viernes, 15 de abril de 2011

HABLEMOS DE “ENFERMEDAD SOCIAL”… POR FIN!!

 Se suele escuchar o leer, con relativa frecuencia, eso de que “esta” sociedad está enferma.

Se utiliza para ello un tono de desprecio, de lamento, de desencanto, de desesperanza.
Como si en el pasado no lo hubiera estado. Como si existiera o haya existido alguna sociedad completamente sana.
Todas las sociedades carecen de una salubridad total. Absolutamente todas. Lo que las diferencia son las enfermedades que afloran en el momento. Los síntomas del mal social no son más que el reflejo de los síntomas de cada uno de los individuos que componen esa sociedad.
¿Es necesario que recuerde que hace siglos se aceptaba como “normal” las ejecuciones públicas? ¿O que hace solo 40 años fue nº 1 en ventas una canción del dúo dinámico titulada “15 años tiene mi amor”? ¿O que la figura del “tonto del pueblo” (víctima de todo tipo de burlas, menosprecio o vejaciones) era algo comúnmente aceptado socialmente?
¿Acaso esas sociedades eran sanas?
Es evidente que en nuestra sociedad actual hay varias enfermedades. Generalmente tienen como factor común el individualismo (con su carga de egoísmo implícita). La inmediatez, el escaso apego a personas y cosas, el culto al cuerpo como forma de éxito social o la exaltación de la autenticidad (anteponiéndola a valores como la compasión, las buenas formas o la bondad).
Paradójicamente, y haciendo uso de ese individualismo, es donde pueden estar esos remedios que ayuden a paliar esas enfermedades mencionadas, ya que solo desde la individualidad es posible (hoy día y gracias a la libertad de información) sanear al conjunto de individuos que conforman la sociedad.
Creo que todo el mundo coincide en que existen las llamadas enfermedades sociales y en que debemos actuar. En lo que no hay consenso, por parte de las familias, es en la forma de hacerlo. Y cuando surgen este tipo de interrogantes, siempre, me pregunto…. ¿Por qué no hacer caso a lo que dicen los expertos?
Porque lo cierto es que, desde el punto de vista científico, si que hay una serie de pautas a seguir y medidas a tomar, tanto de forma individual como por parte de los gobiernos, en materia de educación.
Existen innumerables investigaciones, desde el punto de vista psicológico, neurológico y social, destinadas a entender por qué los humanos actuamos como lo hacemos, por qué adoptamos ciertas conductas y, sobre todo, si existe la posibilidad de cambiar dichas conductas o conceptos. Es, también, paradójico que los expertos lleguen a conclusiones aceptadas de forma unánime y que, sin embargo, dichas conclusiones no cuenten con el respaldo suficiente por parte de cada uno de nosotros ni de los gobiernos que nos representan.
Existe, en ese sentido, una hipocresía y una falta de sensibilización por parte de todos ya que, por una parte nos quejamos y por otra no estamos dispuestos a aceptar tomar las medidas adecuadas
Ese es el quid de la cuestión, a mi entender.
¿No nos jactamos de decir que amamos a nuestros hijos? ¿No estamos de acuerdo con que debemos dejarles un mundo mejor tras nuestra ausencia? Pues eso, que no es más que un acto de amor debería ir refrendado por acciones. El amor siempre implica acción y esfuerzo. Las buenas palabras no son más que eso. Palabras que sirven para “quedar bien”.
Por tanto, y metiendo el dedo en la llaga, no tengo más remedio que deciros que es nuestra obligación como padres y como parte activa de esta sociedad, estar lo más al tanto posible de las investigaciones, que en materia de educación, se llevan a cabo y, sobre todo, de las conclusiones de dichas investigaciones y que es también nuestra obligación, intentar poner en práctica los consejos en materia de educación. No solo los profesionales estamos obligados a ello, sino también los padres. No considero que sea una tarea tan difícil, gracias a los medios de comunicación con los que contamos. Y en cualquier caso no cabe rebatir normas de conducta, sistemas de aprendizaje, técnicas de formación etc. que han sido unánimemente aceptadas por expertos.
¿Qué hay mucho que investigar? Por supuesto que si. Pero mientras tanto, si queremos una sociedad más sana debemos seguir las indicaciones de quienes han estudiado los comportamientos humanos, tan imperfectos por naturaleza como mejorables.
Uno de los grandes objetivos (dado que vivimos en la opulencia y podemos conseguirlo casi todo sin demasiado esfuerzo) es conseguir que nuestros hijos piensen, que mediten, que se pongan en el lugar de todos, que puedan ver las cosas desde distintos puntos de vista, que, en definitiva, barajen posibilidades. Y existen técnicas encaminadas a conseguir dicho objetivo. Entendiendo la libertad como la capacidad de elección que tenemos las personas, se hace imprescindible disponer de un amplio abanico de posibilidades entre las que elegir. Eso nos hará más libres y, sin duda, mejores personas. Eso, a su vez, hará de la nuestra, o la de ellos, una sociedad más sana.
En esta ocasión creo que he conseguido ser más escueto (me soléis criticar que soy demasiado extenso y que por eso algunos no me leéis). Queda abierto el debate.

Fdo. Diego Bueno 

jueves, 31 de marzo de 2011

HABLEMOS DE ¿ES BUENO GOLPEAR A UN NIÑO?... POR FIN!!

 

A que planteado así (usando el verbo golpear) la respuesta es más fácil? (eso espero).

Vamos a aclarar las cosas y a llamar a las cosas por su nombre, por favor.

¿Dar un cachete en el culo?, ¿Dar un zopapo?, ¿Una colleja, quizás?. Señoras y señores!!. Todo eso es GOLPEAR. Golpear es dar golpes. Y golpear (lo queráis ver o no) es un acto de violencia. Estamos hartos de oír que la violencia no es buena, que hay mucha violencia etc. Y… resulta que los que estáis de acuerdo con GOLPEAR a un niño usáis la violencia. Por cierto… ¿Con qué finalidad?. Espero que nadie crea que un golpe es un acto educativo. Ya conocéis la típica frase esa de “una torta a tiempo… le habría venido bien y de esa forma este chico no se les habría ido de las manos”, o..."A mi me hace eso mi hijo y le doy una hostia..."

¿Realmente pensáis que una torta (o muchas) habría hecho que ese adolescente hubiera sido mejor chico o hubiera estado mejor educado?. Espero que vuestra ignorancia no llegue a esos límites pero por si acaso hay alguien de los que me leéis que, realmente piense que eso es así, solo decirle que las estadísticas (reales como la vida misma) nos dicen que las personas más violentas son las que han sido víctimas de un trato violento. Y visto por pasiva… aquellos que estáis de acuerdo en golpear a vuestros hijos (os valéis de vuestra mayor fuerza física, cobardes!) seguro que fuisteis golpeados por vuestros padres y, como ya deberíais saber, la violencia genera violencia y es una conducta aprendida. El serhumano nace con una violencia intrínseca (justificada por el instinto de supervivencia) que hoy día tiene menos sentido y, sobre todo, que es posible reconducir (educar).

Los que usáis el golpe contra vuestros hijos, lo único que hacéis es demostrar vuestra incompetencia como educadores (lo cual no es un delito. El delito está en no poner más de vuestra parte para ser más competentes y, muy al contrario, limitaros a lo fácil, es decir, golpear al que no puede defenderse). Demostráis también que no tenéis dominio de vuestras emociones y un escaso autocontrol (tener dominio de las emociones no es no tener emociones y ser frío como el hielo, sino controlarlas. Aclaro para los que me creáis frío).  Demostráis falta de recursos y demostráis que un acto de violencia, cobardía y nada educativo puede ser disfrazado con mil expresiones distintas y obtener el beneplácito del resto de padres violentos para ocultar la verdad.

Y ahora… vamos!. Hacedme las típicas preguntitas o planteadme los típicos problemas.

· 1ª cuestión que me podríais plantear: “Es que hay niños y niños” (diría alguno).

Respuesta. Pues claro que hay niños y niños. Al igual que hay padres y padres. Dicho de otro modo… los niños son lo que son los padres, así que no me vengas con gilipolleces. Los niños no los regalan en las tómbolas. Somos nosotros los que les ayudamos a ser como son (en lo bueno y en lo malo) y si por lo que sea no estás haciendo lo debido…¿Lo resuelves con golpes? Recuerda que pegar a tu hijo es pegarte a ti (solo que el golpe se lo lleva el, claro)

·2ª cuestión que me podríais plantear: “Por que se le de un cachete alguna vez, tampoco va a coger un trauma”. Solo faltaría eso. Que golpearais por norma. Por supuesto que no se va a traumatizar, pero… recuerda que el golpe JAMÁS es educativo (no lo digo yo. Lo dice cualquier especialista del mundo)

· 3ª cuestión: “Los padres también tenemos derecho a perder los nervios". Por supuesto que si, pero debemos ser conscientes de que es un error perder los nervios y, al igual que tenemos  el derecho a perderlos, también tenemos la obligación de mejorar y rectificar.

· 4ª cuestión: "¿Tu no has pegado nunca?. Si. Que yo recuerde, una vez di un empujón a Sergio y en otra ocasión di unos golpes en el culo a David. Y me arrepiento de haberlo hecho y me prometí no volver a hacerlo. Y hasta ahora meh ha ido bien. Quienes conozcáis a mis hijos sabréis de qué hablo.

· 5ª cuestión: "Se sabe que aun existe debate en EEUU, por ejemplo, acerca de la conveniencia o no del uso de los golpes con caracter educativo". Sin comentarios. Paso de hablar de un país que ha hecho de la violencia una forma de vida desde que se creó como tal.

· 6ª cuestión: "Pues yo he dado una torta a mi hijo alguna vez y me ha dado resultado y no por ello lo quiero menos". ¿Resultado?. Qué resultado buscabas?. Probablemente buscabas el cumplimiento de una orden deforma inmediata (probablemente tras habérselo dicho de mil formas distintas) o la "venganza"

Fdo. Diego Bueno

 

sábado, 5 de marzo de 2011

HABLEMOS DE LA GENERACIÓN “NINI”… POR FIN!!

 

Denostada, criticada y malentendida, no hacemos más que contemplar, con asombro, a esta generación de jóvenes que posee unas características muy particulares.

