domingo, 8 de marzo de 2026
¡REBELAOS!
domingo, 22 de febrero de 2026
HABLEMOS DE MOLDEAR EL CEREBRO MEDIANTE AFIRMACIONES POSITIVAS… ¡POR FIN!
Nunca dejas de ser tú. Es
importante partir de la base de que aquí hablamos de "moldear",
no de cambiar radicalmente nuestra esencia. Los cambios extremos no son
posibles ni aconsejables; sin embargo, todos somos conscientes de que, con el
paso de los años, dejamos de ser quienes éramos.
Al superar los 30 años, ya no eres la
misma persona que a los diecisiete. Biológicamente, la mayoría de las células
de tu cuerpo se han renovado y tus conexiones interneuronales, aunque mantienen
una base común, se han reconfigurado. Dada su asombrosa complejidad, esas redes
ya no son las mismas: son el mapa de lo aprendido y lo vivido. Partiendo de
esta premisa, te explico cómo moldear tu mente para afrontar la vida con mayor
positividad y, por consiguiente, con más probabilidades de alcanzar un estado
de felicidad.
Así funciona nuestro cerebro, a grandes
rasgos
En el proceso de aprendizaje, está
plenamente demostrado que una alta motivación, sumada a la repetición
de acciones, da resultados asombrosamente rápidos y positivos.
Debes tener claro que tu cerebro está
diseñado para cambiar y adaptarse al entorno en función de tus vivencias. Tus
experiencias de vida tejen nuevas conexiones interneuronales, pero hay algo
fundamental que debes saber: para tu cerebro, ¡tus pensamientos también
cuentan como experiencias!
Al cerebro no le importa si recibe información del entorno físico o de tu imaginación.
¡Lo que te ocurre y lo que piensas acerca de lo que te ocurre tienen el mismo peso neurológico!
Si tienes
pensamientos recurrentes, estos terminarán convirtiéndose en rasgos neuronales.
Dicho de otra forma: la repetición de pensamientos hace que se integren en tu
red neuronal y se consoliden las sinapsis. Esto provoca que, ante un mismo
estímulo, sea mucho más probable que sigas pensando lo mismo y sintiéndote de
la igual forma.
Por ejemplo, si tienes pensamientos
perturbadores sobre tu familia o tu trabajo que te generan irritación y
frustración, terminas integrando esos estados en tu red. Si esto ocurre de
forma repetitiva, creas una relación neuronal a largo plazo con esos estados de
ánimo desagradables. Esto se conoce como "neuroplasticidad dependiente
de la experiencia". Es un riesgo para quienes no gobiernan sus
procesos mentales, ya que genera la sensación de estar a la deriva, controlados
por pensamientos poco "amables" que derivan en comportamientos
erráticos, dubitativos o temerosos.
La buena noticia es que, si deseas
tomar el control, la neuroplasticidad es tu gran aliada. Puedes aprender a
influir voluntariamente en tus procesos mentales, estimulando tu maquinaria
neuronal para cultivar estados positivos, sentimientos edificantes y conductas
alineadas con la vida que deseas.
Afirmaciones positivas: El lenguaje del
cambio
La repetición de afirmaciones positivas
te ayuda a acomodar rutas neuronales que te sacarán de la negatividad y la
angustia, permitiéndote vivir de forma más expansiva.
Las afirmaciones son una forma de autosugestión
que activa estados mentales constructivos y calma la reactividad en las zonas
límbicas (encargadas de las reacciones de lucha o huida). Cuando las sostenemos
en el tiempo, se instalan en nuestro cerebro como fortalezas internas. No son
mágicas ni cambian la realidad exterior por sí solas, pero transforman nuestra percepción
e interpretación de la misma. Al reemplazar la negatividad por nueva
información, rompemos las barreras que el pesimismo impone en nuestro día a
día.
Cómo practicar las afirmaciones
positivas
Para que el moldeado neuronal sea
efectivo, te sugiero seguir estos cuatro pasos:
1. Identifica qué áreas de tu vida
quieres mejorar No intentes cambiarlo todo a la vez.
Elige un área específica: salud, relaciones, propósito profesional o paz
mental.
2. Crea una afirmación en positivo y en
presente El cerebro procesa mejor lo que ocurre
"aquí y ahora". Evita el "no" y el futuro. Algunos
ejemplos:
- "A pesar de los retos, encuentro
soluciones creativas y eficaces en mi vida cotidiana".
