viernes, 30 de enero de 2026

HABLEMOS DE TRANSPORTE URBANO EN SEVILLA... ¡POR FIN!

 

Año 2026. Llevamos ya un cuarto de siglo XXI. En la ciudad de Sevilla vivimos unas setecientas mil personas que, si sumamos el entorno metropolitano, alcanzamos el millón y medio. Durante el año 2025, la ciudad recibió a más de 3,5 millones de turistas (según datos del INE y el Ayuntamiento), superando la barrera histórica de los 8,5 millones de pernoctaciones anuales con una estancia media de 2,2 noches por visitante.

Pues bien, Sevilla cuenta con una sola línea de metro que cruza la ciudad de este a oeste. Una sola vía, sin ramificaciones ni nada que se le parezca, para un metro que, además, circula a bajísima velocidad. Los responsables políticos de todas las administraciones y colores —ineptos en este sentido desde hace más de cuarenta años— no han sido capaces de ponerse de acuerdo para hacer de Sevilla la ciudad moderna, en cuanto a transporte, que merecemos tanto quienes vivimos aquí como quienes nos visitan.

El único mérito destacable de este Ayuntamiento fue el impulso de la red de carriles bici bajo el gobierno de coalición del PSOE e IU, con Alfredo Sánchez Monteseirín y Antonio Rodrigo Torrijos a la cabeza. A pesar de convertir a Sevilla en un referente europeo de movilidad ciclista, el proyecto recibió críticas feroces. Aún recuerdo las palabras del ínclito Antonio Burgos insultando a los responsables del carril bici con argumentos tan variopintos como que ir en bici era cosa de "tiesos" o que aquello no tendría éxito. Este señor, ya fallecido, recibió el reconocimiento de Hijo Predilecto de Andalucía en 2020. No digo más.

Cuando viajas por Europa te das cuenta del enorme déficit que sufre Sevilla. Con nuestro volumen de población, el servicio de autobuses por sí solo, por muy bien que se gestione, es incapaz de cumplir su misión de forma eficiente. La estampa de esperar un buen rato en la parada para que, cuando llegue el bus, no pare por ir abarrotado, es una imagen típicamente sevillana que no se ve en ciudades de similares características. Esto es algo que los sevillanos debemos saber.

Recuerdo también aquellas excusas, supuestamente técnicas, que decían que el suelo de Sevilla era demasiado húmedo para una obra de tal magnitud. ¡Sí, eso decían! Basta viajar a ciudades europeas bañadas e incluso sumergidas en agua (Ámsterdam, Toulouse, Estocolmo o Copenhague) o recordar el Eurotúnel bajo el Canal de la Mancha para que esas excusas provoquen risa.

Vivimos tiempos donde la ecología es prioritaria. Lo dice la ciencia y lo padecemos los ciudadanos. Se restringe el acceso al centro de las ciudades para contaminar menos y se fomenta el transporte público. De hecho, en el centro y norte de Europa, el transporte es semigratuito para casi todos y, por supuesto, libre de coste para mayores, niños o personas con discapacidad. ¡No hay que irse lejos! En Dos Hermanas, a solo doce kilómetros, el bus urbano es gratuito para todo el mundo.

Sin embargo, en este contexto de siglo XXI, conciencia ecológica y fomento del transporte público, el Ayuntamiento de Sevilla, a través de TUSSAM, ha decidido no renovar el bonobús gratuito a las personas con discapacidad cuya renta familiar supere cierto umbral, incluyendo a personas con un 65% de discapacidad.

Mientras la tendencia europea camina hacia la gratuidad universal, aquí se le cobra billete a quienes más lo necesitan. ¿Quiénes usan el transporte público? Los trabajadores, los estudiantes, los mayores y quienes no pueden conducir. La gente con dinero que no quiere conducir utiliza el taxi. Por tanto, ¿a quién perjudica esta medida? … A los de siempre.

Fdo. Diego Bueno

martes, 27 de enero de 2026

HABLEMOS DE QUÉ ES Y QUÉ NO ES PENSAMIENTO CRÍTICO... ¡POR FIN!

 

Empiezo fuerte con esta afirmación: “La libertad de expresión protege a las personas, pero no la validez de lo que dicen”. Por ejemplo, ser terraplanista no es una opinión respetable por razones obvias. Somos libres de opinar lo que nos dé la gana pero, lógicamente, no todas las opiniones son respetables.

El pensamiento crítico consiste en someter las opiniones a una "criba". Desarrollar este concepto es fundamental hoy en día; estamos saturados de información y expuestos a opiniones no contrastadas que, en muchos casos, son puramente demagógicas.

Las personas demagogas apelan a los prejuicios, miedos y emociones del público (en lugar de a la razón) para ganar apoyo, presentando soluciones simplistas a problemas complejos. Es frecuente la creación de “relatos” y el uso de la desinformación para construir una versión interesada de la realidad que ignore los datos contrastados.

La pedagogía moderna, aplicada a todos los procesos de enseñanza-aprendizaje, no se entiende sin la estimulación del pensamiento crítico, tanto en el discente como en el propio docente. Pero ¡ojo!, no os equivocquéis ni permitáis que os confundan: el pensamiento crítico no consiste en "llevar la contraria", en querer ser distinto porque eso te hace parecer interesante o en ser escéptico ante todo. Consiste en actuar como un filtro de calidad para nuestra mente.

Puesto que el pensamiento crítico es una facultad inherente a la madurez, su fomento en edades tempranas se convierte en un vehículo esencial para acelerar el desarrollo personal y la autonomía de niños y jóvenes. Este proceso de analizar, evaluar y estructurar las ideas de forma objetiva se basa en varios pilares:

  1. Evaluación de la evidencia: ¿De dónde viene el dato? ¿Es una fuente fiable o un sesgo? No se trata de creer lo que queremos que sea verdad, sino lo que la prueba demuestra.
  2. Reconocimiento de sesgos: Admitir que todos tenemos prejuicios (sesgo de confirmación, de autoridad, etc.). El pensador crítico cuestiona sus propias creencias antes que las de los demás.
  3. Lógica argumentativa: Detectar falacias [1] (ataques personales en lugar de a la idea, generalizaciones apresuradas, falacia del “hombre de paja”, etc.).

La inteligencia crítica consiste en la capacidad de darse cuenta del error propio y cambiar de rumbo. Para finalizar, necesito dejar claras algunas pautas desde un punto de vista pedagógico:

Existe una confusión común entre "criticar" y "pensar críticamente". Aquí es donde muchas opiniones pierden su validez. Todo el mundo tiene una opinión, pero sin fundamento es solo ruido. El pensamiento crítico exige un esfuerzo intelectual de contraste; la libertad de pensamiento no es gratuita.

Por otra parte, están los escépticos radicales. Negar que el ser humano llegó a la Luna o que las vacunas funcionan no es ser "crítico", ¡es ser negacionista! El pensamiento crítico respeta los consensos científicos mientras no aparezcan pruebas mejores. También están quienes caen en el cinismo, creyendo que todo el mundo miente y nada tiene valor. El pensador crítico busca la verdad, no la destrucción de toda idea.

Por último, están quienes se toman el pensamiento crítico como un ataque personal. En un debate sano, se atacan los argumentos, nunca a la persona que los emite.

Espero haber aclarado alguna duda que pudiera existir.

Fdo. Diego Bueno


[1] En un próximo artículo os hablaré de las falacias. Un tema que me parece interesantísimo, ya que son uno de los principales enemigos del pensamiento crítico y se usan con demasiada frecuencia.

domingo, 25 de enero de 2026

HABLEMOS DE “¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON LAS DIFICULTADES DE CONCENTRACIÓN?” ... ¡POR FIN!

 


Estoy seguro de que el tema te interesa, pero en cuanto veas que se extiende más de media página, es probable que decidas no leerlo a pesar de tu interés.

Es evidente que nuestro estilo de vida supone ser una fábrica de preocupaciones y que cada vez nos cuesta más concentrarnos, tomar decisiones e incluso pensar. ¿Qué nos está ocurriendo? ¿Es esto normal? ¿por qué ocurre?, ¿cómo podemos mejorar nuestra capacidad de concentración? Lo voy a analizar paso a paso e intentaré ser directo y conciso para que no te diluyas y decidas no seguir leyendo:

Mantener una conversación fluida, rendir en el trabajo con cierta solvencia o, simplemente, tomar una decisión cotidiana por sencilla que parezca... En los últimos tiempos, estas acciones que antes dábamos por sentadas parecen costar un mundo. La frase se ha convertido en un mantra colectivo: «No puedo concentrarme, no sé qué me pasa». Y no es una exageración; parece que nuestra capacidad de atención se ha visto reducida a apenas unos ocho segundos de enfoque antes de que la mente salte a otra rama.

¿Es esto normal? ¿Estamos ante un problema grave? Lo primero que debemos hacer es serenarnos: el hecho de que sea un fenómeno compartido nos indica que no es un fallo individual, sino una respuesta a nuestro entorno. Vivimos en una atmósfera de angustia, exceso de información y una incertidumbre constante que nuestro cerebro, simplemente, no es capaz de procesar. El ruido —tanto el externo como el emocional— ha terminado por saturar nuestra maquinaria mental.