Como si hubieran crecido a nuestras espaldas. Como si nosotros (sus padres) fuéramos, únicamente, sus víctimas. Como si su conducta, sus hábitos, su moral (que tenerla, la tienen) y su forma de vida, además de ajena a nosotros, no fuera responsabilidad nuestra.

Pues siento deciros que no deberíamos engañarnos. No deberíamos pensar que toda la “culpa” es de ellos como si nosotros y nuestra forma de educarlos no influyera en que sean como son.

Lo siento señores!! Pero… los responsables de que exista esta generación de jóvenes, en la que los “ninis” ocupan el lugar mas significativo, (ya se sabe que toda generalización acarrea injusticias) no somos más que nosotros (padres, educadores y la sociedad, en general)

Como suelo hacer siempre, no tengo más remedio que volver a remitirme a tiempos pasados (para saber lo que somos es necesario saber de donde venimos). Somos el paso intermedio entre dos generaciones radicalmente opuestas. Por una parte nuestros padres fueron víctimas de un régimen represor en todos los aspectos. Por otra parte, nuestros hijos padecen nuestras ansias de libertad tras esa represión. También venimos de una cultura en la que para conseguir algo había que ganárselo (debido a que había enormes carencias y no era fácil disfrutar de comodidades) (entonces no había tiendas de chinos, por ejemplo) y de pronto nos vimos abordados por una ola de opulencia, posibilidades, medios, riqueza y prosperidad.  

Me consta que hay mucha gente que añora el concepto de educación de tiempos pasados (“esto antes no se consentía” suelen decir). Y yo digo que no sería tan buena esa forma de educar cuando nosotros (los educados a la antigua) estamos criando a niños y jóvenes que son calificados como “ninis” en el sentido más peyorativo.

Les damos todo aquello que nosotros no tuvimos. Pensamos que dando mucho les hacemos un favor. Queremos que accedan de forma fácil y rápida a todos esos bienes a los que nosotros no pudimos acceder. Damos especial importancia a que sean nuestros hijos los que elijan (cuando resulta que, precisamente por sobreprotegerlos y sobre- mimarlos, no han adquirido la capacidad de elegir por inmadurez acentuada hasta extremos insospechados).

Es un mal social extendido.

Que si la cultura del pelotazo, que si vive el presente, que si trabaja poco y gana mucho, que si te apunto a no se qué actividad y si no te gusta te apunto a otra y si no, te quedas en casa jugando a la play de turno….

Si. Somos los responsables de esa generación. Y mirar a otro lado o, siquiera, sorprendernos, debería estar penado por la ley. Por una parte deberíamos analizar qué hacemos de forma incorrecta. Por otra, por supuesto, deberíamos rectificar.

Los cuarentones vimos morir a Franco. Respecto al resto de Europa, estábamos carentes de libertad y de adelantos técnicos. Si, señores. Nosotros vimos películas clasificadas “s” con el único objetivo de verle las tetas a la Cantudo o el “conejo” a la Lole de turno. Así de patético.

Nosotros descubrimos que hay lugares a los que se puede ir y comprar de todo. Desde comida hasta juguetes (solo tenías que coger un carro de la compra y echar de todo en el). Descubrimos que con el tiempo podríamos ser dueños de un coche parecido al de Starski y Hatch o que no sería necesario dinero para pagar algo porque inventaron unas tarjetas que servían para lo mismo. Nos dimos cuenta de que había más clases de zapatillas que las Tórtola o más canales de televisión que la primera o la segunda cadena. Nos sorprendió la ley del divorcio, la ley contra el maltrato animal, la ley contra el maltrato a la mujer, el estatuto de los trabajadores, la incorporación de la mujer al trabajo por cuenta ajena. Fuimos testigos de una transformación socio-cultural muy brusca… Para colmo, iniciamos la revolución de Internet en la que aun estamos inmersos. Cambios, en todos los ámbitos de la vida diaria, demasiado bruscos y en corto espacio de tiempo. Nos hemos visto avasallados por esos cambios porque no todos nos adaptamos a ellos con igual éxito. Existen diferencias enormes entre la gente de mi generación en cuanto a capacidad de adaptación a esos cambios. También se han producido cambios en cuanto al concepto de educación. Y… o no estábamos preparados para dichos cambios o no los hemos terminados de aceptar a pesar de la imposición.

El caso es que el precio de tanto caos lo pagan nuestros hijos. Perdimos los patrones antiguos (por suerte) que, aunque equivocados no dejan de ser patrones y estamos en proceso de adaptación (como toda nuestra existencia como generación) a los nuevos tiempos en los que los patrones están aun por definir en muchos aspectos (incluidos los que tienen que ver con el sentido de la educación).

Hace cuarenta años no se discutía, a nivel popular, si el sistema educativo era bueno o mejorable. ¿Cómo se iba a discutir si no se sabía si había otras formas de educar?.

Hoy día (y a pesar de que todos los especialistas coinciden en que el nuestro es el mejor sistema educativo posible, en términos generales) la gente discute sobre la conveniencia de educar así o no.

Eso hace que no haya un patrón definido y aceptado por toda la sociedad.

Por otro lado… la sociedad capitalista y basada en el consumo, nos incita a actuar como lo hacemos. A no dar importancia a las cosas. Lo que se estropea se tira y se compra otro nuevo ya que, por una parte, es más barato, por otra, menos molesto y, para colmo, tenemos dinero suficiente para comprar otro (cada vez más chinos). Nos encanta (debido a no se qué mecanismo interno en forma de carencias no satisfechas) estrenar cosas.

También bajó el índice de natalidad (más hijos únicos “malcriados” y consentidos).

Y en los últimos tiempos se han multiplicado por mucho el número de separaciones matrimoniales (también más hijos malcriados y utilizados por padres irresponsables y egoístas)

Esa falta de patrón educativo, ese afán por estrenar, ese poco apego a bienes materiales, esa opulencia que nos inundó de repente, esos cambios tan bruscos, esa baja de la natalidad, ese aumento de separaciones y el ritmo de vida tan desenfrenado que llevamos… mezclados en una coctelera… tienen como consecuencia la existencia de una generación de niños y jóvenes, entre los cuales, los “ninis” representan lo peor de dicha generación.

Chavales sin rumbo, conocedores de sus carencias pero sin ánimo para superarlas. Es más… se piensan que no tienen por qué superarlas porque aun así vivirán bien siempre.

Se piensan que el esfuerzo es de tontos. Por eso nos encontramos con padres desesperados que han de soportar a hijos con treinta años viviendo y comiendo de ellos. Gente joven desencantada, sin ganas de superarse a si mismos y queriendo comerse el presente a golpe de botellonas. Eso si…. Con libertades en forma de lenguaje descarado, maleducado, directo y a veces, incluso, ofensivo. Porque lo importante, para ellos, es no ser falsos. Aunque ello implique ser egoístas, maleducados o dañinos. Aunque ello implique infelicidad en los seres queridos. Jóvenes con una falta de empatía alarmante. Esa es la moral que impera en esa generación que sabe que no necesitan del esfuerzo para conseguir metas. En realidad, los ninis no son más que hijos de papás.

Son egoístas, rebeldes, inmaduros, exigentes y autoritarios. Y lo peor de todo es que lo saben, lo reconocen e incluso se sienten orgullosos de ello.

¿Mano dura?. Por supuesto que si, pero sin pretender, a base de gritos o imposiciones drásticas, hacer en dos días, el trabajo que no hemos hecho en años. La mano dura consiste en establecer límites pero sin dejar de argumentar. Los hijos, los niños, necesitan límites y eso es lo que piden cuando, con insolencia o desfachatez, desobedecen nuestras normas. Creo que debemos establecerles límites a partir de los cuales las actitudes pasan a ser inaceptables. Debemos predicar con el ejemplo moral acerca de lo que está bien y lo que está mal. Existen valores y una moral intrínsecamente, humanos. No es necesario que las religiones nos digan qué está bien y qué no. Todos sabemos que matar está mal, independientemente de que nos lo diga el 5º mandamiento de la religión cristiano-católica. No debería ser necesario apelar a las religiones o a la religiosidad para que nos guíen moralmente, porque todo humano tiene conciencia de cual es una actitud moral correcta. Valores como las buenas formas, la sencillez, la no ostentación, la humildad, la alegría, el afán de superación, la tolerancia, el esfuerzo como medio de conseguir metas, el respeto a leyes y normas, la solidaridad etc. Son tan humanos como universales.

Nos hemos vuelto ateos y, consiguientemente, inmorales. Como si una cosa tuviera que llevar a la otra. Y no. Ni la moral que imperaba era la deseable (muestra de ello son las consecuencias morales que aun padecemos) ni la moral atea imperante (en forma del “todo vale”) se corresponde con una moral universal y humana.

Ya va siendo hora de que reflexionemos, nos movilicemos y hagamos un esfuerzo para hacerles ver (esfuerzo constante y diario que deberíamos realizar si fuéramos del todo conscientes de la importancia de ese esfuerzo para con nuestros hijos) que es, precisamente, mediante el esfuerzo, la única forma en que se puede uno sentir pleno, realizado, maduro y en condiciones de ser libre y feliz. No se valora lo que se tiene si lo que se tiene no es fruto del esfuerzo. Nosotros, los padres, conseguimos lo que tenemos (que es muuuucho más que lo que tenían nuestros padres) en parte por nuestro esfuerzo y en parte por el enorme cambio que nos sobrevino. Cuando uno se enriquece en poco tiempo, se olvida un poco del sentido moral. ¿Quiénes lo pagan?... Nuestros hijos.

Fdo. Diego Bueno

jueves, 25 de noviembre de 2010

HABLEMOS DE “VAMPIRESAS”… POR FIN!!

