen como consecuencia de la lucha contra el cambio climático. Muchos de estos votantes consideran que el deterioro ambiental es, simplemente, el peaje inevitable de la prosperidad humana.

Protesta contra el animalismo: Lo ven como si le estuviéramos otorgando a los animales un estatus y un espacio que debería pertenecernos en exclusiva a las personas.

Protesta ante la tardía madurez de los jóvenes: Atribuyen este fenómeno a un supuesto “exceso de libertades” y a la falta de la mano dura que, según su visión, caracteriza a la izquierda.

Protesta ante la supuesta desidia laboral: Una desidia que achacan a la cantidad de personas que, según dicen, “deciden vivir de una paguita” en vez de trabajar y producir.

Protesta por la identidad nacional: Reclaman una falta de compromiso con la nación española, exigiendo esa visibilidad y orgullo que, a su juicio, solo pueden proporcionar símbolos como las banderitas.

Protesta ante la corrupción: Sostienen el discurso de que la corrupción está ahora instaurada e institucionalizada en los partidos de izquierda.

Protesta contra el populismo utópico: Rechazan los discursos basados en la clase trabajadora, entre otras cosas, porque consideran que esa clase social ya ni siquiera existe.

Protesta ante la inseguridad ciudadana: Se alimentan del temor a una supuesta inseguridad en las calles, fruto de una pretendida dejadez ante la inmigración masiva. Usan el espejo de Francia para agitar el miedo a los guetos, afirmando que las personas magrebíes se apoderan de las ciudades, queman contenedores y cometen agresiones sexuales.

Protesta contra el “buenismo”: Es la españolización del concepto woke. Defienden que la vida está hecha para los más listos, los más avispados y los más intrépidos; que quienes arriesgan (los emprendedores) deben tener su recompensa económica y social porque son los únicos que crean riqueza. Eso dicen. Como si la riqueza no la crearan los trabajadores, como si fuera lícito avasallarlos o explotarlos o tratarlos como “carne fresca”.

Protesta contra la inclusión de la diversidad: Consideran que una familia en cuyo seno hay una persona con discapacidad es, simplemente, víctima de la mala suerte y que, por tanto, “le ha tocado lidiar con ese problema” (como si no se tratara de una responsabilidad social, además de familiar). Llegan a defender que sus hijos no tienen por qué pagar las consecuencias de convivir en las aulas con este tipo de personas “raras”, argumentando que eso les impide exprimir al máximo sus propias capacidades.

Protesta contra la supuesta ocupación de viviendas: Por el motivo que sea, se ha instalado en ellos la conciencia de que existe un peligro real (alimentado por supuestos datos) de que personas que pretenden vivir "por la cara" pueden quitarte tu vivienda o tu segunda residencia aprovechando que no estás en casa, con la idea de que luego no habrá forma legal de echarlos de tu propiedad.

Hay una parte de la derecha (una parte importante) que es la de siempre: los conservadores, los empresarios, la gente de mucho dinero, los carcas de toda la vida, los herederos del franquismo, los reaccionarios, los machistas, los explotadores... Esa gente, todos juntos, no son tantos. Ellos son fieles y serán siempre fieles al voto de derechas.

Sin embargo, observando el porcentaje de votos obtenidos, es innegable que existe otra gran parte de la población trabajadora que a día de hoy vota a la derecha por motivos como los que acabo de exponer. Creo que mal haríamos desde la izquierda si no tuviéramos en cuenta a toda esa gente.

Obviamente, las izquierdas no vamos a dejar de ser feministas, ni animalistas, ni progresistas respecto al cambio climático; tampoco dejaremos de ser activistas en favor de los derechos humanos ni firmes defensores de la intervención del Estado para que no se conculquen los derechos fundamentales de la ciudadanía, como la vivienda, una educación pública de calidad o una sanidad garantizada, universal y pública para todos.

Concienciación a través de la educación

A mi entender, la solución pasa por seguir haciendo una labor de educación. Lo que provoca cambios en la moral social es la conciencia, y lo que crea conciencia es la educación. No existen las fórmulas mágicas.

La historia y la experiencia nos lo demuestran:

Únicamente cuando se informó (y educó) a la población sobre las consecuencias de no usar el cinturón de seguridad, nos concienciamos de que era necesario utilizarlo.

Únicamente cuando se informó a toda la población de que fumar es sumamente perjudicial para la salud, se admitió con total naturalidad la prohibición de fumar en lugares públicos y cerrados.

Por consiguiente:

Únicamente cuando se informe a la sociedad de que hay animales cuyo sistema nervioso les hace sufrir dolor, tristeza y desamparo, se dejará de maltratarlos.

Únicamente cuando se informe de las consecuencias del cambio climático y de la necesidad de transformar las formas de obtener energía, se verá con mejores ojos la transición ecológica.

Únicamente cuando se informe debidamente a la ciudadanía de la necesidad, del derecho y de las bondades, incluso desde un punto de vista puramente egoísta, de convivir con personas con discapacidad, se querrá su no exclusión de la sociedad.

Únicamente cuando se expliquen las circunstancias personales y sociales de quienes perciben una ayuda o pensión social, detallando sus cuantías, su naturaleza y los estrictos trámites de vigilancia que conllevan, se verá con buenos ojos que existan personas con ese derecho.