- "Tengo todo lo necesario para
cumplir mis objetivos; mi sabiduría interior me guía".
- "Asumo y acepto los cambios,
adaptándome con fluidez a las nuevas circunstancias".
3. Dota de emoción a la palabra Una
afirmación sin emoción es solo una frase vacía. Para que la sinapsis se
consolide, debes sentir la verdad de lo que dices mientras lo
pronuncias. Imagina la sensación de alivio, alegría o seguridad que esa
afirmación te aporta. La emoción es el "pegamento" que fija la nueva
conexión neuronal.
4. Establece una rutina de repetición
consciente La neuroplasticidad requiere
constancia. Dedica unos minutos al despertar o antes de dormir para repetir tus
afirmaciones. No lo hagas como un autómata; hazlo con presencia. Con el tiempo,
notarás que tu cerebro deja de esforzarse por ser positivo y empieza a serlo de
manera natural, porque habrás creado una nueva "autopista" mental.
Nota final: Tu
cerebro es arcilla en tus manos. No eres víctima de tu genética ni de tu
pasado; eres el arquitecto de tu próxima conexión neuronal. ¡HÁBLATE BIEN!
Fdo. Diego Bueno
miércoles, 18 de febrero de 2026
HABLEMOS DEL FEMINISMO DE LA DERECHA ESPAÑOLA... ¡POR FIN!
Después de múltiples experiencias
coeducativas y de haberme topado con todo tipo de perfiles a lo largo de mi
trayectoria profesional, puedo afirmar (aun asumiendo que generalizo) que en la
derecha española… ¡ni tienen idea de feminismo ni, por supuesto, la han tenido
nunca!
Han hecho falta años de
concienciación y de repetir, como una cantinela infinita, que el feminismo no
es "lo mismo que el machismo pero al revés", sino que significa
igualdad. Solo así hemos logrado que muchos dirigentes de derechas se suban al
carro; algunos por una lógica justicia social y otros, seamos claros, por pura
conveniencia. Saben que la sociedad ha avanzado y que mantener una postura
abiertamente machista hoy resta votos.
No hay que olvidar que entre sus
filas el machismo aún tiene un nicho fiel de votantes que les darán su apoyo
piensen lo que piensen. Sin embargo, hay una parte crucial de la población ya
concienciada que les obliga a adoptar posturas "antinatura" para
ellos, como es el discurso feminista, con tal de atraer el voto moderado.
Esta dicotomía interna genera
situaciones estrambóticas. El ejemplo más flagrante lo estamos viviendo estos
días con María Guardiola. La futura presidenta de Extremadura pasó de asegurar
en 2023 que jamás pactaría con quienes niegan la violencia machista
(refiriéndose a Vox), a afirmar ayer mismo, 16 de febrero de 2026, que "su
feminismo es el mismo que el de Vox". La aritmética es simple: necesita
sus votos para ser investida y evitar elecciones en marzo. Al hacerlo, asume un
discurso que diluye la violencia de género en el concepto de "violencia
intrafamiliar". Este es el nivel ético y moral de la derecha española.
Se da, además, la circunstancia
de que muchas personas en la derecha (y algunas en la izquierda, aunque menos)
ni siquiera son conscientes de su propio machismo. Creen que es algo superado o
que el feminismo atenta contra la naturaleza humana. Esto solo confirma la
necesidad de seguir impulsando políticas feministas que desmonten estereotipos
y esos micromachismos que, por su sutileza, pasan desapercibidos en una
sociedad donde el patriarcado sigue infiltrado en cada actitud y
comportamiento.
Fdo. Diego Bueno.
jueves, 12 de febrero de 2026
HABLEMOS DE JUEGOS MENTALES… ¡POR FIN!
El juego: El motor de la mente
en todas las etapas de la vida
Suelo decirles a mis alumnos y
alumnas que un examen no es más que un juego; un reto con un objetivo claro
que, abordado con la actitud adecuada, puede resultar incluso divertido. Esta
premisa, que a veces les choca, tiene un sólido respaldo científico: el juego
es el mejor aliado del desarrollo cognitivo.