Antes que nada, aclarar que me refiero a vampiresas y no a vampiros porque en mi experiencia vital me he encontrado, sobre todo, con “ellas” y mucho menos con “ellos”, pero estoy completamente seguro de que haberlos haylos. Sobre todo, abundan los vampiros en temas relacionados con el mundo laboral y también he tenido la desgracia de tener que lidiar con más de uno.
El vampiro o vampiresa es también conocido como “garrapata”.
La característica principal de cualquier vampiro/esa es chupar la sangre de su víctima. Lógicamente hablamos en términos figurativos, lo cual no lo hace ser menos problemático que si hablara literalmente ¿eh?
Porque la vampiresa presenta una serie de características que la hacen visible (solo a ojos avispados) y la definen como tal.
Se trata de una mujer que, ante todo, posee un egoísmo (“yoismo” que diría aquel) fuera de lo común. Todos somos en cierta medida, egoístas, pero la vampiresa, además de serlo mucho, es manipuladora. Tiene afán manipulador.
Generalmente, en plena conversación, no te escucha o te escucha poco, o no lo hace en la medida de lo que requiere nuestro discurso. Y si te escucha… ve pensando que, seguramente, lo hace para cobrarse luego en términos de atención al hablante, mucho más de lo que ha “pagado” escuchándote a ti.
La vampiresa no regala nada (y mucho menos, su tiempo) y, por tanto, todo lo que te de te lo va a cobrar luego con creces.
Ella es el centro del mundo y, por tanto, lo que le pase al mundo debe tener menor relevancia que lo que le ocurra a ella. Esto hace que, casi siempre, caiga en eso que llamamos “falta de educación”.
Si te toca a ti contar algo, ella te interrumpirá y lo hará con una excusa que, igualmente, habría servido para interrumpirla a ella cuando era ella la que hablaba.
Si le cuentas un problema grave (objetivamente calificado como grave, claro) tendrá la misma trascendencia, para ella, que su problema leve (objetivamente calificado como leve, claro). Ella ya se encargará de conducir la conversación hacia los terrenos que le interese (es decir, hacia ella y su mundo).
Una característica de los vampiros es que saben escoger a sus víctimas, de tal forma que, al igual que el tigre ataca a la presa más débil, la vampiresa lanza sus manipuladoras garras sobre las personas más influenciables. No dejo de reconocer la habilidad que tienen para escoger a sus víctimas. Y, en cualquier caso, si se equivocan, o son desenmascaradas, no importa. ¿Será por víctimas? (tantas como personas conviven de alguna forma con la vampiresa).
¿El objetivo de tal modus operandi? Ser ensalzada y colocada en lo más alto del podium de su mundo. Necesitan, en definitiva, de la propia reafirmación de sus conductas, de las cuales ellas mismas dudan. Y necesitan de la relevancia social (no es más que otro modo de ostentación).
El problema que presenta lidiar con vampiresas es que estas buscan y beben tu sangre y eso, siempre, te deja debilitado. A nadie le gusta sentirse débil o inferior a alguien (salvo que se necesite de la tutela de alguien, bien por inmadurez o bien por problemas personales no resueltos o, generalmente, por ambos).
Sin embargo, la vampiresa, como egoísta de sentimientos que es, no se conforma con gobernar mentes débiles, sino que, además, apunta siempre a los más alto (“demasiado fácil para mi”, deberá pensar más de una al enfrentarse al reto de tener que manipular a alguien manipulable).
Eso la hace estar en el filo de la navaja constantemente (siempre a punto de ser descubierta y siéndolo en muchas ocasiones). Llegan a habituarse a andar en esa tenue cuerda floja hasta el punto de que si son descubiertas y colocadas en la palestra, lo asumen con extraordinaria naturalidad. Por si fuera poco, cuentan con el arma de la autosugestión para convencerse de que esa persona (la que la ha descubierto y le ha recriminado su actitud), en verdad, no merecía la pena como tal (ni para malgastar su tiempo ni su esfuerzo abductor). La primera vez que es descubierta se enfadará con su víctima de una manera desorbitada y si es descubierta en más de una ocasión, te regalará su indiferencia.
La vampiresa, en su afán manipulador, es la que pretende establecer las normas de comportamiento de los demás, de su círculo. Ella determina lo que es correcto y lo que no, cuándo hay que hacer esto o aquello, cuándo hay que ir a tal o cual sitio, quienes deben ir y en qué momento. Ella determina el qué, el quién y el cómo ha de ser todo, siempre, en función de sus necesidades, sus gustos, sus posibilidades o sus apetencias.
De lo que se trata es de que ella ha de ser la reina y, por tanto, a ojos de los demás, ha de ser la cabeza visible, la que destaca y el centro de admiración del personal por lo resuelta que es, por lo guapa que es, por lo inteligente que es etc.
No es nada infrecuente recurrir, incluso, a la mentira (auto mentira a veces, porque, incluso llegan a creérselas) o a apuntarse tantos cuyo mérito no es de ella. Literalmente llegan al robo de ideas y/o iniciativas con tal de aparecer en lo más alto.
Aun así, y en función de su carácter más o menos positivo, yo distinguiría dos tipos de vampiresas.
Por una parte la típica mujer que es alegre, divertida y con alma de líder. Y por otra, tendríamos la mujer negativa que, por problemas personales, tiene la necesidad de ser el centro de un mar de lágrimas de los que la rodean. Con la primera, al menos, te ríes.
La otra gran característica de las vampiresas es la incoherencia. Esto o aquello estará bien o mal en función de mis necesidades (presentes o futuras) y no en función de criterios de raciocinio y coherencia. Anteponen la satisfacción de su instinto de relevancia a cualquier actitud medianamente coherente. Suelen vivir en el caos y suelen poseer mentes atormentadas. Sienten la necesidad de satisfacer necesidades, siempre, perentorias, y para ello no dudan en usar todos los medios de persuasión necesarios (aun dejando de lado obligaciones y responsabilidades). Suelen cansarse pronto de las personas y necesitan del cambio constante en sus vidas. Suelen dejar mucho a medias.
Otras veces tampoco dudan en competir deslealmente pisándote solo para parecer más altas, destacando tus defectos solo para que resalten sus supuestas virtudes o dando una importancia desmedida a aquello que, realmente no la tiene.
A veces, en una especie de síndrome de Estocolmo, consiguen que, una vez descubierto el pastel y apartadas de nuestras vidas, incluso las echemos de menos luego.
Es lo que hay y todos, absolutamente todos (incluidas ellas mismas) hemos conocido o conocemos a alguna vampiresa ¿verdad que si? Pues…. Estad alerta porque pueden haceros perder demasiado tiempo de vuestras valiosas vidas y daros algún que otro quebradero de cabeza. No son buenas personas, en definitiva. Por lo demás… son más inofensivas de lo que parece si usamos nuestras armas para delimitar su poder de influencia.
Gracias

miércoles, 29 de septiembre de 2010

HABLEMOS DE TIPOS DE ESQUIROLES… POR FIN!!

 

  1. Esquiroles obligados. Los que tienen un contrato precario y temen que los despidan (o que sean los primeros en ir a la calle en caso de despidos) como represalia de la empresa por participar en la huelga. Generalmente esperan con ansias la llegada de un piquete que les impida trabajar el día de la huelga.
  2. Esquiroles de nacimiento. Lo llevan en la sangre. Suelen ser de la hermandad del puño y se piensan que el resto somos tontos. Son los que, en realidad, no tienen un contrato precario ni corre riesgo su empleo (generalmente porque trabajan en un organismo público) pero alegan el punto 1 para así cobrar el día de la huelga y, para colmo, quedar bien ante el personal (personal que, generalmente no les dice nada por educación pero que sabe de qué pie cojean aunque ellos crean que no).
  3. Esquiroles ocultos. También de la hermandad del puño y, además, caguetas. Son los que dicen que van a hacer huelga o no dicen nada (alegando su derecho al silencio) y luego, a escondidas, van al puesto de trabajo.
  4. Esquiroles convencidos. Son los que, realmente, no están a favor de la huelga, generalmente, porque están contra los sindicatos y no quieren dejarse manejar por ellos (aun así les cuesta trabajo decirlo abiertamente ¿por qué será? (ver punto en común de los esquiroles para saber la respuesta)
  5. Esquiroles que hacen huelga. No saben de que va la huelga y a muchos de ellos ni les interesa, pero la hacen por cogerse un día de vacaciones y, en cualquier caso, quedar bien ante sus compañeros.
  6. Esquiroles por coacción. Reciben amenazas de empresarios. Son exactamente como los del punto 1 pero, además, están amenazados.
  7. Esquiroles de corrillo. Durante un tiempo antes de la huelga toman la palabra en corrillos para desprestigiar a los sindicatos convocantes con objeto de convencer al número máximo posible de compañeros de que no hagan huelga con objeto de no ser el único esquirol.
  8. Esquiroles por mayoría. Alegan, para justificar su condición de esquirol, que la huelga no tendrá seguimiento y que por mucho que se haga no se conseguirán los objetivos.
  9. Esquiroles lameculos. Son cono los del punto 1 y/o el punto 2, pero, además de por esos motivos, son esquiroles para apuntarse un tanto ante su jefe (jefe que, por supuesto es conocedor de la condición de lameculo del susodicho)
  10. Esquiroles excusados. Pueden poner cualquier excusa para no hacer huelga. Vale cualquier cosa. La excusa puede ser, desde una baja laboral hasta alegar que una vez tuvo un problema con un sindicato y decir que a partir de ese día hace lo contrario de lo que digan.
  11. Esquiroles de clase. Están a favor de la huelga y les gustaría hacer huelga pero su condición de facha les impide hacer huelga para no manchar su reputación.
  12. Esquiroles prostitutos. Reconocen abiertamente que no hacen huelga porque (eso alegan para justificarse) no pueden permitirse el lujo de perder el dinero del día. Suelen vender barata su dignidad. Incluso le ponen precio rápidamente.

PUNTO EN COMÚN DE LOS ESQUIROLES

Todos. Absolutamente todos aceptan las mejoras conseguidas tras la huelga (eso si… con el dinero del día de huelga en el bolsillo y su “reputación intacta”.

PD- Que cada uno de vosotros, esquiroles, se identifique con su tipo. Y si me he dejado alguno en el tintero, que lo haga saber, por favor.

Fdo. Diego Bueno

martes, 28 de septiembre de 2010

HABLEMOS DE LOS SINDICATOS… POR FIN!!

 

Es el tema de moda. Eso es lo que hay que preguntarse, pienso yo. ¿Por qué está de moda?. Indudablemente, está en boga el tema del sindicalismo porque hay convocada una huelga general. Pero… además de eso existe (y eso no se puede negar) una campaña de desprestigio, hacia los sindicatos, iniciada hace ya tiempo. ¿Quién está interesado en desprestigiar a los sindicatos?. Esto es como cuando hay un asesinato. ¿A quienes interesa y quien se beneficia  del desprestigio sindical?. La respuesta a esa pregunta nos llevará al autor del asesinato.