Únicamente cuando se muestren las cifras reales de la inmigración, lo que aportan al Estado, a las empresas y a los particulares, y se visibilicen los resultados de las soluciones a los problemas de convivencia, se mirará a los migrantes como lo que son: personas que poseen y merecen exactamente los mismos derechos y deberes que cualquier ciudadano nacido aquí.

Únicamente cuando se entienda que las mujeres asumen históricamente la mayor parte de la carga de los cuidados no pagados (hijos, dependientes, tareas del hogar) y que, por tanto, no compiten en igualdad de condiciones; únicamente cuando se comprenda que un hombre puede acumular más "méritos" (disponibilidad para viajar, echar horas extra o hacer networking nocturno) no por ser más válido, sino porque las estructuras sociales le permiten externalizar esas cargas, se asumirá que es imposible valorar los méritos sin corregir primero la desigualdad de partida que la paridad busca equilibrar. Del mismo modo, esto solo cambiará cuando se explique en qué consisten los sesgos inconscientes del machismo, o cuando se cuestione con la misma dureza la "meritocracia" de un hombre mediocre que ocupa un puesto de responsabilidad que cuando ese puesto lo ocupa una mujer.

Únicamente cuando se explique y se entienda que la pedagogía va mucho más allá de las teorías de los libros, y que existe una pedagogía práctica basada en demostrar que el afecto es perfectamente compatible con los límites; únicamente cuando comprendamos que los gritos, los cachetes o las malas formas ¡NO EDUCAN jamás y en ningún caso!, y que esa "mano dura" que algunos tanto reclaman lo único que provoca son traumas (otra cosa es que las personas traumadas sean incapaces de reconocer sus propias heridas); únicamente cuando se visibilice que existen métodos eficaces para educar en valores, concienciar y reconducir comportamientos sin necesidad de recurrir al autoritarismo, se entenderá, por fin, que la fuerza y la intransigencia nunca serán el camino para educar a nuestros hijos y alumnos.

¡Y así con todo!

Así que nos toca educar y concienciar para que todos sigamos aprendiendo, progresando y mejorando. Esto lleva tiempo; se necesita constancia, tesón y tenacidad a partes iguales, y siempre estará supeditado al poder adquisitivo de la gente porque lo admitamos o no, existe una paradoja respecto de la bonanza económica.

Sé que lo que voy a decir a continuación va a provocar el desacuerdo de la mayoría de vosotros debido a un concepto llamado “pesimismo social” que nos impide ser conscientes del todo, pero la realidad es que vivimos tiempos de bonanza económica. Ahí están los datos.

Gastamos más que nunca, compramos más que nunca, viajamos más que nunca y pagamos más que nunca (incluidos los servicios privados de educación y sanidad, cuyo uso se ha multiplicado en los últimos tiempos). Vemos los restaurantes abarrotados, donde ya hay que reservar incluso para tomarse una simple cerveza, más coches de alta gama que nunca, más compras online que nunca y más supermercados a la vuelta de la esquina. Los estadios de fútbol, los teatros y los conciertos están siempre llenos a pesar de sus altos precios.

Y hacemos todo eso, evidentemente, ¡porque podemos hacerlo!

Nadie gasta lo que no tiene. Sin embargo, esta bonanza económica trae consigo sus propias consecuencias: una de ellas es que, incluso de forma inconsciente, hace que la gente se vuelva mucho más reacia a los cambios y notablemente más egoísta.

Y es que, precisamente, las señas de identidad de los partidos de derechas son el egoísmo, el individualismo y el conservadurismo... que no es más que el deseo ferviente de que nada cambie o, directamente, el empeño en preservar los privilegios que ya se tienen.

¡Qué casualidad, ¿verdad?!

Esta es mi reflexión.

Fdo. Diego Bueno

sábado, 9 de mayo de 2026

HABLEMOS DE CUANDO EL HORIZONTE SE NOS EMPAÑA… ¡POR FIN!

 

A veces, la vida se vuelve un paisaje que me trae recuerdos olvidados para convertirlos en olvidos recordados. Florecen, amenazantes, los fantasmas de lo vivido. Mi mirada se topa con una niebla persistente como si la realidad misma se estuviera desdibujando, obligándome a mirar hacia un interior que hoy pesa demasiado.

Siento el cansancio no como un sueño pendiente, sino como un lastre de plomo que se ha instalado en mis huesos. Es una impotencia silenciosa que se cuela en cada suspiro, recordándome que el aire, ese aliado invisible, hoy se hace de rogar. Mis fuerzas, antes firmes, parecen haberse marchado de viaje sin avisar, dejándome una frustración agria que a veces estalla en irritabilidad, un chispazo eléctrico que solo intenta proteger lo poco que me queda de calma.

Y me duele el silencio de las habitaciones.

Y me duele ver las batallas en las que andan inmersos quienes más quiero: la lucha por un futuro menos incierto y ese abismo en los ojos de quien busca encajar en un mundo que no siempre sabe entender la belleza de lo diferente. Siento que debo ser el faro, pero hoy mi luz parpadea, exhausta de combatir las olas.

La melancolía se ha vuelto una estancia conocida: ya no me sorprende la penumbra. Es la desesperanza de ver cómo el calendario avanza implacable hacia un adiós profesional que no elegí, sino que me fue impuesto por el cuerpo. Me noto extraño en mi propia piel, navegando en una tristeza que no es llanto, sino un vacío denso, una inercia que me susurra que mañana será solo otra versión del hoy. Cuando el amanecer no es nuevo significa que encallas.