La trampa química: dopamina y algoritmos

Para entender por qué nos cuesta tanto soltar el móvil, hay que mirar bajo el capó de nuestra biología. Cada vez que recibimos un "like", un mensaje o simplemente hacemos scroll y encontramos algo nuevo, nuestro cerebro libera un pequeño "chute" de dopamina. Es el neurotransmisor del placer y la recompensa, el mismo que se activa con el juego o las adicciones.

Las grandes empresas tecnológicas no ignoran esto; al contrario, lo utilizan como base de su modelo de negocio. Saben perfectamente cómo funciona nuestra química cerebral y diseñan sus interfaces para que ese flujo de dopamina sea constante. Han convertido nuestras pantallas en máquinas tragaperras de bolsillo. No es que nos falte fuerza de voluntad por naturaleza, es que estamos compitiendo contra algoritmos diseñados por ingenieros y psicólogos para secuestrar nuestra atención y fragmentar nuestro tiempo. Nos han entrenado para la gratificación instantánea, y por eso, cualquier tarea que requiera esfuerzo y paciencia ahora nos resulta cuesta arriba.

La atención como motor de vida

A menudo cometemos el error de pensar que la atención es solo una herramienta para estudiar o trabajar. Sin embargo, como bien señalaba Daniel Goleman en su obra Focus, la atención es el activo psicológico esencial para el desempeño en la vida. Si no somos capaces de centrar el foco, nuestras relaciones se resienten y perdemos oportunidades de ser felices.

Pero hay algo más profundo: la atención es la forma más pura de amor. Cuando le dedicamos nuestra atención plena a otra persona, le estamos diciendo que su existencia es valiosa para nosotros. En un mundo que nos quiere dispersos, pararse a escuchar a alguien sin mirar de reojo la pantalla es un acto de generosidad inmenso. La atención es, en última instancia, lo que nos permite recordar qué es lo importante y dedicarle el tiempo que merece a quienes queremos.

¿Por qué nos cuesta tanto hacer "foco"?

Si analizamos las causas, nos daremos cuenta de que hemos construido un estilo de vida que es, por definición, enemigo de la concentración. Por un lado, tenemos la acumulación de tareas y el cansancio físico. Por otro, esa hiperconexión que mencionábamos, que actúa como un saboteador constante. Si a esto le añadimos el sedentarismo y la desorganización, el resultado es una mente errática. Y no podemos olvidar la ansiedad: estar constantemente preocupados por el futuro nos impide, por sistema, habitar el presente.

Estrategias para recuperar el mando

¿Qué podemos hacer para educar de nuevo a nuestra mente? No hay fórmulas mágicas, pero sí hábitos que funcionan:

1.        Fragmentar el tiempo: Trabaja en intervalos cortos, de unos 30 minutos. Saber que solo tienes ese bloque te ayuda a rendir al máximo. (En algunos sistemas educativos están empezando a plantearse la supresión de las sesiones de una hora sustituyéndolas por las de 30 minutos)

2.        Monotarea absoluta: Una sola cosa a la vez. Visualiza tu mente como una casa donde solo puedes recibir visitas de una en una. Si amontonas tareas y preocupaciones, la casa se vuelve inhabitable.

3.        La música como aliada: Como herramienta terapéutica, la música es excepcional para el enfoque. Ciertos ritmos, como la música barroca o los sonidos ambientales constantes (ruido blanco), ayudan a sincronizar nuestras ondas cerebrales y a crear un "muro sonoro" que nos protege de las distracciones externas. La música no solo amansa a las fieras; también calma la mente dispersa.

4.        El ajedrez y juegos de estrategia: La gamificación en las aulas y en las casas potencia y estimula la atención mantenida a la vez que permite la interacción constante entre personas. Adquirir habilidades sociales nos capacita para buscar menos ese aislamiento que nos deja en manos del skroll.

5.        Higiene emocional y desconexión: En tiempos de mucho ruido, busca el equilibrio. Apaga las notificaciones que no sean vitales. Recuperar el mando sobre cuándo miramos la pantalla es el primer paso para recuperar nuestra libertad mental.

Para concluir, debemos entender que decir «no puedo concentrarme» es hoy un signo de los tiempos. Nuestro cerebro está intentando sobrevivir en un mundo de una complejidad inédita para el que no está biológicamente concebido. La buena noticia es que recuperar el control es posible. Se trata de entrenar el enfoque día a día, entendiendo que donde ponemos nuestra atención, estamos poniendo nuestra vida. Hagamos que valga la pena. Cambiar actitudes es posible, aunque requiere entrenamiento, esfuerzo y constancia. Conocer el origen nos proporciona el motor que supone la motivación para intentarlo, hacerlo y conseguirlo.

Fdo. Diego Bueno


martes, 20 de enero de 2026

HABLEMOS DE LA NECESIDAD DE NECESITAR… ¡POR FIN!

 


En buena medida, nuestro malestar emocional viene determinado por esa incontrolable pulsión de "necesitar" cosas. Para empezar, debemos ser conscientes de que se trata, únicamente, de una creencia que forjamos en nuestro diálogo interno. Nos convencemos de que, para estar bien, es imperativo estar delgado, que llegue el viernes, ser el más inteligente, tener una agenda llena de amigos o poseer un coche mejor. Nos imponemos la obligación de tener pareja, un piso en propiedad, dominar idiomas, calzar esos zapatos de moda, ser extrovertidos o viajar sin descanso.

El problema reside en que muchas personas, si sienten que falla un solo eslabón de esa cadena infinita, se consideran un fracaso. Se sienten en la ruina emocional.

Sin embargo, las personas más fuertes y felices suelen ser aquellas que necesitan muy poco. En su diálogo interior se repiten, constantemente, que no precisan de grandes artificios para alcanzar el bienestar. Les basta con tener cubiertas las necesidades básicas y poco más. No dependen de lo material, ni siquiera de validaciones inmateriales constantes. Su narrativa es distinta: “No necesito que todo el mundo me trate bien todo el tiempo”, “tengo salud, tengo mucho más de lo que realmente requiero”. Son capaces de ver todo lo bueno que poseen y todo lo bueno que son; se aceptan y, desde esa aceptación, deciden mejorar aquello que es mejorable.

A veces, los árboles nos impiden ver el bosque. Por eso es tan recomendable apartarnos, tomar distancia y observar nuestra vida desde otra perspectiva. Lo único necesario para transformar nuestra visión es ser conscientes de su importancia y tener la voluntad de hacerlo. Y, si el camino se hace cuesta arriba, siempre podemos buscar ayuda profesional. Es fundamental entender que, por ejemplo, la dependencia emocional nace, precisamente, de necesidades de afecto y reconocimiento que no son reales, sino proyecciones de una baja autoestima.

La felicidad, al fin y al cabo, reside dentro de nosotros. Buscarla fuera no solo supone un gasto de energía innecesario, sino que nos condena a la impotencia y la frustración. El verdadero cambio nace del esfuerzo de introversión necesario para conocernos y mejorarnos.

Fdo. Diego Bueno

domingo, 30 de noviembre de 2025

HABLEMOS DE “MI NAVIDAD” … ¡POR FIN!


El renacimiento de la Luz o el Nacimiento del Sol son celebraciones que han tenido lugar durante siglos en torno al solsticio de invierno en las culturas paganas. De estas tradiciones, bebieron las religiones monoteístas posteriores, especialmente el cristianismo, que no hizo más que tomar lo que ya existía.

El solsticio de invierno marca el día más corto y la noche más larga del año. A partir de este momento, los días comienzan a alargarse, simbolizando la victoria de la luz sobre la oscuridad. Este evento natural fue interpretado por innumerables culturas como un momento de Renacimiento y Renovación: el nacimiento de un nuevo ciclo solar y el resurgimiento de la vida. En realidad, no es más que un canto a la esperanza, la promesa de que la primavera y la fertilidad volverán después del frío y la escasez del invierno.

La Iglesia Católica tomó el 25 de diciembre, día del Sol Invicto para los romanos del Imperio, más de 300 años después de la muerte de Jesús, como fecha de su nacimiento. De esta forma, al coincidir ambas festividades, se facilitaba la conversión al cristianismo, que era el objetivo. Las fechas, tanto del nacimiento como de la crucifixión de Jesús, se desconocen por completo. Sí, se confirma que nos engañaron a todos durante siglos.

No obstante, me quedo con lo bonito de la Navidad que, para mí, como ateo, significa el nacimiento, ¡no de una persona!, ¡no de un dios!, sino de la luz en su sentido más amplio, tanto literal como simbólicamente. Marca un punto a partir del cual cada día que pase tendrá más minutos de luz. Marca, asimismo, el inicio de un nuevo ciclo y significa un canto a la esperanza. Por eso ha sido siempre tan atractiva la Navidad, por eso adornamos con luces, por eso hacemos protagonistas a los niños como símbolo de la renovación, la esperanza y la alegría, por eso es un canto a la vida. Creo que los humanos, históricamente (y ahora no iba a ser menos), siempre hemos necesitado luz, esperanza y renovación.