Evidentemente, a quienes más interesa el desprestigio es a los empresarios. Aunque algunos de ustedes se piensan que eso de la lucha de clases ya está pasado de rosca y pertenece a otros tiempos, es evidente que lo decís desde el desconocimiento de la realidad, porque os guste o no, existe y existirá siempre un enfrentamiento entre los intereses (siempre opuestos) de los trabajadores y los empresarios.

Ni que decir tiene que los empresarios lo son, no para crear empleo, no para crear riqueza, no para beneficiar al estado. Los empresarios se hacen empresarios (libremente, por cierto) para hacerse ricos, para no tener que soportar jefes cabrones y, en cualquier caso, para acumular más capital y ganar más dinero que siendo simples trabajadores. El empresario puede elegir entre ser un trabajador normal o ser empresario. El trabajador, en cambio tiene que serlo porque no tiene la posibilidad de ser empresario (para eso hace falta dinero).

Por tanto, y partiendo de la base de que los intereses son contrapuestos (el empresario quiere SIEMPRE trabajadores que trabajen mucho y bien y que no protesten nunca y, el trabajador quiere SIEMPRE trabajar en las mejores condiciones y tener un sueldo lo mayor posible) es evidente que al empresario no le interesa que el trabajador se organice, ni que proteste, ni que exija, ni que reclame derechos.

Ese es el fundamento de la justificación de que existan sindicatos (derecho que tienen todos los trabajadores en empresas de más de 8 trabajadores y que queda recogido como tal en la constitución española. Esa que tanto defienden, con extremada vehemencia, por cierto, algunos).

El empresario cuenta con un arma que suele utilizar contra los trabajadores y que le confiere un poder contra el que hay que luchar para equilibrar la balanza. Me refiero al despido. Las personas que trabajan, lo hacen para poder ganarse un sueldo con el que mantener a sus familias. Si se deja totalmente en manos del empresario la posibilidad del despido libre, esos trabajadores estarán cohibidos a la hora de reclamar derecho alguno. Debe existir una organización (democrática, por más señas) que represente a los trabajadores y que pelee por derechos y mejoras en sueldos y condiciones laborales.

Me cabrea tener que ahondar en razonamientos tan de Perogrullo pero me doy cuenta de que en estos días y, gracias a la enorme campaña orquestada desde la derecha, se hace necesario que la gente sepa cómo son, en verdad, las cosas.

Si en este país gozamos (los trabajadores) de buenas condiciones de trabajo en muchos sectores, es, en enorme medida, gracias a la lucha de los sindicatos. Todos esos que criticáis a los sindicatos, debéis saber que gozáis de esas condiciones tan buenas (suele pasar, sobre todo, en el sector público) gracias a la pelea de los sindicatos. Cuando se negocian convenios colectivos y hay mejoras laborales, es gracias a los sindicatos. Si no te agrada la forma en que actúa un sindicato, puedes afiliarte a otro. Si no te gustan las personas que te representan en tu empresa, puedes votar a otros. O mejor aun… puedes presentarte tu mism@. Eso es la democracia.

¿Qué en los sindicatos hay golfos, ladrones etc.? ¿Me puede alguien decir en qué colectivo no los hay?

Pero… sin duda, también hay personas que prestan su tiempo y sus medios por defender ideas (ideas que luego repercuten en TU beneficio) y ese tipo de gente si que es difícil encontrarlas en otros colectivos (por ejemplo, en el de los empresarios).

Por último, recordarles que esos que se les llaman “liberados” (en el tono más peyorativo posible) no son más que trabajadores elegidos democráticamente por sus compañeros (y en el número que marca la ley) para que los representen. Evidentemente, esa representación exige una dedicación en forma de tiempo. A los empresarios y a la derecha, en general, no les gustan los “liberados” porque, por una parte, no están produciendo y trabajando en la empresa (y os recuerdo que los empresarios SIEMPRE quieren gente que trabaje mucho y que no proteste ni se organice para negociar condiciones de trabajo y exigir derechos) y hay trabajadores a los que tampoco les gustan los liberados porque, simplemente, los envidian y se quejan de que ellos están trabajando mientras sus compañeros liberados están exentos de trabajar en la empresa. A esos trabajadores yo les diría que se presenten ellos como enlaces sindicales o que no voten a los que no les gustan. Y si alguien hace alusión al dinero con el que el estado financia a los sindicatos, simplemente, decirles que el estado aporta cantidades de dinero a todo tipo de asociaciones (incluidos partidos políticos) y que el dinero por representante sindical/anual en España que aporta el estado es la cantidad de 30 euros/año. Cuando queramos atajar, de verdad, la crisis, deberíamos empezar por luchar contra el enorme fraude fiscal (que cometen la mayoría de empresarios, por cierto) y que comparado con lo que le cuesta al estado subvencionar a los sindicatos es una enormidad. Eso sí que es dinero de verdad. Las subvenciones… comparadas con eso son calderilla.

Ah! Y el último tema que quería tratar respecto al sindicalismo es el de los piquetes. Cada vez que hay una huelga (no forzosamente general) sale a la palestra el tema de los piquetes. Resulta que los piquetes coaccionan para que los trabajadores no puedan ejercer su derecho al trabajo….

UN MOJÓN!!

Por supuesto que coaccionan y por supuesto que tienen que coaccionar!!

Respecto de los piquetes hay dos tipos de quejas. Por una parte la que parte de los empresarios. Lógicamente, los empresarios (y la derecha, en general) no quieren piquetes (os recuerdo de nuevo que el empresario quiere trabajadores que trabajen siempre y que sean borregos porque el empresario SIEMPRE busca ganar más dinero y pagar menos sueldos, si es posible, creando menos empleo). Es evidente que a los empresarios les jode que haya piquetes (aunque os intentarán engañar diciendo que velan por vuestro derecho al trabajo).

Respecto a los trabajadores que, libremente, deciden trabajar (y, por tanto no hacer huelga) he de decir que en un porcentaje altísimo lo hacen porque temen represalias por parte del empresario y porque coaccionados por la precaria economía que tienen, no se pueden permitir el “lujo” de hacer huelga o de quedar en entredicho ante sus jefes. ESO SI QUE ES COACCIÓN Y NO LA QUE HACEN LOS PIQUETES!.

Por cierto… esos que dicen que no están a favor de la huelga que sea y que acuden al trabajo… cuando se consiguen cosas (aumentos de sueldo, mejora de condiciones laborales o retirada de medidas que lesionan a los trabajadores, como es el caso de esta huelga general) se montan en el carro y no renuncian a esas mejoras (que es lo que deberían hacer si fueran mínimamente coherentes).

Por todo ello tienen sentido los piquetes. Simplemente se trata de equilibrar un poco la desequilibrada balanza de poder existente entre el empresario y los trabajadores.

Fdo. Diego Bueno   

domingo, 4 de julio de 2010

HABLEMOS DE LAS OPOSICIONES O CÓMO ATENTAR, FLAGRANTEMENTE, CONTRA EL SENTIDO DE LA EQUIDAD Y LA JUSTICIA… POR FIN!!

 

El gran problema, el problema de fondo que subsiste en todo esto es que finalmente quien sale perjudicada es la educación. Esto que cuento es lo que se cuece en las cocinas interiores, en los sótanos de la educación. Y luego criticamos el sistema educativo a sabiendas, únicamente, de los defectos que vemos en la punta del iceberg. Pero… les aseguro que es solo eso. La punta del iceberg. Porque en el fondo subsisten defectos de forma de toda índole. En mi caso y, debido a que me atañe muy personalmente, quiero que se conozca cómo es el proceso de selección de personal que estoy padeciendo para que todo quien lea esto sepa en manos de quienes están sus hijos en institutos.

Me hallo ahora mismo, en pleno proceso de selección de personal. En mi caso opto (ya opto menos) a una de las diez plazas que hay vacantes para la especialidad de mecanizado y mantenimiento de máquinas.

El proceso de selección consta, básicamente, de cuatro pruebas.

-Desarrollo y defensa de una unidad didáctica. En mi caso la he elaborado pero no tengo que defenderla porque llevo algún tiempo dando clases y se supone que esto me faculta para poder elaborar una unidad didáctica, sin embargo, si que he de elaborar y defender una programación didáctica. Y digo yo… si estoy capacitado para una cosa… ¿cómo se duda de mi capacitación para la otra? Solo se explica, tal medida, como una forma de favorecer a los que llevamos dando clases algún tiempo. Aunque luego, en la práctica, seamos unos dejados, unos torpes o unos inútiles (que haberlos, haylos). No existe control sobre nuestra labor docente y, por tanto, se deja todo en manos de nuestra aptitud, nuestra actitud y nuestra vocación.

- Desarrollo de un tema por escrito durante dos horas. En mi especialidad hay 67 temas que equivalen a 67 bolitas que entran en una bolsa para que alguien elija AL AZAR 5 bolas de las cuales cada opositor elije una como tema a desarrollar. Si tienes la suerte de que sale uno de los temas que llevas preparado y, sobre todo, si salen temas que el resto no domina, has triunfado. Si, por casualidad sale una bolita de un tema que todo el mundo domina más o menos bien… la has cagado porque por muy bien que lo hagas no va a haber una diferencia clara entre quienes se han preparado a conciencia estas oposiciones y quienes no lo han hecho. Está montado todo en base a la competencia entre compañeros. Da lo mismo que seas un fenómeno o que no tengas aptitudes. La cuestión es que debes ser mejor que el compañero. Y esa valía se demuestra atendiendo a criterios de… AZAR. Ya. Ya se que ahora mismo estarás pensando que, quizás, no haya otra forma mejor de hacerlo (la hay) y que, en cualquier caso, si has estudiado y te has preparado tendrás más ventajas que el resto. Por supuesto que quien estudia y se prepara tiene más ventaja. Más posibilidades. Pero puede ocurrir que el azar sea caprichoso (recuerdo la canción de Serrat que se titula “es caprichoso el azar”) y, resulta que el azar es caprichoso siempre. Por definición. De hecho, en las pasadas oposiciones también lo fue y, en mi caso particular, me vi beneficiado por el azar. La cuestión es… ¿tiene que depender del azar el hecho de que alguien se convierta en profesor funcionario de por vida?. Una forma más honesta (aunque más incómoda para un tribunal) sería la de desarrollar el tema que elijas, de entre los 5 que salen al azar, durante el tiempo que creas oportuno. De esta forma quien verdaderamente se haya preparado el tema a conciencia podría dejar constancia de ello ya que no estaría limitado por una duración de examen igual para todos. Si elijes un tema que te has preparado bien, maldices que solo dure dos horas y si no te lo has preparado pero puedes decir algo das gracias por ello.