Siento que el abrazo no hace desaparecer el frío, que el sol no ilumina mis tinieblas, que ni tan siquiera la música deja de ser ruido.

Soy un náufrago en tierra firme, esperando, a veces con desesperación, a veces cargado de desesperanza, que el mar se calme, mientras aprendo a aceptar que, por ahora, mi única tarea es sobrevivir a la tormenta.

Fdo. Diego Bueno

martes, 5 de mayo de 2026

HABLEMOS DE ENCONTRAR REFUGIO EN LA PALABRA “NOSOTROS” … ¡POR FIN!

 

Suele decirse que el amor se celebra en las cimas de las montañas, en la conquista de esas cumbres que tanto costó escalar y que nos ofrecen una perspectiva limpia del mundo. Y es cierto. Es cierto que se celebra bajo el sol de los días buenos, en esos despertares donde la luz inunda la estancia y el día comienza con el aroma prometedor de una taza de café humeante; un ritual de paz que uno necesita que sea eterno. Pero, aunque la cima es hermosa, es en la espesura del valle donde el amor se vuelve sagrado. Allí, cuando el camino se vuelve abrupto y la oscuridad de una inesperada niebla mental nos impide apreciar el verdor de las plantas o el frescor del rocío en los pies, es donde realmente se descubre su milagro. El amor no es solo la bandera que se planta en el éxito, sino el bastón que se clava en el barro para que no caigamos.

Hay una bendición silenciosa en el simple hecho de no estar solo cuando las circunstancias arrecian. No estarlo nos rescata de esa soledad fría que nos vuelve vulnerables, de ese vacío que magnifica los temores. Sentirse acompañado no es solo la presencia física de alguien al lado; es la certeza absoluta de saber que existe un puerto seguro, con el muelle siempre dispuesto, donde atracar cuando la salud flaquea y el cuerpo pide tregua, o cuando el peso de las responsabilidades parece asfixiarnos bajo un cielo de plomo.

Es esa mano que se extiende, firme en su suavidad y paciente en su espera, en medio de la tormenta que a veces suponen los desvelos por los hijos (esos hijos que son, literalmente, nuestro propio corazón viviendo y latiendo fuera de nuestro cuerpo). Es ese “creo en ti” susurrado justo cuando te sientes desvalido ante la impotencia de la retirada; cuando las batallas perdidas te obligan a replegar velas y renunciar, con dolor, a aspiraciones laborales, profesionales y personales que creías inamovibles.

En esos momentos, el amor nos susurra al oído que la carga, al compartirse, se vuelve extrañamente liviana, casi ingrávida, porque hay otros hombros que ayudan a sostener el mundo.

Qué suerte inmensa la de quienes encontramos en la persona amada esa tolerancia que no juzga los silencios o, en mi caso, los excesos de palabras, esa paciencia que sabe aguardar a que pase el temporal sin pedir explicaciones, y ese apoyo incondicional que apenas necesita de un par de sílabas para decir: «aquí estoy». Porque en esos momentos de fragilidad, donde uno se siente despojado de sus armaduras y profundamente vulnerable, la presencia del otro actúa como un bálsamo antiguo y sabio. Es el eco que nos devuelve la calma perdida, el hombro que absorbe el peso de nuestras dudas y la mirada que nos sigue reconociendo, con la misma ternura de siempre, incluso cuando nosotros mismos nos sentimos perdidos en nuestro propio laberinto.

La comunicación es, en este escenario, el nexo de unión, la amalgama invisible que nos mantiene unidos frente a la erosión del tiempo y los problemas. La palabra es el medio vital: es el agua para el pez o el aire limpio para las aves. Es lo que nos define como humanos y lo que nos permite cartografiar nuestros sentimientos, emociones y estados de ánimo; pero es, asimismo, la herramienta para ofrecer nuestra disposición y nuestra empatía más profunda.

Como amante incondicional de la comunicación, me atrevo a sugerirla, a recomendarla y a defenderla como el más noble de los puentes. Una comunicación que se manifiesta en la elocuencia de las miradas, en la gramática de los gestos, en la calidez del tacto y, por supuesto, en la palabra —escrita o hablada— que se lanza como un salvavidas.

Porque el compromiso implícito en cualquier relación verdadera no es un contrato, sino un acto de presencia. Es «estar». Estar cuando hay que estar, sin condiciones ni horarios. Es abrazar de cualquier forma posible cuando el día amanece nublado, sujetar con fuerza en la tormenta y adherirse con todo el alma cuando el viento se convierte en huracán. El compromiso nos convierte en el faro necesario para el barco que, por un momento, se siente a la deriva. Y es que, en la cercanía del amor, incluso el silencio compartido es, a veces, la más hermosa y reconfortante de todas las músicas.

En definitiva, la verdadera fortuna no reside en transitar una vida sin problemas, sino en contar con esa alma que decide caminar a nuestro lado, transformando cada adversidad en un motivo más para celebrar el milagro de ser, simplemente, nosotros.

Fdo. Diego Bueno

lunes, 4 de mayo de 2026

Hablemos de hartazgo en Andalucía... ¡por fin!