Fdo. Diego Bueno.


lunes, 24 de noviembre de 2025

HABLEMOS DEL 25N... ¡POR FIN!

 

Vamos a ver si nos enteramos de una puñetera vez:

Voy a hablar muy clarito para que me entienda hasta la persona más torpe u obstinada.

¡LO QUE SE CONMEMORA EL 25 DE NOVIEMBRE ES EL DÍA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER!

¡No lo digo yo!, sino que esta fecha fue designada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2000 para denunciar la violencia que se ejerce sobre las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas en todos los países para su erradicación.

La violencia hacia las mujeres la ejercen hombres.

No se “celebra” el día contra la violencia de género ni tampoco el día contra TODAS las violencias de género (como lamentablemente he escuchado en muchos sitios últimamente).

El 25 de noviembre no es una celebración. No hay nada que celebrar respecto al machismo. Es un día de conmemoración, de reivindicación, de sensibilización.

Concretamente, el enfoque y lema de la campaña de la ONU para el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer y los 16 Días de Activismo (que van del 25 de noviembre al 10 de diciembre) de este año 2025 está centrado en la violencia en el espacio digital, ya que se trata de una amenaza creciente.

Se trata de abordar diversos tipos de abusos en línea, como el intercambio no consentido de imágenes íntimas, el ciberacoso, el troleo, las amenazas en línea, el discurso de odio, la desinformación en las plataformas, la suplantación de identidad y la vigilancia y control en línea.

Es verdad que en la sociedad española hemos avanzado mucho, pero igualmente queda mucho por hacer. A día de hoy el machismo es más sutil, más indetectable pero igualmente peligroso.

El machismo mata, el machismo viola, es la raíz de todo acto de desprecio y ofensa hacia la mujer, es homófobo y discrimina de manera sistemática, oculta las desigualdades, oculta lo femenino, relega a la mujer a ocupar un papel secundario y se esfuerza por controlar el discurso. Una de sus más significativas expresiones de control es, precisamente, el intento de vetar el uso del término “machismo” (“Lo que no se nombra, no existe”), buscando reducir su impacto a la simple denominación de “violencia de género”, eludiendo de paso, la discusión sobre su origen ideológico. No es únicamente un tema semántico.

Una de las características del machismo, y por consiguiente de los hombres y mujeres que lo perpetúan, es su defensa basada en la negación. Esta táctica busca eludir la crítica a la estructura de pensamiento (la ideología machista), reduciendo el problema a incidentes aislados o pretendiendo que la batalla por la igualdad ya ha sido, supuestamente, ganada.

Otra estrategia propia del machismo consiste en cambiar la semántica, sabedores de que el lenguaje es origen de ideas, incluso de forma subliminal. Un ejemplo claro es el uso de "violencia de género" en vez de "violencia hacia la mujer", con el objeto de equiparar todas las violencias. Esto llevaría al pensamiento de que no existe un problema estructural de machismo, sino de violencia en general.

Suele ser común, igualmente, negar o alterar los datos aterradores de la violencia machista hacia las mujeres para ralentizar, lo más posible, los avances feministas.

Quiero denunciar, igualmente, esa estrategia, tan machista como burda, que consiste en recalcar que los hombres y las mujeres somos diferentes y que por tanto no tiene sentido buscar la igualdad, como si las personas feministas no aceptáramos esa irrefutable ley natural que dice que hombres y mujeres somos diferentes biológicamente.

El machismo se derrama, invade y permanece en todos los ámbitos y contextos de la sociedad: Música, comportamientos, actitudes, humor, publicidad, lenguaje, relaciones, sueldos, puestos de responsabilidad, etc. El machismo nace, crece y se reproduce gracias a hombres y mujeres, pero las violencias machistas (sí, en plural) la ejercen hombres contra mujeres.

Os invito a descubrir cifras (por supuesto, cifras oficiales) tanto en España como en el resto del mundo.

Así que ya sabéis. ¡Lo que es, es!

Dejaos engañar, si eso os hace felices, pero al menos, no propaguéis el engaño.

Puedo admitir, incluso, que el término “feminismo” (comúnmente confundido con “hembrismo”) pueda inducir a error e incluso que quizás no sea el más afortunado si lo que se pretende es la igualdad de derechos y oportunidades, pero significa, precisamente, eso: “Eliminación de todas las formas de desigualdad y opresión derivadas del patriarcado.

Fdo. Diego Bueno

domingo, 16 de noviembre de 2025

HABLEMOS DE BUENOS MODALES... ¡POR FIN!

 


Educado/a, respetuoso/a, amable, cariñoso/a, compasivo/a, comprensivo/a, tolerante, cortés, considerado/a, cumplidor/a, afable, bondadoso/a, transigente, flexible, indulgente, atento/a, cordial, civilizado/a, humano/a, paciente... Todos estos adjetivos deberían calificar a aquellas personas que hacen gala de buenos modales.

Evidentemente, su adquisición y uso no son fáciles. Se requiere, como casi todo lo que nos hace crecer y mejorar, esfuerzo, entrenamiento y constancia.

Obviamente, llevan mucha ventaja quienes han adquirido estos hábitos desde pequeños. Se asimilan mediante las indicaciones de padres, madres, profesorado, etc., pero sobre todo mediante el ejemplo. No obstante, cuando alcanzamos a tener uso de razón (algo que no ocurre siempre por muchos años que se cumplan), está en nosotros mismos trabajar para adquirir buenos modales de comportamiento.

Aun así, podría haber alguien que se preguntara si merece la pena adquirirlos, pues ¿qué ventajas nos aportan los buenos modales? Para contestar a esta cuestión debo, antes, hablar de la educación y de su influencia en nuestro bienestar y en el de la comunidad.

Los buenos modales tienen que ver con la buena educación. Quienes tienen malos modales están mal educados e incluso se les suele llamar "maleducados".

La mala educación no es cuestión solo de niños ni de adolescentes. En nuestro día a día podemos ver reacciones inapropiadas y comportamientos poco éticos en personas con experiencia, en hombres y mujeres que, con sus malos hábitos, hacen muy complicada la convivencia.

Y es que esa es la clave: ¡la convivencia! Si no queremos estar y sentirnos solos, debemos convivir. Los malos modales son causa de preocupación para todas las personas que convivimos en cualquier contexto.

Preocupan incluso a quienes cometen faltas de educación, a veces, sin siquiera ser conscientes o quitándole importancia a las suyas propias y recalcando las de los demás. En el día a día, muchas personas van adquiriendo hábitos relacionados con la falta de respeto que, como mínimo, entorpecen la convivencia y minan las relaciones hasta límites insospechados, porque hablamos de empatía, de no hacer lo que no nos gusta que nos hagan, de tener en cuenta a los demás, de renunciar a cierto tipo de egoísmo corrosivo.

Gritar para hablar, entrometerse en vidas ajenas, interrumpir conversaciones, reírse de los demás, humillar, no respetar el mobiliario, no dar las gracias, estar más pendientes del móvil que de las personas que se tienen enfrente, dejar basura por la calle o en los carros de la compra, no respetar las colas, no dar los buenos días, invadir el espacio personal del otro, bloquear el paso en puertas o pasillos, no recoger los excrementos de las mascotas, masticar con la boca abierta o haciendo ruido, no taparse la boca al toser o estornudar, llegar tarde, no pedir permiso al coger algo que no es tuyo, no contestar a un saludo, no disculparse por hacer algo de esto, no silenciar el móvil en actos públicos o poner el altavoz o sacar fotos molestando a otros, mostrar desinterés mientras se habla con otros, bostezar sin taparse la boca, decir lo inoportuno u ofensivo sin que haya beneficio, etc.

La mala educación, los malos modales y la grosería generan lo que se conoce como dolor social. Fue la psicóloga Naomi Eisenberger, de la Universidad de California, quien llevó a cabo un estudio para analizar su impacto.

Se descubrió que este tipo de comportamientos tienen un impacto a nivel cerebral. No solo dificultan la convivencia, sino que, además, duelen, provocan estrés y rompen ese principio social que es el respeto, y que nuestro cerebro interpreta como significativo para sentirse bien, en calma y armonía.

Los malos modales tienen su origen en el narcisismo, ya que son propios de personas con falta de empatía que no suelen respetar los límites ajenos, pero también es característico de personas antisociales, de jefes que se extralimitan, de apegos desorganizados y, por supuesto, suelen tener base en una infancia y adolescencia en las que no ha habido límites adecuados.

Es cierto que la mala educación en la infancia y adolescencia termina volviéndose crónica en la edad adulta. Ello hace que tengamos adultos con nula resistencia a la frustración, con serias dificultades para ajustarse a las normas y habituados, además, a faltar el respeto a los demás.

