El gran problema, el problema de fondo que subsiste en todo
esto es que finalmente quien sale perjudicada es la educación. Esto que cuento
es lo que se cuece en las cocinas interiores, en los sótanos de la educación. Y
luego criticamos el sistema educativo a sabiendas, únicamente, de los defectos
que vemos en la punta del iceberg. Pero… les aseguro que es solo eso. La punta
del iceberg. Porque en el fondo subsisten defectos de forma de toda índole. En
mi caso y, debido a que me atañe muy personalmente, quiero que se conozca cómo
es el proceso de selección de personal que estoy padeciendo para que todo quien
lea esto sepa en manos de quienes están sus hijos en institutos.
Me hallo ahora mismo, en pleno proceso de selección de
personal. En mi caso opto (ya opto menos) a una de las diez plazas que hay
vacantes para la especialidad de mecanizado y mantenimiento de máquinas.
El proceso de selección consta, básicamente, de cuatro
pruebas.
-Desarrollo y defensa de una unidad didáctica. En mi caso la
he elaborado pero no tengo que defenderla porque llevo algún tiempo dando
clases y se supone que esto me faculta para poder elaborar una unidad didáctica,
sin embargo, si que he de elaborar y defender una programación didáctica. Y
digo yo… si estoy capacitado para una cosa… ¿cómo se duda de mi capacitación
para la otra? Solo se explica, tal medida, como una forma de favorecer a los
que llevamos dando clases algún tiempo. Aunque luego, en la práctica, seamos
unos dejados, unos torpes o unos inútiles (que haberlos, haylos). No existe
control sobre nuestra labor docente y, por tanto, se deja todo en manos de
nuestra aptitud, nuestra actitud y nuestra vocación.
- Desarrollo de un tema por escrito durante dos horas. En mi
especialidad hay 67 temas que equivalen a 67 bolitas que entran en una bolsa
para que alguien elija AL AZAR 5
bolas de las cuales cada opositor elije una como tema a desarrollar. Si tienes
la suerte de que sale uno de los
temas que llevas preparado y, sobre todo, si salen temas que el resto no
domina, has triunfado. Si, por casualidad sale una bolita de un tema que todo
el mundo domina más o menos bien… la has cagado porque por muy bien que lo hagas
no va a haber una diferencia clara entre quienes se han preparado a conciencia
estas oposiciones y quienes no lo han hecho. Está montado todo en base a la
competencia entre compañeros. Da lo mismo que seas un fenómeno o que no tengas
aptitudes. La cuestión es que debes ser mejor que el compañero. Y esa valía se
demuestra atendiendo a criterios de… AZAR.
Ya. Ya se que ahora mismo estarás pensando que, quizás, no haya otra forma
mejor de hacerlo (la hay) y que, en cualquier caso, si has estudiado y te has
preparado tendrás más ventajas que el resto. Por supuesto que quien estudia y
se prepara tiene más ventaja. Más posibilidades. Pero puede ocurrir que el azar
sea caprichoso (recuerdo la canción de Serrat que se titula “es caprichoso el
azar”) y, resulta que el azar es caprichoso siempre. Por definición. De hecho,
en las pasadas oposiciones también lo fue y, en mi caso particular, me vi
beneficiado por el azar. La cuestión es… ¿tiene que depender del azar el hecho
de que alguien se convierta en profesor funcionario de por vida?. Una forma más
honesta (aunque más incómoda para un tribunal) sería la de desarrollar el tema
que elijas, de entre los 5 que salen al azar, durante el tiempo que creas
oportuno. De esta forma quien verdaderamente se haya preparado el tema a
conciencia podría dejar constancia de ello ya que no estaría limitado por una
duración de examen igual para todos. Si elijes un tema que te has preparado
bien, maldices que solo dure dos horas y si no te lo has preparado pero puedes
decir algo das gracias por ello.
En cualquier caso… es el azar el que decide en un porcentaje
demasiado alto.