 

Algunos ya estamos hasta los cojones de ser el culo de España, el escenario perpetuo de la charanga y la pandereta. Hartos de ser siempre los "graciosos" y el hazmerreír oficial, mientras soportamos los peores datos en educación, sanidad, empleo y vivienda. Nos falta inversión, nos falta progreso y nos falta investigación, pero nos sobra condescendencia ajena.
Estoy harto de tradiciones arcaicas y de señoritos de cortijo; de chulos a caballo y empresarios explotadores, pero también de trabajadores marmotas: callados, conformistas y sumisos a un rol de clase que no les pertenece. Me quema que la incultura y el analfabetismo funcional nos conviertan en una sociedad dócil, completamente manipulable por quienes nos quieren así, anestesiados. Me indigna la naturalidad con la que se acepta el desmantelamiento de la sanidad pública, obligándonos a recurrir a la privada sin que rechiste ni Dios. Con esa misma pasividad se paga una educación privada, asumiéndolo como un destino irremediable. Me asombra la impunidad con la que permitimos que la avaricia de los de siempre destruya Doñana, o cómo ignoramos la falta de educación de quienes ensucian nuestras calles tras cualquier evento, la falta de ética de las empresas que contaminan y explotan a los trabajadores y la ausencia total de escrúpulos ante el maltrato animal en esa Andalucía profunda que se niega a despertar.
Estoy hasta los mismos de ver cómo en otras zonas de España tienen más servicios o sueldos más altos por el mismo trabajo. Yo vivo en una ciudad, pero basta darse una vuelta por cualquier pueblo de Andalucía para comprobar el atraso, en todos los sentidos, que hace que las brechas con respecto al resto del país sigan intactas o, peor aún, se ensanchen.
Ya está bien, ¡hostias!
Creo, sinceramente, que estamos inmersos en una sociedad lo suficientemente enferma como para necesitar, no un parche, sino una cirugía profunda. Un cambio que, por desgracia, sé que no llegará en estas elecciones pero al menos, ¡votad, coño! Que ya está bien de esta pasividad, de que cada vez que hay una manifestación por algo importante vayan cuatro gatos y luego te quejes de que te dan cita para el médico dentro de una semana. Te quejas de que tienes que gastarte una pasta para que tu hijo estudie la FP que le gusta, o de lo que cuestan las gafas, el dentista y el especialista.
¿No te indigna la mierda de comida que dan a tus hijos en el comedor del colegio? ¿No te revuelve las tripas que un compañero de otra comunidad gane casi el doble que tú haciendo lo mismo? ¿No te indigna que la televisión pública andaluza esté tan manipulada como chapada a la antigua, mientras sus propios trabajadores gritan en huelga contra esa censura? ¿De verdad me vas a decir que el problema de Andalucía son las mujeres con burka? ¿Vas a votar lo mismo que vota tu jefe a pesar de que vuestros intereses son opuestos? ¿Vas a votar por la privatización de lo público siendo tú un trabajador público? ¿Vas a abstenerte mientras te explotan laboralmente? ¿Vas a seguir repitiendo el mantra de que todos los políticos son iguales, cuando las leyes que unos y otros firman te afectan de forma radicalmente distinta? ¿Vas a votar a esos que aquel 4 de diciembre se postularon contra Andalucía? ¿A quienes tiran por tierra la figura del padre de la patria andaluza? ¿A quienes han renegado de nuestra tierra desde siempre, tratándonos como una colonia de segunda?

En fin. Harto. Estoy harto de mirar a mi alrededor y ver que el avance de mi Andalucía no lleva la misma velocidad que el del resto de España. Me subleva ver cómo esa brecha nos condena a asumir un papel secundario en una sociedad española donde, a pesar de ser la comunidad más poblada, nos mantienen sin voz y sin voto. Somos el motor que no dejan arrancar, la mayoría silenciada por su propia pasividad. Ya está bien de ser los últimos en importancia, porque la relevancia de un pueblo no se mide por los minutos que nos regalan en televisión entre folclore y charanga. La importancia real se demuestra garantizando los derechos de los ciudadanos y asegurando un nivel de vida que sea, como mínimo, igual al del resto de España. No queremos palmaditas en la espalda ni ferias; queremos la misma dignidad, el mismo progreso y el mismo respeto que los demás. Ni más, ni menos.
Fdo. Diego Bueno.

jueves, 16 de abril de 2026

HABLEMOS DE UNAS CUANTAS VERDADES ACERCA DE LA DISCAPACIDAD INTELECTUAL… ¡POR FIN!

 

Soy consciente de que lo que voy a decir resultará incómodo, molesto y, para algunos, incluso cruel. Pero la escritura, entre sus muchas utilidades, tiene la de servir de espejo o de martillo. Yo he decidido usarla hoy para romper el cristal.

Mi discurso trata sobre la discapacidad. O mejor dicho: ¡sobre la puta discapacidad!

Observo a muchos padres y madres de personas con discapacidad intelectual agotarse culpando a "la sociedad" (así, en abstracto) de la marginación y la soledad que padecen sus hijos. Exigen que el mundo no los excluya. Y no hablo del ámbito educativo, donde existe una obligación moral y legal de integrar o, como me gusta decir, de no desintegrar. Hablo de la vida real, de la calle, de lo que ocurre cuando suena el timbre de salida o cuando se termina la educación obligatoria.

