Resulta indignante comprobar cómo, una vez más, la patronal decide de forma
unilateral y con la complicidad de los medios afines (todo perfectamente
orquestado) qué se debate y qué no se debate en este país. Con todo lo que
queda por mejorar en la cultura empresarial de las grandes corporaciones —desde
la precariedad hasta los riesgos psicosociales, pasando por la seguridad, las
horas extras no pagadas o la conciliación familiar—, prefieren desviar el foco
y señalar con el dedo a las personas asalariadas. Han construido un relato
tramposo en el que los culpables de todos los males de la economía somos, cómo
no, los trabajadores. ¡Vergonzoso!
Absentismo dicen…
Bien pues hablemos, ¡por fin!, de realidades y no de sus cortinas de
humo. Los datos macroeconómicos desmontan su mentira punto por punto. Por un
lado, la productividad por hora trabajada en España ha crecido casi un 18%. Por
otro, la mediana y gran empresa se está embolsando beneficios absolutos de
récord histórico, superando los 65.000 millones de euros anuales en los
balances del Ibex 35. Ganancias milmillonarias, margen tras margen, trimestre
tras trimestre.
Según los datos oficiales del Ministerio de Trabajo y Economía Social,
durante el último año completo se registraron en España más de 620.000
accidentes laborales con baja y más de 540.000 sin baja. De todos ellos, 735
trabajadores perdieron la vida y más de 3.700 sufrieron accidentes graves
en sus puestos de trabajo. Esto significa que, de media, dos personas mueren al
día en España trabajando. ¡Dos muertes al día por ir a ganarse el pan!
La patronal habla de «absentismo» para criminalizar las bajas mientras
ignora que hay más de 1.700 accidentes de trabajo diarios (que se dice pronto),
muchos de ellos fruto de la sobrecarga y la falta de prevención.
¿Y cuál es la respuesta de la gran patronal ante semejante esfuerzo,
rentabilidad y riesgo vital? ¿Un reparto justo de las ganancias? ¿Mejores
salarios? ¿Respeto a la salud laboral? No. Su respuesta es llamarnos «vagos» e
«insolidarios» y acusarnos de «absentismo» cuando nos enfermamos o cuando
intentamos arañar un par de horas para cuidar a nuestras familias.
Son sencillamente insaciables. No tienen límites ni miramientos. Da igual
cuánto produzcas, da igual cuánto ganen ellos: nunca es suficiente. Y por eso
resulta irrisorio, cuando no insultante, escuchar a los voceros de las
corporaciones llenarse la boca hablando de la «responsabilidad social
empresarial» o de cómo «crean riqueza y empleo». ¡Por favor! Que no nos vendan
la moto como si la creación de empleo fuera un acto de caridad o un favor a la
sociedad. Si de ellos dependiera, recortarían la plantilla al mínimo
imprescindible y nos exprimirían cada minuto de la jornada hasta el agotamiento
(tal como han hecho siempre hasta que ha habido leyes que se lo prohibían). No
contratan por filantropía; contratan porque nos necesitan para generar el valor
que luego ellos se embolsan.
Calificar de «absentismo» el derecho a enfermar, a recuperarse o a
conciliar la vida laboral con la personal no es solo un error conceptual; es
una falta de respeto absoluta a la dignidad humana. Pretenden señalar a quien
necesita una baja médica justa, a quien intenta criar a sus hijos, a quien
cuida de sus mayores o de familiares con discapacidad como si fueran
defraudadores. Es vil, es perverso y demuestra una insensibilidad que clama al
cielo.
Lo peor de todo es que no les da vergüenza, sencillamente porque no la
tienen. Han perdido cualquier atisbo de sentido ético y la más mínima decencia.
En su ecuación solo entran las cuentas de resultados, los márgenes de beneficio
y la exigencia implacable de apretar aún más las tuercas a quien ya está
produciendo al máximo.
¿Qué hay fraude en las bajas?... La incapacidad temporal la firma un médico
o una médica. Las bajas no “se cogen”. Y si hay casos de fraude pues que se
investiguen y se multen, sin embargo, del fraude de los empresarios,
infinitamente mayor que el que pueda haber en el colectivo de trabajadores y
trabajadoras, no se habla. Si midiéramos
el impacto en una balanza económica y social, el fraude derivado de bajas
indebidas representa menos del 2% del agujero económico que sufre el país,
frente al 98% que genera el fraude empresarial y fiscal.
No podemos permitir que impongan su marco mental. Conciliar no es falta de
compromiso; es un derecho. Ponerte enfermo no es absentismo; es una realidad
biológica y social. Y rendir un 18% más no tendría que pagarse con sospechas ni
criminalizaciones. Es hora de decir basta a este cinismo patronal y recordarles
que una sociedad madura y justa se mide por cómo protege a sus trabajadores, no
por cómo los exprime para justificar su propia avaricia.
Fdo. Diego Bueno.
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