Hay diversas características del modo de vida actual que favorecen la falta de buenos modales. Yo destacaría el refuerzo del individualismo y la competitividad (yo, yo y yo), el estrés provocado por el ritmo acelerado, que nos hace estar pensando en nuestras cosas sin prestar atención a los otros, vivir en grandes ciudades que nos aíslan y nos hacen sospechar de los demás, el exceso de soberbia y caracteres fuertes exigidos y vistos como algo bueno, etc.

Finalmente, contestando a la cuestión de por qué es bueno tener buenos modales, doy cuatro motivos cruciales:

1.                 Porque facilitan una convivencia pacífica y armoniosa que estimula la cooperación y la convivencia. Debemos tener en cuenta que somos seres sociales y los buenos modales, el respeto y la buena educación favorecen, claramente, interacciones más positivas y satisfactorias para todos.

2.                 Porque hace que las relaciones sean más sanas. Hay estudios que demuestran que la amabilidad es uno de los principales componentes de las relaciones duraderas y satisfactorias. La buena educación suaviza las conversaciones, muestra respeto y buena disposición; ayuda a que la otra persona se sienta apreciada y tenida en cuenta y fomenta una respuesta igualmente positiva. De este modo, es una buena base para construir vínculos sanos.

3.                 Los buenos modales, el saber estar y la cortesía nos ayudan a conseguir objetivos, nos abren puertas. Ya sabemos que es importante dar buena impresión. Si pedimos indicaciones a un desconocido en la calle, nuestra buena educación hará que esté mucho más dispuesto a ayudarnos. Pero, del mismo modo, una buena actitud en el puesto de trabajo puede ser clave para conseguir promocionar o avanzar en nuestra carrera.

4.                 Finalmente, aunque solo nos fijemos en la parte visible, no podemos olvidar que la educación es un conjunto de valores que rigen nuestra percepción y nuestro comportamiento. Ser educado es, en realidad, valorar a quienes nos rodean, respetarnos a nosotros y a los demás, ser humildes y agradecidos, contribuyendo a experimentar estados de ánimo más positivos.

A mi humilde entender, los buenos modales, la buena educación o el buen trato tienen mucho que ver con la gratitud. Pienso que deberíamos estimular más la gratitud en nuestros hijos e hijas, ya que predispone a las emociones positivas, reduce el riesgo de depresión, aumenta la satisfacción de las relaciones e incrementa la capacidad de recuperación frente a eventos estresantes de la vida.

¡Cuidemos los buenos modales! Todo lo que nos aportan, tanto individualmente como de forma colectiva, es positivo.

Fdo. Diego Bueno


sábado, 8 de noviembre de 2025

HABLEMOS DE SANIDAD PÚBLICA... ¡POR FIN!

 

HABLEMOS DE SANIDAD PÚBLICA... ¡POR FIN!

¡Imaginemos por un momento la sanidad pública que merecemos!

Hablo de esa que costeamos entre todos, esa que es un derecho fundamental de la ciudadanía y no un negocio.

Imaginemos que funcionase a pleno rendimiento, que estuviese bien gestionada, sin listas de espera vergonzosas, sin escatimar en personal (médicos/as, enfermeros/as, auxiliares) ni en medios técnicos. Una sanidad donde la atención fuera impecable.

Mi pregunta es simple: ¿quién, en su sano juicio, se haría un seguro privado?

¡Obviamente, casi nadie! Solo aquellos que busquen lujos superfluos o una atención hiper-exclusiva. El grueso de la población confiaría en el sistema público.

Me parece evidente: si la meta final es la privatización de la sanidad, la ruta más efectiva es el deterioro intencionado del servicio público.

¿Cómo se orquesta esto? Pues, precisamente, recortando en personal y en recursos, tal como se observa en las comunidades autónomas gobernadas por la derecha. Si albergas dudas, los datos, a pesar de sus intentos por manipularlos (algo que, por supuesto, están haciendo para evitar el levantamiento popular), siguen estando ahí. Solo se requiere un mínimo de capacidad crítica para discernir la verdad de la mentira.

Lo que no deja de asombrarme es la actitud del votante de derechas que no es rico, que a menudo cree a pies juntillas lo que le dicen. Es incomprensible que, aun padeciendo en carne propia los estragos del desmantelamiento (citas eternas, diagnósticos tardíos, errores fatales, mentiras de los responsables sanitarios), no se rebelen contra los gobiernos autonómicos.

Parece que el miedo a darle la razón a la izquierda pesa más que su propio bienestar. Hay que ser... ¿ingenuo?, ¿terco? Estamos hablando del bien más preciado que posee cualquier persona: ¡su salud!

Al final, la consecuencia es que nos vemos forzados a contratar un seguro privado que, a menudo, apenas cubre “cuatro cosas”. Estos seguros sirven, sobre todo, para que las consultas privadas estén ahora abarrotadas y para que los grandes empresarios de este sector se enriquezcan mientras los ciudadanos pagamos con dinero y salud.

¡HAY QUE SER NECIOS!

Como cualquier empresario, estos, montan un negocio con una única intención: ganar dinero, ¡Cuanto más, mejor! Lo hacen jugando, insisto, con lo más importante para todos nosotros ¡nuestra salud!

Se trata de un juego de suma cero donde nosotros siempre perdemos.

Fdo. Diego Bueno

sábado, 1 de noviembre de 2025

HABLEMOS DE AMBICIÓN DESMEDIDA... ¡POR FIN!


 

Adam Smith (1723-1790), considerado el padre del liberalismo económico dijo: "No es de la benevolencia del carnicero, cervecero o panadero de donde esperamos nuestra cena, sino de su preocupación por sus propios intereses." La catadura moral de este hombre, cuando lanzó tal barbaridad, todavía había de sufrir varios reveses hasta que se modelara. En mi opinión, lo moralmente reprochable en esa desafortunada cita es la reducción de toda acción humana a únicamente dos posibilidades: Caridad o egoísmo. Como si no hubiera otras formas de relacionarnos, de prosperar, de beneficiarnos del beneficio del bien común. Años antes se ve que le había dado por reflexionar más en profundidad y dejó salir ese resquicio de compasión, solidaridad y empatía que se le presupone a todo individuo de la especie humana hasta el punto que llegó a decir:  "Por muy egoísta que se pueda suponer al hombre, existen evidentemente en su naturaleza algunos principios que le interesan en la fortuna de los demás, y hacen que la felicidad de estos le sea necesaria, aunque no derive de ella nada más que el placer de contemplarla.". Se ve que, como les ocurre a muchas personas al envejecer, se volvió tremendamente egoísta hasta el punto de buscar excusas socialmente aceptadas para proponer un estilo de vida basado en la ley de la selva.

Como contraposición al liberalismo económico (padre del egoísmo desaforado actual) quiero citar a mi admirado Zygmunt Bauman (1925-2017), que fue un sociólogo y filósofo polaco-británico conocido por sus agudos análisis de la sociedad contemporánea. Su idea más importante y central es la "Modernidad Líquida", donde describe la volatilidad, la incertidumbre y la fragilidad de los lazos humanos y las estructuras sociales en el mundo globalizado y de consumo actual. Es eso que muchas veces decimos o pensamos acerca de que solo nos interesa la inmediatez, el placer fácil y rápido, lo efímero, los titulares, el morbo…

Las estructuras sociales, como el trabajo, la familia, la identidad, las relaciones y la comunidad ya no son fijas, sino que se han vuelto flexibles, volátiles y transitorias.

El cambio no es un medio para alcanzar un fin, sino un fin en sí mismo.

Hay una precariedad e incertidumbre constantes en la vida.

Las instituciones como el Estado, los sindicatos, los partidos políticos, etc, pierden su capacidad de anclaje.

En la gente joven o la que pretende serlo, las relaciones humanas se han vuelto frágiles, desechables y sin compromisos a largo plazo. En muchos casos están basadas en la búsqueda de la satisfacción inmediata y el miedo a "perder la libertad" o a ser dependiente.

El trabajo ya no es una carrera o un proyecto de vida, sino una serie de empleos temporales. El trabajador debe ser "flexible", adaptándose constantemente al cambio y viviendo con la amenaza de la obsolescencia y el desempleo.

La identidad se define por el consumo. La felicidad se reduce a la adquisición de objetos y los deseos deben ser satisfechos de inmediato. Esto genera una sociedad de "consumidores" y una constante sensación de insatisfacción disfrazada de instantes felices atrapados en una foto retocada.

Los miedos son difusos, globales (terrorismo, crisis climática, pandemias) e inmanejables por las instituciones tradicionales, dejando al individuo en un estado de ansiedad constante.

¡Claro que existe una ambición sana! Es esa que impulsa el progreso, la mejora personal y la creación de valor, sin embargo, en el contexto actual, particularmente en España, veo que hace tiempo que hemos traspasado la frontera de lo saludable. Observo una tendencia moral que se decanta, cada vez más, por un capitalismo salvaje que no solo tolera, sino que premia y normaliza la ambición desmedida, creando una sociedad moralmente decadente donde el fin (el beneficio) justifica cualquier medio.