Tradicionalmente, hemos asociado
esta actividad a la infancia, etapa en la que resulta imprescindible para la
maduración de procesos como la percepción, la memoria, el lenguaje y la
estructuración del pensamiento. Su magia reside en la capacidad de simular la
realidad, ofreciendo un escenario idóneo y seguro para cometer errores y
aprender de ellos a través de la práctica. Si jugar es gratificante por sí
mismo y pensar es el mejor ejercicio para nuestro cerebro, ¿qué puede haber
mejor que realizar ambas actividades a la vez?
Un lenguaje universal: del
patio de recreo a la madurez
Sin embargo, el juego no es un
patrimonio exclusivo de la niñez. Su relevancia no se desvanece con los años,
sino que evoluciona hasta transformarse en un baluarte de salud y bienestar
para todas las etapas de la vida:
- En la edad adulta y la vejez: Actúa como un
verdadero "gimnasio cerebral". Participar en retos mentales
ayuda a mantener y expandir la reserva cognitiva, funcionando como
un escudo protector frente al deterioro neurodegenerativo. Jugar en la
madurez no es una distracción banal; es una herramienta de prevención que
mantiene encendida la chispa de la curiosidad.
- En la salud mental: Para quienes atraviesan
procesos de enfermedad, el juego ofrece un espacio de seguridad y
estructura. Ayuda a canalizar la ansiedad y mejora la autoestima mediante
la consecución de pequeños logros, sustituyendo los pensamientos
intrusivos por el enfoque y la gratificación del reto superado.
- Como herramienta social y humana: El juego
es el puente más corto entre dos personas. Fomenta la empatía, nos enseña
a negociar y nos obliga a mirar a los ojos del otro. En un mundo cada vez
más digital y aséptico, el juego presencial nos devuelve nuestra esencia
más colaborativa.
Un asunto de "Estado
Mental"
Jugar es, por tanto, un asunto
muy serio. Al jugar nos empleamos al máximo, manifestamos nuestro afán de
superación y ponemos en práctica todos nuestros recursos para alcanzar la meta.
En este contexto, nos permitimos reconocer nuestros límites y capacidades con
un margen de error que otras actividades de la vida no perdonan, lo que
fortalece nuestro autoconcepto.
Pero no nos engañemos: el juego
requiere un esfuerzo nada despreciable. No se disfruta igual una victoria
lograda con sudor que una regalada por el adversario. El éxito sin esfuerzo no
produce el placer deseado, y sin ese placer, el juego deja de ser atractivo.
Para triunfar necesitamos concentración, perseverancia y paciencia.
En definitiva, no dejamos de
jugar porque envejecemos; envejecemos porque dejamos de jugar. El juego es una
medicina preventiva sin efectos secundarios que debería estar presente en el
"botiquín" de cualquier hogar, independientemente de la edad de sus
habitantes. Aceptar sus retos es, sencillamente, la mejor forma de seguir
aprendiendo.
Las competencias cognitivas:
Nuestra caja de herramientas
Nuestras competencias mentales
están estructuradas en cuatro niveles esenciales que debemos activar para
resolver cualquier desafío:
- Pensamiento Comprensivo: Es la capacidad de
entender correctamente la información recibida. Incluye operaciones como
clasificar, analizar, sintetizar y descubrir el "porqué" de las
cosas. Es la fase crítica de cualquier examen o juego mental: sin
comprensión, la resolución es imposible.
- Competencias Críticas: Nos sirven para
evaluar la información e investigar la fiabilidad de las fuentes.
Interpretan causas y predicen efectos. Tras entender los datos, debemos
analizarlos con rigor antes de ponernos a trabajar.
- Competencias Creativas: El pensamiento
creativo nos permite alumbrar ideas, establecer relaciones inéditas,
producir imágenes o crear metáforas. Es el paso definitivo hacia
soluciones ingeniosas.
- Competencias Complejas: Aglutinan las tres
anteriores. Abarcan desde la captura de la información —a veces encriptada
en un enunciado— hasta el planteamiento estratégico, la resolución y la
necesaria comprobación final.
Tipología del desafío
Para entrenar nuestra mente,
podemos distinguir seis grandes áreas de juego:
- Cálculo matemático e inteligencia numérica.
- Capacidad, razonamiento lógico y agilidad mental.
- Estrategia y paciencia.
- Memoria y observación.
- Inteligencia verbal y comunicación.
- Enigmas y juegos mentales puros.
