domingo, 25 de octubre de 2026

HABLEMOS DE SINDICATOS, BULOS Y EL DERECHO A LA VIVIENDA: DESMONTANDO EL RELATO CONTRA LA CLASE TRABAJADORA… ¡POR FIN!

Durante los ocho años de gobierno progresista, la derecha no ha dejado de repetir que los sindicatos están «comprados» y que por eso no hay movilización social. Pero a ver: ¿cómo va a haber una huelga contra un gobierno que está legislando a favor de los trabajadores? La huelga es un último recurso, una medida de fuerza que se activa cuando la negociación fracasa y los empresarios se enrocan.

También repiten que los sindicatos deberían haber convocado paros por la subida de precios. Hay que recordarlo alto y claro: los precios no los sube el Gobierno, los suben los empresarios para engordar sus márgenes de beneficio —ahí están las cuentas de resultados récord— usando como excusa el coste de las materias primas y el transporte.

Esta huelga es por la imposibilidad real de acceder a una vivienda con los sueldos actuales. Y los responsables tienen nombres y apellidos: la derecha española y catalana, que ha votado en contra de cada ley orientada a proteger este derecho, junto a las comunidades autónomas y ayuntamientos que se niegan a intervenir el mercado para ofrecer precios razonables. Las huelgas se hacen contra quienes bloquean la mejora de nuestras condiciones de vida.

Por último, en su afán por desprestigiar al sindicalismo, atacan el aumento de las subvenciones públicas. Olvidan decir dos cosas: que este incremento responde al recorte drástico que ejecutó Rajoy y al impacto de la inflación, y que estos fondos se reparten democráticamente según el número de delegados que los trabajadores eligen libremente. Fortalecer a los sindicatos —también económicamente— es la única garantía de equilibrar la balanza entre el gran capital y la clase trabajadora. No lo digo yo: lo reconoce el propio Tribunal Constitucional al atribuirles una función de interés general y representación institucional.

Y un detalle clave: el dinero no lo da «el Gobierno» para comprar silencios, lo asigna el Estado por ley, y los sueldos de los dirigentes sindicales no dependen de esas partidas. Además, sus cuentas son totalmente transparentes y auditadas. Ojalá se pudiera decir lo mismo de la Iglesia católica, el ejército o ciertos partidos de extrema derecha, que reciben miles de millones de euros públicos en la más absoluta opacidad.

Y ¡ojo! No estoy diciendo que los sindicatos sean perfectos ni que todo lo hagan bien; eso no pasa en ningún sitio. Lo que digo es que son necesarios —con o sin afiliados— como garantía. Si la gestión de los hospitales no es buena, se mejora, se piden responsabilidades, pero no se privatiza. Si la gestión de la educación no funciona bien, se mejora y se piden responsabilidades, pero no se privatiza. De igual modo, si algún sindicato no funciona bien, se exige que rectifique y se piden responsabilidades, pero no se busca hacerlos desaparecer —con eso sueñan los empresarios— porque eso le daría el poder absoluto al empresariado.
Fdo. Diego Bueno.

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