Y no. No vale eso que se suele decir de… “ya tendrás más
suerte” o “Es que esto es así” o “qué se le va a hacer”. Las administraciones
en materia de educación están OBLIGADAS a hacer que un proceso de selección de
personal sea, ante todo, justo, ecuánime y coherente. Por una parte porque es
mucho lo que nos jugamos los que participamos y por otra, por el bien de la
educación (esa educación que queremos mejorar entre todos).
- Prueba práctica. A ver. Esto ha sido lo más indignante
este año.
Resulta que el tribunal es elegido por pertenecer a la misma
provincia en la que se celebran las oposiciones (la provincia sede del
tribunal. Recuerdo que en mi caso sólo hay un tribunal) y, en principio, no se
me ocurre otro motivo para que esto sea así salvo criterios económicos. Mal
vamos si son los criterios económicos los que marcan la propia elección del
tribunal.
La sede de mi tribunal ha sido un instituto de Puerto Real
(Cádiz). Un instituto que presenta unas condiciones de mantenimiento realmente
lamentables, con un taller sucio y mal equipado que intuyo que subsiste gracias
al trabajo desinteresado de profesores que se preocupan por ello pero no porque
la administración invierta en máquinas, utillaje y mantenimiento, precisamente.
¿Llega dinero al instituto donde se celebran las oposiciones?. No lo se.
Supongo que si. Lo que si se es que en 20 años se han celebrado dos oposiciones
de mi especialidad en toda Andalucía y… casualidad?... las dos han sido en este
instituto. No soy capaz de lanzar ninguna hipótesis acerca de los motivos que
han llevado a la elección de este instituto y no otro de los muchos que hay en
esta comunidad autónoma.
Lo que sí es curioso es que ningún miembro del tribunal
(cinco personas) son profesores de este instituto.
La prueba práctica consiste en la fabricación, en máquinas,
de una pieza. Podría ser también una prueba escrita o alguna práctica
relacionada con neumática, Hidráulica o control numérico pero la falta de
medios hace que sea, materialmente, imposible llevar a cabo ese tipo de prueba.
Dado que en este instituto no hay suficientes fresadoras, la
prueba tiene que ser forzosamente de torno. Dado que sólo hay 15 tornos y somos
más de 60 opositores, se hace necesario que la prueba se haga en días sucesivos
de forma que el orden de actuación sea según la letra que haya salido AL AZAR en sorteo puro y duro celebrado
hace ya unos meses.
En este instituto hay 15 tornos. Dos de ellos se dejan de
comodín por si, durante la prueba, surgiera alguna eventualidad en alguna
máquina, que obligara a un opositor a usar otro torno.
De los 13 tornos que hay… 9 de ellos son tornos antiguos y 4
son modernos. Existen diferencias importantes (sobre todo si desconoces el
sistema de palancas de uno de los dos modelos porque en tu instituto no exista
alguno de ellos) entre ambos modelos y… a criterio del tribunal (el tribunal
quiere que se realice la prueba en turnos de 13 personas ya que hacerlo en
turnos de 9 alargaría el proceso) se sortean, antes de empezar la prueba (5
minutos antes) los tornos de tal forma que, una vez más EL AZAR decide donde tendrás que realizar la prueba práctica. Os
recuerdo que la cuestión no es hacerlo bien, sino hacerlo mejor que tus compañeros.
Evidentemente, el compañero que trabaje en un torno que conozca mejor o que
esté en buen estado o que sea de los modelos nuevos… ya cuenta con una gran
ventaja sobre el que no tenga esa posibilidad por azar.
Aun así y dado que debe haber un orden de actuación debido
al sistema empleado (podrían abrirse 5 institutos, por ejemplo, y que todos los
opositores realizaran la misma prueba a la misma hora, por ejemplo, pero… eso
cuesta dinero y… en educación parece ser que la consigna es gastar poco o mal).
