jueves, 12 de febrero de 2026

HABLEMOS DE JUEGOS MENTALES… ¡POR FIN!

 

El juego: El motor de la mente en todas las etapas de la vida

Suelo decirles a mis alumnos y alumnas que un examen no es más que un juego; un reto con un objetivo claro que, abordado con la actitud adecuada, puede resultar incluso divertido. Esta premisa, que a veces les choca, tiene un sólido respaldo científico: el juego es el mejor aliado del desarrollo cognitivo.

Tradicionalmente, hemos asociado esta actividad a la infancia, etapa en la que resulta imprescindible para la maduración de procesos como la percepción, la memoria, el lenguaje y la estructuración del pensamiento. Su magia reside en la capacidad de simular la realidad, ofreciendo un escenario idóneo y seguro para cometer errores y aprender de ellos a través de la práctica. Si jugar es gratificante por sí mismo y pensar es el mejor ejercicio para nuestro cerebro, ¿qué puede haber mejor que realizar ambas actividades a la vez?

Un lenguaje universal: del patio de recreo a la madurez

Sin embargo, el juego no es un patrimonio exclusivo de la niñez. Su relevancia no se desvanece con los años, sino que evoluciona hasta transformarse en un baluarte de salud y bienestar para todas las etapas de la vida:

  • En la edad adulta y la vejez: Actúa como un verdadero "gimnasio cerebral". Participar en retos mentales ayuda a mantener y expandir la reserva cognitiva, funcionando como un escudo protector frente al deterioro neurodegenerativo. Jugar en la madurez no es una distracción banal; es una herramienta de prevención que mantiene encendida la chispa de la curiosidad.
  • En la salud mental: Para quienes atraviesan procesos de enfermedad, el juego ofrece un espacio de seguridad y estructura. Ayuda a canalizar la ansiedad y mejora la autoestima mediante la consecución de pequeños logros, sustituyendo los pensamientos intrusivos por el enfoque y la gratificación del reto superado.
  • Como herramienta social y humana: El juego es el puente más corto entre dos personas. Fomenta la empatía, nos enseña a negociar y nos obliga a mirar a los ojos del otro. En un mundo cada vez más digital y aséptico, el juego presencial nos devuelve nuestra esencia más colaborativa.

Un asunto de "Estado Mental"

Jugar es, por tanto, un asunto muy serio. Al jugar nos empleamos al máximo, manifestamos nuestro afán de superación y ponemos en práctica todos nuestros recursos para alcanzar la meta. En este contexto, nos permitimos reconocer nuestros límites y capacidades con un margen de error que otras actividades de la vida no perdonan, lo que fortalece nuestro autoconcepto.

Pero no nos engañemos: el juego requiere un esfuerzo nada despreciable. No se disfruta igual una victoria lograda con sudor que una regalada por el adversario. El éxito sin esfuerzo no produce el placer deseado, y sin ese placer, el juego deja de ser atractivo. Para triunfar necesitamos concentración, perseverancia y paciencia.

En definitiva, no dejamos de jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar. El juego es una medicina preventiva sin efectos secundarios que debería estar presente en el "botiquín" de cualquier hogar, independientemente de la edad de sus habitantes. Aceptar sus retos es, sencillamente, la mejor forma de seguir aprendiendo.

Las competencias cognitivas: Nuestra caja de herramientas

Nuestras competencias mentales están estructuradas en cuatro niveles esenciales que debemos activar para resolver cualquier desafío:

  1. Pensamiento Comprensivo: Es la capacidad de entender correctamente la información recibida. Incluye operaciones como clasificar, analizar, sintetizar y descubrir el "porqué" de las cosas. Es la fase crítica de cualquier examen o juego mental: sin comprensión, la resolución es imposible.
  2. Competencias Críticas: Nos sirven para evaluar la información e investigar la fiabilidad de las fuentes. Interpretan causas y predicen efectos. Tras entender los datos, debemos analizarlos con rigor antes de ponernos a trabajar.
  3. Competencias Creativas: El pensamiento creativo nos permite alumbrar ideas, establecer relaciones inéditas, producir imágenes o crear metáforas. Es el paso definitivo hacia soluciones ingeniosas.
  4. Competencias Complejas: Aglutinan las tres anteriores. Abarcan desde la captura de la información —a veces encriptada en un enunciado— hasta el planteamiento estratégico, la resolución y la necesaria comprobación final.

