domingo, 12 de julio de 2026

HABLEMOS DE LOS NEGACIONISTAS DEL CAMBIO CLIMÁTICO… ¡POR FIN!

 

A raíz del incendio en la provincia de Almería, he observado en comentarios en redes sociales la enorme cantidad de gente que a día de hoy se sigue declarando negacionista del cambio climático. Concretamente son negacionistas cabreados, conocedores, supuestamente, de unas “verdades” que el resto de los mortales desconocemos, incluida toda la comunidad científica.

Yo no digo que el incendio sea consecuencia del cambio climático. No estoy lo suficientemente cualificado como para llegar a ninguna conclusión ni en un sentido ni en otro. Probablemente haya un conjunto de factores. Lo que sí sé es que el cambio climático es una realidad ¡IN-CUES-TIO-NA-BLE!

El negacionismo actual ya no puede ocultar que el termostato del planeta está alterado (hace solo unos años lo negaba también), así que ha mutado en una serie de "comodines" y mantras muy ensayados que conviene desmontar con datos objetivos y pura ciencia, la cual intentaré hacer accesible a todo el mundo.

Para empezar, a modo de aperitivo, debo dejar claro que cuando un negacionista cabreado dice que el cambio climático "es solo una teoría", comete un error de base. En ciencia, una Teoría no es una ocurrencia o una sospecha de barra de bar; es la explicación máxima y mejor probada de cómo funciona todo. Negar el cambio climático basándose en que la ciencia puede equivocarse es tan absurdo como bajarse de un avión en pleno vuelo porque no te terminas de creer las leyes de la aerodinámica.

Hay pilares de nuestro progreso que nadie discute porque, si fallaran, nuestra tecnología dejaría de funcionar:

Gracias a la teoría microbiana, por ejemplo, sabemos que los virus y las bacterias causan enfermedades. Cada vez que usamos gel hidroalcohólico o tomamos un antibiótico, avalamos a la ciencia.

Si las ecuaciones de la relatividad de Einstein fueran falsas, el GPS de nuestro teléfono móvil fallaría con errores de más de 10 kilómetros cada día.

En cuanto al efecto invernadero, fue descubierto en el siglo XIX. Es la ley física que explica cómo ciertos gases atrapan el calor del Sol. Gracias a este efecto natural, la Tierra no es un bloque de hielo. La física detrás del efecto invernadero es tan exacta e incuestionable como la que hace que un avión vuele.

El problema del efecto invernadero, explicado para que sea entendible por todo el mundo, es que los humanos hemos decidido tejer una manta insoportablemente gruesa alrededor del planeta.

Para sostener su postura, el negacionismo global recurre siempre a los mismos argumentos tergiversados. Voy a desmontar algunos de esos mantras que suelen decir.

Dicen, por ejemplo, que "siempre ha habido ciclos de frío y calor” y “que la Tierra cambia sola". Y sí, es cierto que el clima cambia de forma natural, pero ¡nunca a esta velocidad! Los cambios naturales del pasado (como las glaciaciones) tardaban miles o millones de años en producirse, dando tiempo a la vida a adaptarse. El calentamiento actual ha ocurrido en apenas 150 años, coincidiendo al milímetro con la Revolución Industrial (no, no es casualidad) y la quema masiva de carbón, petróleo y gas. El IPCC (el grupo de expertos de la ONU) destaca que la velocidad del calentamiento en los últimos 50 años es la más alta en dos milenios.

Para que lo pueda entender todo el mundo… Si la temperatura del cuerpo humano sube un grado en un siglo, es evolución; si sube un grado en cinco minutos, es una fiebre de hospital. ¡La Tierra tiene fiebre!

Otra tontería que suelen decir es: "¿Cómo va a haber calentamiento si este invierno ha habido olas de frío histórico y nevadas récord?".

Confunden el tiempo (el día a día en un lugar) con el clima (la tendencia global a largo plazo). Que un día haga un frío atroz en tu ciudad no altera el hecho de que el planeta, en su conjunto, bate récords de calor año tras año. De hecho, la NASA explica que el deshielo del Ártico debilita las corrientes polares, provocando que masas de aire congelado "se escapen" hacia el sur con más violencia.

Si te cuesta entenderlo, te pongo un símil: es como mirar tu cuenta bancaria. Si un mes te ingresan un dinero extra por sorpresa, no significa que seas rico si arrastras una deuda millonaria que no para de crecer.

Hay otros muchos negacionistas que dicen (por supuesto, sin argumentar con un mínimo de base científica) que la culpa del calentamiento es de la actividad solar y las erupciones volcánicas, y que, por tanto, los humanos no somos responsables. Sin embargo, los satélites demuestran que la energía del Sol se ha mantenido estable o incluso ha bajado levemente en los últimos 50 años. Si el Sol fuera el culpable, calentaría toda la atmósfera por igual; sin embargo, la capa baja se calienta y la alta se enfría porque nuestros gases atrapan el calor abajo. ¿Y los volcanes? Toda la actividad volcánica del mundo junta no llega a emitir ni el 1% del  que provocamos los humanos al año. Los factores naturales hoy tienen un impacto casi insignificante.

