martes, 23 de junio de 2026

HABLEMOS DE LA PESCA DE ARRASTRE DE LA DERECHA ESPAÑOLA... ¡POR FIN!

 

A la hora de causar estragos y desafección en la opinión pública, así como un rechazo generalizado hacia la política, la derecha española juega con una ventaja nada despreciable: a la gente de izquierdas nos causa verdadera repulsión la corrupción, sobre todo la intrínseca a los grandes poderes del Estado. Por desgracia para el país, y por suerte para ellos, esto no ocurre en la derecha.

Teniendo claro este precepto, la estrategia a seguir es más que evidente. Acusar, difamar, fiscalizar, hostigar y azuzar a los poderes del Estado para que rastreen igual que lo hace un sabueso en busca de droga dentro de un vehículo en la frontera con Gibraltar. Abren y revuelven cajones y armarios, levantan alfombras y se llevan “palante” lo que pillen. Por el camino lo desordenan y rompen todo. Ese es el famoso “palantismo” que mencionaba la virgen de Madrid (virgen por lo de impoluta y santa ya que, al fin y al cabo, sus 7.291 fallecidos por desatención, abandono y desamparo iban a morir de todas formas).

Bien, pues esto es lo que yo llamo “pesca de arrastre”. Históricamente, la derecha ha hecho gala y se ha escudado en su supuesta mejor gestión de la economía para convencer a los trabajadores de que les den su voto. Pero ¡vaya mala suerte! Resulta que la economía va mejor que nunca y que las cifras de desempleo son las mejores en décadas y todo a pesar de pandemia, guerras y aranceles de Trump, así que hay que apelar irremediablemente a lo único que les queda, es decir, al patriotismo de banderita —el verdadero tampoco les vale porque, por desgracia para ellos, Pedro Sánchez ha mejorado la imagen, el prestigio y la percepción de España en todo el mundo— y a la corrupción. Lo de las costumbres arcaicas no les da tantos votos ya. Eso se lo queda la ultraderecha y lo de la seguridad tampoco cuela a pesar del intento de hacer creer que hay un okupa por cada metro cuadrado o que es normal que te ocupen tu vivienda mientras bajas al Mercadona a por una tortilla de plástico.

Tras soltar todo tipo de redes, legales e ilegales, lícitas e ilícitas, éticas y espurias, y recogerlas... han encontrado oro puro. Corrupción de la buena en el gobierno progresista y en el propio partido socialista, así que las personas de izquierdas estamos abatidas, frustradas y desoladas.

Resulta que es precisamente en esa desolación donde se desvela el abismo que nos separa. Mientras que en la derecha la reacción ante la podredumbre propia es el cierre de filas, el corporativismo rastrero y la justificación sistemática de los suyos, en la izquierda el golpe duele en el alma. Nos abrimos en canal, exigimos responsabilidades fulminantes y nos desangramos tanto pública como íntimamente. Ese dolor visceral, esa falta de anestesia ante la deshonestidad, es el precio que pagamos por tener principios éticos y no meros intereses electorales.

Y es ahí, en nuestro desánimo, donde la pesca de arrastre celebra su verdadero triunfo. Su fin último nunca fue limpiar las instituciones, sino inocular el veneno del "todos son iguales" en el electorado progresista. Saben perfectamente que su votante es fiel y disciplinado, inmune al desencanto; por eso, su victoria depende de que nosotros, ante la frustración, tiremos la toalla, nos rindamos al cinismo y nos quedemos en casa el día de las elecciones. El éxito de su red no es haber pescado a unos corruptos en la izquierda, sino conseguir que la gente honrada renuncie a la política. Ahí es donde suele pescar el populismo de la extrema derecha y eso es realmente peligroso.

La corrupción es un enorme problema. Siempre lo ha sido. Lleva siglos incrustada en el ADN de las instituciones de este país. Existe en todos los estamentos, en todas las instancias, en todas las profesiones. Se asume con una normalidad pasmosa, de la misma manera que siempre se ha normalizado el defraudar a Hacienda o el pedir una factura sin IVA. Con esa misma naturalidad se asimilan las mordidas en las recalificaciones de terrenos, la compra de voluntades o los famosos pelotazos urbanísticos.

Si de verdad aspiramos a un cambio higiénico, a convertir la corrupción en un estigma socialmente deleznable, la Justicia no puede llevar una venda que solo tape un ojo. Debe actuar con la misma celeridad y el mismo peso ante cualquier desmán, sin importar las siglas ni los apellidos. Y eso incluye al emérito, al misterioso e indescifrable 'M. Rajoy' que nadie logra identificar, a las presidencias autonómicas de Madrid o Valencia, y a cualquier exministro y expresidente del Gobierno. Sin embargo, visto lo visto, la venda de la justicia parece tener demasiados agujeros. Al final, no estamos ante una cruzada por la limpieza democrática, sino ante una descarnada estrategia de asalto al poder.

Quienes os defináis como personas de izquierdas, estoy seguro de que sentiréis la misma desolación que yo; una quiebra interna que se despliega en tres frentes abiertos. Desolación, en primer lugar, por la podredumbre descubierta en el seno del gobierno progresista y en el propio PSOE. Desolación, también, al constatar cómo ciertos sectores de la justicia, los grandes medios de comunicación y las propias cloacas de las fuerzas de seguridad del Estado se alinean, por las buenas o por las malas, para derrocar a un ejecutivo democráticamente elegido. Y desolación, finalmente, ante la demoledora sospecha de que esta estrategia les servirá para volver a ganar las elecciones, abriendo de par en par las puertas a una nueva era de recortes despiadados en nuestros derechos, en nuestra sanidad y en nuestra educación pública.

Fdo. Diego Bueno.

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