La ambición capitalista reduce todo a un valor transaccional. Las personas se convierten en "recursos humanos" desechables. “Soy tu amigo/a solo en la medida en que me eres útil a mis intereses individuales”. La EDUCACIÓN, entendida como el proceso fundamental para la formación integral de la persona y la adquisición de valores morales y cívicos, pierde su esencia y su valor social.

Observo, igualmente, cómo esta presión por la productividad y el éxito material, impulsada por un sistema hipercompetitivo, contribuye a los problemas de salud mental cada vez más acusados y comunes. Considero que forma parte de un todo. Alimentación, forma de vida, valores etc. Esta ética capitalista, sin duda, deshumaniza e insensibiliza. Lo observo cada día en mi entorno, especialmente en la gente joven con la que tengo la fortuna de trabajar y compartir situaciones y confidencias.

El capitalismo salvaje lucha contra toda regulación que limite su capacidad de acumulación. No quiere pagar impuestos, no quiere derechos laborales, no quiere protección ambiental. Todo vale por dinero. Deja de haber límites. Las leyes se tuercen para favorecer a "los listillos de turno", no a la ciudadanía.

Con tal de mantener y aumentar sus beneficios sin límite, las grandes corporaciones y los ricos acuñaron, en los 80 lo que se vino en llamar “La teoría del goteo" , que sostiene que los beneficios económicos otorgados a las personas o empresas más ricas (recortes de impuestos, desregulación, etc) acabarán "goteando" o filtrándose hacia los más pobres, beneficiando a la sociedad en su conjunto. Bien pues la evidencia empírica y los estudios económicos modernos han desmantelado consistentemente esta teoría. La realidad observada es la concentración de riqueza, no su redistribución. Las ganancias obtenidas a través de recortes de impuestos a los ricos o grandes corporaciones se utilizan, en gran medida, para recomprar acciones, aumentar bonificaciones ejecutivas, o se depositan en paraísos fiscales, en lugar de invertirse en salarios o nuevas contrataciones. El dinero no "gotea" hacia abajo, sino que ¡se acumula en la cima!

La ambición desmedida es intrínsecamente individualista y erosiona los cimientos de la convivencia. Al priorizar el interés propio sobre todo lo demás, esta ambición destruye la cohesión social y la empatía.

El supuesto "éxito" medido únicamente en términos de dinero y poder, condena a las personas al fracaso en las relaciones personales y al deterioro del bienestar emocional, tanto a nivel individual como colectivo.

Esta dinámica tóxica genera un rechazo social instintivo. Cuando detectamos a individuos capaces de todo por alcanzar el beneficio a cualquier precio, la respuesta natural es el alejamiento. Nos retiramos para protegernos de su falta de escrúpulos y evitar la dolorosa sensación de ser utilizados. Se vive como una enorme tristeza porque en muchos casos sus actitudes vienen disfrazadas de amistad sincera.

Estamos sometidos a infinidad de trampas morales incluso en nuestros entornos más cercanos. Detectarlas nos ayudará a vivir más en paz.

El comunismo, aunque en su esencia teórica sea moralmente superior al capitalismo, no deja de ser utópico desde el momento en que se espera que los humanos actuemos como si no fuéramos humanos. Uno asume que vivimos en una sociedad capitalista y eso está muy bien. El problema no es el mercado, sino la falta de ética y la ausencia de regulación que permiten la deriva salvaje del sistema.

Debemos enfocarnos en educar para la empatía, la solidaridad y la responsabilidad social, forjando ciudadanos que canalicen su ambición hacia la creación de un valor que beneficie a la comunidad, y no solo al bolsillo propio.

Por supuesto, quienes persiguen un poder y una acumulación de riqueza extremos tildarán este esfuerzo de "adoctrinamiento". A quienes abogamos por una sociedad más justa, cohesionada y con conciencia social, nos etiquetarán despectivamente de "comunistas". A quienes nos posicionemos en contra de una evidente ambición desmedida nos llamarán conformistas, vagos, holgazanes o vividores de “paguitas”. Es la táctica de siempre: deslegitimar la ética mediante la polarización.

Ante esta ofensiva, es vital "luchar" con principios. Aunque quienes detentan el poder utilicen las "guerras sucias" (bulos, mentiras, extorsiones y compra de medios de comunicación), nuestra fuerza reside en la superioridad moral y en la cantidad. En una sociedad democrática, la mayoría consciente sigue siendo el valor fundamental y nuestra arma más poderosa contra la decadencia.

El capitalismo sin límites es una forma de analfabetismo emocional que nos insensibiliza y abre rendijas por las que se cuela sutilmente la extrema derecha y eso, como deberíamos tener claro, tiene consecuencias catastróficas.

Fdo. Diego Bueno

jueves, 23 de octubre de 2025

HABLEMOS DE SER UNO MISMO... ¡POR FIN!

 


La gran premisa para que podamos ser tal como realmente somos es conocernos a nosotros mismos. Esto nos permitirá vivir sin sesgos, sin prejuicios, sin exceso de condicionantes, sin tabúes que impidan, que maniaten o que limiten nuestra libertad, nuestra autonomía, nuestra autosuficiencia y nuestro desarrollo y crecimiento personal.

Desde que somos pequeños, la sociedad (la familia, la escuela, el grupo de amigos, las redes) nos ofrece un manual no escrito sobre cómo "deberíamos" ser. Nos enfrentamos constantemente a un dilema fundamental: vivir para contentar el guion ajeno o atrevernos a escribir el nuestro. Obviamente, ser uno mismo no es un destino de llegada fácil, sino un viaje, a menudo turbulento, de autoconocimiento mezclado con dosis de valentía. El primer paso, por tanto, es conocernos a nosotros mismos haciéndolo con la mayor honestidad posible, sin autoengañarnos y librándonos de las presiones socio culturales. Se trata de un paso que comienza en la preadolescencia y que, paradójicamente, requiere madurez, de ahí que no sea ni fácil ni rápido.

Por suerte, a día de hoy hay mucha más libertad y la sociedad hace gala de una heterogeneidad más acorde a la diversidad humana.

Todos los regímenes totalitarios, es decir, los que cercenan las libertades, tratan de homogeneizar las costumbres y las actitudes. Es lo que se conoce como pensamiento único u homogeneización forzada y que crea una moral social que se autorregula de forma que toda aquella persona que se salga de sus límites queda señalada y, por supuesto, marcada de por vida.

Debemos ser conscientes de que intentar ser uno mismo es una necesidad profunda. Como bien sabemos en el ámbito de la pedagogía, la autenticidad es la base sobre la que se construyen la autoestima, la resiliencia y, en última instancia, una vida con verdadero sentido. Es, por consiguiente, muy recomendable que haya autenticidad, es decir, una coherencia entre lo que sentimos, lo que pensamos y lo que hacemos.

Cuando abrazamos nuestra esencia, los beneficios son como esos dividendos incalculables que produce una buena inversión de tiempo y esfuerzo, tal como ocurre con la escritura terapéutica, por ejemplo.

Dejar de asumir un papel ajeno es una liberación, así como un antídoto contra el estrés, ya que pretender ser quien no se es requiere de un enorme esfuerzo y fatiga mental. Ser uno mismo nos permite procesar las propias emociones y gestionar nuestros miedos sin la pesada máscara de la aprobación social.

Es cierto que el camino no está libre de trampas. Ser uno mismo exige pensamiento crítico y una dosis de rebeldía, especialmente en tiempos de sobreinformación y presión social en redes.

Desde el patio del colegio hasta el foro digital, el mayor obstáculo al que nos enfrentamos si queremos acercarnos más a una versión nuestra más fiel a nuestra esencia es el miedo a ser señalados o rechazados. Nuestra necesidad evolutiva de pertenecer nos empuja a la conformidad, a la estandarización del pensamiento y a la aceptación de las consignas morales instauradas. En realidad, se trata de una versión social del "sesgo de confirmación": buscamos información (y aceptación) que refuerce lo que creemos que los demás esperan de nosotros.

Incluso cuando empezamos a ser auténticos, a veces nos asaltan las dudas, ya que se requiere la suficiente humildad para aceptar nuestras imperfecciones sin sentir que somos un fraude. Por otra parte, la autocrítica excesiva es una trampa mental.

Además, los mandatos familiares, profesionales o culturales ("una persona de tu edad debería...", "una persona de éxito hace...", “un hombre no llora en estas situaciones”, etc.) actúan como cadenas invisibles. Se requiere una labor consciente, propia de un proceso pedagógico, para desglosar, categorizar y desarticular esos mandatos y así poder ver lo que realmente queremos.

Las relaciones de todo tipo (de pareja, de amistad, laborales, etc.) se afianzan cuando aceptamos a las personas tal cuales son, de la misma forma que cuando nos aceptan tal cual somos. La paradoja es clara: para conectar de verdad, primero hay que mostrarse.

Una relación construida sobre una fachada es frágil, por eso quienes viven de la ostentación permanente o “del qué dirán” suelen tener muchos conocidos, pero pocos amigos/as de verdad y sus relaciones de pareja (las más íntimas y profundas) suelen durar menos. La autenticidad atrae a personas que valoran la persona real, no el personaje, fortaleciendo la empatía y la cooperación.

