lunes, 4 de mayo de 2026

Hablemos de hartazgo en Andalucía... ¡por fin!

 

Algunos ya estamos hasta los cojones de ser el culo de España, el escenario perpetuo de la charanga y la pandereta. Hartos de ser siempre los "graciosos" y el hazmerreír oficial, mientras soportamos los peores datos en educación, sanidad, empleo y vivienda. Nos falta inversión, nos falta progreso y nos falta investigación, pero nos sobra condescendencia ajena.
Estoy harto de tradiciones arcaicas y de señoritos de cortijo; de chulos a caballo y empresarios explotadores, pero también de trabajadores marmotas: callados, conformistas y sumisos a un rol de clase que no les pertenece. Me quema que la incultura y el analfabetismo funcional nos conviertan en una sociedad dócil, completamente manipulable por quienes nos quieren así, anestesiados. Me indigna la naturalidad con la que se acepta el desmantelamiento de la sanidad pública, obligándonos a recurrir a la privada sin que rechiste ni Dios. Con esa misma pasividad se paga una educación privada, asumiéndolo como un destino irremediable. Me asombra la impunidad con la que permitimos que la avaricia de los de siempre destruya Doñana, o cómo ignoramos la falta de educación de quienes ensucian nuestras calles tras cualquier evento, la falta de ética de las empresas que contaminan y explotan a los trabajadores y la ausencia total de escrúpulos ante el maltrato animal en esa Andalucía profunda que se niega a despertar.
Estoy hasta los mismos de ver cómo en otras zonas de España tienen más servicios o sueldos más altos por el mismo trabajo. Yo vivo en una ciudad, pero basta darse una vuelta por cualquier pueblo de Andalucía para comprobar el atraso, en todos los sentidos, que hace que las brechas con respecto al resto del país sigan intactas o, peor aún, se ensanchen.
Ya está bien, ¡hostias!
Creo, sinceramente, que estamos inmersos en una sociedad lo suficientemente enferma como para necesitar, no un parche, sino una cirugía profunda. Un cambio que, por desgracia, sé que no llegará en estas elecciones pero al menos, ¡votad, coño! Que ya está bien de esta pasividad, de que cada vez que hay una manifestación por algo importante vayan cuatro gatos y luego te quejes de que te dan cita para el médico dentro de una semana. Te quejas de que tienes que gastarte una pasta para que tu hijo estudie la FP que le gusta, o de lo que cuestan las gafas, el dentista y el especialista.
¿No te indigna la mierda de comida que dan a tus hijos en el comedor del colegio? ¿No te revuelve las tripas que un compañero de otra comunidad gane casi el doble que tú haciendo lo mismo? ¿No te indigna que la televisión pública andaluza esté tan manipulada como chapada a la antigua, mientras sus propios trabajadores gritan en huelga contra esa censura? ¿De verdad me vas a decir que el problema de Andalucía son las mujeres con burka? ¿Vas a votar lo mismo que vota tu jefe a pesar de que vuestros intereses son opuestos? ¿Vas a votar por la privatización de lo público siendo tú un trabajador público? ¿Vas a abstenerte mientras te explotan laboralmente? ¿Vas a seguir repitiendo el mantra de que todos los políticos son iguales, cuando las leyes que unos y otros firman te afectan de forma radicalmente distinta? ¿Vas a votar a esos que aquel 4 de diciembre se postularon contra Andalucía? ¿A quienes tiran por tierra la figura del padre de la patria andaluza? ¿A quienes han renegado de nuestra tierra desde siempre, tratándonos como una colonia de segunda?

En fin. Harto. Estoy harto de mirar a mi alrededor y ver que el avance de mi Andalucía no lleva la misma velocidad que el del resto de España. Me subleva ver cómo esa brecha nos condena a asumir un papel secundario en una sociedad española donde, a pesar de ser la comunidad más poblada, nos mantienen sin voz y sin voto. Somos el motor que no dejan arrancar, la mayoría silenciada por su propia pasividad. Ya está bien de ser los últimos en importancia, porque la relevancia de un pueblo no se mide por los minutos que nos regalan en televisión entre folclore y charanga. La importancia real se demuestra garantizando los derechos de los ciudadanos y asegurando un nivel de vida que sea, como mínimo, igual al del resto de España. No queremos palmaditas en la espalda ni ferias; queremos la misma dignidad, el mismo progreso y el mismo respeto que los demás. Ni más, ni menos.
Fdo. Diego Bueno.

Hablemos de hartazgo en Andalucía... ¡por fin!

  Algunos ya estamos hasta los cojones de ser el culo de España, el escenario perpetuo de la charanga y la pandereta. Hartos de ser siempre ...