En buena medida, nuestro malestar
emocional viene determinado por esa incontrolable pulsión de
"necesitar" cosas. Para empezar, debemos ser conscientes de que se
trata, únicamente, de una creencia que forjamos en nuestro diálogo interno. Nos
convencemos de que, para estar bien, es imperativo estar delgado, que llegue el
viernes, ser el más inteligente, tener una agenda llena de amigos o poseer un
coche mejor. Nos imponemos la obligación de tener pareja, un piso en propiedad,
dominar idiomas, calzar esos zapatos de moda, ser extrovertidos o viajar sin
descanso.
El problema reside en que muchas
personas, si sienten que falla un solo eslabón de esa cadena infinita, se
consideran un fracaso. Se sienten en la ruina emocional.
Sin embargo, las personas más
fuertes y felices suelen ser aquellas que necesitan muy poco. En su diálogo
interior se repiten, constantemente, que no precisan de grandes artificios para
alcanzar el bienestar. Les basta con tener cubiertas las necesidades básicas y
poco más. No dependen de lo material, ni siquiera de validaciones inmateriales
constantes. Su narrativa es distinta: “No necesito que todo el mundo me
trate bien todo el tiempo”, “tengo salud, tengo mucho más de lo que
realmente requiero”. Son capaces de ver todo lo bueno que poseen y todo lo
bueno que son; se aceptan y, desde esa aceptación, deciden mejorar aquello que
es mejorable.
A veces, los árboles nos impiden
ver el bosque. Por eso es tan recomendable apartarnos, tomar distancia y
observar nuestra vida desde otra perspectiva. Lo único necesario para
transformar nuestra visión es ser conscientes de su importancia y tener la voluntad
de hacerlo. Y, si el camino se hace cuesta arriba, siempre podemos buscar ayuda
profesional. Es fundamental entender que, por ejemplo, la dependencia emocional
nace, precisamente, de necesidades de afecto y reconocimiento que no son
reales, sino proyecciones de una baja autoestima.
La felicidad, al fin y al cabo,
reside dentro de nosotros. Buscarla fuera no solo supone un gasto de energía
innecesario, sino que nos condena a la impotencia y la frustración. El
verdadero cambio nace del esfuerzo de introversión necesario para conocernos y
mejorarnos.
Fdo. Diego Bueno
No hay comentarios:
Publicar un comentario