En cualquier caso… es el azar el que decide en un porcentaje demasiado alto.

Y no. No vale eso que se suele decir de… “ya tendrás más suerte” o “Es que esto es así” o “qué se le va a hacer”. Las administraciones en materia de educación están OBLIGADAS a hacer que un proceso de selección de personal sea, ante todo, justo, ecuánime y coherente. Por una parte porque es mucho lo que nos jugamos los que participamos y por otra, por el bien de la educación (esa educación que queremos mejorar entre todos).

- Prueba práctica. A ver. Esto ha sido lo más indignante este año.

Resulta que el tribunal es elegido por pertenecer a la misma provincia en la que se celebran las oposiciones (la provincia sede del tribunal. Recuerdo que en mi caso sólo hay un tribunal) y, en principio, no se me ocurre otro motivo para que esto sea así salvo criterios económicos. Mal vamos si son los criterios económicos los que marcan la propia elección del tribunal.

La sede de mi tribunal ha sido un instituto de Puerto Real (Cádiz). Un instituto que presenta unas condiciones de mantenimiento realmente lamentables, con un taller sucio y mal equipado que intuyo que subsiste gracias al trabajo desinteresado de profesores que se preocupan por ello pero no porque la administración invierta en máquinas, utillaje y mantenimiento, precisamente. ¿Llega dinero al instituto donde se celebran las oposiciones?. No lo se. Supongo que si. Lo que si se es que en 20 años se han celebrado dos oposiciones de mi especialidad en toda Andalucía y… casualidad?... las dos han sido en este instituto. No soy capaz de lanzar ninguna hipótesis acerca de los motivos que han llevado a la elección de este instituto y no otro de los muchos que hay en esta comunidad autónoma.

Lo que sí es curioso es que ningún miembro del tribunal (cinco personas) son profesores de este instituto.

La prueba práctica consiste en la fabricación, en máquinas, de una pieza. Podría ser también una prueba escrita o alguna práctica relacionada con neumática, Hidráulica o control numérico pero la falta de medios hace que sea, materialmente, imposible llevar a cabo ese tipo de prueba.

Dado que en este instituto no hay suficientes fresadoras, la prueba tiene que ser forzosamente de torno. Dado que sólo hay 15 tornos y somos más de 60 opositores, se hace necesario que la prueba se haga en días sucesivos de forma que el orden de actuación sea según la letra que haya salido AL AZAR en sorteo puro y duro celebrado hace ya unos meses.

En este instituto hay 15 tornos. Dos de ellos se dejan de comodín por si, durante la prueba, surgiera alguna eventualidad en alguna máquina, que obligara a un opositor a usar otro torno.

De los 13 tornos que hay… 9 de ellos son tornos antiguos y 4 son modernos. Existen diferencias importantes (sobre todo si desconoces el sistema de palancas de uno de los dos modelos porque en tu instituto no exista alguno de ellos) entre ambos modelos y… a criterio del tribunal (el tribunal quiere que se realice la prueba en turnos de 13 personas ya que hacerlo en turnos de 9 alargaría el proceso) se sortean, antes de empezar la prueba (5 minutos antes) los tornos de tal forma que, una vez más EL AZAR decide donde tendrás que realizar la prueba práctica. Os recuerdo que la cuestión no es hacerlo bien, sino hacerlo mejor que tus compañeros. Evidentemente, el compañero que trabaje en un torno que conozca mejor o que esté en buen estado o que sea de los modelos nuevos… ya cuenta con una gran ventaja sobre el que no tenga esa posibilidad por azar.

Aun así y dado que debe haber un orden de actuación debido al sistema empleado (podrían abrirse 5 institutos, por ejemplo, y que todos los opositores realizaran la misma prueba a la misma hora, por ejemplo, pero… eso cuesta dinero y… en educación parece ser que la consigna es gastar poco o mal).

Pues en esas condiciones… al presidente del tribunal no se le ocurre otra cosa (en una evidente muestra de querer dejar su huella personal en los anales de las oposiciones) que sorprendernos. En esta ocasión no se ha limitado a entregarnos un croquis de una pieza o un conjunto que tengamos que fabricar (ya en las pasadas oposiciones, el tribunal no tuvo la suficiente imaginación como para poner piezas diferentes en días diferentes, sino que puso la misma pieza para todo el mundo, con lo cual, salvo los que tuvieron la mala suerte de concurrir el primer día, el resto llevaba ya las cuchillas afiladas, las herramientas preparadas y la práctica del examen más que ensayada) sino que decide (se ve que le vino la luz en un momento de inspiración o vete a saber bajo los efectos de qué droga estaba este hombre para hacer esto) que seamos nosotros mismos los que diseñemos la pieza a fabricar atendiendo a una serie de condiciones que nos da.

Lo siento por Ana, pero no se me ocurre un calificativo mejor que el de gilipollas. Hay que ser gilipollas para pensar que esta forma de examen no va a trascender. Hay que ser iluso para creer que la sorpresa por el tipo de examen se va a mantener durante todos los días en que hay prueba práctica. Evidentemente la sorpresa de tener que realizar un diseño, se la llevan (nos la hemos llevado) los del primer turno. Ese turno que se decide AL AZAR cuando se escoge la letra que marcará el orden de actuación.

Así que… ahí me tenéis a las 8 de la mañana con un papel en blanco y un lápiz teniendo que diseñar un conjunto que luego fabricaré en torno. Sin la más mínima idea de que fuera eso lo que tendría que hacer. Haces un diseño teniendo en cuenta las herramientas de que dispones pero sin, siquiera, acordarte de cuales son porque llevas tres cajas de herramientas hasta los topes. Haces que las medidas te coincidan e improvisas como buenamente puedes (la prueba no es mala idea, en si, siempre que fuera una sorpresa PARA TODOS). Evidentemente pierdes un tiempo precioso en este proceso.

Al poco de acabar la prueba práctica ya todo el mundo (el resto de opositores) conoce en qué consiste y esa misma tarde (lógicamente yo haría lo mismo) todos han diseñado ya varios conjuntos. A partir del primer día ya no hay sorpresa y todo el mundo tiene varios diseños grabados en mente. Memorizados. Ya todos tienen sus herramientas bien preparadas (ya saben que pueden elegir los diámetros que quieran, los pasos de rosca que quieran o los diámetros de curvas que quieran con lo cual se jode el factor sorpresa y se parte con una ventaja fundamental. La cuestión no es que yo hiciera bien mi pieza, sino que el resto de mis compañeros han partido con mucha más ventaja a la hora de hacer bien la suya. Y todo porque tuve la mala suerte de que salió por AZAR   la letra “A” y mi apellido empieza por “B” y porque hay un presidente de tribunal que, en un acto de mal de famoso o síndrome de Aristóteles, ha querido dejar su impronta, su ocurrencia y su “saberhacer” para los restos. Será recordado por ello, se pensará. Al fin y al cabo sólo ha jodido a los 13 primeros. El resto de opositores parten con la misma ventaja. Hay que ser gilipollas e inepto, coño!.

Porque… ¿es posible que este hombre hubiera sido ecuánime?. Pues claro. Bastaba con imponer que el primer día se haga una pieza y el segundo se haga otra distinta. Es tan fácil como eso. Pero… se ve que eso es demasiado simple para el.

Por si alguien se pregunta que cómo llega a oídos del resto de compañeros la información sobre el tipo de prueba que han puesto el primer día… basta decir que hay compañeros que más que compañeros son amigos. Personas que salen y veranean juntos y que, incluso han tenido que convivir. ¿Cómo ocultar esa información a un amigo si, además sabes que le va a llegar desde distintos lugares?.

Pero por si fuera poco… durante la prueba hubo un opositor (este no se en qué turno iba pero no era en el primero) que entró en el taller, estuvo investigando por varias máquinas y viendo en qué consistía la prueba y nadie le dijo ni que allí no podía estar ni que se fuera. El colmo de los colmos. Para acabar con el cuadro, el impresentable este (me refiero al presidente del tribunal) nos trataba como si fuéramos alumnos y a algunos compañeros opositores, les daba pistas (pistas que yo, por ejemplo, no necesitaba porque se bien lo que hay que hacer en ciertos casos) acerca de cómo elaborar el diseño. O sea… le daba facilidades a esos que compiten conmigo, contra mi (se ve que, además de gilipollas y creído, el hombre quiere pasar por ser muy buena persona).

Hubo detalles sangrantes de los que me percaté en plena prueba.

Por ejemplo, este hombre no tuvo cojones de colocar en su sitio la caña del contrapunto que se le salió a mi compañero que estaba en el torno situado detrás de mi (la golpeaba para colocarla, que es, justo, lo último que hay que hacer en tal caso) y este compañero se vio obligado a cambiarse de torno (con lo que ello supone).

O, por ejemplo, en mi afán de dejar mi torno limpio (como me lo encontré yo) tardé algo más en limpiar y este hombre me dijo que daba igual, que había que irse a comer ya. Cuento este tipo de cosas para que se sepa en manos de quienes están sus hijos. Tanto por la consejería que elige al presidente (siguiendo no se qué criterios) como la actitud de este hombre (piensen que si es así con sus compañeros… cómo será con sus alumnos).

Y aun me queda la última prueba jejeje.

- La defensa de la programación. Esto es… básicamente, como ir a un casting de una obra de teatro. Has elaborado una programación durante meses y ahora te toca defenderla. Debes entrar en una sala y, durante 30 minutos, debes convencer al tribunal de que la tuya es una buena programación, todo ello, sin olvidarte de nombrar los sucesivos puntos. Ya estoy temiendo tener que interpretar todo esto delante de este tío (vete a saber por donde saldrá). Mi principal trabajo va a consistir en adivinar qué le gusta a este hombre para decirle lo que él quiere y espera oír. Lo demás da igual.