El arte de resolver:
Estrategias y "consejillos"
A menudo, el fracaso ante un
problema matemático o un examen se debe a tres errores comunes: pensar que se
pide algo que no se pide, ignorar información vital o creer haber leído algo
que el enunciado no dice.
Para evitarlo, aquí os
propongo algunas estrategias que siempre comparto con mis estudiantes:
- Lectura pausada: Lee atentamente el
enunciado. No te precipites; asegúrate de haber captado cada detalle antes
de empezar.
- Visualiza el problema: Toma notas, haz
esquemas o dibujos. El registro visual ayuda a "ver" la solución
donde antes solo había palabras.
- Sé sistemático/a: Busca información
adicional si es necesario y conecta el ejercicio con experiencias
similares que hayas tenido antes.
- Actitud positiva: Cada ejercicio es un reto.
No "tires la toalla" al primer obstáculo.
- El valor del ensayo-error: Prueba, escribe,
tacha y vuelve a escribir. Los errores no son fallos, son experiencia
acumulada.
- Creatividad y sentido común: Atrévete con
métodos insólitos o extraños. Deja que fluyan las ideas; alguna será la
llave maestra.
- El reposo del guerrero: Si el bloqueo
persiste, deja "descansar" el problema y retómalo más tarde con
una mirada fresca.
- La prueba del algodón: Una vez hallada la
solución, comprueba que se ajusta al enunciado. Y, lo más importante:
explícalo a otra persona. Solo cuando eres capaz de explicar el proceso
paso a paso, puedes estar seguro de que lo has comprendido a fondo.
Aprender del error: Una
filosofía de vida
Decía Bertrand Russell: «¿Para
qué repetir los errores antiguos habiendo tantos nuevos por cometer?». Esta
frase refleja la importancia de no temer a la equivocación. Hay errores fruto
de la inexperiencia o la impaciencia, y otros que nacen de respuestas
automáticas sin atender al enunciado.
Recordemos a Einstein cuando
afirmaba que «quien no haya cometido un error es que nunca ha intentado algo
nuevo», o a Tagore advirtiéndonos que «si cierras la puerta a todos los
errores, la verdad quedará fuera». No hace falta ser un profesional de las
matemáticas para resolver un problema complejo; basta con ser una persona
despierta y servirse del ingenio.
A modo de conclusión
El juego es un instrumento de
aprendizaje tan legítimo y valioso como cualquier otro. Es necesario subrayar
esto porque todavía arrastramos la herencia de la educación de la Revolución
Industrial: aquel modelo que no buscaba el crecimiento integral de la persona,
sino que se limitaba a formar mano de obra dócil y útil para las fábricas. En
ese contexto, el juego tenía "mala prensa"; se consideraba una
actividad carente de seriedad.
Por desgracia, este complejo aún
subyace en buena parte del profesorado. Sin embargo, la pedagogía práctica que
implementamos día a día en las aulas demuestra con total nitidez que el juego
es un pilar fundamental del aprendizaje. Dado que la capacidad de aprender es
una de nuestras características más humanas y nos acompaña durante toda la
existencia, el juego se revela como un aliado excepcional que, además, nos
proporciona bienestar emocional.
Debemos superar complejos y
tabúes; es hora de perder el miedo a jugar y ser plenamente conscientes de las
ventajas que nos ofrecen los diversos tipos de desafíos lúdicos.
Deberíamos transmitir con mayor
ahínco a los jóvenes que razonar de forma entretenida reduce el
"coste" del aprendizaje. A través de la lúdica, adquirimos
competencias, capacidades y actitudes que, de otro modo, resultarían mucho más
difíciles de alcanzar. Una vez salvados los obstáculos, pasar de la
incertidumbre a la habilidad de resolución genera una sensación gratificante y
altamente estimulante para nuestro cerebro.
Así pues, no demos una
importancia excesiva a los fallos. Mantengamos una actitud positiva y, sobre
todo, no dejemos nunca de jugar.
Fdo. Diego Bueno
jueves, 5 de febrero de 2026
HABLEMOS DE LOBOS VESTIDOS DE OVEJAS... ¡POR FIN!
viernes, 30 de enero de 2026
HABLEMOS DE TRANSPORTE URBANO EN SEVILLA... ¡POR FIN!
