domingo, 8 de diciembre de 2019

HABLEMOS DE "JAJAGANDA"... POR FIN!!

 

No es algo nuevo.

Es tan antiguo como el deseo humano de controlar y manipular opiniones ante el miedo a los cambios de todo tipo.

Ya los católicos se burlaban de los protestantistas o los judíos para desacreditarlos, los “terraplanistas” se burlaban de quienes decían que la tierra era redonda, la santa inquisición se burlaba de Galileo Galilei por decir que la tierra no era el centro del universo y así un larguísimo etcétera.

-El término “hahaganda” —que en español podría traducirse como jajaganda— fue acuñado por primera vez en 2017 en un estudio que analizaba cómo los medios de comunicación rusos desinforman mediante el humor o la burla. Su objetivo final no es convencer al público sino socavar la credibilidad de la persona o institución contra la que se despliega. -

El uso de la burla, la mofa, la desacreditación, el chiste fácil y la personalización de tales actitudes tiene un origen sencillo de entender.

Es producto de las actitudes del miedo a los cambios por parte de las ideologías conservadoras o reaccionarias que sienten temor a la pérdida de su estatus (económico, social, de pensamiento y/o burgués).

Ha ocurrido y sigue ocurriendo contra el feminismo mediante burlas hacia personas feministas. Para ellos los hombres feministas somos, simplemente, “calzonazos” o “maricones” y las mujeres feministas son “marimachos” “camioneras” o, simplemente “feas” e ingenian burlas y chistes, algunos (he de reconocerlo) incluso con mucha gracia e ingenio si no fuera por el mal gusto que les caracteriza.

Ha ocurrido y sigue ocurriendo contra las personas inmigrantes. Para ellos no son más que delincuentes en potencia.

Ha ocurrido y sigue ocurriendo, igualmente, con el veganismo y de la misma forma se crean memes, chistes, vídeos… con una carga innegable de mofa, burla y chiste fácil hacia las personas veganas o hacia quienes defienden el no maltrato a animales.

Ahora mismo está ocurriendo con la activista Greta Thumberg (Un ejemplo claro fue el desprecio de Trump, que ha marcado el camino a seguir por todos los de su calaña).

Desacreditación por ser mujer, por ser menor de edad (igual de menor de edad que las chicas que hacen gimnasia rítmica o cantan “La bien pagá”, por ejemplo) o por tener síndrome de Asperger.

Los negacionistas, ante la falta de argumentos y su resignación a admitir y corroborar lo que los científicos afirman rotundamente, incluso procuran sacar y destacar a sus propios ídolos, más que para ensalzarlos, para desacreditar a esta chica que se limita a decirles verdades incómodas de oír. No les interesa la concienciación social ante la urgencia de actuación que requiere el cambio climático, sino más bien oponerse a los intrínsecos cambios que deben acompañar a esa concienciación social.

Que una chica cabreada ponga en juego sus enormes intereses, evidentemente, les saca de quicio

Como puede observarse, al final de todo, lo que subyace no es más que el miedo al progreso y a las políticas progresistas, tal como ha venido ocurriendo a lo largo de los tiempos.

Fdo. Diego Bueno

martes, 9 de abril de 2019

HABLEMOS DE LA AMABILIDAD Y EL CARIÑO... ¡POR FIN!




A día de hoy, desde mi perspectiva de quincuagenario, puedo permitirme ya dar una serie de consejos a las generaciones futuras.

Las relaciones interpersonales han sufrido una transformación brusca en los últimos veinte años. Ya no nos comunicamos únicamente de la forma tradicional, sino que se han incorporado a nuestra vida diaria formas de relacionarnos que requieren, como poco, ciertas pautas a tener en cuenta.

Las redes sociales y la mensajería instantánea son parte cotidiana de nuestra interacción con los demás. Esto, unido al hecho de tener más que cubiertas nuestras necesidades primarias, nos induce en muchos casos al individualismo y al egocentrismo. Quienes superéis los treinta y tantos recordaréis que fue en la calle, en las relaciones "en vivo", donde aprendimos a convivir. Hoy día las cosas han cambiado: en algunos aspectos para mejor y en otros, sin duda, hemos involucionado. Términos tan nuestros como “la pandilla” están desapareciendo del glosario adolescente, lo cual es un síntoma significativo de que las relaciones ya no son como antaño.