Cuando son pequeños, el parque es un territorio común. Todos juegan, todos comparten. Pero la adolescencia, que en nuestros chicos y chicas a veces llega tarde, pero llega, marca el inicio del drama. Los intereses cambian, las conversaciones se sofistican y las relaciones empiezan a elegirse por afinidad. Debemos ser sinceros y claros: una chica de 15 años que quiere hablar de sus inseguridades, de música o de sus primeros amores, no va a buscar la compañía de alguien que sigue jugando a las casitas o que es incapaz de entender la ironía o el sarcasmo.

Eso no es maldad social. Es "Ley de Vida". No se puede obligar a nadie a la amistad, y es estúpido perder el tiempo gritando que la vida es injusta. Es como es porque los humanos somos como somos. El drama empieza cuando dejan de invitarlos a los cumpleaños porque los intereses ya no encajan. El problema real no es que los "otros" se vayan; el problema es el vacío insoportable que dejan, obviamente sin que sea culpa de nadie.

¿Qué hacemos entonces? Los apuntamos a actividades guiadas por adultos, a asociaciones de ocio especializadas, a grupos de "chicos como ellos". Tratamos de parchear su soledad. Cada familia hace lo que puede, pero la verdad es que jamás es suficiente. Porque ellos, en el fondo, lo que quieren es ser uno más en el mundo real, y la propia discapacidad se lo impide. No es discriminación activa; es una barrera invisible pero de hormigón.

Y aquí viene la verdad más amarga: para que no estén solos, y como única salida posible, los "condenamos" a relacionarse exclusivamente con otras personas con discapacidad. Y digo condena con todas las letras.

Haced un ejercicio de imaginación. Imaginad que cualquiera de vosotros/as va a una excursión a un parque de atracciones con un grupo de personas con discapacidad intelectual. En el autobús habrá gritos, faltas de respeto, conductas desajustadas y una incapacidad crónica para cumplir las normas sociales básicas. Manejar niños es una cosa y convivir con adultos de 30 años con discapacidad intelectual a diario es un escenario radicalmente distinto. Lo normal en este colectivo es que haya personas que no se expresen bien, que sean inoportunas, que rompan la convivencia y/o que sean crueles. Mucho más crueles que quienes no tienen discapacidad, porque carecen de filtros o de empatía cognitiva.

Esa es la convivencia diaria de nuestros hijos. Una condena sin remedio. Solo hay paliativos, nunca curación. Y el dolor es doble, porque cuando a uno de nuestros hijos le hacen daño, él no distingue si el agresor tiene su misma condición. Solo siente el golpe. Solo siente el desprecio.

¿Cómo no van a vivir con miedo? ¿Cómo no se van a sentir solos en mitad de esa "multitud de iguales"? ¿Con quién pueden mantener una conversación coherente si el entorno es un ruido constante de monólogos cruzados? ¿Quién va a entender sus bromas si no hay un código común? Lo que les queda es soportar la agresividad o las obsesiones de otros que, como ellos, no saben medir su fuerza ni sus palabras. ¿Y el amor? Hablamos del derecho al sexo y al afecto como si fuera un catálogo de buenas intenciones, pero la realidad es un campo de minas. Relaciones rotas por cambios de humor violentos, insultos, homofobia primaria o bloqueos en redes de un día para otro. Es el colmo de la crueldad. Están condenados a sufrir en los demás las mismas carencias que dicta su propia discapacidad.

A esto hay que sumar la intensidad devastadora con la que viven cada suceso. En la discapacidad intelectual no existen los grises. Todo es un absoluto. Un 'no' por respuesta es un rechazo existencial, un olvido es una traición, un roce en el pasillo es una agresión. Viven, literalmente, en carne viva, sin esa capa de cinismo o resiliencia que nos permite a los demás dejar pasar las cosas. Esta hipersensibilidad los convierte en imanes para el conflicto y el sufrimiento. Lo que para cualquier adulto es un contratiempo, para ellos es una tormenta eléctrica que desborda su capacidad de gestión, dejándolos exhaustos, perdidos y, a menudo, fuera de control ante un mundo que no comprende por qué “exageran” tanto.

Esa hiperreactividad emocional, esa falta de "piel" o de filtros es agotadora, tanto para ellos como para nosotros los familiares, pero, además, es lo que termina de dinamitar sus relaciones sociales. El mundo exterior no sabe (y a menudo no quiere) lidiar con esa intensidad. La gente huye de lo que no puede predecir. La volatilidad de nuestros hijos incomoda y asusta a los demás. Al final, esa forma de sentir tan absoluta los acaba apartando de cualquier relación social normalizada, empujándolos de nuevo hacia el aislamiento o hacia la convivencia forzada con quienes están igual de rotos que ellos

Felicidad es paz mental, seguridad, vínculos de calidad, sentirse útil, tener amigos que te sostengan y un amor que no te destruya. Si repasamos esa lista, entenderemos por qué la depresión se ensaña con las personas con discapacidad intelectual. Entre otras cosas, la felicidad es estar bien con uno mismo, pero ¿cómo se logra ese equilibrio cuando lo que respiras es soledad, rechazo e impotencia? ¿Cómo vas a estar bien contigo mismo cuando sientes en tus propias carnes que no tienes un sitio en el mundo? Es imposible encontrar la paz cuando notas que tu propia discapacidad actúa como una máquina generadora de conflictos, saboteando cada intento de encajar y recordándote, a cada paso, que eres el origen de una tensión que no sabes cómo detener.