Año 2026. Llevamos ya un cuarto
de siglo XXI. En la ciudad de Sevilla vivimos unas setecientas mil personas
que, si sumamos el entorno metropolitano, alcanzamos el millón y medio. Durante
el año 2025, la ciudad recibió a más de 3,5 millones de turistas (según datos
del INE y el Ayuntamiento), superando la barrera histórica de los 8,5 millones
de pernoctaciones anuales con una estancia media de 2,2 noches por visitante.
Pues bien, Sevilla cuenta con una
sola línea de metro que cruza la ciudad de este a oeste. Una sola vía, sin
ramificaciones ni nada que se le parezca, para un metro que, además, circula a
bajísima velocidad. Los responsables políticos de todas las administraciones y
colores —ineptos en este sentido desde hace más de cuarenta años— no han sido
capaces de ponerse de acuerdo para hacer de Sevilla la ciudad moderna, en
cuanto a transporte, que merecemos tanto quienes vivimos aquí como quienes nos
visitan.
El único mérito destacable de
este Ayuntamiento fue el impulso de la red de carriles bici bajo el gobierno de
coalición del PSOE e IU, con Alfredo Sánchez Monteseirín y Antonio Rodrigo
Torrijos a la cabeza. A pesar de convertir a Sevilla en un referente europeo de
movilidad ciclista, el proyecto recibió críticas feroces. Aún recuerdo las
palabras del ínclito Antonio Burgos insultando a los responsables del carril
bici con argumentos tan variopintos como que ir en bici era cosa de
"tiesos" o que aquello no tendría éxito. Este señor, ya fallecido,
recibió el reconocimiento de Hijo Predilecto de Andalucía en 2020. No digo más.
Cuando viajas por Europa te das
cuenta del enorme déficit que sufre Sevilla. Con nuestro volumen de población,
el servicio de autobuses por sí solo, por muy bien que se gestione, es incapaz
de cumplir su misión de forma eficiente. La estampa de esperar un buen rato en
la parada para que, cuando llegue el bus, no pare por ir abarrotado, es una
imagen típicamente sevillana que no se ve en ciudades de similares
características. Esto es algo que los sevillanos debemos saber.
Recuerdo también aquellas
excusas, supuestamente técnicas, que decían que el suelo de Sevilla era
demasiado húmedo para una obra de tal magnitud. ¡Sí, eso decían! Basta viajar a
ciudades europeas bañadas e incluso sumergidas en agua (Ámsterdam, Toulouse,
Estocolmo o Copenhague) o recordar el Eurotúnel bajo el Canal de la Mancha para
que esas excusas provoquen risa.
Vivimos tiempos donde la ecología
es prioritaria. Lo dice la ciencia y lo padecemos los ciudadanos. Se restringe
el acceso al centro de las ciudades para contaminar menos y se fomenta el
transporte público. De hecho, en el centro y norte de Europa, el transporte es
semigratuito para casi todos y, por supuesto, libre de coste para mayores,
niños o personas con discapacidad. ¡No hay que irse lejos! En Dos Hermanas, a
solo doce kilómetros, el bus urbano es gratuito para todo el mundo.
Sin embargo, en este contexto de
siglo XXI, conciencia ecológica y fomento del transporte público, el
Ayuntamiento de Sevilla, a través de TUSSAM, ha decidido no renovar el bonobús
gratuito a las personas con discapacidad cuya renta familiar supere cierto
umbral, incluyendo a personas con un 65% de discapacidad.
Mientras la tendencia europea
camina hacia la gratuidad universal, aquí se le cobra billete a quienes más lo
necesitan. ¿Quiénes usan el transporte público? Los trabajadores, los
estudiantes, los mayores y quienes no pueden conducir. La gente con dinero que
no quiere conducir utiliza el taxi. Por tanto, ¿a quién perjudica esta medida? …
A los de siempre.
Fdo. Diego Bueno
martes, 27 de enero de 2026
HABLEMOS DE QUÉ ES Y QUÉ NO ES PENSAMIENTO CRÍTICO... ¡POR FIN!
Empiezo fuerte con esta
afirmación: “La libertad de expresión protege a las personas, pero no la
validez de lo que dicen”. Por ejemplo, ser terraplanista no es una opinión
respetable por razones obvias. Somos libres de opinar lo que nos dé la gana
pero, lógicamente, no todas las opiniones son respetables.