Esto será el próximo jueves día 8. Ya os contaré. Se supone que esta es la prueba que mejor domino pero… intuyo que el AZAR tendrá preparada alguna trampa más para mi. La gente, que en su mayoría me quiere y me valora, me dice que yo puedo, que yo lo valgo, que lo pelee etc. pero… uno se pregunta, por cojones, ¿no tendría que influir algo menos el azar?. Yo creo en mí más que nadie y este proceso supone para mi algo muy importante en mi vida. La educación es mi vocación desde siempre, es por lo que siempre he luchado y considero que es el motor que mueve a las sociedades para bien o para mal. Sólo pretendo que se me de la oportunidad de demostrarlo, de forma justa, ecuánime y no dependiente del azar. Ya podrían preocuparse de comprobar todo eso durante el tiempo en que he ejercido como profesor pero como renuncian a su OBLIGACIÓN de asegurarse que los profesores cumplimos con nuestras obligaciones y estamos preparados para ello… deciden comprobarlo mediante unas oposiciones en las que el azar juega un papel fundamental. Si hay diez compañeros mejores que yo, lo acepto sin problema alguno, pero, ahora que estoy dentro de esto, se perfectamente que algunas de esas diez plazas no serán merecidas si nos atenemos a criterios de actitud, aptitud, vocación y esfuerzo, por no hablar de la no exigencia de aptitudes pedagógicas para esta especialidad.

A toda aquella persona que tenga un mínimo de sensibilidad por la educación de una sociedad debería parecerle, en mi opinión, indignante esto que les he contado.

Fdo. Diego Bueno

domingo, 30 de mayo de 2010

HABLEMOS DE LA “CRISIS”… POR FIN!!

 

Crisis? What crisis?. Eso se preguntaba Supertramp hace ya unos años.

Y yo me lo pregunto ahora.

Si, porque a la vez que todos nos quejamos de la crisis, también todos hacemos el, ya típico, comentario de… “si, pero los bares están abarrotados”.

Los “peperos” se quejaban (y con razón) de que el gobierno tardó mucho en aceptar el término crisis para definir la situación del país. Como si la aceptación del término tuviera algo que ver con la solución o con la causa. Cierto es que las cuentas del estado no andan demasiado bien y cierto es que hay muchas familias que lo están pasando mal. Cierto es que el paro ha aumentado. Pero…. “los bares abarrotados”. De lo cual me alegro ¿eh?. Es sintomático de estado de bienestar.

Y es que yo parto de la base de que existe una clara desvirtuación de la palabra crisis.

Hay gente que habla de crisis mientras se toma 4 cervezas con un platito de gambas y tiene su BMW aparcado en la esquina (mucha más gente de la que pudiéramos pensar).

Por otra parte… es evidente la campaña de desgaste que realiza la oposición. La gente acepta que el gobierno (el que quiera que sea) es el que nos tiene que sacar de la “crisis”. Me cabrea la poca amplitud de miras del personal que, de forma completamente aborregada, se deja llevar por discursos demagógicos y derrotistas por quienes hacen gala de una negatividad fuera de contexto (recuerdo lo del platito de gambas). Es estrambótico el asunto, a mi entender.

Lo primero que hay que decir, si ahondamos un poco en el asunto, es que esta situación ni es exclusiva de España ni la ha creado el partido que gobierna.

Automáticamente muchos podréis decirme (se que en este momento lo estáis pensando jajajajaj) que en España es más acusada que en otros países.

Pues claro que es más acusada. ¿No recordáis acaso, ya, que hace unos años poníamos el grito en el cielo por lo carísima que estaba la vivienda?. ¿No nos acordamos ya que todos los partidos políticos llevaban en sus programas distintas medidas para que bajara el precio de la vivienda? ¿No nos acordamos de que criticábamos a las distintas administraciones por permitir la especulación del suelo, por no construir viviendas VPO o por los chanchullos inmobiliarios?. La situación de España respecto al tema inmobiliario era muy muy muy distinta a la de otros países. Ese es el gran motivo de que aquí la “crisis” (crisis con platito de gambas) sea más acusada.  La famosa burbuja inmobiliaria estalló. Al carajo la construcción! Y, por tanto, miles de puestos de trabajo. Pero ¿qué esperabais?. ¿No decíais que esa situación no podía seguir así?. Todos sabemos que se vendían pisos de 15 millones por 60. Todos sabíamos que un enorme porcentaje de ese dinero era en negro.( ¿O no lo sabíamos, coño!?). Todos sabemos que eso es ROBAR al estado (y, por tanto, a todos). Pero… no sólo no lo parábamos, sino que, como buenos españoles, alabábamos al que era capaz de defraudar al fisco (es decir, a todos) al igual que hemos hecho desde siempre cuando se la “hemos metido doblada” a hacienda. Pues señores!!. Tenemos lo que nos merecemos!. Ahora…. Es fácil y demagógico echar la culpa al gobierno. Por supuesto que no estoy de acuerdo con ciertas medidas que ha tomado el gobierno (el cual ha demostrado tener poca personalidad) sobre todo porque ha generalizado. ¿2.500 euros para familias con ingresos superiores a los 6.000 euros mensuales por tener un hijo?. Es de locos, coño!. Y ese es un simple ejemplo. Pero… el matiz está en que hay que verlo todo. Yo opino que solemos dejarnos llevar por los comentarios demagógicos que, en momentos de sensibilidad social hacia un problema, son fáciles de lanzar. Campaña anti-zapatero despiadada. ¿Recordáis cuando el gran problema del pais era ETA?. ¿Dónde está ETA ahora?. ¿Eso no es mérito del gobierno?. O cuando la vivienda era carísima (problema número 1 según las estadísticas, hace unos años). La vivienda ha bajado de precio. ¿Eso no es mérito del gobierno?.

La crisis no la ha creado el gobierno. La han creado los banqueros y la han hecho más acusada los especuladores y defraudadores a hacienda. Justamente… todos ellos… votantes acérrimos del PP jajajajaja. Que tiene cojones ¿eh?. Y digo yo… Partiendo de la base de que hoy día, si hubiera elecciones, saldría ganador el PP con mayoría absoluta… uno se pregunta…O hay mucha gente rica (especuladores, empresarios y banqueros) o hay mucho gilipollas. Lo siento pero no se me ocurre un calificativo más apropiado para definir a aquel que, siendo un simple currito va a votar al mismo partido que aquellos que provocaron la crisis e hicieron que aquí sea más acusada. Porque lo van a votar para que “nos saque” de la crisis (eso sí… “los bares abarrotados”).

Al final terminan haciendo con nosotros lo que han tratado de hacer (a veces con más éxito que otras) todos los gobiernos de derecha de la historia. Es decir… dividirnos, crear confusión, aborregarnos y servirse de la incultura o cortedad de mente del pueblo llano. Los funcionarios cabreados porque les bajan el sueldo y tienen la sensación de que siempre pagan el pato ellos (funcionarios que trabajan en condiciones laborales envidiadas por el resto de trabajadores) y el resto de trabajadores cabreados porque se producen despidos y sus condiciones de trabajo se recrudecen (y no sólo no se cabrean con los que permiten esas condiciones, sino que la pagan con los funcionarios jajajajja ¿envidia?). Gente que se compró una casa de 60 millones (con un sueldo de 2000 euros al mes) que ahora no pueden pagarla (haberte comprado una de 20 millones, cojones. Ahora pagas tu irresponsabilidad y tu deseo de ostentación). Familias que no llegan a fin de mes y, además, no tiene cobertura social por haber trabajado sin contratos o con contratos falsificados con tal de ganar más dinero (engañando al estado, de nuevo).

Y… mientras todo eso ocurre… los especuladores son los que más se quejan de la crisis. Los mismos que la han creado. Los que han tenido que vender su audi y quedarse sólo con el BMW. Porque están en crisis. Y los bares abarrotados. Los mismos que votarán PP. Los mismos que lanzan consignas anti-zapatero (qué manía de personalizar).

Hay que ser cínico para actuar así y hay que ser gilipollas para creérselo!!

Joder! Y lanzan la consigna de que el PSOE, que tanto presumía de inversión social, ahora tiene que tragarse sus palabras porque rebaja las pensiones. Y la gente se lo cree. Y la gente no tiene cojones de ver que, precisamente, el PSOE ha subido las pensiones mínimas un 50% en su legislatura y tampoco ve que el SMI (sueldo mínimo interprofesional) ha subido en este tiempo más que en toda la historia!. Eso no lo ve la gente (con el platito de gambas mientras se quejan de crisis, eso sí). Y sí que tienen ojos para compadecerse de que fulanito ha tenido que parar la obra de su chalet en el campo porque hay crisis (y ha despedido a sus albañiles a los cuales tenía trabajando sin contrato de trabajo y sin medidas de seguridad). Y crean la sensación de que la clase política, en general, deja mucho que desear (independientemente de que sea cierto en algunos casos) en cuanto a preparación y que cobran sueldos abusivos (lo cual es incierto, por cierto) para que cuando lleguen las elecciones, ese desencanto se traduzca en abstención. Saben perfectamente que es la abstención la que les dará el poder.

 Ah! Y a los que aun duden de si el PP lo hará mejor… que se den una vueltecita por Valencia y comprobarán, no solo que quienes gobiernan son los mayores ladrones y especuladores del país, sino que, además, es la comunidad con mayor déficit del estado. Eso si… sin cobertura social para los sueldos más irrisorios. Es evidente que no da igual quién gobierne, pero también lo es que el mayor problema es la mentalidad española. Es lo que tenemos. Para lo bueno y para lo malo.

Yo aumentaría la plantilla de inspectores de hacienda un 100% y les pagaría 300 euros al mes mas una comisión porcentual en función del fraude que detecten. Ahí es donde hay que meter mano. Os aseguro que con lo que se defrauda al fisco nos convertimos en el país más rico del mundo. Ya que no hay concienciación… que haya persecución y multas. Y, por supuesto… que quien más tenga, más pague a hacienda. Para que cuando hablen de crisis lo hagan con conocimiento de causa.

A los del platito de gambas que se quejan de crisis… evidentemente, yo les daría un paseo por cualquier país de Sudamérica, Asia o África o, mejor aun… los trasladaría en el tiempo a hace 50 años para que pudieran entender qué significa, de verdad, la palabra crisis.

Fdo. Diego Bueno

lunes, 5 de abril de 2010

HABLEMOS DE, ¿POR QUÉ A UN ATEO LE APASIONA LA SEMANA SANTA?… POR FIN!!

 

Incompatible para mucha gente, supongo. La semana santa es un acto, a todas luces, religioso. Ante todo religioso. No se concibe la celebración de la semana santa sin la religión cristiano-católica.

Y yo estoy de acuerdo.