Buena parte de lo que aprendimos —lo bueno y lo malo— lo asimilamos en la calle, en el “búscate la vida”, en la “ley del más fuerte”, en el llanto, las risas o el cabreo compartido. Esa particularidad nos embruteció en ciertos aspectos, pero también nos dotó de mayor resiliencia emocional y mejores herramientas sociales. Nos hizo más fuertes y nos enriqueció; ahí aprendimos a ser asertivos. Aprendimos a identificar y valorar los sentimientos ajenos a través de la gestualidad, los tonos y el volumen de voz. Nos dimos cuenta de que la amabilidad, más allá de la cortesía, abre puertas, facilita la comunicación y acerca a las personas. Todo ese compendio de aprendizajes está hoy más alejado de la realidad comunicativa de los jóvenes.

El secreto de la amabilidad y su capacidad para acercar corazones, limar asperezas y conciliar no reside tanto en la riqueza del vocabulario como en el tono y el gesto. Esto explica por qué en las comunicaciones digitales, donde faltan estos elementos, sea más difícil expresarla y por qué nos vemos obligados a emplear emoticonos.

¡Sé amable!

Trata a las personas con amabilidad y, a quienes quieres, trátalas además con cariño. Se trata de una actitud vital. Como decía el admirado Chiquito de la Calzada: “Una mala tarde la tiene cualquiera”, pero no es lo mismo sufrir malos momentos en una vida plena de amabilidad, que tener buenos momentos en una vida enfurruñada, distante o recelosa.

¡Apuesta por el consenso y por la distensión! ¡Busca tener un carácter conciliador! ¡Bromea, sonríe! Es perfectamente compatible bromear y apaciguar con ser un gran profesional, responsable, leal u honesto. De hecho, está demostrado que una buena actitud aumenta la productividad y facilita el trabajo en equipo. Es posible decir “NO” siendo amable, e incluso cariñoso. Del mismo modo, se puede uno posicionar firmemente sin necesidad de ser vehemente o intolerante.

Esto es aplicable a todo: relaciones profesionales, amistades, desconocidos, familia y, por supuesto, en el amor. Ser amable es gratis y solo aporta beneficios, tanto a uno mismo como al entorno. A veces las personas atraviesan malos momentos o viven en la desconfianza; la amabilidad suaviza el trato con ellas y provoca el acercamiento.

Una buena actitud vital no tiene por qué ser forzada, pero sí puede ser aprendida. Basta con tenerlo en mente y repetirlo hasta que se convierta en hábito. Hay personas a las que les sale de forma natural; otras han de trabajarlo. Sea como sea: ¡promuévelo, estimúlalo!

Sé cariñoso con las personas por las que sientes algo bonito. Muestra el cariño. Acaricia con la mirada, con las palabras, con el tono y con el tacto. ¡Nada une más ni te hace sentir mejor! Bromear es un signo evidente de inteligencia. Procura saber cuándo, cómo y con quién hacerlo, pero hazlo. Agudiza tu ingenio, sé creativo y fomenta el sentido del humor.

Sé agradecido y generoso. Eso no implica ignorar la maldad, sino estar por encima del rencor para no malgastar tiempo ni esfuerzos. Piensa, decide, elige y no permitas que te tomen por tonto. Reclama y ponte serio si es necesario, sé contundente cuando la situación lo requiera, pero hazlo siempre con la mayor amabilidad y verás resultados extraordinarios. Mira de frente, emplea el tono adecuado, pero hazlo todo con el alma limpia de quien es, esencialmente, amable.

Sé consciente de que tu positividad se contagia porque se irradia. La amabilidad es posible incluso cuando las cosas no van bien. Y, sobre todo, sé amable contigo mismo, porque si no, será imposible serlo con los demás. No te tomes las cosas como algo personal y elige siempre pensar bien del otro. De las decepciones se aprende y se crece; todos hemos decepcionado y todos hemos sido decepcionados. Así somos los humanos. Pero si todo lo que te ocurre va adornado de amabilidad, te aseguro que absolutamente todo irá muchísimo mejor.

