Nunca dejas de ser tú. Es
importante partir de la base de que aquí hablamos de "moldear",
no de cambiar radicalmente nuestra esencia. Los cambios extremos no son
posibles ni aconsejables; sin embargo, todos somos conscientes de que, con el
paso de los años, dejamos de ser quienes éramos.
Al superar los 30 años, ya no eres la
misma persona que a los diecisiete. Biológicamente, la mayoría de las células
de tu cuerpo se han renovado y tus conexiones interneuronales, aunque mantienen
una base común, se han reconfigurado. Dada su asombrosa complejidad, esas redes
ya no son las mismas: son el mapa de lo aprendido y lo vivido. Partiendo de
esta premisa, te explico cómo moldear tu mente para afrontar la vida con mayor
positividad y, por consiguiente, con más probabilidades de alcanzar un estado
de felicidad.
Así funciona nuestro cerebro, a grandes
rasgos
En el proceso de aprendizaje, está
plenamente demostrado que una alta motivación, sumada a la repetición
de acciones, da resultados asombrosamente rápidos y positivos.
Debes tener claro que tu cerebro está
diseñado para cambiar y adaptarse al entorno en función de tus vivencias. Tus
experiencias de vida tejen nuevas conexiones interneuronales, pero hay algo
fundamental que debes saber: para tu cerebro, ¡tus pensamientos también
cuentan como experiencias!
Al cerebro no le importa si recibe información del entorno físico o de tu imaginación.
¡Lo que te ocurre y lo que piensas acerca de lo que te ocurre tienen el mismo peso neurológico!
Si tienes
pensamientos recurrentes, estos terminarán convirtiéndose en rasgos neuronales.
Dicho de otra forma: la repetición de pensamientos hace que se integren en tu
red neuronal y se consoliden las sinapsis. Esto provoca que, ante un mismo
estímulo, sea mucho más probable que sigas pensando lo mismo y sintiéndote de
la igual forma.
Por ejemplo, si tienes pensamientos
perturbadores sobre tu familia o tu trabajo que te generan irritación y
frustración, terminas integrando esos estados en tu red. Si esto ocurre de
forma repetitiva, creas una relación neuronal a largo plazo con esos estados de
ánimo desagradables. Esto se conoce como "neuroplasticidad dependiente
de la experiencia". Es un riesgo para quienes no gobiernan sus
procesos mentales, ya que genera la sensación de estar a la deriva, controlados
por pensamientos poco "amables" que derivan en comportamientos
erráticos, dubitativos o temerosos.
La buena noticia es que, si deseas
tomar el control, la neuroplasticidad es tu gran aliada. Puedes aprender a
influir voluntariamente en tus procesos mentales, estimulando tu maquinaria
neuronal para cultivar estados positivos, sentimientos edificantes y conductas
alineadas con la vida que deseas.
Afirmaciones positivas: El lenguaje del
cambio
La repetición de afirmaciones positivas
te ayuda a acomodar rutas neuronales que te sacarán de la negatividad y la
angustia, permitiéndote vivir de forma más expansiva.
Las afirmaciones son una forma de autosugestión
que activa estados mentales constructivos y calma la reactividad en las zonas
límbicas (encargadas de las reacciones de lucha o huida). Cuando las sostenemos
en el tiempo, se instalan en nuestro cerebro como fortalezas internas. No son
mágicas ni cambian la realidad exterior por sí solas, pero transforman nuestra percepción
e interpretación de la misma. Al reemplazar la negatividad por nueva
información, rompemos las barreras que el pesimismo impone en nuestro día a
día.
Cómo practicar las afirmaciones
positivas
Para que el moldeado neuronal sea
efectivo, te sugiero seguir estos cuatro pasos:
1. Identifica qué áreas de tu vida
quieres mejorar No intentes cambiarlo todo a la vez.
Elige un área específica: salud, relaciones, propósito profesional o paz
mental.
2. Crea una afirmación en positivo y en
presente El cerebro procesa mejor lo que ocurre
"aquí y ahora". Evita el "no" y el futuro. Algunos
ejemplos:
- "A pesar de los retos, encuentro
soluciones creativas y eficaces en mi vida cotidiana".
- "Tengo todo lo necesario para
cumplir mis objetivos; mi sabiduría interior me guía".
- "Asumo y acepto los cambios,
adaptándome con fluidez a las nuevas circunstancias".
3. Dota de emoción a la palabra Una
afirmación sin emoción es solo una frase vacía. Para que la sinapsis se
consolide, debes sentir la verdad de lo que dices mientras lo
pronuncias. Imagina la sensación de alivio, alegría o seguridad que esa
afirmación te aporta. La emoción es el "pegamento" que fija la nueva
conexión neuronal.
4. Establece una rutina de repetición
consciente La neuroplasticidad requiere
constancia. Dedica unos minutos al despertar o antes de dormir para repetir tus
afirmaciones. No lo hagas como un autómata; hazlo con presencia. Con el tiempo,
notarás que tu cerebro deja de esforzarse por ser positivo y empieza a serlo de
manera natural, porque habrás creado una nueva "autopista" mental.
Nota final: Tu
cerebro es arcilla en tus manos. No eres víctima de tu genética ni de tu
pasado; eres el arquitecto de tu próxima conexión neuronal. ¡HÁBLATE BIEN!
Fdo. Diego Bueno