Compartir nuestro tiempo y nuestros distintos estados mentales, en el día a día, con personas que nos permiten ser nosotros mismos es un auténtico lujo, es una enorme fortuna. Es una puerta abierta de par en par a la felicidad. Si eres así de afortunado/a, cuida eso porque es oro puro.

Fdo. Diego Bueno

domingo, 12 de octubre de 2025

HABLEMOS DE POR QUÉ LA CLASE TRABAJADORA VOTA A LA DERECHA. ¡POR FIN!

 



Después de leer mucho, analizar las distintas realidades, procesar toda la información que considero fiable en estos temas y tras mis años de experiencia laboral, he conseguido llegar a estas conclusiones. Sin duda que no serán las únicas y por supuesto que todo es opinable en este tema, pero vuelvo a dejar aquí mi opinión sincera e imparcial en la medida en que soy capaz, partiendo de la base de que, por definición, ninguna opinión es objetiva.

El patrón histórico de la política occidental se basó durante décadas en una clara correlación: la clase trabajadora y los sindicatos eran la base electoral incondicional de los partidos de izquierda (socialdemócratas, laboristas, socialistas…), mientras que la derecha representaba a la burguesía y al capital. Sin embargo, en las últimas décadas, esta lealtad se ha roto. Desde el apoyo al Brexit por parte de zonas obreras en el Reino Unido hasta el voto a partidos de ultraderecha en Francia, Italia o aquí en España, la paradoja electoral es innegable. Este fenómeno es, en mi opinión, el resultado de varios desencadenantes: Una profunda crisis de identidad, una efectiva apelación emocional por parte de la derecha y un fracaso estratégico de la izquierda; Paso a analizarlo todo desde una triple perspectiva: Sociológica, psicológica e histórica.

Análisis Sociológico

La sociología electoral nos enseña que el voto está cada vez menos determinado por la clase económica y más por la identidad cultural y territorial. A mi modo de ver, la desestructuración económica de las últimas décadas ha jugado un papel crucial en este cambio. Me refiero a la desindustrialización y la globalización, que ha mermado el poder de la clase trabajadora tradicional. Las fábricas cerraron o se deslocalizaron (a día de hoy casi todo se fabrica en Asia), y los sindicatos perdieron influencia. El trabajador de mono de trabajo azul y empleo fijo fue reemplazado por el precario del sector servicios, el autónomo dependiente o el subcontratado.

Mientras que en 1970 el peso del sector industrial en el PIB de muchos países europeos superaba el 30%, hoy rara vez supera el 15-20%.

Esta transformación ha desmantelado el entorno social (barrio, fábrica, sindicato) que históricamente reforzaba la conciencia de clase y la lealtad a la izquierda. Puedo confirmar este dato con mi propia experiencia personal ya que donde yo vivo era el típico barrio obrero en el que todos sus habitantes trabajaban en la misma fábrica. En la actualidad, los trabajadores se sienten individualmente vulnerables, ya no sienten que forman parte de un colectivo fuerte.

Por otra parte, la izquierda moderna ha abrazado con fuerza las agendas progresistas centradas en la identidad (género, ecologismo, derechos LGTBI+), un cambio fundamental y necesario, pero que a menudo se percibe como ajeno o elitista desde ciertas zonas obreras más tradicionales o rurales.

La derecha, y sobre todo la ultraderecha, ha capitalizado este vacío, transformando el conflicto de un eje económico (Clase vs. Capital) a un eje cultural (Pueblo vs. Élite). Apelan a los trabajadores como "gente de orden" que se siente amenazada por la inmigración, la pérdida de soberanía o los cambios acelerados de valores. Como se puede observar, el foco se desplaza del salario a la seguridad cultural y nacional.

Análisis Psicológico

El voto a la derecha en la clase trabajadora es, a menudo, una respuesta emocional cargada de resentimiento y una búsqueda de control en un mundo percibido como caótico.

Las encuestas muestran que el principal temor de muchos trabajadores con empleo (pero bajo la amenaza constante de la precarización) no es la pobreza extrema, sino el descenso social. Temen perder su estatus y que sus hijos vivan peor que ellos. Este miedo se proyecta fácilmente hacia el "otro" que compite por recursos limitados, ¿y quién es ese otro? El inmigrante, el extranjero o la burocracia supranacional, por ejemplo, la comisión europea.

La derecha ofrece un discurso que promete protección y estabilidad, apelando al nacionalismo económico y a la mano dura contra la inseguridad percibida. No real pero percibida gracias a medios de comunicación que repiten constantemente mensajes que calan y provocan miedos en la población aunque no hayan datos que avalen esos miedos (okupas, independentistas, ladrones, islamistas etc.) Psicológicamente, la propuesta de "cercar" la nación y devolver el control es muy atractiva para quienes sienten que no controlan su propia vida económica.

Muchos trabajadores, además, utilizan su voto a la derecha como un voto de castigo contra el “establishment” político que, a su juicio, permitió la precariedad.

Aunque los partidos de derecha suelen representar a las élites económicas, logran proyectar una imagen de autenticidad al usar un lenguaje sencillo, directo y a menudo populista que valida las frustraciones de la calle. El resentimiento no se dirige solo contra los ricos, sino contra la "élite progresista", percibida como moralista e hipócrita, que habla de derechos sociales y ecología mientras ignora las hipotecas y las facturas. La derecha se posiciona hábilmente como la voz de la "gente corriente" contra los "intelectuales" y los "burócratas".

3. Análisis Histórico

La clave histórica para entender este transvase es, a mi modo de ver, la transformación ideológica y estratégica de los partidos de izquierda.

A partir de los años 80 y 90, muchos partidos socialdemócratas abrazaron la llamada "Tercera Vía", una estrategia que aceptaba o suavizaba gran parte del consenso neoliberal (globalización, liberalización, responsabilidad fiscal). Figuras como Tony Blair en Reino Unido o Gerhard Schröder en Alemania, buscaron atraer a las clases medias urbanas, pero al asumir la gestión de la economía capitalista con herramientas similares a las de la derecha (privatizaciones, recortes en el gasto social para controlar el déficit…), la izquierda erosionó su distinción programática en lo económico. Muchos trabajadores dejaron de ver a la izquierda como la defensora exclusiva de sus intereses materiales.

Simultáneamente, las estructuras tradicionales de la izquierda (sindicatos, asociaciones de barrio, etc.) perdieron penetración en los entornos obreros. La izquierda abandonó un lenguaje de clase fuerte, reemplazándolo por una retórica más universalista o centrada en los "nuevos movimientos sociales".

Este vacío retórico y organizativo fue ocupado estratégicamente por la derecha, que no dudó en utilizar la demagogia de la protección social (EEUU primero, los españoles primero, etc) y el discurso "anti-establishment" para ganarse la simpatía obrera.

En conclusión, según mi parecer, el voto de la clase trabajadora a la derecha es un síntoma de una profunda crisis de representación. No se trata de un voto a favor de las políticas económicas conservadoras (que les suelen perjudicar), sino un voto en contra de la precariedad, en busca de reconocimiento y por despecho hacia una izquierda percibida como ausente.

La batalla electoral ya no se define solo por la distribución de la riqueza, sino por el choque de identidades y valores. Para revertir esta tendencia, la izquierda necesita no solo defender sus propuestas económicas, sino también restaurar su conexión emocional y su autoridad moral entre los trabajadores que, ante la inseguridad económica, han priorizado el llamamiento a “la tribu”, el patriotismo y la promesa de un orden fuerte y seguro, ofrecidos con gran efectividad por la derecha. La derecha es conocedora de que en democracia siempre tienen las de perder (siempre hay más trabajadores que empresarios) así que debe hacerse un hueco entre la clase trabajadora. Nada mejor que apelar a las emociones. Patria, seguridad, tradiciones y resentimiento hacia las “izquierdas elitistas”. Hay que reconocer que se les da muy bien.

Fdo. Diego Bueno


miércoles, 8 de octubre de 2025

HABLEMOS DE CONSPIRANOICOS… ¡POR FIN!

 



Todos conocemos a alguien —en nuestro entorno o quizás algún personaje famoso— que cree que nos fumigan desde el cielo, que las vacunas son un plan de control mundial, que los medios de comunicación nos adoctrinan o que la verdad de las noticias reside en YouTube, TikTok, o en un foro digital. Aunque esto nos provoque risa o, quizás, rabia, detrás de esas creencias hay un cóctel psicológico, social y cultural que merece ser entendido.

No se trata de justificar, sino de determinar qué lleva a tantas personas a enfrentarse a siglos de método científico con la convicción de quien ha accedido a “la verdad” en un grupo de Telegram o en un vídeo de YouTube donde un orador se parece, más bien, a esos charlatanes de feria de toda la vida. La diferencia es que, a día de hoy, no venden ungüentos, sino ideas, en muchos casos, descabelladas. Se trata de gente que lanza afirmaciones rotundas, con una seguridad que seduce, apoyándose en imágenes sacadas de contexto (cuando no, falsas) y obviando todo aquello que no apoye su visión, por muy veraz que sea.