Fdo. Diego Bueno

martes, 19 de marzo de 2019

HABLEMOS DE LAS FAKE NEWS… POR FIN!!

 

   Han existido desde que las personas vivimos en comunidad y formamos sociedades.

   Manipular a las personas para conducirlas hacia intereses particulares es algo tan viejo casi como el propio ser humano.

   En la actualidad, la pregunta es: ¿Qué pueden hacer ciertos estratos sociales cuando son conscientes de que, siendo una minoría, necesitan de una mayoría para gobernar en democracia?

   Es evidente que, o se manipula a la gente para que les voten, o no conseguirán el poder político. También es evidente que hay sectores de la sociedad que no están dispuestos a renunciar al poder político aunque ya posean el poder económico.

   Existen diversos métodos de manipulación (léase a Noam Chomsky).

   Uno de esos métodos es la invención y manipulación de noticias. Las llamadas “fake news” o, en castellano, noticias falsas.

   Existe un sector de población minoritario formado por empresarios, aristócratas y gente acaudalada en general, que no desea que se produzcan cambios en su estatus social o que desean, incluso, la regresión hacia estados anteriores. Hablamos, concretamente, de la derecha reaccionaria que, por definición, trata de que la sociedad no solo no evolucione, sino de que involucione. El motivo es evidente. Por una parte no perder su condición de privilegiados y por otra, recuperar unos privilegios perdidos.

   El problema para ese tipo de pensamiento (los reaccionarios) es que hoy día hay democracias que, igualmente por definición, se basan en la obtención del poder gracias a las mayorías.

   Gracias a las “fake news”, en el siglo XVI, los poderosos de la época consiguieron tripulación para los barcos que iban a América a expoliar tierras y riquezas a los indígenas que vivían allí. Así inventaron el mito de “El dorado” que los incautos se creyeron y que hizo que muchos hombres se embarcaran en esa peligrosísima aventura para riqueza y regocijo de unos cuantos.

   Otro ejemplo clarísimo de éxito de las “fake news” ocurrió cuando la burguesía romana, ante la amenaza de una nueva religión que ponía en peligro su estatus, lanzó la idea de que los cristianos eran caníbales y otras noticias de ese estilo, lo cual dio lugar a la persecución y ejecución de los cristianos de la época.

   La historia está llena de fake news lanzadas, casi siempre, desde el mismo sitio.

   ¿No os habéis preguntado cómo es posible que gobernantes como Hitler, Bolsonaro, Berlusconi o Donald Trump hayan alcanzado el poder de forma “legítima”?

   Una de las respuestas a esa pregunta es, ¡gracias a las fake news!.

   Hasta hace no muchos años, quienes dominaban los medios de comunicación eran quienes tenían el poder. Por eso la iglesia católica inventó hace mucho la intermediación con Dios por parte de los sacerdotes con objeto de que la gente les informara de sus pecados mediante la confesión, por eso en todas las dictaduras se han manipulado desde siempre la prensa y las emisoras de radio y televisión y por eso, aun en la actualidad, las cadenas de televisión públicas son usadas por los políticos para manipular a las personas.

   (Y sí. A ti también te manipulan aunque pienses que a ti no. A ti, a mí y a todos y todas. Eso si… a unos/as más que a otros/as.)

   Sin embargo, en cuanto surgió el fenómeno globalizador de internet, se le dio a cada ciudadano la posibilidad de informarse por su cuenta.

   Hemos pasado de disponer solo de unas cuantas fuentes de información a disponer en la actualidad de tantas fuentes que es imposible asimilar ese exceso de información.

   La batalla por el control de la información se centra ahora en lanzar titulares (pocas personas leen las noticias completas porque es una tarea demasiado ardua) que con mensajes directos distorsionan la realidad o, simplemente, la inventan.

      Voy a tratar de explicarlo mediante ejemplos.

·         El mecanismo de las fake news

   La idea es la siguiente. Se trata de jugar con el miedo o con la ilusión de la gente. Se trata de dominar sus emociones, de conducirlas hacia donde me interesa.