Es un acto religioso pero… no sólo es religioso. Hay mucho más. Es más, en cualquier celebración religiosa hay mucho de humano (todo, en realidad, desde una óptica atea). No se concibe lo divino sin lo humano. Y ahí encontramos lo que a mí, personalmente me interesa. De cómo el ser humano es capaz de hacer lo que hace para conmemorar y/o celebrar un acto religioso, cómo lo lleva a cabo, cómo reacciona ante diversos estímulos e incluso cual es el origen (fundamentalmente pagano) de esta otra epifanía con carácter ecuménico.

También, antes que nada quisiera desterrar, de vuestras cabezas pensantes, la idea de que a un ateo no tiene por qué interesarle el evangelio. A mi, personalmente, me interesa mucho (independientemente de que lo conciba como la palabra de un dios en el que no creo bajo ningún concepto).

Para mi el evangelio es la palabra del hombre, es el testimonio de lo que el hombre ha ideado para fabricar un dios en el cual creer (como lo es el Corán también, por ejemplo).

Es innegable el éxito de la historia (para mí, leyenda intencionada) de la pasión de Jesús como lo es su belleza. Para mi es un testimonio (uno más, en este sentido) de cómo somos los humanos, de cómo somos capaces de lo mejor y lo peor. Un compendio de actuaciones tan humanas como universales, una guía moral (nueva moral que terminó triunfando o, al menos, imponiéndose), aprovechando el desconcierto judío provocado por la intervención romana en sus asuntos. Cohecho, malversación, política de bajos fondos, intereses, afán de protagonismo, tiranía, juicios paralelos, prejuicios, miedos, chantaje, luchas de poder… un sinfín de actuaciones ilegítimas y, sobre todo, injustas, por parte del sanedrín y de las autoridades romanas en Judea dieron lugar a muchos disidentes (en forma de herejes) entre los que se encontraba Jesús con sus innovadoras ideas acerca de cómo debía ser encaminada su religión, el judaísmo, en ese contexto de crisis interna. 

Pero en realidad no es sólo la semana santa (y lo que ello representa desde el punto de vista divino-humano), en sí, lo que me interesa, sino (localizando y concretando aun más) la celebración de la semana santa en Sevilla.

Sevilla es una ciudad (intentaré ser lo más objetivo posible cuando hablo de Sevilla aunque os digo ya, que no lo voy a conseguir) con unas características propias, inigualables, únicas y espectaculares.

Sevilla es, ante todo, dual. Los sevillanos no conocemos el punto medio. Nuestro carácter es dualizador. Tendemos a la bifurcación, no para crear dos caminos, sino, más bien, para llegar al mismo sitio de dos formas radicalmente opuestas. Toda esa dualidad enfrentada conforma lo que es y lo que significa Sevilla. En pocos lugares como aquí se conoce tan pronto el sentido del ying y el yang. Aquí se es del Betis o del Sevilla. Aquí se toma partido siempre. Los remedios y las tres mil viviendas, la torre del oro y la giralda, la macarena y la trianera, Sevilla y triana, cofradías de barrio y cofradías serias, silencio o calvario o gran poder y macarena o gitanos o trianera.

Sevilla bulliciosa (a veces chabacana y siempre alegre y abierta) y Sevilla silenciosa (a veces lúgubre y siempre sabiendo escuchar los silencios con calma).

Y todo ello bordado de tirabuzones barrocos, olores de azahar mezclado con incienso, colores de atardeceres eternos de primavera tras la clausura invernal, destellos de palios soleados, plata en movimiento en los candelabros de cola, oscuridad de callejones, creados para que el viento se refresque acariciando la cal de las paredes, verde naranjo que estrena el blanco azahar en domingo de ramos, cielos que inventan el color azul, morados de muerte. Rojos de pasión. ¿Cómo no va a tener un color especial?. Y todo ello bajo la atenta y perpetua miarada de la Giralda o el guiño cómplice de unos de los ojos del puente de Triana.

¿Por qué me apasiona la semana santa?

  • Porque me apasiona la vida. A nadie que sea de Sevilla y sienta pasión por la vida puede no gustarle la semana santa.
  • Porque la celebración pagana, que en realidad es el origen de esta fiesta, consiste en celebrar la llegada de la primavera. Y la primavera es la estación, por excelencia, de Sevilla.
  • Porque es una excelente excusa para pasear por la ciudad cuando, tras el frío invierno, la llegada de la primavera nos sorprende cada año brotando por las paredes.
  • Porque no existe una fiesta (y esta celebración es, ante todo, una fiesta) con un porcentaje de participación semejante. Hablamos de unos 45.000 nazarenos, cada uno de ellos con la implicación de sus familiares. Sumémosle costaleros, capataces, sacerdotes, policía, séquitos, músicos, acomodadores, empleados del ayuntamiento, guías turísticos, hoteles, etc. Hablamos de un índice de participación, en relación a la población de la ciudad, altísimo. Un ejemplo de organización que ya quisiera yo que tuviéramos en otras facetas sociales. Mucho mejor nos iría a los andaluces si todo ese alarde de organización y participación fuera puesto al servicio de otras necesidades sociales. Pero así somos los andaluces. Para lo bueno y para lo malo. Lo innegable es lo extraordinario del asunto, lo paradójico. Y todo ello es movido por la pasión, por los sentimientos. Son los sentimientos los que mueven todo esto (independientemente de su carácter religioso). Es nuestra idiosincrasia. Tan incongruente como atractiva. En definitiva, venimos a demostrar al mundo que cuando queremos somos capaces de todo. Y digo todo esto porque no es fácil (de eso no me cabe duda) organizar semejante “tinglado”. Pintoresco, lúdico, turístico, frívolo a veces, pero también, sentimental, sensible, humano, moral y trascendente.
  • Porque todo se desarrolla en las calles de esta ciudad, a la vista de todos. Nos gusta que se nos vea, nos gusta lo social. Hacemos público lo íntimo. Restregamos nuestras miserias públicamente, bien tras el semi-anonimato de la túnica de nazareno, bien ostentosamente al paso del paso.
  • Porque lo he “mamao” desde pequeñito.
  • Porque cuando miro a la macarena a los ojos (debes hacerlo si eres valiente) veo a mi madre. La esperanza macarena tiene carácter y me gustan las mujeres con carácter.
  • Porque recuerdo mi niñez cuando contemplo las imágenes, las iconografías, las mismas escenas que se reproducen desde siempre y que, sin embargo, cada año tiene connotaciones distintas.
  • Porque mi padre fue monaguillo en la catedral (aunque sólo fuera para poder comer algo) a la que todas las cofradías (y yo mismo) acuden en carrera oficial.
  • Porque cada una de las escenas bíblicas iconografiadas me hacen pensar en lo que representan. En el poder de los buenos sentimientos humanos, a veces, tan denostados, como la compasión, la humildad, la entrega abnegada y sin condiciones o la igualdad de derechos y deberes. Escenas como, por ejemplo, las de “la bofetá”, el lavado de manos de Poncio Pilato o las tres caídas de Jesús dan mucho que pensar.
  • Porque me atrae la idea andaluza del culto a la muerte para desmitificarla y convertirla en vida (sin la cual no es entendible esa muerte)
  • Porque en esta celebración no hay distinción entre ricos y pobres, drogatas, deportistas, burgueses, pijos, niños, mayores, padres e hijos. No hay clases sociales. No sólo todos tienen derecho a participar (de la forma que sea) sino que todos participamos.
  • Porque puedes estar tomándote una cervecita en la calle bromeando con los amigos, contando un chiste verde, quizás, y en cuanto el paso pasa por delante de nosotros lo dejas todo y miras, contemplas, admiras, te conmueves quizás y  luego puedes seguir con las bromas.
  • Porque cada año, en según qué lugar y qué situación, se me vienen a la cabeza los seres queridos que ya no están con nosotros. Bonita forma de llevarlos siempre conmigo.
  • Porque el morbo de la muerte (más si es pública) es atractivo a todos.
  • Porque es buena ocasión para hablar de la muerte a nuestros hijos (desde la óptica que sea. Laica o religiosa).
  • Porque tienes la ocasión de ver cómo todo un barrio se echa a la calle un martes santo, vestidos de domingo, para presumir de cofradía (hablo concretamente del cerro, por ejemplo) mezclándose jóvenes “ninis”, ancianos, impedidos y, sobre todo, trabajadores, con el factor común de su cofradía, su fe, sus llantos y su ostentación. Todo eso ayuda a comprender al ser humano (sus limitaciones y sus capacidades), a ser piadoso, tolerante y compasivo.
  • Porque no concibo un domingo de ramos sin el blanco de "la paz" en un enclave como el parque de María Luisa.
  • Porque me encanta oír el crujir de la caoba de la canastilla de “la cena”
  • Porque es sobrecogedor el bufido de los costaleros (verdaderos penitentes) en las “levantás”
  • Por la forma única en que los capataces “mandan” los pasos. Otra demostración del carácter sevillano.
  • Por el enorme respeto que observo en la gente ante el sufrimiento humano.
  • Por la devoción con que mi gente vive y siente “su” religión.
  • Por el revuelo de “las esperanzas” (trianera o macarena). Si te das cuenta, la esperanza es lo más ansiado del ser humano.
  • Porque en esta ciudad es posible oír el silencio en una multitud de forma única e incomparable.
  • Por la forma única e inmejorable que tenemos los ciudadanos de gestionar las “bullas”.
  • Porque de no ser por la semana santa jamás habría podido dar un paseo en barca por el Guadalquivir a las dos de la madrugada mientras el puente de Triana, en su especial “trabajadera”, soporta sobre su costal el peso de la multitud, que se agolpa por saludar (con tremenda alegría) a Triana, que camina hacia Sevilla con su forma incomparable de decir “aquí estoy yo!”.
  • Porque gracias a la semana santa puedo disfrutar, paladear y embelesarme con la belleza incomparable de piezas musicales como “amargura”, “virgen del valle”, “ione” o “Caridad del Guadalquivir” (por ejemplo).
  • Porque gracias a la semana santa puedo recrearme ante la belleza de parroquias (En Sevilla tantas, casi, como bares) como “Omnium Santorum” del siglo XIII, en la calle Feria, por ejemplo.
  • Por la labor social de muchas hermandades y, en mi caso concreto, la participación en gastos y organización del centro de estimulación precoz de la hermandad del buen fin, al que mi hijo David asistió durante sus cuatro primeros años de vida.
  •  Por el arte. El arte a la hora de llevar los pasos, el arte de la orfebrería, el arte de la imaginería, de la música, de los bordados, el arte de las “vestidoras”, el de los costaleros, el arte de los capataces, de los músicos etc. Mucho arte en la calle. Una exposición en movimiento en la que se cuida hasta el último detalle. Un lenguaje propio, especial, único.
  • Porque es una ocasión estupenda para compartir momentos con mi hijo mayor, al cual ya he dejado un legado de sevillanía del cual, a su vez,  yo fui heredero.
  • Porque ¿a quién no le gusta tomar unas tapitas y unas cervecitas en buena compañía en un entorno como el casco antiguo de Sevilla en primavera?