Lo primero que hay que decir es que los conspiranoicos no nacen. Se hacen. La conversión suele ocurrir en momentos de crisis, miedo o incertidumbre. Cuando el mundo se vuelve caótico, la mente busca orden. ¿Y qué mejor que una historia con buenos, malos y un plan secreto para explicarlo todo?

Suelen establecer una alianza ideológica con partidos de extrema derecha, con los que tienen en común el ofrecimiento de soluciones radicales, simples y rápidas a problemas complejos. Necesitan tener control. Las teorías conspirativas dan una falsa sensación de entender lo que pasa. Es más fácil creer que “todo está planeado” que aceptar que el mundo es, a menudo, complejo, caótico e injusto.

Estos individuos desconfían de autoridades, gobiernos, científicos y medios de comunicación; todos son sospechosos. Si alguna vez se sintieron traicionados o ignorados por el sistema, es más fácil pensar que todo lo oficial es una farsa.

Suelen sentirse superiores. Creer que uno tiene “la verdad oculta” confiere poder. El “yo sé algo que tú no sabes” les hace sentir especiales, únicos, “despiertos”, conectados y, por supuesto, más inteligentes y con más personalidad que el resto.

El sesgo de confirmación es brutal. Solo buscan información que refuerce lo que ya creen, descartando lo demás como manipulación.

Es verdad que existe una relación, en sus comportamientos, con la falta de educación, conocimiento y cultura, pero no es tan simple como decir “son ignorantes”. Hay gente con estudios que también cae en esto. Sin embargo, hay que reconocer que una personalidad radical mezclada con la falta de estudios forma el tándem perfecto para que germine la sensación de que el mundo está contra lo humano y que solo ellos, cual “supermanes” del siglo XXI, pueden salvarlo.

Por supuesto que existen patrones habituales como, por ejemplo, poseer una baja alfabetización científica. No entienden cómo funciona el método científico. Confunden hipótesis con hechos, y en muchos casos creen que la ciencia es una opinión más. Suelen tener déficits en pensamiento crítico, aunque ellos crean justo lo contrario, ya que no saben evaluar fuentes, distinguir evidencia de opinión ni detectar falacias.

Niegan hechos científicos porque la ciencia y los medios tradicionales no les dan lo que buscan: certezas absolutas, explicaciones sencillas y enemigos claros. Además, la ciencia cambia, y eso les parece sospechoso; no entienden que revisar y corregir es parte esencial del proceso científico.

El caldo de cultivo perfecto lo encuentran en las redes sociales. La sobreinformación (y desinformación) les hace dudar acerca de en quién confiar. Ahí refuerzan sus creencias y contactan con comunidades que los validan.

El terraplanismo queda para los más obnubilados, pero hay otros “clásicos” a los que esta gente se suele suscribir: “El hombre no llegó a la luna”, “nos fumigan desde aviones”, “vacunas con microchips”, “el 5G causa cáncer y controla la mente”, o el pasaporte COVID como forma de control social.

Respecto a las vacunas, hay toda una gama de barbaridades que dicen los antivacunas con total convencimiento, lo que hace que mucha gente, al escucharlas “de refilón”, adopte la peligrosa postura del miedo: el famoso “por si acaso”. Sus argumentos son variados: que provocan autismo, que tienen efectos secundarios a largo plazo, que ya no son necesarias ante enfermedades erradicadas, que la propia vacuna provoca la enfermedad, que la inmunidad natural es mejor, que contienen ingredientes tóxicos o que son una forma de control.

Es crucial señalar que la inmensa mayoría de la evidencia científica y médica global refuta estos puntos, afirmando que las vacunas son seguras, efectivas y una de las intervenciones de salud pública que más vidas ha salvado en la historia.

Otra mención especial es la del cambio climático. Hace unos años, el número de negacionistas era enorme. Los hechos, las evidencias científicas y la presión social hacen que poco a poco estos “sabiondos/desconfiados/imprudentes” vayan entendiendo el problema para, al menos, no entorpecer la buena labor de la gente concienciada.

Este fenómeno es aplicable a muchos temas en boga por culpa de una ultraderecha que, a base de bulos y consignas burdas, fomenta el negacionismo y el miedo. Negacionismo, por ejemplo, del machismo y en contra del feminismo; o el miedo a los “okupas” o a los inmigrantes como problemas generalizados. Si se les ofrecen datos estadísticos, los niegan diciendo que están manipulados, sin ofrecer ellos más que mensajes facilones para mentes simples. Ahí es donde triunfan, y siempre ha sido así.

Respecto al negacionismo y a los conspiranoicos, no se trata de burlarse ni de ignorarlos. Se trata de entender que detrás de cada una de esas personas hay una historia de miedo, desconfianza y necesidad de pertenencia. Como señala el filósofo y científico social Karl Popper en su concepto de la “sociedad abierta”, la desconfianza hacia las instituciones y la búsqueda de una verdad absoluta y simple son un refugio ante la complejidad y la incertidumbre de la vida democrática.

Eso sí, también hay responsabilidad. No podemos permitir que la ignorancia disfrazada de rebeldía se convierta en norma.

La ciencia no es perfecta, pero es lo mejor que tenemos para entender el mundo. Y si queremos que más gente la respete, hay que educar, comunicar mejor y, sí, también confrontar cuando toca.

Fdo. Diego Bueno


sábado, 6 de septiembre de 2025

HABLEMOS DE LA TÉCNICA FEYNMAN… ¡POR FIN!


 

HABLEMOS DE LA TÉCNICA FEYNMAN… ¡POR FIN!

La Técnica Feynman: El método que convierte lo complicado en simple

Lo prometido es deuda así que os cuento un poco lo que sé acerca del método de aprendizaje de este hombre.

Richard Feynman (1918-1988) , físico estadounidense y premio Nobel de física el año que yo nací, dejó más que teorías cuánticas: nos dejó en herencia un método de aprendizaje tan poderoso que hoy día se aplica en aulas, empresas y hasta en charlas TED.

No se trata de memorizar. Se trata de entender a fondo.

No se trata de demonizar la memorización, se trata de enfatizar el entendimiento integral y desde todos los puntos de vista, de cualquier texto.

Su regla de oro era simple: “Si no puedes explicarlo de forma sencilla, es que no lo entiendes lo suficiente.” Dicho por pasiva: ¡Procura entender y memorizar un tema, de forma que puedas explicarlo de forma sencilla e inteligible para la audiencia!

¿Cómo aplicar la técnica paso a paso?

1.   Elige un tema y escríbelo en una hoja. Es aplicable tanto a una teoría científica hasta un concepto de tu trabajo. Vale para cualquier tema y extensión.

2.   Explícalo como si hablaras con un niño de 12 años. Nada de tecnicismos. Si tropiezas, ahí está tu punto débil.

3.   Refuerza las lagunas. Vuelve a tus apuntes, libros o fuentes confiables y completa lo que no pudiste explicar bien.

4.   Refina la explicación. Léela en voz alta. Usa ejemplos o analogías. Si aún suena confusa, repite el ciclo.

¿Por qué funciona?

Porque obliga a pensar con claridad. No basta con repetir: hay que digerir la información y reconstruirla de manera que otros (y tú mismo) puedan entenderla.

Estudiantes la usan para exámenes. Profesores, para clases más efectivas. Empresas, para entrenar equipos y comunicar ideas complejas.

La Universidad de York probó su eficacia y concluyó: “Funciona, pero requiere esfuerzo.” ¡Pues claro que requiere esfuerzo! Es, precisamente el esfuerzo, el que nos ayuda a avanzar. La gracia está en que hay recompensas desde todos los puntos de vista.

La Técnica Feynman no es solo un método de estudio: es un antídoto contra la confusión. Transforma datos en conocimiento, y conocimiento en comprensión real. De hecho, los profesores y profesoras aprendemos, precisamente así: ¡Explicando!

Esta técnica, unida a otras metodologías activas[1] como la gamificación, aula invertida, aprendizaje basado en problemas o retos, aprendizaje por descubrimiento etc., nos proporciona enormes ventajas:

  • Se desarrolla el pensamiento crítico.
  • Se motiva al alumnado en su proceso de aprendizaje
  • El alumnado se convierte en un elemento activo y eje dentro del proceso del aprendizaje.
  • Se elimina la enseñanza basada en la memorización, aunque no se renuncie a ella del todo 
  • Se vinculan los intereses de los alumnos y alumnas con los contenidos académicos.
  • Se impulsa su autonomía en el proceso de aprendizaje
  • Se refuerza la participación, debate y cooperación.
  • Los estudiantes se vuelven personas más resolutivas.
  • Se mejoran las habilidades sociales y competencias comunicativas.
  • Se facilita el aprendizaje mediante la indagación, investigación y el descubrimiento.
  • Se favorece la retención de conceptos.
  • Los alumnos y alumnas desarrollan su propio criterio.