Aceptar esto para un hijo es una de las tareas más devastadoras que existen. Podemos seguir poniendo el foco en "lo bonito", aferrarnos a la falsa esperanza y celebrar los pequeños logros (de hecho, lo hacemos para poder levantarnos cada mañana), pero la realidad es la que es. ¡Y es una mierda!

Alguien tenía que decir esto. Dicho queda. El objetivo no es dar pena, sino escupir una realidad que quienes viven lejos de la discapacidad ignoran por completo. Desde fuera, parece que todo son ventajas: pensiones, "paguitas", entradas baratas y cuotas reservadas de empleo. Un escaparate amable de “privilegios institucionales”.

Pues bien, detrás de ese escaparate está esta cruda realidad diaria, la de verdad, la que no sale en los folletos. Concienciar también es esto: obligar al mundo a mirar lo que no quiere ver.

Y por terminar con un mensaje de aliento para las familias, me atrevo a decir que la única clave es el amor. Pero no hablo de un amor romántico ni de postal; hablo del amor implementado. El de diario, el de los gestos, el que se ensucia las manos.

En mi familia, por desgracia, hemos tenido que sobreponernos a situaciones vitales de extrema crudeza. No sé si es por eso o, simplemente, porque somos así, pero todos mis años de estudio e investigación me avalan para reafirmarme y gritarlo con rotundidad: la clave es el amor.

Un amor que es, en realidad, un ejercicio de resistencia. Un amor que significa empatía radical, paciencia infinita, tolerancia, cohesión y esa compasión que nos permite seguir mirando a los ojos a nuestros hijos a pesar de los problemas. Cuando todo lo demás falla (la sociedad, las instituciones, la propia biología), lo único que queda en pie es el vínculo. Y ese vínculo es nuestra única victoria.

Fdo. Diego Bueno

lunes, 6 de abril de 2026

HABLEMOS DE SER DOCENTE HOY DÍA… ¡POR FIN!

 



Ser docente hoy tiene un mérito intrínseco. No es ningún secreto que existen numerosas formas de ganarse la vida que reportan mayores beneficios económicos que la enseñanza. Sin embargo, nuestra profesión se mide en una moneda distinta.

Lo cierto es que, a veces, comprobar y padecer los usos y costumbres de buena parte de la juventud actual provoca un desencanto legítimo. Sentimos la frustración de quien intenta construir sobre un terreno que parece moverse constantemente. Ser docente hoy implica, por encima de todo, sostener el sentido cuando afuera parece diluirse entre sistemas de pantallas infinitamente más seductores que la palabra y la ilusión de un profesor. Competir contra algoritmos diseñados en Silicon Valley con nuestra voz como única herramienta parece una lucha de David contra Goliat, pero nosotros contamos con algo que ninguna IA posee: la mirada.

Funes (2017) no romantiza la docencia; la pone en contexto. Nos habla de un tiempo donde las certezas se han desplazado, donde nuestro rol se cuestiona, se redefine y, a menudo, se desgasta. Pero también nos recuerda algo profundamente humano: seguimos siendo necesarios, aunque el fruto de nuestro esfuerzo no siempre florezca de inmediato.

Desde la práctica, esto conecta con los enfoques socioculturales del aprendizaje. No enseñamos en el vacío; enseñamos en realidades complejas, con estudiantes atravesados por contextos, emociones e historias de vida. Aquí resuena mi admirado Vygotsky cuando plantea que el aprendizaje es social por naturaleza. Su legado dialoga hoy con la neurociencia y la educación emocional bajo una premisa clara: “No hay aprendizaje sin vínculo, sin reconocimiento y sin sentido”.

El aula en clave de DUA

El secreto para no desfallecer reside en implementar el DUA (Diseño Universal para el Aprendizaje). No se trata solo de diversificar actividades por cumplir un expediente, sino de mirar a cada estudiante como alguien que necesita ser comprendido antes que evaluado.

Hablar "en clave de DUA" significa asumir que la diversidad es la norma, no la excepción. En lugar de diseñar una clase estándar y luego "parchear" con adaptaciones para quienes tienen dificultades, el DUA nos invita a diseñar la enseñanza desde el principio para que sea accesible para todos. En el aula, esto se traduce en momentos muy concretos: ese estudiante que no entrega la tarea, pero se queda charlando al final; aquel que interrumpe buscando la atención que no recibe en otro sitio. Antes de etiquetar, Funes nos invita a interpretar. Y eso, colegas, es tan agotador como transformador.

¿Cómo llevar esto a la práctica diaria?

Para no perdernos en la teoría, podemos aterrizar estas ideas en cinco pilares:

  1. Diseñar desde la realidad del grupo, dejando atrás el "alumno ideal" que solo existe en los libros de texto.
  2. Incorporar espacios de escucha genuina dentro de la estructura de la clase.
  3. Flexibilizar los caminos sin perder de vista el propósito pedagógico.
  4. Priorizar el vínculo como la verdadera infraestructura del aprendizaje.
  5. Evaluar procesos personales, huyendo de la tiranía de los estándares fríos.