Hay, igualmente, un mito basado en que el dióxido de carbono es algo bueno, que es alimento para las plantas y que "¡el  es vida!". Pero, claro, se trata de un sesgo muy burdo. Una verdad a medias es la peor de las mentiras. El agua también es vital, pero si te tiran a una piscina atado de pies y manos, te ahogas. Durante los últimos 800.000 años, la concentración de  en la atmósfera nunca había superado las 300 partes por millón (ppm). Hoy hemos superado las 420 ppm. La naturaleza no puede absorber tal cantidad a la velocidad que la producimos, y menos mientras deforestamos los pulmones del planeta.

Cuando hablamos de cambio climático suele ser frecuente escuchar o leer a gente que opina que se trata de una agenda ideológica de la izquierda para controlarnos y un negocio para llenarse los bolsillos con placas solares destruyendo el campo.

Las leyes de la física y la química no tienen carné de afiliado. El  atrapa el calor exactamente igual bajo cualquier gobierno. El Acuerdo de París lo firman más de 190 países de todos los signos políticos (incluidas las monarquías del Golfo). De hecho, uno de los primeros discursos históricos de alerta ante la ONU lo dio Margaret Thatcher en 1989, icono indiscutible del conservadurismo global. Por otro lado, mezclar el debate de cómo se gestiona la transición energética (donde es totalmente legítimo criticar la instalación de macroparques solares en zonas agrícolas) con negar la ciencia es una trampa intolerable. El verdadero enemigo del campo es la desertificación y las sequías crónicas que destruyen el suelo fértil.

Otra cuestión que suelen tomar como base argumental es que hay científicos, incluso premios Nobel, que dicen que el cambio climático no existe o que no es para tanto. Claro que tener un título de científico no te hace infalible ni te da la verdad absoluta si actúas al margen del método científico. En la ciencia no importa quién dice las cosas (argumento de autoridad), sino qué pruebas y datos demostrables aporta para sostenerlo. Ese minúsculo grupo de científicos disidentes (menos del 3% a nivel mundial) no tiene estudios publicados en revistas científicas serias que sostengan sus teorías. De hecho, varios institutos de investigación han intentado replicar los experimentos de esos "científicos negacionistas" y siempre han encontrado lo mismo: errores metodológicos de bulto, datos manipulados o gráficas recortadas para que cuadren con sus conclusiones.

Muchos de esos supuestos expertos independientes pertenecen a laboratorios financiados directamente por las grandes multinacionales del petróleo, el gas y el carbón. Es el mismo exacto patrón que sufrimos en los años 60 y 70: las tabacaleras pagaban a médicos y científicos de renombre para que dijeran en la televisión y en las revistas que el tabaco no provocaba cáncer. Aquellos médicos también tenían un título, pero estaban comprados.

En definitiva, hacer pasar la opinión de cuatro científicos a sueldo o de jubilados de la investigación como equivalente al consenso del 97% de la comunidad internacional no es buscar la verdad; es una estafa intelectual. Buscan desesperadamente a un señor con bata que valide sus prejuicios para poder seguir durmiendo tranquilos mientras el mundo se quema.

Al final, el negacionismo de red social o de barra de bar a veces es un problema de falta de información, de falta de profundización en los temas sobre los que la gente se presta a debatir y opinar. Otras veces suele tratarse de una barrera emocional, miedo a los cambios económicos o simple trinchera política.

Se puede, y se debe, debatir profundamente sobre cómo solucionar el problema (si con más mercado, con más intervención estatal, con energía nuclear o con renovables). Ese debate es político y necesario. Pero negar el diagnóstico del médico es una temeridad.

No merece la pena arriesgar el único hogar que tenemos por pura cabezonería. La atmósfera responde a la física, no a la cerrazón de mentes.

Es una pena que la gente confunda el pensamiento crítico con el negacionismo de manual. Lo que abunda en esas posturas no es la búsqueda de la verdad, sino una necesidad imperiosa de llamar la atención y un complejo de superioridad intelectual digno de estudio. Es fascinating ver cómo personas sin la más mínima formación científica hacen gala de una prepotencia infinita, convenciéndose a sí mismas de que poseen un conocimiento secreto que al resto de los mortales se nos escapa. Es más, se piensan que deberíamos darles las gracias por revelárnoslo.

Para ellos, el "pensamiento crítico" consiste simplemente en llevar la contraria a la mayoría por el mero placer de sentirse especiales. Necesitan creer que somos una masa manipulada para poder subirse al pedestal de su propio ego y, desde ahí, insultar al resto llamándonos "borregos". Pero la triste realidad es que no son mentes despiertas ni rebeldes del sistema; son solo peones de la desinformación atrapados en sus propios problemas personales y en una ignorancia que, desafortunadamente, abunda cada vez más en las redes sociales.

Fdo. Diego Bueno

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