El hecho de que hoy cualquier
persona tenga acceso inmediato a información de toda índole supone, a mi
juicio, un hito sin precedentes en la historia de la humanidad. Al igual que lo
fueron la invención de la escritura, la creación del alfabeto fonético, la
imprenta, la Revolución Científica, la Enciclopedia del siglo XVIII, la escuela
pública, la radio, la televisión y, finalmente, el protocolo TCP/IP e Internet.
Antes de la red, existía la
excusa de que el acceso a la cultura era un privilegio. Hoy, esa excusa se ha
desvanecido. Quien no se culturiza, quien no aprende o no intenta comprender el
mundo en el que vive, es, sencillamente, porque no le interesa. Y ese es mi
gran desconsuelo, mi frustración y mi impotencia: ver cómo un enorme sector de
la población, teniendo el saber al alcance de un clic y de forma gratuita,
decide ignorarlo.
Digo yo que qué menos que conocer
lo básico. No hablo de poseer un doctorado, sino de entender las leyes físicas
que nos sostienen, las fórmulas matemáticas elementales o las normas de
ortografía que nos permiten comunicarnos con dignidad. Es necesario poseer un
lenguaje fluido, tener nociones de geografía e historia, y comprender
mínimamente cómo se comporta el ser humano y cuáles son las normas de
convivencia que nos permiten vivir en sociedad.
En este contexto, recomiendo
encarecidamente visitar, al menos una vez, el Parque de las Ciencias de
Andalucía, en Granada. Es un espacio divertido e interactivo, diseñado tanto
para niños y niñas como para adultos y mayores. No deberíamos pasar por este
mundo sin conocer las leyes de la naturaleza que nos rigen.
Entender nuestro entorno (lo
humano, la vida, la naturaleza o el universo), desde lo más simple a lo más
complejo, te hace sentir mejor. Te otorga criterio, te despierta la curiosidad
y te hace apasionarte por la vida hasta el punto de amarla, si cabe, todavía
más.
Fdo. Diego Bueno
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