Una propuesta que siempre funciona es integrar proyectos de narrativa personal. Permitir que el estudiante vincule los contenidos con su propia historia y entorno no solo favorece el aprendizaje significativo, sino que fortalece su identidad.

El alcance de esta mirada es profundo ya que re-humaniza la educación. Nos recuerda que enseñar no es simplemente "cumplir una programación", sino acompañar procesos de vida. Y en ese acompañamiento, es vital que no nos olvidemos de nosotros mismos; el autocuidado y el apoyo entre compañeros y compañeras son los que nos permiten seguir ofreciendo esa "mirada" sin quemarnos en el intento.

Incluso cuando nos asaltan las dudas o parece que nadie valora lo que hacemos, hay una certeza que permanece intacta: dejamos huella.

Ser docente hoy no es fácil, pero sigue siendo el oficio más necesario del mundo.

Fdo. Diego Bueno

 

lunes, 30 de marzo de 2026

HABLEMOS DE LA SITUACIÓN DE LOS SERVICIOS PÚBLICOS Y LA REALIDAD SOCIAL EN ANDALUCÍA… ¡POR FIN!

 



Se acercan elecciones en Andalucía y esto significa que ya estamos en campaña electoral. Por desgracia, estas campañas suelen basarse en ver quién tiene más capacidad para engañar a la ciudadanía. Se ofrecen datos que interesan electoralmente y, por el contrario, se eluden los que no convienen; se miente, se disfrazan verdades con eufemismos o simplemente se obvian. En definitiva, se pone en práctica toda la gama de estrategias diseñadas para llevar a los votantes al terreno de los candidatos, a ser posible sin que el ciudadano se percate.

Yo no digo que todo lo que haya hecho el PP, como partido del Gobierno de Andalucía, sea malo. Lo que digo es que aquello que personalmente me importa es, objetivamente, un auténtico desastre.

¿Andas buscando qué es lo que me importa? Dentro de las competencias de la Junta de Andalucía, me importa la sanidad y la educación pública, la atención a la dependencia y a las personas con discapacidad. Me importa el fracaso escolar y, en particular, la Formación Profesional. Me preocupa el empleo, sobre todo el juvenil y el de colectivos vulnerables, así como la situación económica de muchas familias, los sueldos y las condiciones laborales. Me importa el bienestar general, la renta per cápita, los avances tecnológicos y medioambientales, el machismo, la honestidad política y, por supuesto, la vivienda.

Me interesan menos conceptos como la “españolidad”, las tradiciones, los toros, la caza, el ejército o la religión; por ello, voy a ofrecer datos contrastados sobre lo que más me preocupa tras haber mantenido una consulta detallada con Gemini:

1. Medio ambiente y gestión natural

En 2026, Andalucía ha vivido una profunda reforma normativa que, según sectores sociales y ecologistas, supone un retroceso en las garantías de protección.

  • Externalización del control (LEGAM 2026): La recién aprobada Ley para la Gestión Ambiental de Andalucía (LEGAM) permite que entidades privadas asuman funciones de inspección y vigilancia que antes eran exclusivas de la Administración. Esto reduce la independencia de la supervisión y afecta a las condiciones laborales.
  • Simplificación administrativa: La norma sustituye autorizaciones previas por "declaraciones responsables". Aunque agiliza la inversión, debilita el control preventivo sobre proyectos con impacto ecológico.
  • Ley de montes (Ley 3/2026): Publicada en marzo de 2026, esta ley flexibiliza el uso del suelo forestal. Se critica que no declare todos los montes como "dominio público", abriendo la puerta a una gestión mercantilista.
  • Crisis de Doñana: Pese al acuerdo de 2024, el Parque Nacional alcanzó su mínimo histórico de aves censadas. Excluido de la "Lista Verde" de la UICN, no se espera su readmisión hasta finales de 2026 por el mal estado de los acuíferos y el robo de agua.
  • Modelo urbanístico: La Ley LISTA favorece la construcción en suelo rústico, un modelo de "ciudad dispersa" que encarece los servicios públicos y daña el paisaje.

2. Vivienda: precios, alquiler y exclusión

  • Precio del alquiler: Ha sufrido un incremento del 9,4% anual. El esfuerzo financiero para alquilar absorbe más del 40% del salario neto de los jóvenes andaluces.
  • Fondos buitre: Existe una gran concentración de inmuebles en manos de grandes tenedores que controlan el 5% del parque de alquiler en capitales como Málaga y Sevilla.
  • Desahucios: Andalucía concentra el 20% del total nacional de lanzamientos, afectando principalmente a familias de rentas bajas.
  • Falta de regulación: La negativa a aplicar topes de precios en "zonas tensionadas" mantiene la escalada de precios sin freno administrativo.

3. Sistema sanitario, listas de espera y salud mental

Andalucía se sitúa a la cola de España en accesibilidad y recursos, con una brecha creciente respecto a la media nacional.

Indicador (Datos 2025-2026)

Andalucía

Media España

Diferencia / Posición

Espera cita Médico Familia

11,16 días

9,15 días

La más alta del país

Espera para Especialista

136 días

104 días

+32 días sobre la media

Gasto sanitario por habitante

1.610 €

1.840 €

Penúltima CCAA

Psicólogos (por 100k hab.)

6

10

Muy lejos de la UE (18)

Camas hospitalarias (por 1k hab.)