El pensamiento crítico consiste
en someter las opiniones a una "criba". Desarrollar este concepto es
fundamental hoy en día; estamos saturados de información y expuestos a
opiniones no contrastadas que, en muchos casos, son puramente demagógicas.
Las personas demagogas apelan a
los prejuicios, miedos y emociones del público (en lugar de a la razón) para
ganar apoyo, presentando soluciones simplistas a problemas complejos. Es
frecuente la creación de “relatos” y el uso de la desinformación para construir
una versión interesada de la realidad que ignore los datos contrastados.
La pedagogía moderna, aplicada a
todos los procesos de enseñanza-aprendizaje, no se entiende sin la estimulación
del pensamiento crítico, tanto en el discente como en el propio docente. Pero
¡ojo!, no os equivocquéis ni permitáis que os confundan: el pensamiento crítico
no consiste en "llevar la contraria", en querer ser distinto porque
eso te hace parecer interesante o en ser escéptico ante todo. Consiste en
actuar como un filtro de calidad para nuestra mente.
Puesto que el pensamiento crítico
es una facultad inherente a la madurez, su fomento en edades tempranas se
convierte en un vehículo esencial para acelerar el desarrollo personal y la
autonomía de niños y jóvenes. Este proceso de analizar, evaluar y estructurar
las ideas de forma objetiva se basa en varios pilares:
- Evaluación de la evidencia: ¿De dónde viene el
dato? ¿Es una fuente fiable o un sesgo? No se trata de creer lo que
queremos que sea verdad, sino lo que la prueba demuestra.
- Reconocimiento de sesgos: Admitir que todos tenemos
prejuicios (sesgo de confirmación, de autoridad, etc.). El pensador
crítico cuestiona sus propias creencias antes que las de los demás.
- Lógica argumentativa: Detectar falacias [1]
(ataques personales en lugar de a la idea, generalizaciones apresuradas,
falacia del “hombre de paja”, etc.).
La inteligencia crítica consiste
en la capacidad de darse cuenta del error propio y cambiar de rumbo. Para
finalizar, necesito dejar claras algunas pautas desde un punto de vista
pedagógico:
Existe una confusión común entre
"criticar" y "pensar críticamente". Aquí es donde muchas
opiniones pierden su validez. Todo el mundo tiene una opinión, pero sin
fundamento es solo ruido. El pensamiento crítico exige un esfuerzo intelectual
de contraste; la libertad de pensamiento no es gratuita.
Por otra parte, están los
escépticos radicales. Negar que el ser humano llegó a la Luna o que las vacunas
funcionan no es ser "crítico", ¡es ser negacionista! El pensamiento
crítico respeta los consensos científicos mientras no aparezcan pruebas
mejores. También están quienes caen en el cinismo, creyendo que todo el mundo
miente y nada tiene valor. El pensador crítico busca la verdad, no la
destrucción de toda idea.
Por último, están quienes se
toman el pensamiento crítico como un ataque personal. En un debate sano, se
atacan los argumentos, nunca a la persona que los emite.
Espero haber aclarado alguna duda
que pudiera existir.
Fdo. Diego Bueno
[1] En un próximo artículo os
hablaré de las falacias. Un tema que me parece interesantísimo, ya que son uno
de los principales enemigos del pensamiento crítico y se usan con demasiada
frecuencia.
domingo, 25 de enero de 2026
HABLEMOS DE “¿QUÉ ESTÁ PASANDO CON LAS DIFICULTADES DE CONCENTRACIÓN?” ... ¡POR FIN!
Estoy seguro de que el tema te
interesa, pero en cuanto veas que se extiende más de media página, es probable
que decidas no leerlo a pesar de tu interés.
Es evidente que nuestro estilo de
vida supone ser una fábrica de preocupaciones y que cada vez nos cuesta más
concentrarnos, tomar decisiones e incluso pensar. ¿Qué nos está ocurriendo? ¿Es
esto normal? ¿por qué ocurre?, ¿cómo podemos mejorar nuestra capacidad de
concentración? Lo voy a analizar paso a paso e intentaré ser directo y conciso
para que no te diluyas y decidas no seguir leyendo:
Mantener una conversación fluida,
rendir en el trabajo con cierta solvencia o, simplemente, tomar una decisión
cotidiana por sencilla que parezca... En los últimos tiempos, estas acciones
que antes dábamos por sentadas parecen costar un mundo. La frase se ha
convertido en un mantra colectivo: «No puedo concentrarme, no sé qué me pasa».
