lunes, 10 de agosto de 2026

HABLEMOS DE SUCIEDAD EN ESPACIOS PÚBLICOS… ¡POR FIN!

 

Hay imágenes en las redes sociales que se quedan grabadas y que obligan a detenerse a reflexionar sobre lo que está pasando a nuestro alrededor. En estos días he vuelto a ver fotografías de barrios vulnerables con las calles llenas de suciedad, postales lamentables de playas tras una jornada multitudinaria o zonas desoladas después de cualquier evento masivo (conciertos, partido de fútbol, cabalgata de reyes, procesiones…). Hay una tendencia cada vez más extendida a tirarlo todo al suelo sin ningún miramiento, amparada en esa cómoda y egoísta idea de que ya vendrá alguien detrás a recogerlo. Esa falta de respeto por lo común no surge de la nada ni es un hecho aislado, sino la manifestación visible de un problema mucho más profundo.

En la España de pleno siglo XXI y por desgracia, en Andalucía más comúnmente, nos encontramos con muchas personas que no han recibido en sus hogares una educación adecuada que promueva la convivencia real y el respeto al entorno compartido. Se trata de familias en las que no se ha fomentado la libertad individual vinculada al cumplimiento de unas normas básicas de ciudadanía. Lo más preocupante de esta situación es que esas personas están criando a sus hijos e hijas bajo el mismo patrón, transmitiendo las mismas carencias y perpetuando un bucle muy difícil de romper. Cuando el incivismo se normaliza desde la infancia en el propio hogar, la calle se convierte simplemente en un vertedero o en un lugar sin ley donde todo vale, sobre todo cuando existe el amparo del anonimato en la multitud.

Romper esta cadena intergeneracional es un reto complejo pero imprescindible si queremos construir una sociedad cohesionada. A mi entender esa ruptura solo es posible actuando desde tres frentes complementarios que deben remar en la misma dirección. En primer lugar es fundamental educar a los propios padres y madres, ofreciéndoles herramientas y acompañamiento para que entiendan la importancia de transmitir valores de respeto y responsabilidad en el día a día. Muchas veces no se trata de mala intención, sino de una absoluta falta de referentes y de pautas formativas en la vida adulta.

En segundo lugar necesitamos una verdadera presión social articulada mediante la concienciación comunitaria. No podemos permanecer indiferentes ni mirar hacia otro lado ante las conductas incívicas en el espacio público. El rechazo ciudadano pedagógico y las campañas continuadas deben dejar claro que el espacio de todos nos pertenece a todos y requiere el cuidado de cada uno. La libertad individual pierde su sentido cuando destruye la convivencia común.

Por último, el papel de las instituciones educativas resulta determinante. La escuela, el instituto y la universidad son los espacios públicos por excelencia donde se puede y se debe compensar lo que a veces no llega desde las familias. El sistema educativo no puede limitarse a la mera transmisión de contenidos académicos, sino que debe ejercer de motor de transformación social, enseñando a vivir en comunidad y cultivando el sentido del bien común desde la infancia. Solo combinando la formación a las familias, la concienciación social y una educación pública comprometida seremos capaces de romper este bucle y devolver el valor al civismo que tanto necesitamos. Sin embargo, el marco educativo debe ir acompañado de medidas de control firmes y efectivas. Resulta imprescindible aumentar la vigilancia, dotando de más medios humanos y materiales a las autoridades para que puedan velar por la convivencia y evitar los desmanes que vemos a diario en nuestras calles. Esto exige implantar sanciones económicas ejemplares y verdaderamente disuasorias que vayan de la mano de medidas reeducativas y que generen un verdadero reproche social en quien las recibe. Las consecuencias económicas deben ser claras, pero sin olvidar en ningún momento que la herramienta principal para lograr una sociedad respetuosa y madura siempre será la educación.

Fdo. Diego Bueno

No hay comentarios:

Publicar un comentario

HABLEMOS DE SUCIEDAD EN ESPACIOS PÚBLICOS… ¡POR FIN!

  Hay imágenes en las redes sociales que se quedan grabadas y que obligan a detenerse a reflexionar sobre lo que está pasando a nuestro alre...