Pues en esas condiciones… al presidente del tribunal no se
le ocurre otra cosa (en una evidente muestra de querer dejar su huella personal
en los anales de las oposiciones) que sorprendernos. En esta ocasión no se ha
limitado a entregarnos un croquis de una pieza o un conjunto que tengamos que
fabricar (ya en las pasadas oposiciones, el tribunal no tuvo la suficiente
imaginación como para poner piezas diferentes en días diferentes, sino que puso
la misma pieza para todo el mundo, con lo cual, salvo los que tuvieron la mala
suerte de concurrir el primer día, el resto llevaba ya las cuchillas afiladas,
las herramientas preparadas y la práctica del examen más que ensayada) sino que
decide (se ve que le vino la luz en un momento de inspiración o vete a saber
bajo los efectos de qué droga estaba este hombre para hacer esto) que seamos
nosotros mismos los que diseñemos la pieza a fabricar atendiendo a una serie de
condiciones que nos da.
Lo siento por Ana, pero no se me ocurre un calificativo
mejor que el de gilipollas. Hay que ser gilipollas para pensar que esta forma
de examen no va a trascender. Hay que ser iluso para creer que la sorpresa por
el tipo de examen se va a mantener durante todos los días en que hay prueba
práctica. Evidentemente la sorpresa de tener que realizar un diseño, se la
llevan (nos la hemos llevado) los del primer turno. Ese turno que se decide AL AZAR cuando se escoge la letra que
marcará el orden de actuación.
Así que… ahí me tenéis a las 8 de la mañana con un papel en
blanco y un lápiz teniendo que diseñar un conjunto que luego fabricaré en
torno. Sin la más mínima idea de que fuera eso lo que tendría que hacer. Haces
un diseño teniendo en cuenta las herramientas de que dispones pero sin,
siquiera, acordarte de cuales son porque llevas tres cajas de herramientas
hasta los topes. Haces que las medidas te coincidan e improvisas como
buenamente puedes (la prueba no es mala idea, en si, siempre que fuera una
sorpresa PARA TODOS). Evidentemente pierdes un tiempo precioso en este proceso.
Al poco de acabar la prueba práctica ya todo el mundo (el
resto de opositores) conoce en qué consiste y esa misma tarde (lógicamente yo
haría lo mismo) todos han diseñado ya varios conjuntos. A partir del primer día
ya no hay sorpresa y todo el mundo tiene varios diseños grabados en mente.
Memorizados. Ya todos tienen sus herramientas bien preparadas (ya saben que
pueden elegir los diámetros que quieran, los pasos de rosca que quieran o los
diámetros de curvas que quieran con lo cual se jode el factor sorpresa y se parte
con una ventaja fundamental. La cuestión no es que yo hiciera bien mi pieza,
sino que el resto de mis compañeros han partido con mucha más ventaja a la hora
de hacer bien la suya. Y todo porque tuve la mala suerte de que salió por AZAR la letra “A” y mi apellido empieza por “B” y
porque hay un presidente de tribunal que, en un acto de mal de famoso o
síndrome de Aristóteles, ha querido dejar su impronta, su ocurrencia y su
“saberhacer” para los restos. Será recordado por ello, se pensará. Al fin y al
cabo sólo ha jodido a los 13 primeros. El resto de opositores parten con la
misma ventaja. Hay que ser gilipollas e inepto, coño!.
Porque… ¿es posible que este hombre hubiera sido ecuánime?.
Pues claro. Bastaba con imponer que el primer día se haga una pieza y el
segundo se haga otra distinta. Es tan fácil como eso. Pero… se ve que eso es
demasiado simple para el.
Por si alguien se pregunta que cómo llega a oídos del resto
de compañeros la información sobre el tipo de prueba que han puesto el primer
día… basta decir que hay compañeros que más que compañeros son amigos. Personas
que salen y veranean juntos y que, incluso han tenido que convivir. ¿Cómo
ocultar esa información a un amigo si, además sabes que le va a llegar desde
distintos lugares?.