Y no es una exageración; parece que nuestra capacidad de atención se ha visto
reducida a apenas unos ocho segundos de enfoque antes de que la mente salte a
otra rama.
¿Es esto normal? ¿Estamos ante un
problema grave? Lo primero que debemos hacer es serenarnos: el hecho de que sea
un fenómeno compartido nos indica que no es un fallo individual, sino una
respuesta a nuestro entorno. Vivimos en una atmósfera de angustia, exceso de
información y una incertidumbre constante que nuestro cerebro, simplemente, no
es capaz de procesar. El ruido —tanto el externo como el emocional— ha
terminado por saturar nuestra maquinaria mental.
La trampa química: dopamina y
algoritmos
Para entender por qué nos cuesta
tanto soltar el móvil, hay que mirar bajo el capó de nuestra biología. Cada vez
que recibimos un "like", un mensaje o simplemente hacemos scroll
y encontramos algo nuevo, nuestro cerebro libera un pequeño "chute"
de dopamina. Es el neurotransmisor del placer y la recompensa, el mismo que se
activa con el juego o las adicciones.
Las grandes empresas tecnológicas
no ignoran esto; al contrario, lo utilizan como base de su modelo de negocio.
Saben perfectamente cómo funciona nuestra química cerebral y diseñan sus
interfaces para que ese flujo de dopamina sea constante. Han convertido
nuestras pantallas en máquinas tragaperras de bolsillo. No es que nos falte
fuerza de voluntad por naturaleza, es que estamos compitiendo contra algoritmos
diseñados por ingenieros y psicólogos para secuestrar nuestra atención y
fragmentar nuestro tiempo. Nos han entrenado para la gratificación instantánea,
y por eso, cualquier tarea que requiera esfuerzo y paciencia ahora nos resulta
cuesta arriba.
La atención como motor de vida
A menudo cometemos el error de
pensar que la atención es solo una herramienta para estudiar o trabajar. Sin
embargo, como bien señalaba Daniel Goleman en su obra Focus, la atención
es el activo psicológico esencial para el desempeño en la vida. Si no somos
capaces de centrar el foco, nuestras relaciones se resienten y perdemos
oportunidades de ser felices.
Pero hay algo más profundo: la
atención es la forma más pura de amor. Cuando le dedicamos nuestra atención
plena a otra persona, le estamos diciendo que su existencia es valiosa para
nosotros. En un mundo que nos quiere dispersos, pararse a escuchar a alguien
sin mirar de reojo la pantalla es un acto de generosidad inmenso. La atención
es, en última instancia, lo que nos permite recordar qué es lo importante y
dedicarle el tiempo que merece a quienes queremos.
¿Por qué nos cuesta tanto
hacer "foco"?
Si analizamos las causas, nos
daremos cuenta de que hemos construido un estilo de vida que es, por
definición, enemigo de la concentración. Por un lado, tenemos la acumulación de
tareas y el cansancio físico. Por otro, esa hiperconexión que mencionábamos,
que actúa como un saboteador constante. Si a esto le añadimos el sedentarismo y
la desorganización, el resultado es una mente errática. Y no podemos olvidar la
ansiedad: estar constantemente preocupados por el futuro nos impide, por
sistema, habitar el presente.
Estrategias para recuperar el
mando
¿Qué podemos hacer para educar de
nuevo a nuestra mente? No hay fórmulas mágicas, pero sí hábitos que funcionan:
1.
Fragmentar el tiempo: Trabaja en
intervalos cortos, de unos 30 minutos. Saber que solo tienes ese bloque te
ayuda a rendir al máximo. (En algunos sistemas educativos están empezando a plantearse
la supresión de las sesiones de una hora sustituyéndolas por las de 30 minutos)
2.
Monotarea absoluta: Una sola cosa a la
vez. Visualiza tu mente como una casa donde solo puedes recibir visitas de una
en una. Si amontonas tareas y preocupaciones, la casa se vuelve inhabitable.
3.
La música como aliada: Como herramienta
terapéutica, la música es excepcional para el enfoque. Ciertos ritmos, como la
música barroca o los sonidos ambientales constantes (ruido blanco), ayudan a
sincronizar nuestras ondas cerebrales y a crear un "muro sonoro" que
nos protege de las distracciones externas. La música no solo amansa a las
fieras; también calma la mente dispersa.