   Imagínense por un momento que yo, junto con un equipo de personas afines y, dada mi situación de pertenencia a clase social alta, fundo un partido político de derechas.

   Es evidente que solo con los votos de los empresarios y adinerados no voy a ganar unas elecciones. Se hace necesario el voto de personas que necesito manipular para que, incluso voten algo que les perjudique. El plan es maquiavélico pero lo curioso es que da resultado.

   Necesito algo que levante pasiones, que enerve, que suscite emociones tales que haga olvidar a la gente que, en realidad, solo velo por mis intereses. Ese algo puede ser, por ejemplo, la patria, la banderita, el nacionalismo exacerbado, las tradiciones o la religión.

   No obstante no me voy a conformar con eso. Aunque tenga un buen número de votantes fieles, necesito jugar todas mis cartas para asegurarme el éxito.

   Lo siguiente que haré será intentar que la gente de izquierdas no vote. Para ello nada mejor que desprestigiar a la política en sí. Mensajes como “Todos los políticos son iguales” o “Todos los políticos van a lo suyo” junto con el “Yo robo pero tú también” suelen calar fácilmente entre el pueblo que, desconcertado y desilusionado termina por ser víctima del desencanto que, finalmente, le hace no votar.

   La otra estrategia que usaré será la invención de noticias o la manipulación de noticias verdaderas.

   Si, por ejemplo (y este es un ejemplo real) lanzo la noticia de que Pedro Sánchez va a cerrar los colegios de educación especial, solo puedo obtener resultados positivos.

   Ante una noticia así hay dos tipos de reacciones. La gente que se la cree y la gente que no se la cree.

   Quienes no se lo creen seguirán su camino y no cambiarán su voto sea cual sea.

   Quienes sí se lo creen serán víctimas del miedo. Nada mejor que el miedo para conseguir manipular a las personas.

   Desde el punto de vista electoral existen dos tipos de miedos. El miedo fundado y basado en hechos pasados y el miedo infundado basado en posibles hechos futuros. El primero está fundado en que ya conocemos lo que ocurrió anteriormente, es decir, por ejemplo, si voto a quienes me robaron con anterioridad, existen muchas posibilidades de que me vuelvan a robar. El segundo miedo es infundado ya que está basado en hechos que podrían ocurrir en un futuro, es decir, por ejemplo, si voto a un partido que promete algo tan noble como subir el SMI es probable que la economía del país se resienta.

   Yo, con mi partido de derechas trataré de infundir miedo a la ciudadanía para que las cosas no cambien (esta es la esencia de los partidos “conservadores” que, por definición, tratan de conservar lo que ya existe). Para ello haré uso de la invención y manipulación de noticias porque, en cualquier caso, solo obtengo beneficios. Serán muchos o pocos beneficios pero jamás perderé nada por ello.

   Así que, aprovechando las declaraciones de alguien de izquierdas en el sentido de que van a tratar de llegar a la plena inclusión (una idea, sin duda muy noble), tergiverso la noticia y traduzco esas palabras añadiendo el matiz de que van a cerrar los colegios de educación especial. Quienes se crean la noticia y no quieran que se cierren esos colegios, van a ser víctimas del miedo, del segundo de los miedos, del que tiene que ver con el futuro, y ante ese miedo cambiarán su voto o afianzarán el que ya tenían pensado hacia mí o, simplemente, el desencanto ante la incertidumbre les hará no votar.

   Como puede observarse, solo obtengo beneficios con esa noticia falsa. El famoso dicho de “difama que algo queda” adquiere en estos casos su máxima expresión y efectividad.

   Dicho de otra forma… considero que, como ciudadanos debemos adquirir y tener la máxima capacidad de desgranar, de contrastar noticias, de buscar información desde distintas fuentes y, finalmente, de hacernos una idea, lo más cercana posible, de la realidad.

   Difícil tarea que en muchos casos resolvemos con la llamada “credibilidad” que nos aporte el lugar de donde nos venga la noticia.

 

Fdo. Diego Bueno

HABLEMOS DE SER PADRE EN EL SIGLO XXI… ¡POR FIN!

  Es obvio que ser padre va infinitamente más allá del hecho de tener hijos o hijas. Es, posiblemente, la arquitectura más compleja y comple...