2,1

3,0

Déficit estructural

  • Atención primaria: Mientras en otras comunidades la cita se obtiene en 48-72 horas, en Andalucía la demora de 11 días colapsa las urgencias hospitalarias.
  • Privatización: La derivación de más de 500 millones de euros anuales a la sanidad privada supone un aumento del 25% en conciertos respecto a 2018.
  • Salud mental: Es una "emergencia silenciosa". Con solo 6 psicólogos por cada 100.000 habitantes, la espera para una primera consulta puede superar los 180 días.
  • Infraestructuras: La ejecución real del presupuesto para nuevos centros en 2025 fue inferior al 60%, dejando proyectos pendientes en provincias como Sevilla y Málaga.

4. Dependencia y discapacidad

  • Tiempos de gestión: Se requieren 496 días de media para resolver un expediente, frente a los 341 días de la media nacional.
  • Fallecidos en espera: Cerca de 7.000 personas fallecieron en 2025 esperando la ayuda que ya tenían reconocida.
  • Reconocimiento de grado: Existen retrasos de más de 14 meses para la valoración inicial de discapacidad en provincias como Sevilla.

5. Educación y formación profesional: el desmantelamiento de lo público

Andalucía lidera el ranking nacional en pérdida de unidades en la escuela pública y en el trasvase de alumnado de FP hacia el sector privado.

  • Cierre de aulas: Desde 2019, se han suprimido cerca de 3.000 clases de Infantil y Primaria en centros públicos. Mientras la administración usa el descenso de natalidad como excusa, la red concertada apenas ha perdido unidades, permitiéndose bajar la ratio de alumnos por clase, un privilegio negado a la pública.
  • El "boom" de la FP privada: En la última década, las plazas privadas han crecido un 350%, mientras la oferta pública solo ha subido un 40%. Cada curso, unos 30.000 jóvenes se quedan sin plaza pública, viéndose obligados a pagar entre 2.000 y 5.000 euros anuales en la privada.
  • Especialización: Los centros privados acaparan los ciclos de alta empleabilidad (Sanidad, Informática), dejando para la pública los de mayor coste de mantenimiento y menor demanda.
  • Abandono escolar: Registramos una tasa del 16,8% (datos 2025), lejos del 13,9% nacional y del objetivo del 9% marcado por la UE.
  • Atención a la diversidad: El déficit de PTIS (Personal Técnico de Integración Social) es crítico. La precariedad y subcontratación de estos profesionales impide una inclusión real.

6. Mercado laboral y pobreza

  • Desempleo: Tenemos una tasa del 17,4% (España: 11,2%) y el paro juvenil supera el 35%.
  • Pobreza infantil: El 40,5% de los menores está en riesgo de exclusión. La desigualdad es tal que un niño en un barrio vulnerable de Sevilla tiene una esperanza de vida hasta 7 años menor que uno en un barrio rico.
  • Renta y salarios: El salario medio es un 12% inferior al nacional y la Renta Per Cápita se sitúa un 25% por debajo de la media española.
  • Discapacidad y empleo: La tasa de actividad es 10 puntos inferior a la media nacional, con una falta de inserción real en la empresa ordinaria.

7. Igualdad y lucha contra el machismo

  • Violencia de género: Andalucía registra cifras alarmantes en el sistema VioGén. Falta de recursos en los CMIM (Centros Municipales de Información a la Mujer), especialmente en el entorno rural.
  • Brecha salarial: Las mujeres andaluzas cobran, de media, un 20% menos que los hombres y asumen el 85% de las excedencias por cuidados, lo que penaliza gravemente su jubilación.

8. Avances tecnológicos

  • Inversión en I+D+i: Andalucía invierte solo el 0,95% de su PIB en ciencia (España: 1,45%). Aunque existen polos tecnológicos en Málaga y Sevilla, esta inversión no llega de forma equitativa al resto del territorio.

Conclusión: Este informe es la radiografía de una "libertad" que, en la práctica, se traduce en externalización y desregulación. Lo que nos venden como eficiencia es, en realidad, un deterioro estructural de nuestros derechos más básicos. La brecha entre la gestión pública y la derivación masiva a manos privadas no es un accidente: es el eje central y deliberado de las políticas del actual Gobierno andaluz.

Andalucía posee un potencial humano y tecnológico inmenso, pero camina lastrada por una gestión que prioriza el negocio sobre el servicio y por supuesto que el negocio es lícito y necesario pero siempre que no fomente una desigualdad de renta que ya es marca de la casa. Todo ello aparece hoy perfectamente “eufemizado” (sí, la palabra me la he inventado) bajo un disfraz de “moderación” (también marca de la casa) diseñado para que no miremos las cifras.

Sin embargo, los datos son tozudos y no entienden de marketing electoral. ¡Voten!, pero voten sabiendo lo que votan. Por supuesto, todos somos muy libres de escupir hacia arriba o de anteponer banderitas, toros y tradiciones a la sanidad de nuestros hijos o a la educación de nuestros jóvenes. ¡Faltaría más!

Fdo. Diego Bueno


HABLEMOS DE RELACIONES TÓXICAS... ¡POR FIN!

  Vivimos unos tiempos en los que, gracias a la desmitificación de la relación de pareja tradicional que duraba para toda la vida, nos encon...