4.
El ajedrez y juegos de estrategia: La
gamificación en las aulas y en las casas potencia y estimula la atención
mantenida a la vez que permite la interacción constante entre personas. Adquirir
habilidades sociales nos capacita para buscar menos ese aislamiento que nos
deja en manos del skroll.
5.
Higiene emocional y desconexión: En
tiempos de mucho ruido, busca el equilibrio. Apaga las notificaciones que no
sean vitales. Recuperar el mando sobre cuándo miramos la pantalla es el primer
paso para recuperar nuestra libertad mental.
Para concluir, debemos entender
que decir «no puedo concentrarme» es hoy un signo de los tiempos. Nuestro
cerebro está intentando sobrevivir en un mundo de una complejidad inédita para
el que no está biológicamente concebido. La buena noticia es que recuperar el
control es posible. Se trata de entrenar el enfoque día a día, entendiendo que
donde ponemos nuestra atención, estamos poniendo nuestra vida. Hagamos que
valga la pena. Cambiar actitudes es posible, aunque requiere entrenamiento,
esfuerzo y constancia. Conocer el origen nos proporciona el motor que supone la
motivación para intentarlo, hacerlo y conseguirlo.
Fdo. Diego Bueno
martes, 20 de enero de 2026
HABLEMOS DE LA NECESIDAD DE NECESITAR… ¡POR FIN!
En buena medida, nuestro malestar
emocional viene determinado por esa incontrolable pulsión de
"necesitar" cosas. Para empezar, debemos ser conscientes de que se
trata, únicamente, de una creencia que forjamos en nuestro diálogo interno. Nos
convencemos de que, para estar bien, es imperativo estar delgado, que llegue el
viernes, ser el más inteligente, tener una agenda llena de amigos o poseer un
coche mejor. Nos imponemos la obligación de tener pareja, un piso en propiedad,
dominar idiomas, calzar esos zapatos de moda, ser extrovertidos o viajar sin
descanso.
El problema reside en que muchas
personas, si sienten que falla un solo eslabón de esa cadena infinita, se
consideran un fracaso. Se sienten en la ruina emocional.
Sin embargo, las personas más
fuertes y felices suelen ser aquellas que necesitan muy poco. En su diálogo
interior se repiten, constantemente, que no precisan de grandes artificios para
alcanzar el bienestar. Les basta con tener cubiertas las necesidades básicas y
poco más. No dependen de lo material, ni siquiera de validaciones inmateriales
constantes. Su narrativa es distinta: “No necesito que todo el mundo me
trate bien todo el tiempo”, “tengo salud, tengo mucho más de lo que
realmente requiero”. Son capaces de ver todo lo bueno que poseen y todo lo
bueno que son; se aceptan y, desde esa aceptación, deciden mejorar aquello que
es mejorable.
A veces, los árboles nos impiden
ver el bosque. Por eso es tan recomendable apartarnos, tomar distancia y
observar nuestra vida desde otra perspectiva. Lo único necesario para
transformar nuestra visión es ser conscientes de su importancia y tener la voluntad
de hacerlo. Y, si el camino se hace cuesta arriba, siempre podemos buscar ayuda
profesional. Es fundamental entender que, por ejemplo, la dependencia emocional
nace, precisamente, de necesidades de afecto y reconocimiento que no son
reales, sino proyecciones de una baja autoestima.
La felicidad, al fin y al cabo,
reside dentro de nosotros. Buscarla fuera no solo supone un gasto de energía
innecesario, sino que nos condena a la impotencia y la frustración. El
verdadero cambio nace del esfuerzo de introversión necesario para conocernos y
mejorarnos.
Fdo. Diego Bueno
¡REBELAOS!
Todas, en mayor o menor medida, habéis sido víctimas de la discriminación y la desigualdad. Incluso aquellas que pensais que ...
-
Suele ser gente sin estudios, aunque también los hay con la mente desquiciada y rasgos psicóticos, tipo Don Quijote. Es necesario recordar...
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Nunca dejas de ser tú. Es importante partir de la base de que aquí hablamos de "moldear" , no de cambiar radicalmente nuestra e...
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Empiezo fuerte con esta afirmación: “La libertad de expresión protege a las personas, pero no la validez de lo que dicen”. Por ejemplo, se...