 

Fdo. Diego Bueno



[1] “Una Metodología Activa es un proceso interactivo basado en la comunicación profesor-estudiante, estudiante-estudiante, estudiante-material didáctico y estudiante-medio, que potencia la implicación responsable de este último y conlleva la satisfacción y enriquecimiento de docentes y estudiantes (López, F. , 2005)”

domingo, 17 de agosto de 2025

Hablemos de los beneficios de escribir…¡¡Por fin!!

 



HABLEMOS DE LOS BENEFICIOS DE ESCRIBIR... ¡¡POR FIN!!

Dedicar tiempo a la escritura es, sin duda, una de las decisiones más enriquecedoras que podemos tomar. Lo digo desde la experiencia personal más profunda e intensa, pero esta afirmación encuentra, asimismo, un sólido respaldo en distintos estudios psicológicos, pedagógicos y neurológicos que la corroboran.

Grandes autores, a lo largo del tiempo, han ensalzado las bonanzas de plasmar por escrito cualquier creación. Algunos ejemplos son:  Viktor Frankl, conocido autor de “El hombre en busca de sentido” (1946), libro que constituye una muestra de que plasmar por escrito situaciones tan adversas, nos ayuda a superarlas. De modo similar, escribir “Paula” (1994) supuso para Isabel Allende una ayuda para lidiar con el dolor por la muerte de su hija. Son casos en los que los escritos se realizaron tras pasar por esos duros momentos, pero también puede ser de utilidad durante la vivencia de los mismos, como es el caso del “Diario de Ana Frank” (1947).  Cuando le preguntaron a Saul Bellow cómo se sentía después de ganar el Premio Nobel de literatura en 1976, respondió: “No lo sé. Aún no escribí sobre eso”

En mi humilde caso particular, rememoro con cariño cómo, ya en mi temprana adolescencia, allá por la segunda mitad de los años 70, mis pensamientos encontraban refugio en las páginas de mi diario. Una costumbre que mantuve fielmente durante muchos años. ¿La razón? No hay una causa única o un motivo explícito que pueda señalar con precisión. Simplemente, experimentaba una sensación de profundo bienestar cuando plasmaba en el papel todo aquello que mi mente barruntaba; a la vez, una singular seguridad me envolvía al releer lo escrito con anterioridad. Era, para mí, una auténtica vía para el autoconocimiento, un espejo en el que mi alma se reflejaba.

En aquellos tiempos, mis ideas tomaban forma sobre el papel con la sencillez de un humilde bolígrafo. Aunque nunca dejé de escribir del todo, mi afición se intensificó de manera notable cuando, allá por el año 2004, adquirí mi primer ordenador. La irrupción de los procesadores de texto fue una revelación, facilitando enormemente el acto de escribir y liberando un caudal de creatividad. Fue a partir de ese momento cuando mi pluma (ahora digital) se volvió mucho más prolífica.

Con el inexorable paso del tiempo, y gracias también a una formación pedagógica cada vez más sólida y enriquecedora, fui comprendiendo la magnitud de las ventajas que la escritura nos ofrece desde múltiples perspectivas. Un cúmulo de beneficios que, sin duda, transforman nuestra manera de ver y experimentar el mundo.

No solo nos dota de herramientas para organizar nuestros pensamientos y manejar nuestras emociones, sino que también nos capacita para comunicarnos de manera más efectiva y nos permite prosperar en un mundo interconectado. Yo lo veo como una especie de inversión personal que produce dividendos incalculables en todas las facetas de la vida, sobre todo en nuestro bienestar y desarrollo personal.

Desde un punto de vista cognitivo, la escritura es un gimnasio para el cerebro. Al escribir, ejercitamos múltiples funciones cognitivas que, con el tiempo, se fortalecen y refinan.

La escritura nos obliga a estructurar nuestras ideas de forma lógica y coherente. Aquello que en nuestra mente puede ser un torbellino de pensamientos inconexos, al ser escrito, debe ser desglosado, categorizado y presentado de manera comprensible. Esto mejora nuestra capacidad para pensar con mayor claridad en cualquier situación. No recuerdo quien dijo que escribir es organizar ideas, pero no pudo estar más atinado/a. Digamos que facilita acudir al debate ya con los deberes hechos porque nos ayuda a procesar mejor toda la información que nos llega. Vivimos tiempos de sobreinformación, por tanto, en mi opinión, necesitamos actividades que requieran tiempo, tranquilidad, calma y que nos ayuden a ordenar ideas.

El acto de escribir refuerza la retención de información. Cuando tomamos notas, resumimos textos o incluso escribimos sobre lo que hemos aprendido, activamos procesos de consolidación de la memoria que profundizan nuestro entendimiento y hacen que la información sea más accesible en el futuro. En mi caso, yo he sido siempre de los que han estudiado/memorizado escribiendo y reconozco que me ha dado siempre buenos resultados.

Al articular nuestros argumentos por escrito, nos vemos obligados a examinar nuestras propias ideas, identificar posibles lagunas lógicas y considerar diferentes perspectivas. Sin duda, esto fomenta una actitud más analítica y reflexiva ante la información y los problemas, es decir, activamos el deseado pensamiento crítico.

Cuanto más escribimos, más exponemos y utilizamos nuevas palabras y estructuras sintácticas. Este proceso natural enriquece nuestro vocabulario y perfecciona nuestra gramática, haciendo que nuestra comunicación sea más precisa y elegante.

Escribir sobre un problema suele ayudarnos a verlo desde una nueva perspectiva. Al desglosar el problema en sus componentes escritos, a menudo descubrimos soluciones o enfoques que no habíamos considerado previamente.

Desde el punto de vista de los beneficios emocionales y psicológicos, la escritura es también una poderosa herramienta, ofreciéndonos un espacio seguro para la introspección y la expresión. Tal como veíamos antes, al actuar como un "diario de desahogo", la escritura permite externalizar preocupaciones, miedos y frustraciones. Ponerlos por escrito alivia la carga mental y es algo similar a una sesión de terapia personal. Es una forma eficaz de procesar emociones difíciles que produce mejoras en nuestra carga de estrés y ansiedad.

Al escribir sobre nuestras experiencias, sentimientos y reflexiones, nos conectamos más profundamente con nuestro mundo interior. Podemos identificar patrones de comportamiento, comprender mejor nuestras motivaciones y valores, y reconocer áreas para el crecimiento personal.

Desde la perspectiva de la psicología positiva, impulsada por mi admirado Martin Seligman, llevar un diario de gratitud, donde anotamos aquello por lo que estamos agradecidos, nos ayuda a cambiar nuestra perspectiva y a entrenar nuestra mente para enfocarnos en lo positivo y eso incluye una mejora en nuestro estado de ánimo general.

Para muchas personas (empezando por mí, por supuesto), la escritura es una vía liberadora para procesar experiencias traumáticas o el dolor de una pérdida. Permite confrontar y articular sentimientos complejos en un entorno controlado, facilitando el camino hacia la sanación.

Además, completar un escrito, ya sea un ensayo, un poema o una historia, genera una sensación de logro y competencia. Ver nuestras ideas materializadas en palabras refuerza la confianza en nuestras capacidades.

Desde el punto de vista de los beneficios sociales y profesionales, los efectos de la escritura impactan también en nuestras interacciones sociales y nuestro desarrollo profesional.

Una persona que escribe regularmente tiende a comunicarse de manera más clara y persuasiva, tanto de forma escrita como verbal. Esta habilidad es de un valor incalculable en cualquier relación personal o profesional.

En el entorno laboral actual, la capacidad de escribir informes claros y estructurados a la vez que complejos, así como presentaciones convincentes, es fundamental. La escritura de calidad es un diferenciador clave desde un punto de vista profesional.

Al intentar escribir desde diferentes perspectivas o desarrollar personajes, podemos ejercitar nuestra capacidad de entender y sentir lo que otros experimentan, fortaleciendo nuestra empatía.

La escritura nos permite dejar un registro de nuestras ideas, experiencias y conocimientos. Ya sea para nuestra familia, nuestra comunidad o las futuras generaciones, la escritura es un medio poderoso para compartir y preservar aquello que consideramos valioso.

Sin más, lo único que me queda es animar a todo el mundo a escribir. En papel con bolígrafo, con un teclado o incluso en el móvil. Recuerda:

¡No necesitas ser un genio ni un profesional! ¡Escribir es para ti, para tus ideas, para tu bienestar! ¡Es tu espacio, sin juicios! ¡La escritura es tu válvula de escape! ¡Te ayuda a procesar emociones, reducir el estrés y conocerte a un nivel más profundo! ¡Es tu confidente!

Empieza, si quieres, con 5 o 10 minutos al día. No hay reglas, solo exprésate libremente. El papel en blanco es una oportunidad, no un desafío. ¿Por dónde empezar? Prueba un diario de gratitud, escritura libre sobre lo que sea que sientas, o anota tus sueños y preocupaciones.

Fdo. Diego Bueno Linero


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