Podría mencionar muchísimos más porqués pero creo que con estos queda suficientemente aclarado el asunto.

Fdo. Diego Bueno

domingo, 14 de marzo de 2010

HABLEMOS DEL ADIOS A UN AMIGO… POR FIN!!

 

Es curioso cómo la muerte nos lleva a pensar en la muerte.

Nos hace pararnos y pensar, analizar y situarnos en el contexto de la vida.

Porque cuando un amigo se va… se va un trozo de nuestra vida. Se va un pasado común que no volverá a ser esperanza. Esperanza y futuro van de la mano como incompatibles son con la muerte.

Queda la nostalgia de los momentos vividos y compartidos.

Y no! No está en el cielo porque no existe el cielo. El amigo que se va está en el mismo lugar en el que se encontraba antes de nacer. En la nada. Y la nada es nada. Los matemáticos intentan simbolizarla con el número 0. Es curioso que el 0 se represente con la forma de un círculo. Si la muerte es la nada, la vida es un círculo. Todos los días mueren y nacen personas. La vida se renueva y nosotros formamos parte de ese círculo.

 Lo único que queda (que no es poco) es el legado de amistad, de su concepto, de los momentos compartidos por contemporaneidad, afinidad y complementación. Y todo eso es ya mucho, porque inunda los corazones de los que tuvimos la enorme fortuna de ser sus amigos. Pero su recuerdo durará un par de generaciones a lo sumo. Es triste y, sin embargo me siento afortunado de pertenecer a una de esas generaciones.

A estas alturas de partido son muchas las personas que han pasado por nuestras vidas y todas, en mayor o menor medida, han dejado alguna huella en nosotros. Cuando una de esas personas la definimos como AMIGO la huella que deja es honda.

Queda el vacío, la despedida soñada y no cumplida, la impotencia y la desazón. Queda una vida (la mía y otras) enriquecida por la que se ha marchado.

Luego están las típicas frases de cementerio. Que si la vida es un asco, que si estaba para él, que si el destino está escrito etc.

Estoy totalmente de acuerdo con Machado cuando dijo que “La muerte es algo que no debemos temer porque, mientras somos, la muerte no es y cuando la muerte es, nosotros no somos”.

En realidad la muerte duele a los vivos. En el sepulcro hay un solo muerto y muchos corazones enterrados.

Qué verdad tan enorme es que la amistad no depende del espacio y el tiempo, porque el tiempo es el que demuestra que los avatares y vicisitudes de la vida no son suficientes para separar una verdadera amistad. Porque aun en la lejanía, incluso a veces, en el desencuentro, la amistad perdura como perdura el amor. Cuando la muerte rompe esos lazos notamos la llama que incendia el alma. Notamos el escalofrío de sabernos vivos y, por tanto, candidatos a la muerte. Comprendemos el significado de la palabra “jamás”. Porque quien se va ya no vuelve.

Me quedo, sin duda, con los momentos vividos. Muy vividos. Masticados, acaso, con deleite. Momentos compartidos que, eso si… no olvidaré “jamás”.

Este artículo, por supuesto, está dedicado a mi amigo que se fue. Antonio Ruiz Adame y a su viuda, Belén.

Fdo. Diego Bueno

jueves, 11 de febrero de 2010

 

        Y aunque digo “personas” no puedo ocultar que me estoy refiriendo, en un altísimo porcentaje, a mujeres.

         Lo siento pero vengo observando, desde siempre, que esto es algo vinculado al sexo femenino.

         Tanto la queja (con su carga de cabreo implícita) como el lamento (más tristeza que cabreo) han formado parte de la existencia de infinidad de mujeres (empezando por mi propia madre) y eso me hace pensar que debe haber algún tipo de influencia hormonal en el asunto. Sin embargo no se puede pasar por alto la parte de responsabilidad que nos corresponde ni la influencia cultural-educacional.

        A menudo quizá nos descubrimos quejándonos de pequeños rechazos, de faltas de consideración o de descuidos de los demás. Observamos en nuestro interior ese murmullo, ese gemido, ese lamento que crece y crece aunque no lo queramos. Y vemos que cuanto más nos refugiamos en él, peor nos sentimos. Cuanto más lo analizamos, más razones aparecen para seguir quejándonos. Cuanto más profundamente entramos en esas razones, más complicadas se vuelven.

        Entramos en una especie de espiral de la queja.

        Es la queja de un corazón que siente que nunca recibe lo que le corresponde. Una queja expresada de mil maneras, pero que siempre termina creando un fondo de amargura y de decepción.

        Hay un enorme y oscuro poder en esa vehemente queja interior. Cada vez que una persona se deja seducir por esas ideas, se enreda un poco más en una espiral de rechazo interminable. La condena a otros, y la condena a uno mismo, crecen más y más. Se adentra en el laberinto de su propio descontento, hasta que al final puede sentirse la persona más incomprendida, rechazada y despreciada del mundo.

        Además, quejarse es muchas veces contraproducente. Cuando nos lamentamos de algo con la esperanza de inspirar pena y así recibir una satisfacción, el resultado es con frecuencia lo contrario de lo que intentamos conseguir. La queja habitual conduce a más rechazo, pues es agotador convivir con alguien que tiende al victimismo, o que en todo ve desaires o menosprecios, o que espera de los demás (o de la vida en general) lo que no se puede exigir. La raíz de esa frustración está, no pocas veces, en que esa persona se ve autodefraudada, y es difícil dar respuesta a sus quejas porque en el fondo a quien rechaza es a sí misma.

         Quizás el miedo provocado por seguir roles desfasados hace que esa persona quede bloqueada, por una parte, para actuar y cambiar aquello que no le gusta de su vida y por otra, ese miedo no le deja ver, apreciar y valorar todo lo bueno que posee.

        Una vez que la queja se hace fuerte en alguien (en su interior, o en su actitud exterior), esa persona pierde la espontaneidad hasta el punto de que la alegría que observa en otros tiende a evocar en ella un sentimiento de tristeza, e incluso de rencor. Ante la alegría de los demás, enseguida empieza a sospechar. Alegría y resentimiento no pueden coexistir. Cuando hay resentimiento, la alegría, en vez de invitar a la alegría, origina un mayor rechazo.

        Esa actitud de queja es aún más grave cuando va asociada a una referencia constante a la propia virtud, al supuesto propio buen hacer: “Yo hago esto, y lo otro, y estoy aquí trabajando, preocupándome de aquello, intentando eso otro... y en cambio él, o ella, mientras, se despreocupan, hacen el vago, van a lo suyo, son así o asá...”.

        Son quejas y susceptibilidades que parecen estar misteriosamente ligadas a elogiables actitudes en uno mismo. Todo un estilo patológico de pensamiento que desespera enormemente a quien lo sufre. Justo en el momento en que quiere hablar o actuar desde la actitud más altruista y más digna, se encuentra atrapada por sentimientos de ira o de rencor. Cuanto más desinteresado, entregado, trabajador, responsable, cumplidor pretende ser, más se obsesiona en que se valore lo que hace. Cuanto más se esmera en hacer todo lo posible, más se pregunta por qué los demás no hacen lo mismo que él/ella. Cuanto más generosa quiere mostrarse, más envidia siente por quienes se abandonan en el egoísmo. Típico comentario de… “esta sí que vive bien por esto o aquello”

        Cuando se cae en esa espiral de crítica y de reproche, todo pierde su espontaneidad. El resentimiento bloquea la percepción, manifiesta envidia, se indigna constantemente porque no se le da lo que, según él o ella, merece. Todo se convierte en sospechoso, calculado, lleno de segundas intenciones. El más mínimo movimiento reclama un contramovimiento. El más mínimo comentario debe ser analizado, el gesto más insignificante debe ser evaluado. La vida se convierte en una estrategia de agravios y reivindicaciones. En el fondo de todo aparece constantemente un yo resentido y quejoso.

        ¿Cuál es la solución a esto? Quizá lo mejor sea esforzarse en dar más entrada en uno mismo a la confianza y a la gratitud. Sabemos que gratitud y resentimiento no pueden coexistir. La disciplina de la gratitud es un esfuerzo explícito por recibir con alegría y serenidad lo que nos sucede. La gratitud implica una elección constante. Puedo elegir ser agradecido aunque mis emociones y sentimientos primarios estén impregnados de dolor. Es sorprendente la cantidad de veces en que podemos optar por la gratitud en vez de por la queja. Hay un dicho que dice: “Quien no es agradecido en lo poco, tampoco lo será en lo mucho”. Los pequeños actos de gratitud le hacen a uno agradecido. Sobre todo porque, poco a poco, nos hacen a uno ver que, si miramos las cosas con perspectiva, al final nos damos cuenta de que todo resulta ser para bien.

        Lo malo no era tan malo y lo bueno es lo que rescatamos para convertir en sana nostalgia lo que podría haber sido amargo recuerdo.

        Señores! Y sobre todo Señoras!!. Vamos a quejarnos menos, coño!. Vamos a intentar cambiar lo que no nos gusta. Con coraje pero sin cabreos ni obsesiones. Con valentía y coherencia. Sin caprichos cambiantes y siguiendo una línea previamente trazada. Con optimismo y positividad. Y sobre todo con agradecimiento.

        Señores! Y sobre todo Señoras!!. Es signo de poca inteligencia no aceptar, no apreciar, no valorar lo bueno que hay a nuestro alrededor. Es un vano esfuerzo que, además, no es gratis. Estúpida pérdida de tiempo intentar barrer el desierto aun a riesgo de morir de insolación o sed.

Fdo. Diego Bueno

HABLEMOS DE SUCIEDAD EN ESPACIOS PÚBLICOS… ¡POR FIN!

  Hay imágenes en las redes sociales que se quedan grabadas y que obligan a detenerse a reflexionar sobre lo que está pasando a nuestro alre...