Pero por si fuera poco… durante la prueba hubo un opositor
(este no se en qué turno iba pero no era en el primero) que entró en el taller,
estuvo investigando por varias máquinas y viendo en qué consistía la prueba y
nadie le dijo ni que allí no podía estar ni que se fuera. El colmo de los
colmos. Para acabar con el cuadro, el impresentable este (me refiero al
presidente del tribunal) nos trataba como si fuéramos alumnos y a algunos
compañeros opositores, les daba pistas (pistas que yo, por ejemplo, no
necesitaba porque se bien lo que hay que hacer en ciertos casos) acerca de cómo
elaborar el diseño. O sea… le daba facilidades a esos que compiten conmigo,
contra mi (se ve que, además de gilipollas y creído, el hombre quiere pasar por
ser muy buena persona).
Hubo detalles sangrantes de los que me percaté en plena
prueba.
Por ejemplo, este hombre no tuvo cojones de colocar en su
sitio la caña del contrapunto que se le salió a mi compañero que estaba en el
torno situado detrás de mi (la golpeaba para colocarla, que es, justo, lo
último que hay que hacer en tal caso) y este compañero se vio obligado a
cambiarse de torno (con lo que ello supone).
O, por ejemplo, en mi afán de dejar mi torno limpio (como me
lo encontré yo) tardé algo más en limpiar y este hombre me dijo que daba igual,
que había que irse a comer ya. Cuento este tipo de cosas para que se sepa en
manos de quienes están sus hijos. Tanto por la consejería que elige al
presidente (siguiendo no se qué criterios) como la actitud de este hombre
(piensen que si es así con sus compañeros… cómo será con sus alumnos).
Y aun me queda la última prueba jejeje.
- La defensa de la programación. Esto es… básicamente, como
ir a un casting de una obra de teatro. Has elaborado una programación durante
meses y ahora te toca defenderla. Debes entrar en una sala y, durante 30
minutos, debes convencer al tribunal de que la tuya es una buena programación,
todo ello, sin olvidarte de nombrar los sucesivos puntos. Ya estoy temiendo
tener que interpretar todo esto delante de este tío (vete a saber por donde
saldrá). Mi principal trabajo va a consistir en adivinar qué le gusta a este
hombre para decirle lo que él quiere y espera oír. Lo demás da igual.
Esto será el próximo jueves día 8. Ya os contaré. Se supone
que esta es la prueba que mejor domino pero… intuyo que el AZAR tendrá preparada alguna trampa más para mi. La gente, que en
su mayoría me quiere y me valora, me dice que yo puedo, que yo lo valgo, que lo
pelee etc. pero… uno se pregunta, por cojones, ¿no tendría que influir algo
menos el azar?. Yo creo en mí más que nadie y este proceso supone para mi algo
muy importante en mi vida. La educación es mi vocación desde siempre, es por lo
que siempre he luchado y considero que es el motor que mueve a las sociedades
para bien o para mal. Sólo pretendo que se me de la oportunidad de demostrarlo,
de forma justa, ecuánime y no dependiente del azar. Ya podrían preocuparse de
comprobar todo eso durante el tiempo en que he ejercido como profesor pero como
renuncian a su OBLIGACIÓN de asegurarse que los profesores cumplimos con
nuestras obligaciones y estamos preparados para ello… deciden comprobarlo
mediante unas oposiciones en las que el azar juega un papel fundamental. Si hay
diez compañeros mejores que yo, lo acepto sin problema alguno, pero, ahora que
estoy dentro de esto, se perfectamente que algunas de esas diez plazas no serán
merecidas si nos atenemos a criterios de actitud, aptitud, vocación y esfuerzo,
por no hablar de la no exigencia de aptitudes pedagógicas para esta
especialidad.
A toda aquella persona que tenga un mínimo de sensibilidad
por la educación de una sociedad debería parecerle, en mi opinión, indignante
esto que les he contado.
Fdo. Diego Bueno