Tipología del desafío

Para entrenar nuestra mente, podemos distinguir seis grandes áreas de juego:

  • Cálculo matemático e inteligencia numérica.
  • Capacidad, razonamiento lógico y agilidad mental.
  • Estrategia y paciencia.
  • Memoria y observación.
  • Inteligencia verbal y comunicación.
  • Enigmas y juegos mentales puros.

El arte de resolver: Estrategias y "consejillos"

A menudo, el fracaso ante un problema matemático o un examen se debe a tres errores comunes: pensar que se pide algo que no se pide, ignorar información vital o creer haber leído algo que el enunciado no dice.

Para evitarlo, aquí os propongo algunas estrategias que siempre comparto con mis estudiantes:

  • Lectura pausada: Lee atentamente el enunciado. No te precipites; asegúrate de haber captado cada detalle antes de empezar.
  • Visualiza el problema: Toma notas, haz esquemas o dibujos. El registro visual ayuda a "ver" la solución donde antes solo había palabras.
  • Sé sistemático/a: Busca información adicional si es necesario y conecta el ejercicio con experiencias similares que hayas tenido antes.
  • Actitud positiva: Cada ejercicio es un reto. No "tires la toalla" al primer obstáculo.
  • El valor del ensayo-error: Prueba, escribe, tacha y vuelve a escribir. Los errores no son fallos, son experiencia acumulada.
  • Creatividad y sentido común: Atrévete con métodos insólitos o extraños. Deja que fluyan las ideas; alguna será la llave maestra.
  • El reposo del guerrero: Si el bloqueo persiste, deja "descansar" el problema y retómalo más tarde con una mirada fresca.
  • La prueba del algodón: Una vez hallada la solución, comprueba que se ajusta al enunciado. Y, lo más importante: explícalo a otra persona. Solo cuando eres capaz de explicar el proceso paso a paso, puedes estar seguro de que lo has comprendido a fondo.

Aprender del error: Una filosofía de vida

Decía Bertrand Russell: «¿Para qué repetir los errores antiguos habiendo tantos nuevos por cometer?». Esta frase refleja la importancia de no temer a la equivocación. Hay errores fruto de la inexperiencia o la impaciencia, y otros que nacen de respuestas automáticas sin atender al enunciado.

Recordemos a Einstein cuando afirmaba que «quien no haya cometido un error es que nunca ha intentado algo nuevo», o a Tagore advirtiéndonos que «si cierras la puerta a todos los errores, la verdad quedará fuera». No hace falta ser un profesional de las matemáticas para resolver un problema complejo; basta con ser una persona despierta y servirse del ingenio.

A modo de conclusión

El juego es un instrumento de aprendizaje tan legítimo y valioso como cualquier otro. Es necesario subrayar esto porque todavía arrastramos la herencia de la educación de la Revolución Industrial: aquel modelo que no buscaba el crecimiento integral de la persona, sino que se limitaba a formar mano de obra dócil y útil para las fábricas. En ese contexto, el juego tenía "mala prensa"; se consideraba una actividad carente de seriedad.

Por desgracia, este complejo aún subyace en buena parte del profesorado. Sin embargo, la pedagogía práctica que implementamos día a día en las aulas demuestra con total nitidez que el juego es un pilar fundamental del aprendizaje. Dado que la capacidad de aprender es una de nuestras características más humanas y nos acompaña durante toda la existencia, el juego se revela como un aliado excepcional que, además, nos proporciona bienestar emocional.

Debemos superar complejos y tabúes; es hora de perder el miedo a jugar y ser plenamente conscientes de las ventajas que nos ofrecen los diversos tipos de desafíos lúdicos.

Deberíamos transmitir con mayor ahínco a los jóvenes que razonar de forma entretenida reduce el "coste" del aprendizaje. A través de la lúdica, adquirimos competencias, capacidades y actitudes que, de otro modo, resultarían mucho más difíciles de alcanzar. Una vez salvados los obstáculos, pasar de la incertidumbre a la habilidad de resolución genera una sensación gratificante y altamente estimulante para nuestro cerebro.

Así pues, no demos una importancia excesiva a los fallos. Mantengamos una actitud positiva y, sobre todo, no dejemos nunca de jugar.

Fdo. Diego Bueno


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